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LAS BONDADES DEL VUELO



Las bondades del vuelo son variadas, pero tienen en común esa capacidad de libertad que se siente al desplegar las alas. Quizás no requiera más esfuerzo que el de sentarnos a abrazar una puesta de sol, o una noche de luna llena, o un amanecer perfumado de rojos llenos de vida.

Para volar hay que estar dispuestos a dejar fluir la imaginación y la creatividad, para que nazca el ser creador capaz de transformar nuestro accionar.

El vuelo permite respirar profundo para sobrevolar lo que nos preocupa y aflige, para si tomar distancia y poder ver desde otra perspectiva.

Volar te da la posibilidad de conectar con tus habilidades, con tus herramientas más profundas para poder ser y estar más allá de lo que te ata o aprisiona. El pensamiento es un lugar donde los barrotes o cadenas no existen, donde no hay más que dejarse llevar y disfrutar.

Quien logra remontar el vuelo es capaz de sentir que ya no importan tantas cosas, que pasan a ser intrascendentes, para acercarse a esos rincones en los que el corazón late con plenitud, y las pupilas brillan gozosas cuando las alas planean y el aire fresco desvanece los problemas.

Cuando se logra cierta altura ya no queda lugar para los cuestionamientos o dudas, simplemente fluye todo lo que en sí nos hace sentir bien y vibrar en sintonía.

Conectarnos con la naturaleza, con la música, con la lectura, con la pintura o la danza o cualquier ámbito que nos permita esa comunión con la parte creativa es el punto de partida para despertar los sentimientos más profundos y que se manifieste el vuelo de libertad.

Las bondades del vuelo son variadas, pero tienen en común esa capacidad de libertad que se siente al desplegar las alas para acercarnos a los sueños, a los misterios de la vida, y a la belleza soleada de la esperanza.

Andrea Calvete

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