sábado, 30 de mayo de 2020

MÁS ALLÁ DEL DOLOR

Aquella mañana sombría en la que quedó tullido por el dolor, luego de varios amagues, advirtió que su colchón estaba demasiado a ras del suelo lo que le dificultaba incorporarse. Como las aves en busca de una nueva estación, los seres queridos y los amigos partían, mientras se nublaban las ilusiones y los obstáculos se interponían entre Raúl y su calle cuesta arriba.

El tiempo le resultaba avaro, no le dejaba alternativas de las que disfrutar, sólo le facilitaba el espacio para que su dolor punzante lo atravesara, como una braza que se enciende muy lentamente hasta hacer de los minutos una eterna agonía.

Las escalinatas de su juventud llena de ilusiones, de utopías, de banderas por desplegar, de sueños por cumplir, se esculpían en su memoria y amainaban el dolor. La integridad de sus pensamientos se mantenía sólida, acompañados de sus palabras y acciones que iban un poco desacompasados pero alineados.

A Raúl le fascinaban los cielos estrellados encontraba en ellos misterio, magia, y la fascinación de buscar formas inexplicables. Las noches de luna llena lo trasportaban a tiempos pasados, pero también a sucesos que aún no habían visto la luz. Se podría de decir que las noches eran la ficción que le daba oxígeno a sus días.

Un silencio desnudo advirtió en el fluir de su propia respiración, sintió perder capacidades, motricidad, los recuerdos se entremezclaron, y una bocanada de viento cerró la ventana que estaba entreabierta. Fue en ese momento que se dio cuenta que ya se había despojado de tantas cosas. Pensó, por qué había cambiado tanto, pero luego de cuestionarse unos minutos comprendió que había que resignarse y era mejor andar liviano de equipaje.

Aquella mañana sombría en la que quedó tullido por el dolor, también advirtió que el tiempo de disfrute había cambiado. Sintió como los rayos de sol que entraban por su ventana eran una bendición casi indescriptible, esa caricia que hacía tiempo no recibía. Apenas sin poderse mover, preparó un mate, se acomodó como pudo y saboreó aquellas cebaduras como nunca antes lo había hecho, pensó: “Es el mate más rico que he tomado en años”

Las nubes grises aparecieron en todas las tonalidades posibles mientras bailaban a su antojo. El olor a tierra mojada llegó con las primeras gotas que comenzaron a salpicar los cristales de la pequeña cocina de Raúl. Sentado en un sillón de mimbre, entre almohadones esponjosos y el dolor disminuido por calmantes, pudo entonces disfrutar de la lluvia que caía apacible como una bendición para quien espera una respuesta.

Aquella mañana sombría pronto se convirtió en una noche estrellada, en la que Raúl pudo viajar a través del “Claro de luna de Debussy” hasta una galaxia con infinitas posibilidades por descubrir.

Andrea Calvete

 

 


jueves, 28 de mayo de 2020

TARDE DE VIERNES

Los viernes son la línea mágica que nos traspasa al fin de semana, son el trampolín para poner a rodar todo lo que no pudimos hacer en la semana, y echar a volar la creatividad y la imaginación en todo aquello que dejamos pendiente por falta de tiempo y estamos expectantes de hacerle un espacio para poner en marcha

Se acerca el fin de semana, y finaliza una semana más de mayo que se despide parsimonioso, para dar entrada a la humedad y frío del mes de junio, aunque hoy es una preciosa tarde.

Los viernes tienen el aroma de la ilusión, de esa posibilidad latente, de algo por descubrir o probar. Es un día que se para saludable, sonriente nos abre los brazos para que pongamos sobre la mesa nuestros deseos y anhelos: siestas, libros, series, reuniones, caminatas, encuentros … ¡tanto por hacer, por pensar, diagramar o proyectar!

Sin embargo, se complica cuando de ese sinfín de cosas que nos proponemos no llevamos a la práctica ni la cuarta parte, entonces al mal humor del lunes sumamos la frustración de lo que no pudimos hacer.

Recuerdo cuando era niña, para mi los viernes eran una fiesta, era llegar de la escuela merendar y disfrutar de la televisión en blanco y negro, sin apuros de deberes u obligaciones. El café con leche sabía más rico, y por allí también era tarde de bizcochos calientes. Si hacía frío me acostaba en la cama de mis padres que tenían una tele pequeña en su cuarto y miraba lo que me gustaba. Desde luego, no había mucha variedad más que los cuatro canales de aire, pero yo me las arreglaba para ver todo lo que en la semana no había podido mirar.

A estos recuerdos agrego, la ilusión de que llegaba el fin de semana y estábamos la familia reunida, los sábados venía a almorzar mi tío abuelo muy pintoresco que nos deleitaba con sus cuentos y anécdotas formidables, así que otro motivo para estar feliz.

Los años fueron pasando y en la medida que fui creciendo se fueron sumando las reuniones, cumpleaños y festejos que muchos eran los viernes, cuánta ilusión. Creo que esa ilusión fue quedando grabada en mí, y los viernes son días que más allá del transcurso de la vida y los años me producen alegría. ¿Será psicológico?, pero veo una alegría y euforia en la gente que no la aprecio otros días, ni que hablar que el tránsito se pone especialmente bravo.

Desde pequeños cuando comenzamos la escuela tomamos como el comienzo de la semana al lunes, y al viernes como ese preámbulo del fin de semana tan deseado. De hecho, para la mayoría de las personas el fin de semana empieza el viernes, aunque hoy generaciones más jóvenes lo han adelantado al jueves por la noche y esta costumbre se ha ido extendiendo.

Quizás parte de lo que nos pueda producir el viernes tenga que ver con su nombre de origen que proviene de la civilización romana. El viernes era el día dedicado a la diosa Venus, en latín “dies Veneris”. Venus es la diosa del amor y la belleza, que deja su marca en abundantes obras de arte. Los romanos sentían una profunda veneración por Venus, al punto de que la misma palabra “venerar” proviene de su nombre. En inglés viernes se dice “Friday” por la diosa Freyja o Frigg, a quien se le rezaba por cuestiones de amor, de belleza y fertilidad, lo mismo que a Venus.

Quizás desde el origen de la palabra viernes en que se le ha rendido culto a la diosa del amor, más todas las vivencias adquiridas, haga que sintamos por este día un especial afecto o significado.

Los viernes son la línea mágica que nos traspasa al fin de semana, son el trampolín para poner a rodar todo lo que no pudimos hacer en la semana, y echar a volar la creatividad y la imaginación en todo aquello que dejamos pendiente por falta de tiempo y estamos expectantes de hacerle un espacio para poner en marcha

Andrea Calvete 

lunes, 25 de mayo de 2020

DOLCE FAR NIENTE

“El dulce no hacer nada” de origen italiano, los uruguayos lo hemos heredado como parte de nuestra idiosincrasia, como un hábito que nos identifica. Y no significa literalmente, no hacer nada, sino disfrutar y compartir placenteros momentos con amigos, deleitarse con una rica comida o de vivir situaciones gratas.

El “dolce far niente” nos invita a saborear la pausa, a entrar en contacto con “aquellas pequeñas cosas” como diría Serrat, que nos dejaron tiempo de rosas.

Como muchos uruguayos somos descendientes de latinos hemos incorporado muy bien este dicho, y disfrutamos de una caminata por la rambla, de tomar mate bajo la sombra de los árboles, de una partida de truco, de un vino, del sol, de una rueda de una cerveza bien fría, de un café, de una rica comida…, pero siempre encontramos ese rato para hacer una pausa.

Aunque creamos que no es necesario tomarnos esa pausa para “ese dulce no hacer nada”, estamos equivocados, es parte del diario vivir, de ese poder compartir los hermosos momentos de la vida que se componen de un cúmulo de situaciones. De estas pausas recuperamos tantos momentos perdidos, olvidados, dejados de lado por ese intenso correr sin freno.

Y quizás no significa literalmente “no hacer nada”, sino no hacer nada de lo que solemos hacer en esa rutina inmensa que significa un montón de horas sin podernos tomar un descanso, para mirar un cielo despejado, el horizonte, el atardecer, una noche de estrellas, o escuchar tranquilos algo de música, o detenernos frente a una estufa de leña a sentir su crujir  y quedar absortos mirando el fuego sin pensar en nada.

Precisamente, esa pausa no es sinónimo de holgazanería como sería la traducción literal, no implica tirarnos al abandono para que la vida se nos caiga a pedazos, sino buscar esos momentos que son imprescindibles para el encuentro con uno mismo, con nuestras ideas, con nuestros pensamientos más íntimos, los cuales quedan sepultados por diferentes motivos, pero el peor de todos por no querer asumir lo que realmente nos sucede.

Los griegos en la antigüedad interpretaban el ocio como “un impulso dominado por la meditación y la reflexión”.

Y en nuestros días, en la vorágine del siglo XXI es necesario tiempo para relajarnos, descansar, pensar, reflexionar, de modo de ver lo que nos circunda con perspectiva, con calma y poder entonces discernir ¿en dónde estamos y hacia dónde vamos?, y aunque parecen preguntas muy sencillas de responder, encierran una gran complejidad, más aún estos días.

Aunque existe un refrán que dice que “el ocio es el padre de todos los vicios”, por supuesto entendido desde el no hacer absolutamente nada en ningún momento de nuestra vida es verídico, pero si somos personas trabajadoras, cumplidoras de nuestros deberes y obligaciones, también es importante un merecido descanso o pausa. Momento en el que posiblemente surgen ideas nuevas, cuerpos y mentes cargados de dinamismo y energía para emprender nuevas situaciones o retomar las que estábamos haciendo pero con muchas ganas.

Y el ocio es una necesidad humana, esa instancia que precisamos para descansar de nuestras tareas habituales, de nuestra rutina. Y es que la rutina es sistemática, agobiante, termina por cansarnos y aburrirnos. Aunque muchas veces cabe preguntarnos ¿por qué tanta gente vive aburrida, sin ánimo, sin energía?

La diversión es uno de los objetivos del ocio, pero no significa sólo entretenimiento, sino dar la posibilidad a nuestro cuerpo y mente de descubrir materias primas para ocuparse y crecer.

Y la imposibilidad de tiempo de ocio conlleva a desarrollar la ansiedad, a través de la cual tienen cabida la aparición de numerosas patologías. En estas últimas décadas como consecuencia de ella, mucha gente sufre de depresión, ataques de pánico, déficit en la atención, hiperactividad, compulsión al trabajo, o patologías en la alimentación.

Y uno de los mayores impedimentos al ocio saludable es la escasez de tiempo ocioso. La vida actual nos lleva a que trabajemos más horas para tener una “mejor calidad de vida”. De este modo el tiempo de ocio lo utilizamos prestando nuestra atención a los medios de comunicación y a la industria del entretenimiento, que si bien en ambos casos logran distraernos, no terminamos por satisfacer nuestras necesidades reales, de esparcimiento, de hacer algo diferente que nos haga sentir bien con nosotros mismos, satisfechos o completos.

Ahora bien, si cuando llega el tiempo tan deseado, esperado, no encontramos qué hacer, cómo disfrutarlo, o aprovecharlo, entonces aquí comienza un gran problema, y seguramente surgirán preguntas como: ¿qué buscamos?, ¿qué anhelamos?, ¿qué nos hace feliz?, o ¿por qué nos soy capaz de disfrutar al máximo de cada momento?

Más allá de estas respuestas sumamente personales, es importante rescatar ese tiempo de descanso, y no olvidar que “el sabio uso del ocio es un producto de la civilización y de la educación”.Por eso, reivindiquemos ese dolce far niente para que surja lo mejor de cada uno de nosotros en esa merecida pausa.

Andrea Calvete

viernes, 22 de mayo de 2020

DE SUEÑO LIVIANO

Una noche, mientras la felicidad cantaba a la luz de la luna sus proezas, la envidia dormitaba con un ojo medio abierto. El mar dejaba escuchar su sonido envolvente, mientras las estrellas brillaban emocionadas por la fiesta a la que habían sido invitado todos los sentidos. No en vano, existe un viejo proverbio que dice: “Nunca grites tu felicidad muy alto, la envidia tiene un sueño liviano”

La envidia, siempre ha tenido el sueño muy liviano, sin embargo, a esta particular característica debemos agregar que esta noche se levantó de un especial mal humor al escuchar que había alguien que lo estaba pasando muy bien junto a sus seres queridos. De inmediato, su rostro se llenó de cólera, sus ojos brillaron con odio, y su sudor supo agrio. Poseída se puso en pie y lanzó un conjuro a los cuatro vientos.

La felicidad ajena al conjuro y al malestar de la envidia continuó toda la noche, bailando y danzando a buen ritmo, hasta que el sol comenzó a elevarse muy lentamente, entonces ya exhausta se dispuso a descansar. Ella y todos los invitados durmieron plácidos el día entero, era domingo, retomarían el lunes sus tareas con vigor y energía.

La envidia suele esconderse tras la cara de una dulce niña, sonríe complaciente, se esmera por agradar, salta como si estuviera radiante, mientras esconde sus colmillos afilados, y sus pensamientos cargados de ruindad y desdicha. Tiene falta de códigos, de barreras, y promueve la discordia y la mediocridad.

Aquel lunes no fue un día cualquiera, fue un lunes negro, un día en el que todos amanecieron enfermos, tosiendo, con las vías respiratorias casi cerradas. Los hospitales comenzaron a desbordarse, y la gente semana a semana se fue contagiando. El virus se expandió rápidamente por la faz de la tierra, y no quedó más remedio que andar de tapabocas para no contagiarse.

La envidia nunca dijo exactamente cuál había sido su conjuro, pero lo cierto que los científicos desde entonces no han parado de estudiar para encontrar la vacuna contra la envidia, un virus muy antiguo pero que ha llegado a todo el Planeta. Están cerca de encontrar el antídoto, dicen por allí que el amor puede ser la pócima que salve a la Humanidad.

Andrea Calvete



domingo, 17 de mayo de 2020

NACER ES UNA CUESTIÓN COTIDIANA

Si bien tenemos una fecha de inicio, de llegada a esta tierra, de nacimiento y también una fecha de partida, no somos demasiado conscientes de la cantidad de veces que morimos y renacemos antes de llegar a ese último día en la faz de la tierra. Por lo tanto, nacer se torna en una cuestión cotidiana.

Vivir, es nacer constantemente, es descubrir ese misterio que día a día vamos develando, mientras erramos el camino y tropezamos un montón de veces, hasta que renace una nueva veta en nosotros.

En este constante devenir en el que todo cambia, no nos quedamos fuera, y renacemos cada vez que dejamos atrás lo que nos daña, lastima o enferma, para dar paso a un nuevo ciclo de vida.

Vivir es nacer constantemente, es animarse a probar nuevos caminos, pero también a mirar con nuevos ojos. Y si algo nos está enseñando esta pandemia, Covid- 19, es eso, a ser capaces de ver más allá de lo que hasta ahora veíamos.

Renacer entre las cenizas puede sonar a falacia o lindar con la utopía, sin embargo, a lo largo del camino muchas veces surgimos más allá de los obstáculos, para crear luz donde hay sombras o de nadar aún contra la corriente. Según un antiguo mito, el Ave Fénix renació en Egipto entre las cenizas transformándose en una bella águila. Del mismo modo cuando las lágrimas son curativas, cuando los no dan paso a los sí, cuando la fuerza se impone a la debilidad y los "tal vez" surgen, entonces renace lo que estaba allí estancado, como en un proceso de transmutación.

Es así que el tiempo se ha convertido en inspiración para todos aquellos que buscan bucear en las profundidades para resurgir renovados. Bucear profundo tiene correlación con desandar lo andado, desoír lo escuchado, desaprender lo aprendido, deshacer lo hecho, desdecir lo dicho, desatar lo atado, desposeer lo poseído, es parte de esa reconstrucción a la que nos debemos enfrentar cuando pretendemos avanzar y no quedar suspendidos en una inconclusa nube de preguntas que lo único que nos hace es detenernos.

Vivir, es nacer constantemente, es descubrir ese misterio que día a día vamos develando, mientras erramos el camino y tropezamos un montón de veces, hasta que renace una nueva veta en nosotros.

Andrea Calvete

EL SECRETO DE LA ROSA

Cada pétalo suave y colorido esconde un misterio que sólo es posible develar en la medida que inhalamos su perfume. Delicadamente, nos invita a descubrir su perfección y belleza, ante la que quedamos absortos.

La rosa tiene ese don innato de encantar con su aura especial, con ese enorme manto que sólo es posible conocer en la medida que nos abrimos a descubrirla y apreciarla.

Tal vez, no todos estemos preparados para que se nos devele un secreto, o al menos estemos receptivos o atentos… Lo cierto, es que para poder percibirlo hay que estar abiertos y entusiasmados para traspasar ese umbral en donde habita la magia.

Tímida y distante, espera a que nos acerquemos a disfrutarla, a sentirla, y así poner en juego todos nuestros sentidos.

Dice un antiguo proverbio chino que “un poco de fragancia siempre queda impregnada en la mano que regala rosas”. La rosa es símbolo sagrado en occidente, ha sido concebida como el centro espiritual del ser. Sus cinco pétalos se los correlaciona con el pentagrama, y tienen que ver con los cuatro elementos: agua, tierra, aire y fuego, y el quinto elemento esa quintaesencia que tiene correlación con lo que trasciende más allá de lo tangible.

El secreto de la rosa se insinúa al inspirar su aroma, se eleva mientras lentamente despertamos a su magnético encanto, y trascendemos un peldaño en el camino del conocimiento y del misticismo.

Tal vez, no todos estemos preparados para que se nos devele un secreto, o al menos estemos receptivos o atentos… Lo cierto, es que para poder percibirlo hay que estar abiertos y entusiasmados para traspasar ese umbral en donde la habita la magia.

Andrea Calvete

sábado, 9 de mayo de 2020

DANZAR CON EL CORAZÓN

Edgar Degas
Quien danza con el corazón es posible que sus pies lo sigan, porque habrá en esa danza entusiasmo, calidez y luminosidad. Con cada latido espontaneo y sincero, se producirá la vibración, ese motor esencial para poder poner en marcha nuestros deseos y anhelos.

Como parte de nuestra esencia, el corazón guarda con recaudo todos nuestros sentimientos, y late a su ritmo, más allá de que por momentos se empecina en determinados tramos del camino. Este músculo vital es quien nos hace palpitar y llevar con nosotros lo que consideramos parte de nuestra esencia.

Si bien en él habitan nuestras penas, tristezas y sufrimientos, los sentimientos de amor y alegría son los que endulzan esos golpes que recibe, y a los que debe superarse día a día.

Algunas veces cansado y entristecido, parece que oprime el pecho y nos deja sin aire. Sin embargo, es fiel y leal, porque suele cobijar a todas aquellas personas que quisimos y dieron un significado a nuestra vida, y por más que pase el tiempo quedan allí como imborrables, viviendo en este pequeño espacio.

Luego de mucho andar, sabe de penas y alegrías, no le podemos ocultar nuestro estado de ánimo, nos conoce de memoria, y ante la mínima situación sabe cómo vamos a reaccionar.

El corazón lleva consigo:

Las noches de luna que aclaran nuestro camino, los amaneceres que nos ayudan a renacer cada día.

El abrazo fraterno y sincero de quien nos ha querido.

El beso que no hemos podido olvidar.

La caricia más suave, el suspiro más tierno, la mirada penetrante de quien nos ama de veras.

Las palabras sinceras y profundas.

Cada vivencia que nos permite crecer y avanzar.

Cada persona que hemos conocido y ha dejado algo de sí, también se ha llevado algo de nosotros.

En definitiva, su palpitar apasionado permite resguardar todo lo que conforma nuestra verdadera esencia, lo que somos y hacemos, lo que soñamos y anhelamos, y en lo que persistimos porque se haga realidad.

Por eso, quien danza con el corazón es posible que sus pies lo sigan, porque habrá en esa danza entusiasmo, calidez y luminosidad. Con cada latido espontaneo y sincero, se producirá la vibración, ese motor esencial para poder poner en marcha nuestros deseos y anhelos.


Andrea Calvete

EL ABISMO DE LA DESOLACIÓN

Traspasar cualquier tipo de abismo suele ser como abrir una puerta que vuela en el momento en que lo cruzamos. Cuando nos hundimos en el abismo de la desolación el aire comienza a escasear y las esperanzas se apagan a fuego lento.

Un abismo húmedo, frío y oscuro, que nos deja tras enormes rejas. Se cuela entre los barrotes la miseria con su daga en mano, mientras nos oprime con su filo cortante y nos quita la poca esperanza que entra a través de los escasos rayos del sol.

Es en estos momentos en los que nada parece claro, quisiéramos disculparnos con todos los que nos hemos equivocado, saldar viejas cuentas, para mirar con menos pesos sobre los hombros hacia adelante. Aunque, cuando todo parece perdido uno se pregunta: “¿Qué más da?”

El abismo de la desolación abre sus puertas cuando lentamente nos vamos dando por vencidos, y cerramos las ventanas a los posibles, y abrimos las puertas al desaliento y a la desidia. Y de reojo nos mira la tristeza. Si bien no podemos evitar que el pájaro de la tristeza vuele sobre nosotros, si podemos evitar que anide en nuestros cabellos.

Quizás nos seamos conscientes de cuál ha sido el hilo conductor que nos ha conducido hasta acá, y uno se pregunta: “¿Qué más da?”

Sin embargo, es importante preguntarnos por qué llegamos hasta aquí, que fue lo que nos indujo, y si bien las posibles respuestas pueden ser bastante complejas, todo parece más claro cuando ponemos sobre la mesa ese plato lleno de afectos, en el que nuestros seres queridos nos acarician y abrazan. Es entonces, el preciso instante en que retrocedemos porque sabemos que hay una mano que nos precisa y nos sujeta para que no nos caigamos.

Finalizo con una pregunta del Teólogo Leonardo Boff: “¿Qué queda después de no quedar nada? Queda lo esencial que el luto inducido no puede destruir: queda la semilla. En ella están en potencia las raíces, el tronco, las hojas, las flores, los frutos y la copa frondosa.”

miércoles, 6 de mayo de 2020

"VIEJOS SON LOS TRAPOS"

Hoy frente a esta “nueva normalidad” hasta el alma comienza a arrugarse. Y no dejamos de oír: “Agudicen cuidados personas mayores de 65 años”. Para algunos una fecha muy lejana, para otros una realidad en la que se sienten sanos y plenos. Sin embargo, esta situación lleva a que se desmoronen muchas ilusiones y la ansiedad se exacerbe, pero a no desanimarnos porque el mundo es de los que luchan, y "viejos son los trapos" según un viejo proverbio popular.

Adultos mayores para algunos, para otros tercera edad, dos nombres que parecen tener gran peso, a tal punto que muchas personas se sienten disminuidas porque han concluido un camino, mientras que en otros ámbitos ocupan importantes lugares, como cargos gubernamentales, empresariales y despliegan su sabiduría y energía.

Frente a esta realidad compleja y diversa ¿cómo es posible esta diferenciación tan abrupta y discordante? Por una parte, se habla de personas que ya han vivido su vida y necesitan descansar, aunque un gran número se sumerge en la tristeza, en la amargura, pues dependen de una magra jubilación, y al mirarse al espejo ya no queda ni un ápice de lo que fueron años atrás. Contrariamente, vemos gente mayor ocupando y desempañando roles en forma correcta a pesar de sus años.

A todo esto, sumamos, la irrupción del Covid 19, que se empeña en quitar de un borrón las esperanzas y el ánimo de muchas personas. Sin embargo, al Sr. Covid cabría recordarle que los años arrugan la piel, no el alma. Según Graham Greene “en el fondo de nosotros mismos siempre tenemos la misma edad”. Una frase realmente cierta, pues a pesar de los años las personas tenemos necesidades, sentimientos, expectativas que continúan en nuestros corazones latiendo como cualquier otro día de nuestras vidas.

Es necesario comprender que los seres humanos somos todos útiles independientemente de la edad que tengamos. El tránsito por la vida nos enriquece en experiencias, que posiblemente sean de ayuda a otras personas.

El hecho de estar vivos es maravilloso, el de no perder el entusiasmo, la alegría de vivir, de reír, de ser útiles, de aprender, de ayudar, de comprender… las personas valemos más allá de las canas, arrugas, o años vividos.

Según Bergman “envejecer es como escalar una gran montaña; mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena”.

Asimismo, es importante tener en cuenta que todos los integrantes de la sociedad somos indispensables, somos parte de un gran motor. Es así que las personas de edad media conforman un importante sostén social que trabaja con energía y años de experiencia, son la generación que media entre los más jóvenes y los más adultos. Por su parte, los más jóvenes son la ilusión, la esperanza. Y los mayores son la base del sostén de este gran mecanismo.

Todos somos imprescindibles, todos necesitamos los unos de los otros, siempre es posible aprender algo nuevo que nos enriquezca y estimule a ser mejores personas.

Eduardo Galeano señala que “hay quienes creen que el destino descansa en las rodillas de los dioses, pero la verdad es que trabaja, como un desafío candente sobre las conciencias de los hombres”. Y partiendo de esta reflexión se puede observar que desde la individualidad forjamos el devenir, y somos responsables en pensar en él como un lugar donde la equidad sea un sustantivo que juegue un rol preponderante.

Una sociedad de cara al futuro necesita que sus integrantes tengamos oportunidades de vivir dignamente, de acuerdo a nuestras capacidades y expectativas. Es necesario entender que dependemos de todos para salir adelante, pues la unión hace la fuerza. Y de allí, es que resulta tan importante no dejar de lado a los adultos mayores pues son un eslabón esencial en la cadena de la vida.

Tarde o temprano todos llegamos a vivir las distintas etapas de la vida pero cuando los años transcurren, y nos ubicamos en un estadío medio comprendemos mejor algunas situaciones que antes no lográbamos asimilar, pues ya no nos vemos tan lejos, y sabemos que “todo pasa y todo llega”.

Pero hoy en día, dado los adelantos, la tecnología, las personas cuando pasan los sesenta años se encuentran plenas llenas de vida y energía. Asimismo, dado que la calidad y las expectativas de vida son cada vez mayores, entonces debemos ajustarnos a lo que nos depara el futuro, que son generaciones cada vez más longevas y activas. Por eso. no podemos permitir que el Covid 19 nos venza.  A no desanimarnos porque el mundo es de los que luchan  y "viejos son los trapos" según un viejo proverbio popular.

Andrea Calvete

sábado, 2 de mayo de 2020

PREGUNTAS OMITIDAS

Con ilusión abrazamos el nuevo día, la brisa nos envuelve con su vaivén, mientras la luna esparce su encanto casi magnético. En esta maravilla que nos posibilita el día a día, omitimos algunas preguntas, para poder continuar con nuestro mejor ritmo.

Algunas preguntas las omitimos, pasamos de largo porque si bien no sabemos a ciencia cierta su respuesta, no deseamos ni escuchar nada que se les parezca. Pero en la medida que pasa la vida, nos preguntamos: ¿Cuántos días me quedan? En realidad, creo que es más importante cómo que cuánto. Porque nadie desea sufrir o padecer sus días. También relacionada con esta pregunta sobrevuelan los pendientes, lo que desearíamos hacer, pero aún no hemos hecho, y aquí nos pondremos más o menos exigentes dadas nuestras expectativas o tal vez dependerá de cómo estemos parados ante la vida.

Ante la incertidumbre de lo que vendrá este marzo nos ha borrado de un plumazo cualquier posibilidad, nos sentimos como parados en arenas movedizas, o como caminando en medio del desierto y viendo un espejismo a lo lejos.

Y omitimos al sentarnos a la mesa sincerarnos, porque algunas respuestas pueden llegar a no gustarnos, o al menos preferimos dilatarlas. Y aquí aparece aquel famosos proverbio comiéndonos la cabeza, “no dejes para mañana lo puedes hacer hoy”, pero con la mano lo corremos porque ya es demasiado lo que tenemos en mente como para seguir preocupándonos.

Nos pasamos de largo ciertas pausas, nos dejamos olvidados ciertos acontecimientos, y nos mostramos tranquilos, aunque por dentro la omisión de esas preguntas nos carcome y aniquila.

Sin embargo, protegidos en nuestras burbujas, nos alejamos de esas preguntas que omitimos por falta de valentía, o por simple dejadez o poca iniciativa.

Todo lo que no se dijo y se debió haber dicho, está allí a la espera de salir, pero se ha escondido en ese recoveco recóndito al que tenemos poco acceso.

Tiempo de siembra y de cosechas, y si bien se dice que se cosecha lo que se siembra, algunas veces dejamos que la cosecha se marchite porque sabemos que la siembra no ha sido hecha a consciencia, y posiblemente hayamos omitido tantas preguntas.

Cuestionarnos es parte del pensamiento crítico, de poder crecer y avanzar, pero también es parte de ser responsables y asumir consecuencias, tomar decisiones y hacerse cargo.

Con ilusión abrazamos el nuevo día, la brisa nos envuelve con su vaivén, mientras la luna esparce su encanto casi magnético. En esta maravilla que nos posibilita el día a día, omitimos algunas preguntas. Sin embargo, hoy es un buen día para no continuar postergando lo que debimos haber hecho, lo que debimos haber cuestionado, para así encontrar esa respuesta tantas veces eludida. Las dudas son inherentes a los seres humanos, son signos de inteligencia, de reflexión y de pensamiento crítico. Mas es imprescindible dudar a tiempo, cuando una situación aún puede ser reversible.

Andrea Calvete