sábado, 23 de junio de 2018

EMBRIAGARSE DE VIDA

Empaparse de sensaciones, vestirse de deseos, volar con los sentidos, esconderse en un sueño o inundarse de los perfumes de los días, es parte de embriagarse con lo que nos hace sentir vivos. De nada sirve agotarnos de un sinfín de cosas que en el fondo no nos provocan la mínima vibración y nos atan a la monotonía.

Tantas veces solemos habitar los minutos anestesiados de problemas y de preocupaciones, pero seguimos de largo como quien hace un trabajo forzado deseando que ese día
interminable se acabe.

Si bien es cierto que el aplomo llega cuando uno logra atravesar las turbulencias, el sentirnos parte del ojo de una tormenta es también estar vivos. Quien más o quien menos ha enfrentado problemas de toda índole, “ha bailado con la más fea”, se ha sentado en el sillón más duro, o ha caminado por la calle del desengaño y el sufrimiento.

Guiados por la razón y la inteligencia, acompañados también por la sensibilidad, nos internamos a resolver lo que nos aqueja, lo que no siempre es tangible. Muchas veces, nos hacemos trampa al solitario, nos escondemos debajo de una dura caparazón en la que nos resguardamos, pero a su vez nos alejamos de encontrar una salida.

El sol siempre está presente, aún en los días nublados, alcanza con mirar al cielo para al tomar contacto con su luz para cargarnos de energía. Enfrentados ante circunstancias difíciles un excelente ejercicio es levantar el rostro hacia el cielo, respirar profundo e intentar perdernos entre las nubes y el sol, para así vibrar en una sinfonía única e indescriptible

Corremos tras respuestas, intentamos develar enigmas, queremos soluciones inmediatas, y finales felices. Sin embargo, algunas interrogantes flotan escurridizas y nos sentimos lejos de tener todo bajo nuestro control. De pronto, la vida nos da un buen cachetazo y vemos que no somos dueños de mucho, y que lo que nos da algunas veces también nos lo quita. Si bien el sentido de propiedad parece generarnos cierta seguridad, es a su vez un arma de doble filo que nos hace tener un apego que en cierta medida nos amarra a situaciones intrascendentales.

Con el correr del tiempo quedan perfumes impregnados en la piel, sensaciones inexplicables, caricias imborrables, palabras enriquecedoras, risas contagiosas y miradas que han quedado clavadas en el alma. Todo este cúmulo de experiencias habitan en nosotros, en nuestro ser más profundo, latiendo en nuestro corazón que vibra gracias a todo lo que hemos andado y lo seguiremos haciendo a través de las experiencias vividas, que son parte de lo que hemos cincelado para llegar a ser lo que somos.

En algún punto del camino entendemos que ya no es necesario discutir por nimiedades, y que vale la pena continuar al lado de quien suma a nuestro camino. Vibrar en buena sintonía o energía depende exclusivamente de nosotros, de la vereda que decidamos transitar. 

Embriagarnos con la vida es permitirnos vivirla con intensidad, con plenitud, abiertos a los cambios y a los desafíos, disfrutando de las cosas más simples y a su vez más intensas. Es estar dispuestos a beberla, respirarla, nadar en ella, permitir que nos colme y nos desborde.

La embriaguez es un exceso, linda con lo que nos sobrepasa, pero sino la vivimos con intensidad imperiosa la dejaremos escapar de nuestras manos. Sin entender que lo que hacemos con ella es lo que vivimos aquí y ahora, y que cada minuto que desperdiciemos no tiene marcha atrás, porque el tiempo es infalible, continúa y no espera. Dejemos de ser esclavos del tiempo para poder trascender nuestros niveles de conciencia. Los invito, entonces, a embriagarse de vida. 

Andrea Calvete