sábado, 30 de noviembre de 2019

EL PROFUNDO PRECIPICIO DE LA RESIGNACIÓN


Tras la vorágine de los días, las situaciones pendientes, los compromisos y las dificultades, vamos resignándonos como quien va quedando lentamente dormido. Sin darnos cuenta, cedemos terreno al cansancio, y en un sopor casi asfixiante nos sumergimos.

Resignarse es decir hasta aquí llegué, es admitir que no nos quedan fuerzas, que estamos cansados, y también desilusionados. Sin embargo, una cuota de resignación por momentos es muy bienvenida, para sosegarnos para bajar las revoluciones. La situación se complica cuando sin darnos cuenta vamos sumando a esa lista un número mayor de impedimentos y de no puedo. El al menos lo voy a intentar es un mero propósito muy positivo para que la resignación no nos aplaste y decapite.

Si nos levantamos temprano y observamos un amanecer posiblemente nos llenemos de ánimo y energía, porque el comienzo del día es una hora sumamente maravillosa, llena de paz, de sonidos ocultos, de aromas frescos impregnados de vida, de colores que despiertan, aromas que se realzan con la humedad de la madrugada, y de pájaros que trinan con total alegría.

Pero comienza el día y nos conectamos a los noticieros, empezamos a ver qué ocurre, aquí y allá, miramos a nuestro alrededor, y entonces aquel vigor contagioso del nuevo día comienza a palidecer, a esfumarse como por arte de magia. Y entonces nos preguntamos: ¿Existe la magia todavía, dónde la compro, dónde la encuentro, se puede contagiar?

Y me doy unos minutos para contestar esta pregunta. Todo encierra en sí mismo magia, esa ilusión que podemos aderezar a cada acto de vida, que esconde tantos significados y que sólo es cuestión del lente con que nos dispongamos a observar, es decir, de esa capacidad de descubrir y profundizar más allá de lo que se ve a simple vista. La magia está sumamente conectada con esa capacidad de soñar, crear y sentir que todos tenemos guardada en algún lugar, sólo que a veces no le damos cabida.

Esconde misterios, sueños perdidos o encontrados; y una pizca de ilusión con matices de esperanza. Flota en el aire , en los sonidos de la brisa, en las notas musicales, en el trinar de los pájaros, en cada acto de vida. Está allí junto a nosotros, sólo es necesario hacerla pasar, tomar asiento al lado nuestro, y será una entrañable compañía, por eso antes que nada dejémosla surgir. La magia son momentos únicos, atesorados en el corazón, guiados por algo inexplicable llamado amor.

Quien se resigna cierra las puertas a la magia, a esa posibilidad de seguir volando, añorando un futuro, y de alguna manera comienza a quitar oxígeno a sus días, y se asoma a un profundo precipicio llamado resignación.

Resignarse de alguna manera es cerrarle las puertas a la ilusión, a la esperanza, a la alegría de vivir, al entusiasmo, es descubrir que las alas ya no vuelan, que los ojos ya no ven, con las manos ya no palpan, que ya casi nada nos sorprende o conmueve… es anestesiarse ante los sentidos.

Aceptar no significa resignarse, sino comprender qué es lo que estamos dispuestos a cambiar, para continuar en este fluir vibrando porque estamos vivos y podemos dar un paso más.

Andrea Calvete

domingo, 24 de noviembre de 2019

CUANDO DE RECONCILIARSE CON LOS DÍAS SE TRATA


Llora y ríe, la nube de los días está presente. Se viste de lo que no fue y pudo ser, pero no encuentra lo que busca. Cree, sueña, imagina, buscan un sentido, un porqué. En esa vorágine de las horas continúa su marcha, le duele pensar, sentir. Se refugia en algún recuerdo escurridizo, lo toma de la mano mientras el aquí y ahora se alejan como dos desconocidos.

El aire perfumado por lavandas y romeros le trae tranquilidad y sosiego, le permite detenerse unos instantes bajo las nubes de este día esplendoroso que camina sin impedimentos. Cuando de impedimentos se trata somos unos de los peores obstáculos por momentos, en una suerte de muro de contención, nos aferramos a cuestionamientos, preguntas, y quedamos estancados en ese vaivén en el que no logramos tomar una decisión.

Llora y ríe, la nube de los días está presente. No es posible evadirse de lo que aquí ocurre, por más que lo intenta allí está haciendo frente a lo que de alguna manera no le es posible solucionar. Se le escapan los minutos de las manos, se desespera pero no alcanza a encontrar una respuesta.

Mirar de reojo a la vida se pelea con ella, la vida asombrada lo mira y con su idioma universal le dice: “hoy puede ser un gran día depende de ti”, y continúa como si nada hubiera pasado. Entonces, no muy convencido se detiene y comienza a conversar con ella. En el diálogo se da cuenta que no está todo perdido, que ha errado el camino, que ha tomado decisiones desacertadas, pero que aún tiene mucho por hacer. Se ha dado cuenta que ha andado peleado con la vida, sin disfruta de ese maravilloso espectáculo de posibilidades, siempre con el paraguas abierto por las tormentas que se aproximan.

Se esparce la luz, aparece doblada, esquiva. Percibe que la bendición está en el aire que respira, en esos minutos de paz y armonía que puede lograr al mirar el cielo, el mar, el sol o las estrellas, en esos instantes en que puede ser él y reconciliarse entonces con sus días.

Reconciliarse con sus días le trae aparejado esa suerte de saborearse así mismo, degustarse, aceptarse, mirarse al espejo en esa búsqueda incesante y permanente, en ese largo trayecto de caídas y tropiezos, de levantarse y continuar el camino en pro de seguir adelante con fe y esperanza.

Andrea Calvete





martes, 19 de noviembre de 2019

LOS PRIMEROS CALORES

Después del invierno y una incierta primavera los calores llegan para bendecir la cuidad. Con buena temperatura atraviesan las calles, se cuelan por puertas y ventanas. Se escudan en el sudor caliente de los transeúntes y abrazan al sol para dar potencia al día.

Los primeros calores son los que más cuestan, a los que más nos resistimos, quizás por falta de costumbre o porque venimos de una agradable primavera. Sin darnos cuenta nuestro cuerpo comienza a dejarse llevar por los vapores de las veredas, el astro rey calienta nuestras cabezas y la brisa húmeda y pegajosa nos toma por la cintura.

Comienza la danza de los primeros calores nutridos de aromas, de sonidos llenos de vida y encanto. Con cierta magia se aproxima el verano, con una mirada tibia y con la calma de las mañanas perfumadas por esperanza y vitalidad. Un cielo celeste brilla diáfano mientras las notas veraniegas se esparcen por entre los árboles, los pájaros no paran de trinar, con profunda emoción cantan desde alba hasta que anochece. Los escucho atenta y me pregunto: ¿Qué dirán, qué querrán expresar? Lo cierto es que están desbordantes de energía, me dejo contagiar por su algarabía.

Recuerdo cuando iba a la escuela me hacía mucha ilusión ésta época, luego de correr e insolarnos en el patio del recreo volvíamos exhaustos, transpirados como en trance. La maestra con buen atino nos permitía un pequeño descanso, apoyábamos los brazos y la cabeza sobre el pupitre y descansábamos quince minutos. ¡Cuánta plenitud en aquellos quince minutos, cuánto bienestar, una paz indescriptible reinaba en la clase! El olor al verano acompañaba, entraba por la ventana el aire perfumado por las hiedras que daban al balcón, mientras algún pájaro nos arrullaba con suavidad. Un silencio perfecto, no se oía ni nuestra respiración.

¡Cómo no recordar la sombra fresca de la parra que comenzaba a llenarse de uvas, o del sauce llorón meciendo sus ramas al viento! Las mariposas revoloteaban efímeras en esa plenitud de aromas y sensaciones que daban paso al verano. Las ventanas abiertas, y los fondos habitados por sus dueños que parecían haber desaparecido de la faz de la tierra, revivían ahora en esta festiva estación.

Los primeros calores son los que más cuestan pero sin darnos cuenta nuestro cuerpo comienza a dejarse llevar por los vapores de las veredas, el astro rey calienta nuestras cabezas y la brisa húmeda y pegajosa nos toma por la cintura. Una vitalidad contagiosa se despierta en cada persona que se abre al nuevo día.

Andrea Calvete



lunes, 18 de noviembre de 2019

EXTRAÑO SERÍA NO EXTRAÑARTE

Extraña sensación se produce cuando te siento y no te veo, cuando te oigo sin que estés presente, o siento tu perfume lejano y delicado.

El hecho de extrañarte me ha puesto en esta situación extraña, en la que nada parece ser real pero a su vez se siente y palpa nítidamente. Recordar es pasar por el corazón los recuerdos, es acariciarlos para percibir sus melodías, texturas, colores, aromas y sabores casi dejados en el olvido.

No me acostumbre a verte en esa foto inmóvil y sonriendo, plasmada en ese momento mágico e imborrable en el tiempo. En mis recuerdos sigues palpitando, aunque hoy con un dejo de tristeza y de melancolía, porque te extraño. Extraño sería que no te extrañara, que te hubiera olvidado, pero así son los recuerdos van y vienen sin pedir permiso, los evoca lo más mínimo y allí están.

Y tú estás allí parada entre mis recuerdos, y brotas entre mis lágrimas, y te pierdes en una carcajada, o en una risa cómplice. Has venido a visitarme, sé que no es motivo para que me entristezca, déjame componerme para recibirte con mi mejor sonrisa. Me tienes que tener paciencia no se nos enseña a enfrentar la muerte, a traspasar umbrales, a percibir de manera diferente.

Seco mis lágrimas, me lavo mi cara, y me dispongo a cebarme un rico mate. Ya más recompuesta abro mi ropero y me visto con el mejor de los ánimos. Ya lo sé, me lo has dicho infinidad de veces que así es la vida, me lo contabas en tus historias, pero cuando tú lo narrabas parecía un cuento de hadas, hoy eres parte de ese cuento en el que formas las páginas de mi vida, y la de mis hijos.

Estamos todos junto a ti, nos has reunido en torno a la mesa, hoy de una forma diferente pero igualmente hermosa. Sé que quieres lo mejor para nosotros, y siempre lo has querido. Agradecidos por tu visita te recibimos con la alegría de saber que has sido parte de lo que somos y seremos. Extraño sería no extrañarte.

Andrea Calvete

sábado, 16 de noviembre de 2019

LEER ENTRE LÍNEAS

Leer entre líneas es tener un don especial, es poder ver donde los ojos no llegan, donde las palabras no son suficientes, o donde las sombras no refrescan. Es trascender lo que se ve a simple vista para ahondar en lo que parece ser imperceptible.

El maravilloso mundo de las palabras pone en nosotros de manifiesto, significados, expresiones, emociones y sentimientos de modo que se convierten en importantes herramientas de comunicación.

Desde pequeños aún cuando desconocemos el lenguaje oral o escrito, nos comunicamos a través de los gestos, las miradas, el tono de voz, para ser partícipes de ese diálogo permanente con nuestros semejantes.

Así sin darnos cuenta comenzamos a leer entre líneas, a descubrir detrás de cada gesto, de cada palabra, de cada mirada o de cada suspiro un significado o un cometido.

Leer entre líneas trae aparejado descubrir metáforas, o sumergirse en la mirada humedecida de quien calla, o en el semblante del que sufre, o en la risa luminosa del que agradece. De esta forma los mensajes parecen advertirse por arte de magia.

A largo de la vida este don de leer entre líneas se va acrecentando en la medida que dejamos atrás obstáculos, prejuicios, impedimentos, es decir todo aquello que de alguna manera nos ata o condiciona. Quizás, por eso los niños sean a pesar de su corta edad muy perceptivos ya que son totalmente libres a la hora de percibir o recibir un mensaje. Los adultos en la medida que vamos caminando por la vida nos vamos cargando de elementos que lo único que hacen en definitiva es quitarnos espontaneidad y frescura.

La magia, los sueños, la utopía, son ingredientes imprescindibles a la hora de poder practicar la lectura entre líneas, porque quien sueña, vuela o crea es capaz de trascender lo que se puede ver a simple vista, escuchar, percibir o palpar, para así contemplar desde ese lugar especial en el que es posible descubrir algo totalmente diferente.

Leer entre líneas es poder deslizarse por entre los cielos de los deseos, de los anhelos, de los días espejados por el sol, y descubrir con el corazón aún en los días más oscuros y tormentosos un halo de luz en que se vislumbre la esperanza.

El corazón tiene el don de percibir a través de su palpitar todo aquello que se manifiesta más allá de las palabras, de las explicaciones, porque a través de su sensibilidad es capaz de vibrar delicadas sintonías para entonces percibir entre líneas lo que hasta ahora no había sido posible captar.

Andrea Calvete

jueves, 14 de noviembre de 2019

EL ÁRBOL DEL RENCOR

Con raíces agrias y profundas se irgue mientras mastica la hiel que corre por su corteza. No le interesa perdonar, o al menos comprender y recapacitar. Por el contrario está atento al incremento de ese rencor que reproduce su parte oscura, y exacerba ese “ojo por ojo, diente por diente”

El resentimiento se ha posado en sus ramas, con la esperanza de alcanzar finalmente su venganza, porque de ella se alimentan sus días.

Su sonrisa hipócrita esconde sus rastreros propósitos, emula ser un tilo perfumado, por eso quien decide sentarse a su sombra lejos alcanzará un mínimo descanso.

Con fortaleza desmedida crecen sus hojas colmadas de odio y dolor, mientras respira un aire enfermizo cargado de venganza e ira.

Cuando sueña se enreda en su propia telaraña, se asfixia en su cuarto hermético, se ahoga en su profundo mar de amargura. Otras noches en las que el insomnio lo acompaña camina de la mano de horribles alucinaciones que lo envuelven en un sudor escalofriante.

Un cuervo se posa en la copa de este ciprés funerario en busca de esa parte rastrera y detestable que continuará alimentando a este inmenso árbol que nos conducirá a un abismo insondable.

Andrea Calvete

sábado, 9 de noviembre de 2019

UN SILENCIO PLAGADO DE RESPUESTAS

En los espacios donde se producen las pausas habitan los silencios, semidormidos nos interpelan, cansados de ser omitidos buscan ser escuchados, hasta finalmente se aglutinan en un silencio plagado de respuestas.

Como diría su madre “rebusques para detener el tiempo”, así detrás de aquella tintura escondía sus canas. Años que cada vez pasaban más rápido, lentamente se escapaban, se esfumaban como la arena cuando la deseamos atrapar entre las manos.

Un día poco prometedor, plomizo se deslizaba el cielo como si cerraran las oportunidades y a cambio pusiera sobre la mesa un sinfín de impedimentos. Sencillamente no era la mejor oportunidad para poner las cartas sobre la mesa, hoy la balanza parecía no ser equitativa. La tintura iba haciendo efecto, y los cabellos blancos se iban coloreando lentamente, como si la juventud con gesto heroico pretendiera regresar.

Las nubes corrían bajo la monotonía de un cielo casi uniforme sin demasiados matices. Sin darse cuenta se vio navegando por las Rías Gallegas, en esos brazos de mar que penetran la tierra frondosos como si la mano del Todopoderoso se hubiera apoyado allí para descansar. Los inmensos acantilados de sus antepasados la invitaron a recorrer las aguas azules, los viñedos desbordantes de uvas jugosas y los perfumados pinares tentadores para dormir una siesta profunda. El yodo del mar penetró por sus narinas, mientras un par de gaviotas revoloteaba alto en una danza enigmática. No paraba de preguntarse, por qué dejar este paraíso y cruzar un océano para llegar a nuestro diminuto país. Un silencio plagado de respuestas que conocía de memoria le hizo compañía.

Dentro de los “rebusques para detener el tiempo”, no faltaría un vaquero, una prenda que parece rejuvenecer a las personas, desteñidos, gastados, rotos, son capaces de imprimir ese look descontracturado juvenil, así que tomó de su ropero el primer jean que encontró en la estantería más a mano, y una camisa blanca recién lavada, y se dispuso a emprender el día. Nuevamente se tropezó con un silencio plagado de respuestas, no las quería escuchar por lo que prefirió conectarse a su celular, buscó música en Spotify que le permitiera alejarse de este silencio repleto de dudas.

El olor a café con leche la retrotrajo aquellas mañanas en las que desayunaba en casa de su abuela. Su pelo gris entrado en canas y los surcos de sus arrugas se hicieron presentes, no había tinta que los atemperara ni cremas que las ocultaran, estaban allí presentes como fieles testigos de aquellos años repletos de sacrificio, amor y alegría. Recordó las pupilas centelleantes que brillaban a pesar de todo lo que la vida llena de contratiempos le había puesto por delante, mujeres como su abuela por parte de padre o bisabuela por parte de madre, marcarían profundamente su camino. Un silencio plagado de respuestas la acompañó nuevamente, sólo que ahora con la intención de hacerle grata compañía.

Andrea Calvete

viernes, 8 de noviembre de 2019

MUNDO DE COLORES

Se entrelazan los colores, tejen historias, moldean corazones, enmascaran emociones, y vibran al ritmo de la vida. Me pierdo en su danza mágica, los observo admirada y los descubro con encanto.

La humedad y el frío del invierno los acomodan en esa sala en la que los azules se aquietan, mientras algún verde esperanzador asoma y un violeta con ánimo conciliador los acaricia. El aire rancio por el encierro les quita brillo y naturalidad, los encorseta intentando igualarlos pero aún así no lo logra. Cada uno a pesar de la tenue luz colorea el ambiente con los tonos propios de la estación. Un bandoneón melancólico palpita en sus corazones, mientras se ponen en pareja para bailar un tango cuerpo a cuerpo.

La tibia brisa primaveral les brinda la posibilidad de ser, alumbrados por una luz llena de esperanza. Los naranjas llaman entusiasmados a los amarillos para que les hagan compañía. Los rojos se apasionan y con sensualidad caminan. Los turquesas con elegancia y vigor navegan amenos pretendiendo hacerles compañía a todos los colores. El blanco y el negro de la mano se pasean duales y bellos. Los verdes en sus distintas tonalidades deslumbran con esplendor. Los azules dejan su sobriedad y se disponen a sentir. Las ventanas abiertas traen consigo el aroma de las flores llenas de encanto. El trinar de los pájaros fluye y los invita nuevamente a bailar, pero ahora a ritmo de vals, con sus mejores galas fluyen encendidos por la magia del renacer.

Cuenta el negro con su rictus solemne, que el naranja surgió de danza apasionada entre el rojo y el amarillo, bailaron toda una primavera y un verano sin parar. Así se gestó el naranja lleno de vigor y encanto, desbordante de una contagiosa energía.

El blanco bendecido por la luz , con el brillo de sus pupilas comprensivas ha logrado cautivar a todos los colores quienes encantados por su suavidad han contado sus secretos más profundos. El rosa pálido es el primero que se le ha hecho compañía con la delicadeza casi angelical que lo perfuma. Así el blanco con la serenidad que lo distingue es sumamente discreto a la hora de guardar cada palabra que le ha sido confiada.

El celeste pálido amanece entre todos y aguarda a que las horas transiten a su ritmo para que diferentes tonalidades tengan cabida.

Los observo extasiada, deslumbrada por su belleza y no dejan de bailar, próximos al comienzo del verano se deslizan a ritmo de tambores que asemejan a latidos embriagados por el entusiasmo y alegría de esta nueva estación. Rojos, naranjas, amarillos, violetas, turquesas, azules, celestes, rosas, marrones, blancos, negros, grises, todos danzan sin excepción.

Se entrelazan los colores, tejen historias, moldean corazones, enmascaran emociones, y vibran al ritmo de la vida. Me pierdo en su danza mágica, los observo admirada y los descubro con encanto.

Andrea Calvete

sábado, 2 de noviembre de 2019

TRAGAR SIN MASTICAR Y DIGERIR

Es una utopía el querer tragar sin masticar y digerir, es simplemente hacernos trampa al solitario, o tapar el sol con las manos. Hay una suerte de paralelismo con querer acotar un abismo. Pero en la vorágine del diario vivir con el afán de seguir adelante anteponemos ese urgir sin discernir demasiado.

En el proceso de digestión para asimilar lo que consumimos debemos masticar, deglutir, de modo de poder realizar un correcto proceso digestivo. De igual manera cuando nos emprendemos en el camino del conocimiento el incorporar nuevos conceptos trae aparejado masticar y digerir, es decir un análisis minucioso para poder asimilar lo que vamos lentamente incorporando.

José Ingenieros en su libro “El hombre mediocre” nos lleva a cuestionarnos en el proceso de aprendizaje y nos dice: “Tragan sin digerir, hasta el empacho mental: ignoran que el hombre no vive de lo que engulle, sino de lo que asimila”. Evidentemente, cuestionarnos es parte fundamental en cada trayecto del camino. El análisis crítico es el que nos permite tomar perspectiva, distancia y a su vez ese cuestionamiento necesario para avanzar y crecer.

Quien traga sin masticar, seguramente no va a digerir, no va a procesar lo que está incorporando. Es como dice un antiguo proverbio, estaríamos tirando margaritas a los chanchos.

El asimilar trae aparejado incorporar nuevos conceptos, el estar abiertos al cambio, al cuestionamiento, a los nuevos caminos y a los desafíos. El no cuestionarnos nos aleja de la realidad, de los acontecimientos que tienen lugar día a día que nos interpelan constantemente. Aunque algunas veces sentados en un lugar cómodo, por cansancio, hastío o simplemente por descreimiento, nos ubicamos sin más pretensión que la de ver pasar la vida como meros espectadores, y no como participantes.

No sentirnos partícipes, algunas veces tiene que ver con ese alejamiento momentáneo, en busca de respuestas, en ese “stand by” en el que pretendemos hacer una pausa, para inspirar profundo y retomar las fuerzas. Sin embargo, el mundo el mundo sigue andando, y no nos espera, y aunque decidamos ser simples espectadores, somos partícipes aún cuando tomamos distancia.

Tragar sin masticar y digerir, es saltar al vacío, es un intento suicida que nos acerca a un mundo agónico, sin esperanza, sin luz. La paciencia es un paso fundamental a la hora de llevar a cabo cualquier proceso en la vida, iluminados por los minutos de calma, de meditación, de encuentro con uno mismo, en ese proceso en el que iremos analizando a través de nuestra razón e inteligencia todo lo que vamos experimentando, para así gradualmente incorporar nuevos conceptos que nos permitan dar un paso más .

Es una utopía el querer tragar sin masticar y digerir. Mientras masticamos mantenemos la boca cerrada, nos imponemos el silencio ese aliado tan necesario para tomar distancia con las palabras que se dicen sin pensar, sin analizar cuidadosamente. Hay un viejo proverbio que dice que es mejor “ser rey de tu silencio que esclavo de tus palabras”, de allí la importancia en este proceso aprendizaje de la valoración del silencio, la meditación y el encuentro.

Andrea Calvete

HÚMEDOS MINUTOS

Han decido compactarse los minutos en la humedad de la mañana, en el difuso sol plomizo y sofocante. En una mezcla casi indescriptible los aromas primaverales se funden en un gris tornasolado envolvente.

El cielo silba bajito una melodía suave y melancólica, mientras las lavandas perfuman delicadamente el día. Pequeñas gotas testigos de la lluvia brillan como perlas y agudizan los aromas de las flores.

Caminan descalzos los minutos, se deslizan imposibles de detener, aunque hay una suerte enigmática que pretende atraparlos en ese sopor en el que transcurre la mañana.

Los pájaros trinan llenos de entusiasmo, no les importa que los minutos lo desafíen, para ellos no hay barreras temporales, vuelan libres mientras cantan agradecidos por el nuevo día.

Con su perfume penetrante el romero intenta seducir a esos minutos que se escapan decididos, mientras interrogan a cada palabra que los interpela, escurridizos buscan perpetuarse en el vaivén de la brisa.

Con el desenfado que los caracteriza los minutos sonríen a las nubes que sueñan con atraparlos con sus mullidas formas. Cuando el milagro parece producirse, se escapan entre un pequeño espacio celeste que se cuela victorioso y les abre como por arte de magia la salida.

A esta altura no hay quien pueda detenerlos, con destreza se deslizan en perfecta armonía y se esfuman en la humedad envolvente de la mañana.

Andrea Calvete