sábado, 22 de septiembre de 2018

"CULTIVO UNA ROSA BLANCA"


Cultivar una rosa blanca significa dejar de lado los rencores, las traiciones, las deslealtades, de manera que no nos afecten en nuestro accionar y sentir,  porque en el fondo los más perjudicados somos quienes permitimos que nuestro corazón se agrié a través del resentimiento, el enojo, o cualquier tipo de malestar.

Si somos capaces de sobreponernos cuando alguien nos agrede, nos lastima,  es porque no permitimos que el odio, el rencor o el enojo nos habiten, por el contrario dejamos pasar al entendimiento, a la razón, a los sentidos, para comprender el por qué de ese proceder, de modo de poder perdonar.  Quien perdona, no es que olvide, ni que traicione a sus sentimientos más profundos, simplemente decide no lastimarse así mismo, no dañarse, porque en definitiva ese era el cometido posiblemente del agresor.

Si uno está en paz con uno mismo y con los demás, no es que tenga amnesia y no recuerde lo que sucedió, simplemente es tener fortaleza y entereza para que las agresiones no lleguen a desestabilizarnos. Aunque es una de las premisas más difíciles de cumplir, porque ante la mínima agresión solemos reaccionar en forma casi inmediata, diría instintiva. Sin embargo, somos seres dotados de razón, de inteligencia como para poder tomar las riendas de lo que sucede, para ser quienes decidimos el estado anímico con el que queremos continuar nuestros días.

Cuando uno dice que perdona a alguien es que no le guarda rencor, es que las cuentas han quedado saldadas, y no hay motivos por los que irritarse o enojarse. Sin embargo, algunas veces suele ser un discurso que establecemos para salir del paso, pero con el correr del tiempo vemos que realmente no hemos perdonado, porque salen a luz rispideces o sentimientos que demuestran que en definitiva la situación no ha sido superada, es como si quedara una brasa prendida. Por lo tanto, es importante que apaguemos bien el fuego, y para eso nada como estar convencidos de que es un tema superado y pasamos la página. Desde luego que hay ciertas acciones que no tienen marcha atrás y dejan las relaciones resquebrajadas o marchitas, porque se produce un quiebre insalvable, pero la mayoría de las veces tiene que ver con ese enojo que logramos superar.

Y este enojo que no logramos superar tiene un coste emocional, cuando perdonamos debemos conocer nuestros límites y saber hasta donde somos capaces de llegar, hasta que punto estamos dispuestos a dejar pasar ciertas cosas, tener claro ese umbral anímico personal y también está relacionado con nuestra  autoestima y dignidad.

Algunas veces resulta que nos enfrentamos reiteradas veces con el mismo problema, entonces  es mejor afrontarlo y entender que no tiene solución.Perdonar no es sencillo, requiere de grandeza de espíritu, y realmente de una capacidad de superación importante.

Ciertas personas, suelen tener una “lista negra” en la que entran algunos individuos luego de actuar de determinada manera,  y si bien no se vengan de ellos, los ignoran por completo es como si se murieran en vida.  El enterrarlos puede ser un mecanismo de defensa, de intentar sobreponerse, pero dista de esta rosa blanca a la que hace alusión José Martí  en su poema, en el  que nos invita a acercarnos a la perfección, a un estado de consciencia superior, en el que podamos trascender cualquier tipo de circunstancias, para albergar en nuestro corazón amor y pureza.

Andrea Calvete


Cutlivo una rosa blanca

“Cultivo una rosa blanca
en junio como en enero
para el amigo sincero
que me da su mano franca.

Y para el cruel que me arranca
el corazón con que vivo,
cardo ni ortiga cultivo;
cultivo la rosa blanca” José Martí