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AMBIVALENCIA

Quizás la ambivalencia de vivir juntos y separados, hiperconectados y desvinculados, vivos y muertos, cerca y lejos, sea parte de la misma paradoja que la vida nos propone al enfrentar nuestra propia dualidad. Sin embargo, con cada paso que damos a través de esa conexión dual, estamos más cerca de solidificar esa liquidez para llegar al todo, y así dar un sentido verdadero en este devenir fluctuante que espera de nosotros la respuesta.

En esta modernidad líquida donde todo va perdiendo solidez, aún quedan quienes luchan por sus utopías, o por sus anhelos mustios y oxidados, porque aún flamean, mientras el latido agónico del amor pretende sobrevivir, ya que pese a todo es más fuerte e intentará hacer brillar una mirada o palpitar un pecho cuando su mano se extienda.

La modernidad líquida nos envuelve, y nos paramos frente a un mundo en que los paradigmas parecen desmoronarse. Mientras la tecnología avanza nos escondemos detrás de los monitores esperanzados que algún momento se humanicen. Hoy más que nunca necesitamos el contacto con el otro, ese contacto físico tan necesario en el que una mirada puede algunas veces más que mil palabras, o un apretón sincero o abrazo llenan nuestro corazón abatido.

Estamos hartos de emoticones y caritas que expresan sentimientos, motivaciones y deseos, necesitamos de ese café cara a cara, de esas largas charlas hasta que ardan las velas.

Si bien vivimos encerrados en nuestras pequeñas burbujas, apartados y casi recluidos, aún existen nexos que nos permiten sentirnos vivos, queridos y necesarios, porque por más que la incertidumbre nos sacuda y el desánimo nos despeine, en lo más profundo de nuestro ser habita un don divino que es capaz de despertar, siempre que estemos abiertos a la vida y al devenir, al cambio y la posibilidad de seguir avanzando y vibrando en armonía y sintonía con lo mejor de nosotros.

Quizás la ambivalencia de vivir juntos y separados, hiperconectados y desvinculados, vivos y muertos, cerca y lejos, sea parte de la misma paradoja que la vida nos propone al enfrentar nuestra propia dualidad. Sin embargo, con cada paso que damos a través de esa conexión dual, estamos más cerca de solidificar esa liquidez para llegar al todo, y así dar un sentido verdadero en este devenir fluctuante que espera de nosotros la respuesta.

Andrea Calvete








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