sábado, 2 de junio de 2018

TOCATA Y FUGA


¿Cuántas cosas nos resultan superfluas, cuánto de lo qué incorporamos a nuestro diario vivir realmente lo necesitamos…cuánto peso innecesario en nuestras espaldas?... interrogantes que nos hacemos en determinado punto del camino en el que nuestro yo interno dice: ¡basta!

Por momentos, nos topamos con esos puntos inflexivos en los que necesitamos detenernos, y sentimos la necesidad de vivir con lo imprescindible, que a esta altura del camino se ha convertido en una extensa lista a la que sin darnos cuenta día a día agregamos más y más cosas, producto de la sociedad en la que vivimos, o de querer ahogar nuestras profundas necesidades en lo que realmente dista de la verdadera solución.

Así andamos tras metas inalcanzables, destinos equivocados, caminos lejanos, embarullados por un sinfín de posibilidades que van aumentando en la medida que le damos cabida y decimos: “Sí lo necesito, sí a todo lo que se nos acerca”. Cuando queremos acordar estamos superados en responsabilidades, en si que realmente no son dichos desde lo genuino, en compromisos que realmente no son de nuestro agrado, en una cotidianeidad que poco tiene que ver con lo que realmente deseamos de nuestros días.

¿Qué paradoja que lo que hemos construido diste de lo que realmente queremos, se aleje de nuestros deseos y necesidades?, para tomar asiento al lado de lo que nos oprime o asfixia, para quedarnos situados en un lugar incómodo y poco confortable. Así nos ubicamos en parajes no elegidos por motus propio, o mejor dicho conscientemente, hemos llegado hasta aquí producto de nuestras decisiones desacertadas o equivocadas y nos hallamos en un inmenso laberinto del que no sabemos ¿cómo salir?

Y de nada sirve escudarnos en excusas para continuar situados en este lugar que nos incomoda y que no nos hace felices. Posiblemente, a esta altura esta situación de vida se haya convertido en lugar de “confort” el que si bien nos disgusta al mismo tiempo resulta parte de lo conocido y esperado, mientras que salir de esta situación implica cambiar el rumbo y lanzarnos por un nuevo camino, con todas las responsabilidades y desafío que eso conlleva.

El decir sí a nuevos caminos y horizontes, es abrirnos a las posibilidades, a la vida, al devenir, al cambio permanente, porque el quedarnos estancados en determinados lugares en definitiva lo único que nos trae aparejado es mal estar e incomodidad. Está en cada uno analizar si es hora de un verdadero cambio, para trascender esa vereda gris de la rutina que nos asfixia.

En una suerte de tocata y fuga, la melodía comienza a surgir sonora, melodiosa, y las notas se tornan más potentes, hasta que decidimos fugarnos de esa situación en la que nos plantamos y decimos: “ Hasta aquí he llegado”, sí sin más miramientos, dudas, ni contemplaciones, para continuar por un nuevo camino, pero también abiertos a nuevas miradas y perspectivas.

Andrea Calvete