jueves, 21 de junio de 2018

¿QUÉ TAN LIBRE SOMOS?

Día tras día corremos en esa búsqueda por sentirnos libres, un sentimiento que podría tener significados diferentes para cada uno de nosotros. Sin embargo, el hecho de buscar esa libertad nos une a todos bajo el mismo cielo, lo que podría ser el punto de partida y de unión en este camino.

Ser libres está correlacionado con hacer lo que queramos, lo que sintamos que nos satisface y suma a nuestros días. Pero, no siempre es posible hacer lo que queremos, la mayoría de la veces debemos conformarnos con hacer lo que podemos, y aquí se genera un gran conflicto entre lo que desearíamos y realmente hacemos. Esto tiene que ver con la actitud que tengamos frente a lo que anhelamos y deseamos, si nos ponemos por delante metas utópicas probablemente nunca alcancemos un nivel mínimo de satisfacción.

También el sentirnos libres respecto a lo que hacemos con nuestra vida, tiene que ver con ser agradecidos. La gratitud es un herramienta muy valiosa que nos para frente a cada acontecimiento en forma positiva, abiertos a recibir y también a dar, porque lo que va también viene.

Quien se para con actitud de gratitud ante un nuevo día, podrá ver los diferentes colores, matices , aromas y sensaciones que se topan con él cada día. De esta forma si somos capaces de ver el universo de posibilidades, más sencillo será hacer lo que anhelamos y deseamos, decidir qué queremos para nuestros días.

Ser libres tiene correlación directa con pararnos decididos frente a la palabra libertad, la que apenas se mantiene en pie, porque para sostenerla es importante ser tolerantes y respetuosos con nuestros semejantes, lo que trae a su vez aparejado la aceptación.

Aceptar a los demás como son es un paso primordial para lograr correctas relaciones de alteridad. También es necesario aceptarnos a nosotros mismos como somos y sí algo no nos agrada trabajar por cambiarlo. La aceptación también tiene que ver con saber conformarnos con eso que podemos hacer, pero no desde la resignación, sino con alegría y entusiasmo de poder continuar tras las metas que nos propongamos.

Es común decir o pensar te acepto tal cual sos, pero si nos detenemos a pensar suele ser una verdadera falacia, porque en el fondo cuando conocemos a alguien lo vemos del modo que deseamos o nos gustaría que fuera y, con el transcurso del tiempo, esa imagen inicial suele diferir con la que descubrimos.

Al principio las relaciones suelen funcionar de maravillas, todas son virtudes, alabanzas, que al tiempo se desvanecen al enfrentar nuestros deseos con la realidad. Y cuanto más difieren se incrementa el descontento que sentimos con esa persona que estamos conociendo.

¿Por qué no aceptamos a los demás tal cual son? En realidad cabría preguntarnos antes ¿por qué no nos aceptamos a nosotros mismos? Preguntas que se acoplan a una palabra que todos ansiamos o anhelamos: libertad ¿Hasta qué punto somos libres?, ¿por qué nuestros derechos se ven constantemente vulnerados?, ¿es qué acaso no logramos ponernos en el lugar del otro, trascender las relaciones de alteridad?

Generalmente, tendemos a colonizar al otro, en el afán de que se apruebe lo que pensamos, sostenemos o creemos, sin ver que el hombre del hombre necesita, que nos complementamos aún en las disidencias. Al respecto, José Saramago dice: “He aprendido a no convencer a nadie. El trabajo de convencer es una falta de respeto, es un intento de colonización”.

Es primordial analizar ¿por qué no nos aceptamos a nosotros mismos?, ¿por qué realmente conocemos muy poco de nuestro yo interno?, de esa búsqueda personal y esencial, porque tras correr, avanzar, aprender y crecer, olvidamos profundizar en esos lugares desconocidos o poco frecuentados por nosotros mismos. De allí ,que la búsqueda interior está íntimamente relacionada con ese ser espiritual que nos sustenta y del que poco sabemos, porque en él se mezclan emociones, sentimientos, recuerdos, valores que nos dibujan y nos permiten trascender en el tiempo.

Es frecuente que sin darnos cuenta nos encontremos moldeando a las personas que tenemos al lado, a nuestra imagen y semejanza, olvidando que cada persona en un ser único e irrepetible, con sus gustos, deseos, anhelos, virtudes y defectos. Quizás un buen punto de partida es decir que todos somos portadores de un alma que nos iguala como seres que habitamos un planeta y una galaxia, pero nos diferenciamos desde cada particularidad que nos caracteriza y distingue.

Tomar lo mejor de cada uno nos posibilita pararnos con ilusión, con esperanza de cara al futuro, basándonos en lo positivo que nos hace brillar, para dejar atrás lo malo, lo negativo, superando obstáculos, dificultades, codo a codo todos unidos, no enfrentados. El enfrentarse es parte de la vida, del lograr sobrevivir, pero hagámoslo con consciencia, con responsabilidad, en una búsqueda por respetar la libertad de la persona que tengo a mi lado, sin pensar que de este modo es vetada la mía, por el contrario si todos podemos ejercer nuestros derechos la convivencia es más cordial.

Una de las claves para que haya tolerancia y libertad entre las personas, es que nos dejemos despertar o sorprender por el amor, porque cuando ésta palabra entra en nuestras vidas desde sus diferentes acepciones logra transformarnos en mejor personas, con un corazón abierto a sentir y a dar todo lo que sea necesario, sin fronteras, sin límites, salvo las que estemos dispuestos a poner.

Finalmente, sería maravilloso que te aceptara tal cual sos, y vos a mí, desde esa perspectiva cambiaría muchísimo todo, sería un gran paso para ponerme en tu lugar, en el del vecino, amigo o compañero, sin juzgar o señalar, simplemente aceptando que para que seamos iguales y se respeten nuestros derechos, debemos aceptar a todas las personas más allá de que difieran con lo que pensamos o sentimos.

Andrea Calvete