sábado, 25 de julio de 2020

EL ESPEJO

Lugar donde se refleja la imagen, donde se esparce la luz, se superan los recuerdos y la memoria camina por un inmenso espacio virtual vaporoso, lleno de profundos recovecos. Utilizado por antiguas civilizaciones ha llegado a nuestros días como un objeto cotidiano, capaz de irradiar los misterios más exiguos.

En un descuido el espejo se ha roto en mil pedazos, esparcidos por el suelo forman cada uno una historia remota. Entro por uno de esos pequeños trozos y llego hasta la niñez lejana, cálida y risueña, soleada por la alegría e inocencia. No sé por dónde seguir son tantos momentos esparcidos que no me alcanza la memoria ni el tiempo de poderlos transitar. Me detengo en un fragmento opaco que no brilla, entro con dificultad y veo un día oscuro en el que sus ojos se cerraron y su sonrisa quedó instalada en mi alma.

Pronto recuerdo un viejo proverbio que dice :“quien rompe un espejo lo persigue siete años de mala suerte”. Superstición o verdad, leyendas que tienen que ver con los comienzos del espejo momentos en los que eran objetos muy valiosos al alcance de unos pocos. Posiblemente, este dicho se relacione con la creencia romana de que la vida se daba en ciclos de siete años, entonces haya surgido el mito de que, al romper un espejo, el alma se quedaría encerrada entre los pedazos. Por su parte, el número siete es el número de los ciclos, signo del intelecto, del pensamiento, del idealismo y la sabiduría, de la búsqueda del saber y el conocimiento. En el Tarot el número siete tiene que ver con el umbral iniciático. Sin embargo, más allá de estas creencias, romper un espejo puede tener un significado para cada uno especial y significativo. Estar dispuestos a romper el espejo en que se refleja nuestra imagen es atreverse a cambiar, es estar dispuestos a dar un salto, a tomar un nuevo camino, a dejar ver una nueva imagen, diferente e innovadora.

Solemos evitar mirarnos al espejo, seguimos de largo, el reflejo algunas veces nos duele. Extraña sensación la que puede producir una imagen poco nítida y lejana, sin embargo, intentamos alejarnos de ella, por miedo, por temor o simplemente porque lo que refleja no nos gusta y comenzamos a construir nuestra propia condena. Entonces nos condenamos a no cambiar, a estancarnos, a no darnos la oportunidad, a no reperfilar de rumbo, en definitiva a no sincerarnos con nosotros mismos.

Y seguimos a nuestro ritmo, algunas veces peleados con la vida porque no estamos a la altura de lo que los demás esperan de nosotros. ¿Qué significa estar a la altura de lo que alguien desea o espera? En realidad, poco importa estar a la altura de lo que los demás esperan de nosotros, si no somos nosotros mismos, si no estamos conformes con nuestro ser más profundo, siendo genuinos y auténticos. Dicen que cuando vemos en alguien algo que no nos gusta, generalmente es que espejamos cosas nuestras que nos duelen y nos cuestan asumir.

Así cuando no reconocemos nuestra imagen nos condenamos a vivir sin autenticidad, y eso trae aparejado un gran peso en nuestras espaldas, muy difícil de soportar. A la larga o a la corta nos condenamos a ser esclavos en nuestra propia existencia. Sin embargo, no podemos escapar al ojo de nuestro propio espejo, que reflejará lo que desee aún que no estemos dispuesto a mirarlo.

Algunas tradiciones esotéricas dotan al espejo de ciertas propiedades para captar o archivar información. Del mismo modo, en nuestro propio espejo se maneja tanta energía que ante nuestros sentidos se hace imposible comprender. Sin embargo, hay un proverbio que valdría reflejar en nuestro espejo que dice: "trata a los demás como a ti te gustaría ser tratado”.

Andrea Calvete