sábado, 26 de septiembre de 2020

LA ALQUIMIA DE LA LLUVIA

Las gotas salpican las horas y las envuelve en un devenir húmedo y apacible. El quieto decir de la lluvia me habla, entra en lo más profundo de mi ser, acaricia mis recuerdos, esculpe una imagen que parecía olvidada. Es un día perfecto para transitar los estantes del aplomo, en donde reposa lo que con tanto esfuerzo hemos aprendido.

Armoniosa, la lluvia moldea la melodía de los pensamientos, me acerco a ellos desde un ángulo diferente, porque de eso se trata cambiar la perspectiva, es corrernos unos milímetros del lugar habitual para poder observar con la mente y el corazón abiertos.

Un gran velo se corre en la medida que el manto de agua bendice lo que toca. Sólo hace falta estar dispuestos a que el milagro se produzca, sin este requisito no habrá cambio posible. Respiro profundo y me dispongo a dejarme seducir por su alquímico encanto, y entonces vuelo hacia un después que se aproxima y se funde en este aquí y ahora.

En este presente se desliza el día majestuoso, privilegiado por un acto cotidiano y sencillo, magnifico y encantador, en el que nos sorprende la lluvia cuando decide caer como por arte de magia y deslizarse por nuestra ventana.

El quieto decir de la lluvia me habla, entra en lo más profundo de mi ser, acaricia mis recuerdos, esculpe una imagen que parecía olvidada. Es un día perfecto para transitar los estantes del aplomo, en donde reposa lo que con tanto esfuerzo hemos aprendido.

Andrea Calvete

 

 

viernes, 25 de septiembre de 2020

LEYENDA DEL ANGEL DEL SILENCIO

Aquella mañana tibia de primavera cruzaron sus miradas, hubo un silencio, pero continuaron, las palabras se hicieron presentes para enfrentar el día atiborrado de compromisos. El aire perfumado y suave los llenó de energía, los impulsó a trabajar con alegría y esmero. No dejaban de salir del asombro el ímpetu que los movía era diferente.

Miraban sus celulares para cronometrar la hora, la jornada transcurría rápida y el tiempo de la entrega se acortaba. Tomaron un pequeño descanso para almorzar unos emparedados, el mismo silencio se presentó sin más. Ambos pudieron percibir que no era un silencio común había en él algo diferente, una comodidad inusual, un encanto que los llevaba a quedarse unidos por el latir de las miradas.

La tarde pasó intensa, sin descanso, el cansancio se sentía en la cabeza, en la espalda y en los párpados que pesaban toneladas, pero aún quedaba mucho por hacer. Pararon 5 minutos para tomar un café, el mismo silencio se presentó, los inundó de paz y de una conexión especial, la disfrutaron en una unión casi mágica. Continuaron distendidos y en una sintonía como jamás habían percibido.

Los silencios se impregnaron del néctar de ilusión, del entusiasmo de que todo es posible, de la suavidad de la caricia que todo lo puede y del beso que corta la respiración. La antigua leyenda se había hecho presente, el ángel del silencio se manifestó en los corazones de aquellos dos seres a los que había decido unir más allá del tiempo y el espacio, para que vibraran bajo el influjo del amor.

Andrea Calvete

 

 

sábado, 19 de septiembre de 2020

EL ARTE DE HACER

Cada acto de nuestras vidas requiere de arte, de conjugar sentimientos, pasiones, de equilibrar nuestra balanza, de saber elegir los ingredientes precisos, de poner el trabajo y esfuerzo necesarios, de no bajar los brazos, de levantarnos si nos caemos y continuar entusiasmados, porque creemos que lo que hacemos vale la pena y corremos tras una causa.

Deshilachada por el desencanto  la ilusión no encontraba esperanza que lo zurciera. Con artesanal paciencia comenzó a tejer, tomó los hilos uno por uno, buscó despacio los diferentes y posibles candidatos para que la labor comenzara a dar sus frutos.

El primer hilo que apareció enredado entre aquella maraña confusa fue el de la esperanza, un poco descolorido lo puso en remojo hasta que tomó su color característico.

El tesón no tardo en aparecer, sabía que sin constancia aquel trabajo sería imposible.

Con la algarabía del amanecer apareció la alegría dispuesta a iluminar con una sonrisa radiante a todos sus compañeros.

La creatividad surgió como guía, con su contagioso ánimo llenó el recinto de buenas ideas, se dejó guiar por la imaginación y la inteligencia.

La humildad pretendió pasar desapercibida, en silencio hizo sentir a cada hilo importante y necesario, el trabajo mancomunado fue parte de su aporte desinteresado y sincero.

El esfuerzo llegó con las ganas de dar ese empujoncito necesario y cariñoso para que las fuerzas no flaquearan.

La fe por fin apareció para alumbrar el tejido, sin ella los hilos se hallarían poco incentivados, debían creer en si mismos para que la labor se transformara en una obra de arte.

La templanza un hilo esencial a la hora de que la labor se desarrollara con armonía y justo propósito.

El artesano ya con todos sus hilos prontos para hilar se preguntó dónde se hallaba el arte de su labor. Recordó entonces unas palabras de su padre: “El arte se expresa a través de tus manos, pero habita en tu corazón, déjate guiar por él y llegarás tan lejos como te lo propongas, cree en ti y nada te detendrá”

El tejido se encausó armonioso, la música de la naturaleza fue la melodía perfecta para que todos danzaran a su ritmo, cada color se fue mezclando lentamente con el otro, y las sedas se anudaron con la magia de aquellas manos que con amor y ahínco tejieron su obra.

Cada acto de nuestras vidas requiere de arte, de conjugar sentimientos, pasiones, de equilibrar nuestra balanza, de saber elegir los ingredientes precisos, de poner el trabajo y esfuerzo necesarios, de no bajar los brazos, de levantarnos si nos caemos y continuar entusiasmados porque creemos que lo que hacemos vale la pena y corremos tras una causa.

Andrea Calvete

domingo, 13 de septiembre de 2020

MANDALA SÍMBOLO PUENTE

El mandala es una estructura de diseños concéntricos que representan la composición del universo y de la naturaleza. Es una palabra de origen sánscrito y significa círculo; representa la unidad, la armonía y la infinitud del universo mediante el equilibrio de los elementos visuales. En Oriente, mandala y vacío son conceptos relacionados con la meditación.

El círculo es perfección y equilibrio y se relaciona con la esencia de lo sagrado. Mientras el cuadrado el símbolo de la materia, del cuerpo y la realidad terrena. Es así que cada símbolo geométrico que aparece en el mandala tiene un significado y una interpretación.

Como símbolo de totalidad, el mandala es una herramienta para el bienestar humano, constituye diagramas simbólicos que permiten dejar fluir y a armonizar los estados psíquicos propios con el mundo exterior.

Fue el psicólogo Carl Jung uno de los primeros en investigar al mandala y su potencial en la Psicología y en el Arte. A través de los aportes de Jung se pudo apreciar el potencial del mandala que emerge del inconsciente universal, relacionados con nuestras percepciones y nuestro ser interno. Según Jung detrás de un símbolo confluyen dos realidades, una conocida y otra desconocida. Es así como el mandala es símbolo espiritual que trasciende el entendimiento lógico y racional para tomar contacto como lo más profundo del ser.

Durante la guerra Jung comenzó a dibujar mandalas en sus ratos libres, los dibujaba en la tierra, en el papel, en lo que tuviera a mano. En un determinado momento sufrió un infarto, y tuvo una experiencia próxima a la muerte, todo esto quedó plasmado en un diario personal que luego de su muerte fue publicado como el Libro Rojo. Además, fue un hombre interesado por la metafísica, el hermetismo y ocultismo, espiritualidad y alquimia,  pero dado su época fue algo que llevó a cabo en forma reservada.

El mandala es un símbolo, tanto figurativo como abstracto, logra aludir realidades no visibles y explicar conceptos más allá del lenguaje verbal, para tomar contacto con representaciones sensibles, creativas que tienen que ver con las ideas, pensamientos y emociones. Detrás de cada mandala se crea un mensaje. El símbolo se puede considerar como la piedra angular para aproximarnos a la verdadera naturaleza de las cosas, la totalidad del universo, en la que la relación sujeto-objeto se desvanece para fundirnos en un todo.

A través de la creación artística y del símbolo el hombre traspasa los límites de la lógica y se conecta con su parte intuitiva, más profunda, y deja por unos instantes el razonamiento que lo presiona en forma permanente dado el ritmo de vida actual, que a su vez lo condiciona y por momentos esclaviza. De este modo, el arte tiene la capacidad de reintroducir significados, cualidades, y nos permite trascender el tiempo y el espacio.

En su libro “Psicología y alquimia”, Carl Jung nos explica que en un momento de su vida tuvo la posibilidad de conocer a Lingdam Gomchen un lama tibetano. Este Lama le explicó que los mandalas tibetanos sólo podían ser obtenidos mediante la imaginación de un Lama instruido. Por lo tanto, ningún mandala es como los demás y todos son individualmente ricos y diferentes.

De esta forma Jung comprendió que una imagen interior es única e irrepetible y tiene que ver con el equilibrio anímico, cuando se pueden encontrar los pensamientos y las ideas. A su vez apreció que estas imágenes que provienen de visiones interiores forman parte de los símbolos más antiguos de la humanidad. Luego de años de estudios con distintos pacientes, pudo ver que el proceso de la producción de los símbolos del mandala se convirtió en un símbolo de equilibrio, entre la contrariedad y conflictividad de la situación consciente. Según su experiencia personal, gracias al dibujo de los mandalas, pudo observar su transformación psíquica día a día.

Jung considera que los mandalas son una expresión del inconsciente colectivo, son fenómenos ancestrales que están relacionados con las culturas y las sociedades. Para Jung el mandala forma parte de los arquetipos humanos. Según su interpretación, el centro del mandala representa el individuo, que busca perfeccionar su individualidad. La función básica que tienen entonces los mandalas es central las energías positivas - del cosmos o de las personas - y trabajar su ego, logrando dar así un sentido fluido, armonioso y evolutivo ante las situaciones de confusión y caos, o de excesiva racionalidad y rigidez. De esta forma el individuo se autoconoce, se acerca a su ser más profundo.

Los estudios realizados por Jung han permitido descubrir al mandala como herramienta terapéutica, un símbolo de totalidad, abarcada por el hecho de que existe un centro y una periferia que lo engloban. Por este motivo, en momentos de desorden o estados de caos mental, puede aparecernos este símbolo, ya sea en forma de mandala dentro de un sueño, o como dibujos fantásticos imaginados. Jung observó que sus pacientes espontáneamente dibujaban mandalas e interpretó que estos dibujos reflejan una tendencia natural de auto-regulación del psiquismo. Definió a los mandalas no solamente como manifestaciones simbólicas ancestrales, sino que yendo más lejos, las consideró una necesidad de la psique humana para organizarse.

Por todo lo compartido, los mandalas se los considera criptogramas que se relacionan con el estado interno y con el proceso de autoconocimiento. Símbolos puentes que nos permite trasladarnos hacia universos desconocidos, trascender planos y fronteras, volar, crear y transitar tiempos y espacios, más allá de lo imaginado, en una trasmutación constante.

Andrea Calvete

sábado, 12 de septiembre de 2020

SE NOS ADELANTAN EN EL TIEMPO


En una suerte de carrera, en la que quedamos atrás sin poder hacer nada más que aceptar su partida, se nos adelantan en el tiempo. Un mutismo sin palabras, sonidos confusos, aromas incomprensibles se mezclan en ese poco sentido con el que se colorea todo. El adelantarse en el tiempo no es cuestión de cronómetro, no tiene relación directa con los años vividos, es una carta de la vida que llega cuando es el momento justo de la partida.

Cuando pasan los días, las estaciones, volvemos a sentir el sol en el rostro y comprendemos que más allá de las explicaciones que no llegan, todo pasa, lo bueno y lo malo, lo que queda es el sentimiento genuino que ha alimentado ese ser que ha partido y que continúa en nosotros.

El adelantarse en el tiempo no es cuestión de cronómetro, no tiene relación directa con los años vividos, es una carta de la vida que llega cuando es el momento justo de la partida. Y no estamos preparados para la muerte de un ser querido, nuestra cultura así nos ha formado, y cuando alguien fallece se lo vela, se lo entierra, se lo llora, como parte de un ritual que está ya instaurado. Esto no quiere decir que en lo más profundo no sea sincera y honesta esa sensación que nos desgarra el alma. Pero a que voy, todo lo que hacemos se conjuga para que aún nos sintamos peor.

Después de muchas lunas, vemos que las noches dejan de ser ese rincón oscuro en el que las lágrimas flotan por las esquinas, ese lecho lleno de añoranza y recuerdos que se escapan. Y entonces la luz de cada día vuelve a brillar, los aromas empiezan a perfumar, y el corazón late diferente, vibra en otra sintonía, en el que se ha adelantado nos acompaña de otra manera distinta, ya no desde el dolor sino desde la alegría de estar en nosotros desde un sitio nunca percibido, pero tan importante y necesario para dar continuidad a nuestros días.

Andrea Calvete

lunes, 7 de septiembre de 2020

LO QUE SE HACE, DICE Y PIENSA


No siempre está alineado el pensamiento, palabra y acción. Algunas veces se piensa lo que no se dice, se dice lo que no se piensa, y se siente lo que no se dice. Y entonces a mal puerto vamos por agua. La brújula parece no marcarnos el camino, y nos hallamos perdidos. 

Se pueden decir tantas cosas y al mismo tiempo pensar, pero a la hora de llevarlas a cabo se suceden un sinfín de acontecimientos que frenan la puesta en acción. El poner en práctica se convierte en una tarea lejana y utópica, nuestro ánimo parece desvanecerse tras aquellos proyectos producto de nuestras palabras y pensamientos. Entonces, nos resignamos y decimos más vale malo conocido que bueno por conocer. Pero en el fondo, hemos traicionado a nuestras emociones, a nuestro ser más profundo que se había propuesto ser fiel a esta tríada de pensamiento, palabra y acción.

Día a día intentamos vivir tal como somos, sin embargo, nos vemos condicionados por nuestros juicios, y ese constante enfrentarnos al pasado y al futuro. Así cuestionamos a quienes nos rodean, etiquetamos, enjuiciamos, sin ser capaces de ponernos un minuto en el lugar del otro. Cuando juzgamos o suponemos lo hacemos desde nuestro lugar, desde nuestra subjetividad, sin llegar a aproximarnos al lugar del otro. También el hecho de prejuzgar, juzgar, o suponer, tiene que ver con no aprender a valorar lo que estamos haciendo. Cuando uno está ocupado en sus que haceres poco lugar nos queda para las conjeturas y especulaciones. Tantas veces, dejamos de valorar lo que estamos haciendo, por cuestionarnos lo que hicimos en el pasado y lo que haremos en el futuro, y así nunca estamos en el presente en este aquí y ahora. Vivimos entonces desacompasados con el tiempo real, y preocupados y ocupados por lo que han dicho y dirán…

Algunas personas creen que el talento tiene que ver con las grandes ideas, aunque para poder sostenerlo es necesario creer en uno mismo, y para ello también es importante sentirnos entendidos, queridos y respetados. Goethe señala que “el talento se educa en la calma y el carácter en la tempestad”, y como la vida es un continuo cúmulo de movimientos, que pasan de la pasividad a los movimientos más intensos, el hombre permanece vivo, vibrando y latiendo en su lucha diaria por lograr sus metas y anhelos más allá de todos los posibles impedimentos que día a día se le presentan, dejando que su talento y carácter moldeen su propia historia de vida. Estas dos características hacen que florezca en cada ser humano un ser diferente, único y especial. Algunas veces, nos sorprendemos frente a una persona que dado su carácter y talento nos cautiva en forma inmediata, como si tuviera un inmenso imán. El tener carácter firme implica saber decir sí y no cuando es necesario, admitiendo el desenlace de nuestra decisión. Generalmente, la persona de carácter fuerte tiene muy seguro lo quiere, pero a su vez suele por el mismo motivo caer en momentos de intransigencia, dada su absoluta seguridad. Entonces, si logra incorporar el pensamiento crítico, más bien autocrítico, posiblemente será capaz de modificar sus errores con humildad y grandeza. Por otra parte, si este carácter se acompaña de talento, entonces es posible recorrer muchos caminos, lograr tantas metas. Sólo es cuestión de saber cultivarlos, de apreciarlos, porque algunas veces insertos en nuestras tareas cotidianas, vemos sólo aflorar nuestro carácter, pero parece que el talento quedara adormecido a la espera de ser despertado. De esta forma, al alinear nuestro carácter y temperamento, nos embarcamos también a querer a los demás, a fortalecer nuestros nexos afectivos, porque al intentar equilibrarlos comenzamos a ver en los seres que nos rodea su humanidad, más allá de que piensen, actúen o sean diferentes a nosotros.

Cuando logramos alinear nuestros pensamientos, palabras y acciones, reina en nosotros una placentera armonía, que se transforma y libera a través de un accionar ecuánime hacia nuestros semejantes más allá de las diferencias que nos separan, porque entendemos que ellos al igual que nosotros son seres que tienen problemas, desvelos y angustias, alegrías y tristezas como nosotros.

No siempre está alineado el pensamiento, palabra y acción. Algunas veces se piensa lo que no se dice, se dice lo que no se piensa, y se siente lo que no se dice. Vale la pena entonces, antes de hablar escuchemos, antes de criticar examinémonos , antes de escribir pensemos, antes de herir sintamos, antes de rendirnos intentémoslo, y antes de morir vivamos.

Andrea Calvete

LAS PUERTAS ABIERTAS A LA VIDA


Rosas tenues se pierden en el horizonte yodado en un mar turquesa y apacible. Las olas perfumadas rompen blancas mientras las gaviotas vuelan distendidas. La arena húmeda intensifica los aromas, los pies disfrutan de su textura fresca mientras el día los recibe con los brazos abiertos.

Sentados descalzos frente al mar, el maestro pregunta a su discípulo ¿qué ve? El silencio entre ambos se extiende un minuto, el discípulo cargado de emoción por la maravilla que tiene ante sus ojos se atreve a hablar

-Maestro, veo un mar azul quieto bajo un cielo que amanece.

El maestro vuelve a preguntar - ¿Qué ves?

El discípulo algo nervioso, y titubea -Un mar azul, gaviotas que vuelan pacíficas, y un cielo con distintos matices de colores.

El maestro vuelve a preguntar - ¿Qué ves?

El discípulo sin entender responde- Maestro, veo lo mismo que ves tú, un mar, un cielo y una playa inmensa-

El maestro vuelve a preguntar- ¿Qué ves?

-No sé qué quieres que vea, te repito, veo lo que vemos ambos- dice asombrado

El maestro permanece unos minutos en silencio mirando hacia el horizonte y vuelve a preguntar- ¿Qué ves?

- Veo un mar lleno de vida, de corrientes, de olas, de peces, bajo un cielo magnífico, y un aire fresco que abre nuestros pulmones. También puedo percibir que muchas veces he entrado al agua sin miedo, que otras he tenido temor y me he quedado afuera, otras tantas el baño me ha purificado… ¿sigo?

El maestro satisfecho responde- No, es suficiente, has visto que ante el mismo lugar has experimentado muchísimos sentimientos, sensaciones, vivencias, tan sólo recuerda que día a día irás descubriendo nuevas cosas, sólo depende de ti la apertura que tengan todos tus sentidos ante lo que ocurre, no te cierres. Abre todos los días las puertas a la vida.

Andrea Calvete