sábado, 26 de enero de 2019

TRANSFORMARSE EN MARIPOSA

Cuando menos lo pensamos somos testigos de la metamorfosis de nuestra propia existencia, en la que día a día nos paramos ante un nuevo enigma, o un inesperado desafío en el que dejamos lo que fuimos, nos paramos ante lo somos de cara a lo que seremos. Nos hemos transformado en mariposa.

Convertirse en mariposa requiere de trabajo, esfuerzo, tesón y esmero, nada se logra de la noche a la mañana, y sobre todo de paciencia. Cuando la crisálida comienza su camino endeble busca sobrevivir para poder transformarse lentamente en ese gusano de seda. Pero no es garantía que nos hayamos transformado en mariposas que nuestras alas nos se quemen con el sol intenso. La fragilidad es parte de la esencia que nos construye como seres humanos, de la curiosidad sin descreimiento o del exceso de apasionamiento.

Las mariposas tienen un valor simbólico y esotérico que ha sido desarrollado a lo largo del tiempo, representan los cambios, la transformación y la evolución. A los seres humanos nos intrigan las transformaciones y buscamos como las mariposas volar libres sin ataduras, si es posible en paz, algunos días coloridos y empapados por la belleza de la misma vida. Cuando viajamos en esa búsqueda personal que hacemos transitamos a través de diferentes planos, en busca de conocimientos y respuestas. Por momentos, llegamos a puntos sutiles difíciles de describir o explicar que tienen que ver con ese mundo intangible y maravilloso que pasa más allá de cualquier explicación o lógica.

Entre mitos, leyendas y creencias las mariposas son fieles representantes de lo que la humanidad ha sabido distinguir en sus diminutos cuerpos, frágiles y bellos. Para los aztecas las mariposas representan a un guerrero caído en la batalla. Mientras que para los japoneses ver dos mariposas es promesa de felicidad conyugal, a su vez ven en ellas la posibilidad de reencarnar para cuidar a un ser cercano. En la mitología griega la diosa Psyque es representada por una mariposa como símbolo de la psiquis o el alma. Para muchos pintores y escritores las mariposas son parte del cuadro de la bella naturaleza.

En nuestra vida, el tiempo todo lo transforma, lo moldea, lo cincela con delicada paciencia, lo esculpe con esmero de modo que las aristas comienzan a limarse, el lente proyecta otra imagen muy distinta y el corazón late a otro ritmo. ¿Algo o todo ha cambiado?

Nada se detiene, quizás la quietud venga de la mano del dolor y de asimilar lo que tenemos que asumir y se nos hace muy costoso. Las partidas, los finales, los desengaños y las pérdidas son algunas de esas piedras que obstaculizan el paso, que nos retienen como prisioneros en sus garras desbastadoras.

Los mismos recuerdos suelen teñirse de diferentes colores y aromas. Con el correr de tiempo, el dolor se transforma, se atenúa a la sombra de pequeños pasos de aceptación amortiguados con paciencia, esmero y trabajo, nada se logra sin esfuerzo y perseverancia. Las alegrías persisten y también se diluyen en ese abanico de sensaciones y sentimientos que emergen cada día. El silencio suele ser un tibio regazo para que los pensamientos se aquieten con la tenue luz de la búsqueda permanente por equilibrar la balanza.

¿Qué ha cambiado?, probablemente todo, pues el devenir hace que nada permanezca estático. Para que el agua no se estanque y se pudra hay que dejarla fluir, del mismo modo cada experiencia enriquece nuestros conocimientos y fortalece nuestro paso. Quizás iluminados por el tiempo transitemos más erguidos y con menos peso en la espalda.

Cuando menos lo pensamos somos testigos de la metamorfosis de nuestra propia existencia, convirtiéndonos en mariposa. Así volamos y sorteamos nuevos enigmas dejando lentamente lo que fuimos, nos elevamos ante lo somos de cara a lo que seremos.

Andrea Calvete

UN DÍA MÁS PARA CUALQUIERA

Hoy es un día más para cualquiera, la gente camina por las calles, los ómnibus siguen por sus sendas, la ciudad despierta y la brisa con aroma fresco se peina. Pero, es distinto para quien hoy el almanaque marca un año más, para ése un muy feliz aniversario y a soplar muy fuerte la vela porque pronto arrancan los minutos de esta carrera.

Un sol persevera entre medio de una lluvia mansa y unas nubes esponjosas coloreadas, mientras el ritmo de la vida pasa, un día más para cualquiera. Así siguen los años, no dan tregua, se colocan uno a uno lentamente, y con el tiempo se aligeran. Pero, distinto es para quien hoy el almanaque marca una vela.

Los años sigilosos se miran al espejo, y colocan arrugas en esperas, acomodan sonrisas entre llantos, buscan silencios mientras no dan tregua, y así siguen alocados caminando, y si estas cansado no te esperan, porque el tiempo pasa sin reparos y no entiende de pausas ni llantos, su andar está marcado por las horas de los días que te llevan a seguir aunque no quieras.

El no querer no es empacarse, sino hacer un impase en el camino para ver si encontramos soluciones o luces que nos guíen, pero el tiempo no sabe de paradas sigue expreso y no te espera.

Entonces decís - Sos un ingrato, no entendés que necesito tiempo para resolver lo que me pasa.

Te mira de reojo, no te contesta porque sabe que parar no está en su marcha, te clava sus pupilas penetrantes, y sigue con su sordera a cuestas apurado por llegar a esos segundos que le marcan el ritmo y el camino.

El tiempo suele no ser igualitario, ni democrático, algunos les permite muchos años, a otros se los lleva en un soplido, así camina erguido y petulante, y cuando decide acabarse para alguien no le pregunta si es el momento preciso, se lo lleva impetuoso y decido. Por eso, dicen los que saben que hay que aprovecharlo en todos sus sentidos.

Así pasan los años, se aceleran, sin embargo un día más para cualquiera, pero no para vos que con esfuerzo apagas con dignidad otra vela, a la espera de asumir el nuevo año con las fuerzas renovadas, y con tono de festejo terminado te encaminás porque otro día más te espera como a cualquiera.

Andrea Calvete





sábado, 19 de enero de 2019

DESPUNTAR EL ALBA DE LOS SENTIDOS

Planear desde las alturas como un ave resulta una tentativa algo descabellada, pero hoy no importa, todo es posible. Se han reunido todos los colores sin excepción, los aromas de las flores se mezclan con delicada sutileza. Un rayo intenso le sofoca, se pregunta: ¿“Por qué no abanicar las olas”? La espuma blanca le salpica el rostro, sus labios saben a yodo y sal, así se despiertan poco a poco sus sentidos.

Con cada despertar siembra sus anhelos. El primer aroma que entra por su ventana le lleva a recorrer sus ilusiones, descalzo todavía percibe la suavidad de los violetas que acarician la planta de sus pies.

Hoy es un día diferente. Ha decido jugar con el tiempo, para romper sombras y saltar abismos. Una apacible sensación lo visita, siente el viento acariciar su rostro y a la primavera despuntar el alba de sus sentidos.

Palpar en el aire los sonidos de una mañana que vuela desapercibida, o despeinarse con el brillo del sol, o refugiarse en las hojas verdes de un árbol pueden ser cosas muy simples, pero a las que muchas veces no accedemos por diferentes causas.

El no acceso puede venir determinado por diferentes tipos de impedimentos, pero en su gran mayoría quienes los disparamos sin darnos cuenta somos nosotros mismos negándonos a disfrutar de ese entorno maravilloso y sorprendente que nos rodea. Posiblemente, las mil preocupaciones que pasan ante nosotros nos enceguezcas, enmudezcan y de alguna manera nos anestesien ante esa bella realidad que nos rodea.

Sin embargo, algunos días nos abrimos a todos nuestros sentidos, nos inundamos del aire fresco de la mañana, del trinar de los pájaros, de las risas de los niños que se oyen a lo lejos, o de ese andar más tranquilo que parece acompasar al fin de semana. Porque los fines de semana cambian los olores, los sonidos, las textura de esos días que parecen presentarse más livianos y suaves, donde las obligaciones se acercan con cierta benevolencia.

Sin embargo, dejar de percibir lo que pasa a nuestro alrededor, tiene estrecha relación con lo atentos que estemos aquí y ahora en este presente que se escapa segundo a segundo, y que muchas veces es muy escurridizo debido a que es en este preciso momento que tenemos que decir basta hasta aquí llegué y entonces cambiar el rumbo. Así con entereza nos dirigimos poco seguros pero decididos hacia otros horizontes, porque creemos que allí está nuestro porvenir. Aunque la falta de seguridad suele no ser buena consejera, tiene como consigna prevenirnos y hacernos pensar en todo lo nuevo que tenemos que enfrentar tomados de la mano de la paciencia, de la perseverancia y de la mesura hasta que realmente nos asentemos en el camino.

Cuando logramos sentirnos bien en este aquí y ahora, entonces es posible abrirnos a todo lo que sucede a nuestro alrededor. Aunque muchas veces es una excelente terapia dejar de compadecernos y empezar a mirar a quienes tenemos a nuestro alrededor y entonces darles una mano, este simple acto es el primer paso para poder sentirnos mejor porque de esta forma empezamos a canalizar lo que nos sucede sacándole foco de atención y haciendo algo productivo.

Pero, hoy puede ser un día diferente porque nos disponemos a jugar con el tiempo, para romper sombras y saltar abismos. Para dejar que una apacible sensación nos visite, de modo de sentir el viento que acaricia nuestro rostro y a la primavera que despunta el alba de nuestros sentidos.

Andrea Calvete

sábado, 12 de enero de 2019

VAIVENES

Entre los vaivenes de la mente nos deslizamos, dejamos escapar esos minutos que por momentos se hacen eternos, y otras veces se esfuman rápidamente sin que ni siquiera podamos apreciarlos. Todo es tan relativo según para dónde se deje llevar.

La mente es un escenario en el que se presentan percepciones, protagonizan sentimientos, en donde día a día se cincelan las aristas que nos delinean, para dar forma lentamente surge a esa imagen que nos habita.

Algunos días se deja engañar por los espejismos que la encandilan, por los rumores que la rodean y entonces se pierde por reflejos que la traicionan, que no le permiten ni si quiera ver su propia silueta.

El ser protagonistas de nuestra propia obra quizás sea una de las cosas más difíciles que nos toca emprender, porque a la hora de dar consejos y soluciones siempre estamos dispuestos, pero cuando nos toca tomar las riendas de nuestra propia escena las cosas se complican. Pero, ¿por qué?, una pregunta que posiblemente se hayan planteado muchas veces, pero es bastante sencilla la respuesta, todo se vuelve confuso cuando se ponen en juego nuestros sentimientos, es entonces cuando nos hacemos trampa al solitario, somos benevolentes y piadosos por no querer admitir lo que realmente nos molesta.

Y en este proceso en el que miramos para otro lado, la mente es una gran estratega, ella sabe jugar con el tiempo nos lleva al pasado y al futuro sin miramientos, pero a la hora de quedarnos en el presente es la primera que nos pone piedras en el camino, salvo que decidamos saber domesticarla, y poder entonces aplacarla o aquietarla para poder estar unos instantes en paz en este aquí y ahora.

Este aquí y ahora, nos inquieta, nos preocupa, nos desvela, porque es cuando suceden los cambios, se llevan a cabo las acciones, y entonces entran a jugar las preguntas, los miedos, las dudas, los deseos reprimidos, las frustraciones y todo lo que nos sucede, y tantas veces no nos gusta admitir.

Un presente que te hace mirar a las personas que están a tu lado, y que de alguna manera también nos lleva a vernos en ese espejo que por momentos nos asusta o nos intimida. Es cuestión de valentía, de paciencia, de humildad, en definitiva de la suficiente sabiduría para aceptar lo que nos sucede, lo que somos, fuimos, y cambiar lo que está a nuestro alcance dadas nuestras posibilidades.

Definitivamente la mente nos lleva por todos los tiempos, por todos los estados anímicos, así que será cuestión de cada uno de nosotros hacer que se instale en ese tiempo que nos toca vivir con serenidad, de forma de poder enfrentar cada día con las fuerzas suficientes como para continuar de la mejor manera.

Andrea Calvete



DE LA MANO DE LA PERSEVERANCIA

Cuando tocamos fondo parece faltarnos el aire, agotarse el tiempo, deshilacharse los minutos, esfumarse las esperanzas y desvanecerse los posibles. Sin embargo, cuando todo parece oscurecerse un pequeño rayo de luz aparece por entre las rendijas.

Ese rayo de luz insignificante, entra lenta y suavemente, se esparce y en la medida que permitimos que pase, la lumininosidad se incrementa, y parece que la habitación se torna más aireada y confortable. En estos momentos, surgen recuerdos, reproches, desencuentros, nuestra cabeza se cuestiona todo, porque cuando se llega al límite uno agudiza los sentidos, e intenta encontrar alguna explicación. Entonces hurgamos en la valija de los recuerdos y aparece este viejo refrán: “Persevera y triunfarás”. Nos paramos ante él y lo miramos con desconfianza, de reojo, porque poco lugar quedan para las posibilidades, para emprender de nuevo la marcha.

Sin pensarlo, alguien nos llama, nos escribe, o nos lo encontramos por casualidad, y nos dice algo que permite que ese pequeño rayo de luz que se ha colado por la ventana se amplíe, y que ese corazón que palpitaba anémico comience a latir nuevamente. Entonces ese viejo proverbio toma forma, se materializa nos da una palmada en la espalda, y nos invita a confiar nuevamente a creer que es posible.

La falta de confianza y el descreimiento nos paralizan, nos hacen cuestionar hasta lo incuestionable, nos dejan atados de pies y de manos. Sin embargo, no es hora de preguntarnos por qué llegamos a tocar fondo, no hay tiempo, sólo es momento de recomponernos y seguir adelante, de levantarnos y no quedarnos sentados a la espera de algo que no sucederá si nos paramos y damos el primer paso.

Ese primer paso es el que nos permite abrirnos a la esperanza, al si puedo, o al menos lo voy a intentar, porque intentar requiere pararse con fortaleza, con decisión y con ganas, con el entusiasmo puesto en la piel, y el trabajo humedeciendo las manos, así es posible entonces engranar el motor, y retomar la marcha.

Con la primera puesta arrancamos, lentamente el embrague lo vamos soltando, y al ver que el cambio entró perfectamente y la marcha es certera, nos emprendemos a poner segunda, porque sabemos que el motor ya precisa más energía. De eso se trata, de ir incrementando la energía, las posibilidades, el entusiasmo y las ganas para poder ir avanzando a la marcha que requiera nuestro organismo. Entonces resuena nuevamente ese viejo proverbio: “Persevera y triunfarás”, y sin darnos cuenta nos trasladamos a años atrás en nuestras vidas y vemos que ya hemos perseverado otras veces, y comprendemos que mucho de lo que hacemos ya lo hemos aprendido, sólo es cuestión de ponerlo en práctica.

Continuamos la marcha, ya el motor requiere mayor velocidad y destreza, ponemos tercera, adelantamos un tramo más, la luz se vuelve más potente e insiste en mostrarnos el camino. Ya no dudamos continuamos confiados en que podemos, entonces escuchamos en nuestro interior una voz que nos impulsa a avanzar y a poner cuarta. Así lo hacemos porque ya estamos decididos a continuar y a no detenernos.

Con una marcha estable atravesamos el camino, ya a una velocidad constante y más elevada, la marcha se incrementa al igual que la entereza y la perseverancia de continuar, y así proseguimos ahora con la quinta a toda marcha no nos detenemos, porque la meta es el camino.

Andrea Calvete

miércoles, 9 de enero de 2019

CUESTIÓN DE SEROTONINA

Curioso que algo tan pequeño como es una hormona pueda ser la causante de alegría o felicidad en nuestros días. Nuestro sistema nervioso la produce, pero no siempre como quisiéramos. Algunas veces parece abandonarnos, y nos sentimos abatidos, como si nadáramos en contra de la corriente.

Es cuestión de segregar serotonina para sentirnos bien, pero nuestro sistema nervioso no lo entiende, está cansado de que no le sigamos su ritmo, de que no respetemos horarios, de que nos amarguemos por cosas sin importancia, y también de que hagamos de todo un problema, en definitiva está harto del ritmo que llevamos de vida, y por lo tanto ha decido no generar la serotonina necesaria, se ha levantado parcialmente en huelga.

Y nosotros de huelgas sabemos un montón, porque es raro que no vayamos a hacer un trámite y nos agarre una huelga, un derecho por demás adquirido y necesario, aunque parece no tener ni pie ni cabeza que nuestro organismo se levante en huelga. Pensándolo bien está en su derecho, es hora de que lo oigamos y le prestemos atención lo que tiene para decirnos.

Pero, en realidad no nos interesa escucharlo, nos hemos puesto determinadas metas y hasta alcanzarlas hemos decido no parar ¿Pero a qué precio, cuánto vamos a tener que sacrificar, hasta dónde pensamos llegar para conseguirlo?

Bueno y si no generamos serotonina vamos al médico y problema arreglado antidepresivo de por medio, y creemos que está todo resuelto… Aunque pensándolo bien no es tan así, nuestro cuerpo nos está hablando y no lo estamos escuchando. Y no siempre las soluciones vienen de la mano de la medicación, algunas veces requieren de un cambio más profundo que tiene que ver con nuestra actitud de vida, con nuestros hábitos, y también con nuestra forma de encarar nuestros días.

Será cuestión de sentarnos, de parar la maquinaria, de poner las barbas en remojo, de poner un freno, de desaprender lo aprendido, de desandar lo andado, de tener paciencia y arrancar lentamente, de inspirar profundo y exhalar lentamente, porque hasta de respirar correctamente nos hemos olvidado.

La hormona de la felicidad parece ser una mercancía más que se puede adquirir en la góndola del supermercado, a módicos precios, en cuotas, hay ofertas especiales, y también liquidaciones. Entonces con tal de adquirirla rompemos lazos, dejamos atrás relaciones, nos disponemos a cambiar estilos de vida, y hasta no alcanzarla no paramos, porque hoy por hoy todo se compra, todo se adquiere… aunque no todo bajo los mismos parámetros y circunstancias.

Un grave error es creer que la serotonina es un bien que se puede conseguir en el supermercado más próximo, con la tarjeta de crédito bien cargada, con unas buenas vacaciones de por medio, o con un futuro repleto de actividades. Posiblemente, cuanto más estresados y confundidos vivamos menos generemos serotonina, porque cargados de un sinfín de actividades olvidamos reír, disfrutar el momento, el aquí y ahora.

Y la serotonina regula todo nuestro organismo, así sin ella nuestro apetito se descontrola, el sueño, los niveles de libido y deseo sexual, todo queda desajustado porque ella ha decido no aparecer, todo por mandato del sistema nervioso central que ya agotado de advertirnos ha decido decir basta hasta aquí llegué. No lo podemos creer le decimos: “Vos no me podés hacer esto ahora, te lo pido por favor tengo que seguir, aguántame un poquito más y después hacé lo que quieras”, pero no hay caso se ha empacado y dijo basta.

Como todo en la vida cuando tenemos hambre no podemos pensar o razonar bien, del mismo modo cuando alguna sustancia no se genera en nuestro organismo entonces todo comienza a desestabilizarse, y nuestro cuerpo empieza a sentir el peso de esas acciones que de alguna manera tienen que ver con desoír lo que nos pasa, con no hacernos esa pausa para entender ¿por qué estamos mal?

Claro, sí, es cuestión de serotonina, de intentar generarla, de avivarla para que surja en nuestros días. ¿Dónde encontrarla? Quizás en el abrazo sincero, en la risa contagiosa, en la amistad franca, en lo lazos fraternos, en la mirada trasparente del que te escucha, o en la naturaleza misma que nos distiende y anima a vivir pero muy ocupados en el mañana no somos capaz de admirar un atardecer o una noche de estrellas.

Andrea Calvete

domingo, 6 de enero de 2019

LA CANCIÓN DE UNA VOZ

La voz se traduce en los sonidos, en las letras de las canciones, en las palabras de un libro, en las pinceladas de una obra, en una fotografía, en un cuerpo que danza y se expresa, o en el brillo de una mirada que tímidamente intenta aflorar, pero siempre está allí latente con ese deseo de manifestarse.

Llegar a cantar una canción propia requiere valentía, determinación, y a su vez permitirse ahondar por las profundidades en donde los azules se vuelven intensos, donde muchas veces desconocemos hasta nuestras sombras.

Día a día elaboramos sonidos, melodías inconexas, en donde las voces interiores pretenden expresarse manifestarse, ampliarse en un eco donde se vean reflejadas. De pronto, vemos que en lo disonante surge un acorde, algo que le da sentido a esa composición que poco a poco vamos creando. Sí de eso se trata, de crear, de construir, de dejar ser a través de lo más maravilloso que tenemos que es la voz.

De alguna manera todos nos manifestamos a través de nuestras palabras, pensamientos y acciones, y aunque no siempre guardan armonía intentan correlacionarse de la mejor manera.

Algunas veces al escuchar una canción nos sentimos identificados, por su letra, por su música por ese vibrar que late en nuestra misma sintonía. Es que la música tiene voz propia, y en ella logramos expresar nuestro sentir más profundo.

Por momentos sentimos que nuestras voces no son comprometidas, son poco sinceras. En otras ocasiones, las notamos carente de fuerza y de sentido. Y así andamos deambulando buscando esa voz que se manifieste entre todo lo que tenemos para decir y expresar.

Aunque algunos días bajo un cielo gris pretendemos refugiarnos, y entonces permanecemos callados, a la espera de que ese techo encapotado comience a esparcir esas gotas que pronto se convertirán en lluvia.

Es milagroso poder manifestar esas miles de voces que nos componen que dan sentido a nuestra existencia, algunas desconocidas, otras una grata compañía, pero todas y cada una de ellas como parte de lo que somos y seremos.

Y finalizo parafraseando a Neil Gaiman: "Cada persona que alguna vez fue, es, o será tiene una canción. No es una canción que alguien escribió. Tiene su propia melodía, tiene sus propias palabras. Muy pocas personas llegan a cantar su canción. La mayoría de nosotros tememos no poder hacer justicia con nuestras voces, o que nuestras palabras sean demasiado tontas o demasiado honestas, o demasiado extrañas. De modo que la gente vive su canción en su lugar”.

Andrea Calvete

sábado, 5 de enero de 2019

CUESTIÓN ARITMÉTICA

Sumar o restar, multiplicar o dividir, simples operaciones aritméticas que se correlacionan con cada acto de nuestra vida, y tienen que ver con cómo llevamos adelante nuestros días.
 
Sumamos cuando agregamos contenido a nuestros minutos, al estar en compañía de seres que nos enseñan, estimulan, nos invitan a pensar, a reflexionar y a aprender. Quien con su pequeño grano de arena colabora y suma, porque desde lo individual se llega a lo colectivo. 

Lo que resta es porque de alguna forma sobra, está de más, o no agrega, entonces por diferentes razones es necesario suprimir, porque oprime, desgasta, ahuyenta, o simplemente genera mala energía. A medida que caminamos comprendemos que lo que resta es mejor quitarle importancia y contenido, sin embargo algunas veces para valorar lo que suma es importante poner sobre la mesa lo que resta.

Dice un viejo proverbio : “divide y reinarás”, es parte del cometido de muchas personas que es su afán por protagonizar, olvidan que a la larga o a la corta todo sale a la luz. Por otra parte, quien divide desde esta perspectiva lo hace desde la controversia, con el afán de enfrentar, y en definitiva de destruir. En tal sentido, esta operación puede ser muy destructiva, aunque ha sido aplicada a lo largo de la historia de la Humanidad. Pero, dividir referido a repartirnos el tiempo, el espacio, y las diferentes actividades que tenemos que llevar a cabo tiene que ver con cómo nos organizamos y priorizamos lo que realmente es importante en nuestro camino.

Sin embargo, me gustaría detenerme en lo que multiplica, en lo que de alguna manera reproduce y agrega, es así que multiplica quien logra hacernos reír, o simplemente nos escucha desde el corazón. Cuando alguien nos brinda su tiempo y atención, se multiplica la dicha, la gratitud, y sobretodo el amor tan necesario para confraternizar y coexistir entre las personas.

Del mismo modo que con el resto de las operaciones, para que algo multiplique en contrapartida debemos haber pasado por la operación de la división, porque cuando experimentamos esa dualidad de vida entonces valoramos lo que falta, lo que equilibra y da sentido. Desde luego, la falta de tiempo uno de los males de nuestros días lleva a dividirnos en mil pedazos, para poder entonces repartirnos en ese sinfín de cosas que nos proponemos, hasta que finalmente comprendemos que las operaciones combinadas son las que realmente dan resultado, entonces restamos para equilibrar la balanza.

Como seres vivos nos enfrentamos día a día a esa dualidad existencial, en donde surgen matices, tonalidades, en donde todo opuesto encuentra su complementario, porque la vida permanentemente nos da las respuestas, sólo hay que estar abiertos y atentos a escucharlas y a observarlas con atención. Así cada una de estas operaciones simples adquirirán significado y relevancia en nuestros días, y los resultados serán lo más equitativos posibles de acuerdo a nuestras decisiones más o menos acertadas.

Andrea Calvete

jueves, 3 de enero de 2019

RUIDOS EN LA LÍNEA

Los ruidos en la línea suelen ser molestos distorsionan la atención, nos sacan de sintonía, y además nos llevan a cuestionarnos. Pueden ser producto de algo que nos cuentan, o escuchamos, lo importante es que sintonizan en nuestros pensamientos y allí se paran a hacer ruido.

Algunas veces alcanza un simple comentario que nos llega de la mano de alguien para hacernos dudar, otras agarramos una conversación por la mitad y entendemos lo que podemos… pero múltiples motivos nos pueden conducir hacia las dudas, hacia la desconfianza y también a no saber cómo proceder frente a lo que estamos escuchando.

Siempre lo más sencillo de todo es aclarar con quien tengamos la necesidad de hacerlo, el tema es que algunas veces esas preguntas que se generan surgen porque una tercera persona llega para decirnos algo de lo que realmente no tenemos certeza, y por allí también se nos dificulta preguntar, pero generalmente es algo que nos sorprende y nos agarra quizás haciendo equilibrio.

Generalmente, cuando estos ruidos en la línea se producen tienen mucho que ver con “lleva, va y dile”, ese “llevar y traer” que no conduce a nada más que a malos entendidos, en la mayoría de las situaciones lo mejor de todo es hacer caso omiso, pero el bichito de la conciencia siempre está allí para recordarnos lo que nos dijeron, o aquello que nos llamó la atención y de alguna manera nos sorprendió.

Los malos entendidos se suceden día a día, el tema es que cuando se generan porque intervienen otras personas las cosas se complican. Algunas veces lo mejor es cuando nos cuentan ciertas cosas, pedir a quien lo está contando que se detenga, al menos hasta averiguar fehacientemente si es cierto y no generar más dudas, o simplemente cortar con ese cuento, que la única pregunta que cabe es : “¿Por qué esta persona me está contando esto a mí?”

Quizás nos lo cuente para advertirnos, para ayudarnos, o no, simplemente para generar dudas, confrontación o enfrentamiento, por eso es muy importante considerar de quien proviene la información y con qué fin la estamos recibiendo. Si el fin es pelearnos con alguien allí empezamos muy mal, sin embargo si es advertirnos de determinada situación está en nosotros corroborar lo que nos están diciendo y estar entonces prevenidos.

No es todo oro lo que brilla como tampoco es cierto todo lo que las personas cuentan, entonces hay que ser cuidadosos cuando recibimos una información que no es de nuestro agrado, primero corroborar la fuente, la validez y el fin con que está siendo entregada a nosotros.

Los ruidos en la línea pueden distorsionar mucho el sonido, podemos escuchar algo para lo que aún no estamos preparados, o simplemente no es de nuestra incumbencia. Pensemos que nos es muy difícil algunas veces manejar los hilos de nuestra propia existencia, mucho más cuando la información que manejamos tiene que ver con la vida de otras personas. Por otra parte, algunas veces la información se va distorsionando desde la salida hasta que llega a nosotros de tal manera que cuando la recibimos poco tiene que ver con lo que fue su punto de partida.

Así que cuando hay ruido en la línea es mejor cortar la comunicación, para establecer una línea segura y sin interferencias o sonidos deformados por motivos que quizás están aún más lejanos a entenderlos. Lo importante es no seguir ampliando algo que no sabemos si es verdad o simplemente es una información que se asemeja a una bola de nieve que va incrementando el tamaño hasta que se rompe en mil pedazos cuando choca y detiene su marcha.

¿Por qué son tan molestos los ruidos, por qué generan esa sensación de distracción e incomodidad?

Cuando hay armonía en los sonidos, o lo que escuchamos generalmente lo incorporamos sin problemas. Sin embargo, cuando se produce un sonido que altera nuestra percepción, la modifica, entonces pasamos a prestarle atención, pero si no es de nuestro agrado entonces pasa a molestarnos a incomodarnos, y dejamos ese lugar de confort en el que nos encontrábamos. Y esto no es nada menor, porque dada la dinámica del día a día, es difícil hallar ese lugar en el que nos sintamos a gusto o al menos tranquilos, por lo tanto, cualquier cosa que nos altere y nos saque la armonía pasará a ser una molestia.

Los ruidos en la línea distorsionan la atención, nos sacan de sintonía, y además nos llevan a cuestionarnos, de manera que se establece la duda, la desconfianza y detrás de ello nada bueno se puede construir porque los cimientos para que sean sólidos tienen que establecerse a partir de confiar en las personas que nos rodean.

Andrea Calvete




martes, 1 de enero de 2019

PUEDE LLEGAR A SER MÁGICO LO QUE NOS ESPERA

Al empezar el año juntamos nuestros deseos y anhelos y nos encaminamos a que sea mejor, intentamos superarnos y avanzar un pequeño peldaño más. Pero, al pisar el primer día del año no nos imaginamos lo que nos deparan estos 365 nuevos días que posiblemente nos sorprendan de diferentes maneras. Rociarlos de magia quizás sea un pequeño ingrediente que cambie nuestros minutos.

La forma en que nos sorprendan los nuevos días  si bien dependen en gran parte de nosotros, pero también cabe recordar que habrá situaciones que se nos aproximen más allá de cualquier explicación lógica, predecible o imaginable, y que tendrán que ver con esas conexiones por decirlo de una manera “mágicas” que se producen y nos dejan admirados y asombrados. ¿Cuándo ocurre la magia?, posiblemente cuando nos abrimos a creer en ella, en esas posibilidades que parecen no agotarse y salir del lugar menos pensado, pero que están allí esperándonos.

Todo encierra en sí mismo magia, esa ilusión que podemos aderezar a cada acto de vida, que esconde tantos significados y que sólo es cuestión del lente con que nos dispongamos a observar, es decir, de esa capacidad de descubrir y profundizar más allá de lo que se ve a simple vista.

La magia está sumamente conectada con esa capacidad de soñar, crear y sentir que todos tenemos guardada en algún lugar, sólo que a veces no le damos cabida. Esconde misterios, sueños perdidos o encontrados; y una pizca de ilusión con matices de esperanza.

“La magia es un puente que te permite ir del mundo visible hacia el invisible y aprender las lecciones de ambos mundos”. Y cuánto es lo invisible a nuestros ojos y oídos, porque es difícil vencer los miedos, los prejuicios y preconceptos.

Cada instante puede ser maravilloso, el poder poner a andar nuestros cinco sentidos es el primer gran paso para dar rienda suelta a lo que pretendamos dejar surgir, renacer o trascender, en ese acto en el que damos cabida a vibrar con todas nuestras fuerzas.

Es mágico cuando observamos a alguien a los ojos y descubrimos el brillo de una mirada, que cargada de muchísimos sentimientos habla. Del mismo modo, es increíble cuando nos abstraemos e intentamos dejarnos seducir por los sonidos o imágenes de las situaciones que nos rodean. Porque en definitiva el dejarse seducir no es nada sencillo, es abrirse de un modo especial a sentir y descubrir sin barreras .

La vida es mágica en sí misma, porque encierra tantos misterios capaces de cautivarnos y encantarnos. Cuando vemos el nacimiento de un ser, cualquiera sea su posición en la naturaleza, asistimos a un acto lleno de magia en el que quedamos absortos y maravillados. Del mismo modo, la muerte tiene esa contrapartida de fin, de ruptura y puede ser oscura, fría y áspera, pero si logramos dejarnos llevar por la magia de la vida quizás en algún momento logremos estar preparados para esta instancia a la que ninguno escaparemos.

Lo que no podemos explicar, fundamentar o argumentar encierra muchas dudas, misterio, pero a la vez nos habilita a creer que es posible algo inmenso, inconmensurable, sólo es necesario darle cabida. Los seres humanos somos también seres espirituales, sustentados no sólo por un cuerpo que nos da vida sino por algo mucho más profundo que permite que toda esa maquinaria tenga andamiaje.

Generalmente, cuando se nos parte el corazón por algún motivo, se suele decir que somos débiles o estamos pasando un momento de vulnerabilidad. Siento que es algo más profundo, que estamos dando paso a nuestros más sinceros sentimientos que parten desde lo más hondo de nuestro ser. Y si algo nos hizo quebrar o resquebrajar es porque estamos abiertos a sentir, amar y compartir.

Cuando nos encerramos en el egoísmo, en nuestras necesidades y deseos olvidando todo lo que nos rodea, nos anestesiamos y dejamos de sentir por “salvar eso que nos hará salir a flote”, o paradójicamente nos hará sentir solos y aislados de los demás, sumidos en nuestro ego más profundo.

Los grandes problemas en la convivencia del diario vivir se basan en ese dejar primar nuestras necesidades y deseos, olvidando las de quienes nos rodean y conviven con nosotros. Las causas de este problema son múltiples, entre lo que no dejo de reconocer que es mundo altamente competitivo que nos prepara para eso. Sin embargo, depende de cada uno no deshumanizarse, impedir que estas reglas de juego nos hagan olvidar ¿quiénes somos , cuáles son los valores que nos sustentan y nos permiten avanzar día a día?

No dejarnos contaminar o impedir que la magia desaparezca de nuestras vidas es una tarea meramente personal, en una lucha permanente por enfrentar los paradigmas que nos han sido inculcados desde pequeños, en un modelo en el que todo debe ser eficiente y productivo, sin detenernos muchas veces a pensar ¿a qué costo logramos esto?

¿Dónde buscar la magia? En una sonrisa contagiosa, en el brillo del sol, en el cielo cargado de estrellas, en la mano que te acaricia con dulzura, en el oído que te escucha con paciencia y atención… en la vida de misma, en cada instante.

La podemos encontrar si trascendemos lo que nos preocupa, desvela o aqueja, y logramos ver todos los motivos que tenemos para estar agradecidos y para sonreír a la vida. Porque por más grises que sean los días, por más fuerte que soplen los vientos, siempre habrá alguien que necesite de nosotros, de nuestra ayuda sincera. Cuando nos solidarizamos con alguna persona damos sentido a nuestra propia existencia y trascendemos lo que nos sucede por ayudar al otro.

Es posible que nos tropecemos con la magia cuando, despedazados por el dolor, reconstruimos lentamente los pedacitos que han quedado y nos ponemos de pie fortalecidos, haciendo una pieza única con posibilidad de retomar el camino con fuerza y energía, dando así lugar a la resiliencia que todos en el fondo debemos cultivar.
Tantas veces cuando nos encontramos deprimidos, los médicos nos aconsejan ¿por qué no hace algo que le haga sentir útil? , y ¿por qué llegamos a sentirnos inútiles o carentes de posibilidades? Quizás porque estamos muy ensimismados en lo que nos sucede sin lograr vislumbrar que hay gente que está mucho peor que nosotros. Con esto no quiero decir conformarnos y no luchar por superar todo lo que sea necesario, pero siempre teniendo en cuenta a quienes nos rodean.

Quizás quien esté transitando un momento de mucho dolor no vea magia en nada, todo le resulte indiferente, insípido, o le dé igual, pero esta apatía muestra cuando una persona se bloquea a sentir porque está quebrada, caída. Aunque quizás sea un excelente aliado en cualquier tarea dejar entrar un pequeño rayo de luz y de esperanza.

Un maravilloso acto de magia podría presentarse cuando al caminar por la calle podemos ver en cada rostro que se nos cruza una preocupación o problema, o advertir que un compañero de trabajo no está bien porque tuvo un mal día, o si en el ómnibus repleto hasta el tope y cansados a más no poder cedemos el asiento a una persona.

Y si continuamos descubriendo momentos mágicos, llegaremos al instante en el que alguien nos agradece con una sonrisa radiante, o con una mirada cargada de emoción apretamos las manos a una persona y le decimos sinceramente gracias.

La magia está en el aire flotando, en los sonidos de la brisa, en las notas musicales, en el trinar de los pájaros, en cada acto de vida. Está allí junto a nosotros, sólo es necesario hacerla pasar, tomar asiento al lado nuestro, y será una entrañable compañía, por eso antes que nada dejémosla surgir.

Si le abrimos las puertas a la magia, con ella entrará: la risa, los colores, los sonidos, las posibilidades y la creatividad de la mano de los sueños y la esperanza. Quizás no tenga demasiada explicación salvo el sentirla, o dejarse envolver por su suavidad y dulzura, dando lugar al baile que sólo nuestros sentidos estén dispuestos a danzar, y así dejarnos sorprender por todo lo mágico que nos espera.

Andrea Calvete