sábado, 26 de octubre de 2019

CARTAS EN EL ASUNTO

Los recuerdos se deshilachan descoloridos entre las causas perdidas. Una melodía triste y confusa acompaña la escena, mientras las ventanas se cierran. El aire viciado aniquila a los pensamientos, mientras la razón se desespera y pide ayuda a la inteligencia.

Pero no hay ayuda que valga cuando la tristeza se engalana, es poderosa y fuerte, a pesar de parecer quebradiza y a punto de desfallecer. Entre un pequeño halo de luz se cuela la melancolía para hacer más contundente la escena. La desesperanza oprime el pecho y envuelve el recinto con su manto coartador de posibilidades.

La ilusión ya casi sin pulso intenta salir de la sala, necesita oxigenarse, tomar contacto con un rayo de luz. Va a hasta la cocina para servirse una tizana, mientras la prepara canta una vieja melodía que le había enseñado su madre, la letra la impregna de esperanza. De pronto, la vitalidad se suma y todo parece encausarse.

Los recuerdos con colores más intensos se aproximan y dan cuenta de otra realidad muy diferente, en la que la tristeza se esfuma porque la alegría también ha sido parte de los días. La inteligencia y la razón han tomado cartas en el asunto. Los postigos se abren y el aire de la primavera perfuma el ambiente, la brisa fresca se esparce, mientras el trinar de los pájaros entusiasma a las posibilidades.

Andrea Calvete
             




"LO QUE MATA ES LA HUMEDAD"

En busca de soluciones, oportunidades, o poder salir adelante inevitablemente corremos detrás de un causante, alguien que posea una responsabilidad en lo que sucede, o al menos a quien culpar. Pero es ineludible que “lo que mata es la humedad”

Había una vieja expresión italiana que decía: “ Piove governo ladro”. Esta expresión se utiliza como una parodia de los dichos populares contra el gobierno y, en general, contra el poder establecido, culpables, en su opinión, de todos los males posibles y, por lo tanto, hasta de la lluvia. Tiene diversos orígenes, pero hoy más que detenerme en los orígenes quisiera analizar por qué siempre buscamos un culpable.

Lo primero que se da en una situación injusta es buscar un responsable, y para saldar totalmente las cuentas hallar un culpable para trascender un escalón más. La culpa se define por una omisión de la conducta debida para prever y evitar el daño. Se manifiesta a través de la imprudencia o negligencia.

Si hablamos de culpables hay un viejo dicho que dice, “lo que mata es la humedad”, causante de enfermedades respiratorias, cansancio, dolor en los huesos, moho, hongos y bacterias. Cuando hay mucha humedad todo parece estar pegajoso, y nada se seca. Pero de regreso a encontrar otro culpable de lo que nos pasa la humedad es la causante de tantas situaciones. Creo que a esta altura si la tuviéramos que sentar en el banquillo de los acusados de allí no saldría.

Parecería que hallando un culpable nos sintiéramos mejor, como si un peso se nos quitara de encima. Es así que cuando se rompe una relación de pareja, se suele buscar un culpable, alguien que sea el gatillo disparador. Sin embargo, el disparador generalmente es una relación desgastada, quebradiza que ya no quiere más nada, pero existe otro dicho que es muy pertinente que dice “que no hay peor ciego que el que no quiere ver”. Aunque si nos descuidamos, dentro de las razones más comunes surja esa humedad molesta que hizo que tuviéramos un día pésimo y un humor desastroso, lo que de alguna manera nos llevó a actuar horrible, y he aquí el primer desencadenante de esa posible ruptura.

Quizás sin darme cuenta estoy aquí escribiendo, porque la humedad ha invadido mi casa, mis huesos, y mi vida, se ha escabullido silenciosa y me ha hecho reflexionar en estas líneas. No lo sé, pero pensándolo bien posiblemente así sea. Lo cierto, es que no sé bien por qué, pero es habitual que queramos encontrar ese culpable que nos escinda de responsabilidades y nos haga sentir mejor, cuando en realidad deberíamos analizar por qué hemos llegado hasta dónde estamos y qué hemos hecho para que esto ocurriera.

En busca de soluciones, oportunidades, o poder salir adelante inevitablemente buscamos un causante, alguien que posea una responsabilidad en lo que sucede, o al menos a quien culpar. Pero es ineludible que “lo que mata es la humedad”

Andrea Calvete






jueves, 24 de octubre de 2019

LA INDIFERENCIA JAMÁS PASA DESAPERCIBIDA

¿Pasan desapercibidos los gritos de quien lucha, el llanto del que sufre, los ojos del que suplica, o las manos del que pide?... Día a día es tanto lo que pasa ante nuestros ojos que quedamos anestesiados al recibir tanta información. Sin embargo, al final del día algo cala bien profundo, y queda en ese yo interior interrogándonos.

Continúan los días entre el sinfín de situaciones por resolver, trabajo por cumplir, explicaciones que dar, tareas por finalizar, y nos volvemos a preguntar: ¿Pasan desapercibidas las injusticias, las mentiras, el odio, la envidia, el engaño? Intentamos contestar alguna de estas interrogantes, y el sol se pone y el día finaliza. Al apoyar la cabeza en la almohada vemos que algunas de las preguntas parecen encontrar una respuesta o alternativa.

Todas las interrogantes que nos pone por delante la vida, van en aumento y se acumulan en ese baúl compuesto de preguntas que buscan desesperadamente ser respondidas. Sentimos que se nos acaba el tiempo, y que son pocas las expectativas. Sin embargo, al mirar a nuestros hijos, y generaciones más pequeñas, surge una fuerza que nos impulsa a seguir con vitalidad hacia adelante, sin excusas, sin miedos, con los puños remangados apostando la vida.

Todos como seres únicos y diferentes requerimos de ser atendidos, escuchados, amados, apreciados, valorados, distinguidos. Sin embargo la indiferencia nos sume como seres en serie, en donde los sentimientos no tienen razón de ser, ni esas diferencias que nos hacen personas únicas y especiales tampoco.

La indiferencia se pone sus mejores galas y pasa frente a cada una de las interrogantes, se ríe de ellas y sigue de largo, camina unos cuantos metros hasta que se topa con el conocimiento, la razón y la inteligencia, quienes se interponen y la paran porque hasta ahora nunca la indiferencia pasó desapercibida.

Andrea Calvete

domingo, 20 de octubre de 2019

ROMPER EL SILENCIO

Llevamos años una junta a la otra, pero no nos dirigimos la palabra. Hoy la lluvia cae como si nunca fuera a parar, el día invita a romper el silencio, lleno de dudas, de misterios y de sombras. Abro mis postigos y quedo entreabierta para que el agua salpique a mi amiga la planta que se ve muy seca, lleva días sin beber un sorbo.

Me presento  entusiasta -Soy la ventana que te ilumina todos los días.

 La planta con las primeras gotas que entran de refilón respira y se incorpora.

-Gracias que te has dignado a dejar entrar la lluvia porque estaba a punto de morir deshidratada mi buena amiga ventana.

Llevamos años una junta a la otra, pero no nos dirigíamos la palabra. Romper el silencio, es estar dispuesto a desnudarse frente al otro, o al menos dejarse ver de refilón para empezar, es pretender conocerse o al menos acercarse.

Para romper el silencio hay que estar decido a dar un paso más, a avanzar, porque quien habla es porque tiene algo para decir, para aportar o comunicar.

Quien está en silencio medita, piensa, recorre los lugares más profundos, teje sus sueños, acaricia sus anhelos, planea cuidadosamente sus encuentros, habita con especial cuidado cada rincón a la espera de que llegará el momento de hacer verbo sus palabras.

Esplendorosa reverdece la planta y empieza a cantar agradecida. Nunca la había oído cantar.

-¡Qué hermosa voz que tienes!

- Gracias a ti ventana, he recuperado mi alegría de vivir.

- Festejemos la llegada de las palabras- contesto animada.

Llevamos años una junta a la otra, pero no nos dirigíamos la palabra. Hemos recuperado las palabras, el habla, hemos roto el silencio. La lluvia y el día gris nos han puesto a prueba. Hablamos hasta que la luna salió amarilla y enorme. Entonces mis postigos se cerraron y la planta se acurrucó entre sus hojas.

-Buenas noches bella ventana mañana nos espera un largo día- dijo ya casi entre sueños.

- Buenas noches, claro que sí- le dije llena de emoción. Sabía que nos acompañarían largas y amenas charlas, y una amistad por delante.

Andrea Calvete

sábado, 19 de octubre de 2019

MIENTRAS ALGUIEN PIERDE ALGO, OTRO LO ENCUENTRA

Dicen que mientras alguien pierde algo, otro lo encuentra. Así en este círculo de oportunidades nos deslizamos sin ser demasiado conscientes. Mientras algunos pierden sus ilusiones, su risa, sus anhelos, su fe y esperanza otros las encuentran luego de haber caminado sin sentido durante mucho tiempo.

En realidad es imposible caminar sin sentido, es probable que sea un camino no premeditado o buscado, pero una dirección a seguir, en el que no hay planificación o previsión se anda a impulsos y se continúa. De todas formas, en algún momento se toma contacto con lo que nos pasa, con lo que nos aqueja, con ese lugar donde nos aprieta el zapato o nos lastima. Es allí cuando entendemos porque hemos llegado hasta este sitio que empezamos a descubrir ese rumbo que hasta ahora parecía sin sentido.

En medio de sobresaltos, decepciones, contrariedades, fracasos, la risa comienza a desdibujarse, hasta que se pierde por completo, y queda arrumbada en una estantería a la que quien se dispone a brillar, a existir la toma en su rostro en un intento por continuar de la mejor manera.

En medio de angustias, de mentiras, de hipocresía, de dolor y violencia, el brillo de la mirada se va apangando, se va achicando hasta que se instala en un estante donde quien se dispone a dejarse seducir por la vida la toma esperanzado de encontrar un destello en su camino.

En medio de los apuros, las carreras por llegar más y más lejos sin importar nada, el calzado cómodo se va perdiendo, nuestros pies comienzan a hincharse a llenarse de llagas con las que casi es imposible caminar. Queda allí el calzado cómodo a disposición de quien decide transitar sin prisa, con determinación y serenidad, porque entiende que despacio se llega lejos.

Quien más o quien menos ha perdido tantas cosas, pero a su vez a encontrado otras. Quizás las primeras pérdidas sean las que nos sorprendan y desajusten por completo porque son los primeros avatares del camino. Sin embargo, con el correr de la vida uno asimila que perder y encontrar son dos vocablos que navegan sin descanso en una búsqueda continua por sucederse uno tras otro.

Dicen que mientras alguien pierde algo, otro lo encuentra. Así en este círculo de oportunidades quien pierde la pasión es porque ya no encuentra sentido en lo que hace, o quien pierde las expectativas es porque las puso en donde no debía, o quien cansado de esperar se aleja de la esperanza… y así los ejemplos podrían prolongarse, pero lo cierto es que mientras alguien desencantado pierde sus fuerzas, y parece quedarse sin motivos, otros en ese mismo círculo encuentran los por qué para continuar. Los cómo sin lugar a duda también tendrán cabida como parte de esta circunferencia virtuosa en el que todo continúa y se revierte, en este ciclo vital en el que opuestos y complementarios son parte del todo.

Andrea Calvete

sábado, 12 de octubre de 2019

BORRÓN Y CUENTA NUEVA

Nada fácil llevar adelante un borrón y cuenta nueva, requiere de agallas, de temple, de poner sobre la mesa lo que nos pasa, de decir hasta aquí llegué, tomaré un nuevo rumbo. Decisión, responsabilidad, ímpetu, y confianza son parte de los desafíos que llevamos adelante cuando decimos tomar el timón de nuestro barco.

Leía por allí que alguien decía “es horrible extrañar a alguien que no piensa en ti”, y cabe preguntarnos por qué extrañar a alguien que ya no es parte de nuestros días, que ha decido olvidarnos o dejarnos en el estante del pasado. En sí surgen preguntas como: ¿masoquismo, falta de amor propio? ¿Por qué aferrarnos a un recuerdo agónico, a un imposible?

Desde luego que cuando decimos borrón y cuenta nueva, lo hacemos con decisión, seguramente luego de haber sufrido, habernos desengañado, y entendido que esa persona ya no es parte de nuestros días, y si lo es lo será para molestar nuestra existencia. A lo largo del camino, se van instalando obstáculos, impedimentos, piedras, cabe cuestionarnos por qué a todas esas dificultades incluir personas que ni nos recuerda, o al menos no nos siente como parte fundamental de sus días.

Todo esto viene muy alineado a que si alguien no suma, tampoco debe restar, y quien nos quita tiempo y energía vital, en definitiva resta a nuestros días.

En definitiva decimos borrón y cuenta nueva, luego que hicimos el duelo correspondiente, de asumir que esa persona ya no es parte de este presente, y tampoco lo será del futuro. Quizás nos cueste lágrimas, pero dicen que llorar sana y reconforta.

Tantas veces nuestro corazón sufre, no encuentra consuelo, y nos hallamos ante un verdadero laberinto, del cual nos es prácticamente imposible salir. Donde las razones pierden el sentido, y las respuestas se alejan tan distantes que no alcanzamos a distinguirlas.

¿Es qué a caso alguien merece nuestras lágrimas?, quizás quien esté sufriendo por un desencanto o desilusión conteste rápidamente que sí a esta pregunta. Por otra parte, si nos ponemos a pensar en algún momento de la vida todos hemos sufrido por causa de una persona. Entonces ¿cómo encarar el dolor?

Dicen que “ninguna persona merece tus lágrimas, y quien las merezca no te hará llorar”, tal vez comprendamos que quien realmente nos quiere o aprecia no nos hará llorar, por el contrario intentará hacernos sonreír y vibrar. Nos valorará tal cual somos, y es posible que su mirada nos realce, pues los ojos del amor tienen esa virtud de embellecerlo todo.

Aunque a un corazón partido no es sencillo consolarlo, ni darle consejos, pues en el medio de su dolor no verá más que sombras. Seguramente en lo profundo de su alma encuentre el dolor por haber confiado en alguien que lo defraudó y por lo que esta frase se ve hermosa pero muy poco significativa dado el momento que vive.

Por eso, “si por la noche lloras por no ver el sol, las lágrimas te impedirán ver las estrellas”. Por lo tanto, es primordial secar esas lágrimas y mirar lo que nos rodea, pues ese mismo dolor no nos permita ver situaciones que realmente importan, y que podrían significar un cambio para ese sufrimiento.

No está mal llorar, aunque dicen que es cosa de mujeres, no es cierto, los hombres también lloran.

Mas quien no derrama una lágrima es porque su corazón ha dejado de latir, ha quedado anestesiado frente a cualquier situación, y eso tampoco es natural, porque por más dura que sea la vida no podemos dejar de sorprendernos, de conmovernos ante las distintas situaciones que se presentan y que son dignas de promover todos nuestros sentidos, pues estamos vivos.

Desahogarse es bueno, “las lágrimas derramadas son amargas, pero más amargas son las que no se derraman”. Es necesario sacar todo eso que nos oprime el pecho, que nos angustia, pero no permitamos que el dolor nos paralice, pues cada lágrima derramada deberá ser una gota que nos impulse a avanzar y a sobreponernos. Es por eso que muchas personas luego de llorar manifiestan un gran alivio.

Si bien el dolor la mayoría de las veces es inevitable pero el sufrimiento es opcional. Por lo tanto, lo importante es el modo como hacemos frente a esta situación, está en cada uno velar de por vida un problema, o encararlo para continuar en pie, pues la vida es devenir, es cambio, y si nos paralizamos no nos espera.

Quizás recordar es la mejor forma de olvidar, porque significa que asumimos lo ocurrido.

Pero quien se encuentra en una situación donde el corazón ha quedado desgarrado, difícilmente haga caso a consejos, a sugerencias, pues el dolor enceguece y no permite ver más que el sufrimiento. Es aquí donde se debe intervenir, este punto es trascendental para no quedar atrapados en el sufrimiento como una mosca en la tela de una araña. Para ello debemos pararnos delante de esa situación que nos aniquila y tener muchas agallas de tomar una resolución definitiva para poder dejar atrás este suceso y continuar. Este punto sino podemos llevarlo a cabo por nosotros mismos la ayuda de profesionales en salud mental, la familia y amigos será primordial.

Según Nietzsche “lo que no nos mata nos fortalece”. Detengámonos a pensar cuantas veces luego de varios días de padecer una virosis, nuestro organismo lucha hasta que nuestro sistema inmunológico logra vencer el mal. Del mismo modo, nuestra alma, espíritu se fortalecen tras parecer hundirse en las aguas más turbulentas, porque el ser humano tiene esa capacidad o se instinto de conservación que lo lleva a superar las pruebas más duras. Aquí habrá quienes hablen de fe, otros de voluntad, tesón, pero más allá de las motivaciones o las herramientas las personas salimos adelante.

A lo largo de nuestra vida cualquier tipo de pérdida trae como resultado el dolor. La forma de respuesta a esa pérdida está íntimamente relacionada con nuestra personalidad, cultura y nuestras creencias.

El escritor italiano Arturo Graf quien expresa que “la vida es un negocio en el que no se obtiene una ganancia que no vaya acompañada de una pérdida”, por eso está en cada uno la fuerza que pongamos para sobreponernos a los momentos que nos causan dolor, de modo de aceptar lo que nos ha sucedido y continuar el camino. Mas estará en cada uno ver el medio vaso vacío o lleno.

Finalmente, para quien padece un gran dolor ocasionado por una pérdida importante, no es sencillo recuperar las fuerzas, el optimismo, el entusiasmo, más la propia dinámica de la vida colaborará para que cada persona pueda salir de ese pozo en el que está sumergida, pues siempre aparecerá alguien que nos tenderá una mano, nos alentará con sus palabras, nos brindará su apoyo sincero, y entonces surgirá una luz que nos permitirá dar el primer paso para salir adelante y decir borrón y cuenta nueva.

Andrea Calvete



PSICODELIA DE COLORES

Conectarnos con nuestro interior no es fácil, descubrir ese yo dormido, oculto bajo esa cotidianidad que nos circunda y a la vez algunas veces no nos deja ser. Pararse ante lo que no nos animamos, o lo que quizás ni remotamente nos atrevemos a percibir, estar dispuestos a que confluya todo lo que hay en nosotros, en un intento por ser auténticos con lo que pensamos, hacemos y decimos.

Manifestar nuestra alma, nuestro yo interno sólo es posible cuando a través de un medio de expresión nos dejamos ser, dejamos fluir la psicodelia de colores que en nosotros habita, sin sustancias tóxicas, sin drogas, solamente a través de esas emociones que están a la espera de ser descubiertas, experimentadas.

El ser humano es creativo, inteligente, hábil conductor de las ilusiones y deseos, un soñador nato, dispuesto a crear y volar, a dejar fluir lo que en él habita. Lamentablemente, algunas veces con el correr del tiempo se va apagando ese ser soñador, creativo, inteligente, y va apareciendo un ser decepcionado, rutinario y gris, en el que quedan poco lugar para descubrir, renacer o revivir.

Suele suceder que ante las dificultades que vamos experimentando, las fuerzas se empalidecen, los ánimos se aplacan, y las ilusiones se desvanecen. Sin embargo, siempre se posible un cambio, un despertar y un comienzo, sólo es cuestión de estar abiertos a un desafío, a una nueva posibilidad.

Pararnos frente a esa realidad que nos circunda, y dar la bienvenida a lo imaginario, a lo irreal, a lo que quizás provenga de esas profundidades no habitas, tiene que ver con dejarnos seducir con esos brillos, colores, texturas, sonidos y aromas que están latentes, a la espera de que los dejemos ser, sólo debemos atrevernos a despertarlos y a permitirles manifestarse a través de cualquier expresión a nuestro alcance.

Quizás hoy es el momento preciso de pararnos ante nuestros procesos cognitivos cuestionarlos, desobedecer a esa rutina aplastante, y orbitar en la búsqueda de nuevas percepciones, estimulados por lo que aún no hemos sido capaz de descubrir y de alcanzar.

Cada día es un comienzo nuevo, un despertar a las oportunidades, a las nuevas etapas que nos quedan por andar y descubrir. Seguramente seguiremos aprendiendo hasta el último de nuestros días, pero hay que estar dispuestos a empaparnos de las nuevas notas de cada día, con ilusión y compromiso, con emotividad y entusiasmo.

Manifestar nuestra alma, nuestro yo interno sólo es posible cuando a través de un medio de expresión nos dejamos ser, dejamos fluir la psicodelia de colores que en nosotros habita, sin sustancias tóxicas, sin drogas, solamente a través de esas emociones que están a la espera de ser descubiertas y experimentadas.

Pararse frente a la psicodelia de colores es permitirse navegar entre la diversidad de oportunidades que tenemos y tantas veces no somos capaces de ver, de imaginar, ni si quiera de pensar, por temor, por encapsularnos en ese acotado mundo en el que encontramos un espacio en el que tenemos cabida pero realmente no nos cuestionamos ni por qué, ni cómo , ni cuándo, ni con qué fin estamos allí. Hoy es buen día, para cuestionarnos dónde, cómo , para qué , y hacia dónde dirigirnos y estar.

Andrea Calvete

EL RITUAL DE LA COMETA

Entre las nubes serpentean coloridas y brillantes como si quisieran alcanzar el sol, se elevan mientras sus flecos se despliegan en un baile mágico, han inundado el cielo. Es un ritual que se repite año a año, con el primer viento de primavera las cometas se hacen presentes para alegrar los días de todo aquel que aún tiene un niño dentro.

Un ritual que requiere de un preparativo, de la elección de un lugar preciso, y también de la disposición para que nuestra cometa cuidadosamente elegida se eleve entre el armonioso vaivén de la brisa. Sí todo está preparado, nos disponemos a poner mano a la obra, para unirnos a la fiesta primaveral del despliegue de cometas en el cielo.

¿Quién en su niñez no ha remontado una cometa?

Seguramente los lleve a recordar esos comienzos dificultosos, en los que su padre, madre, abuelos o tíos, en el afán de que la cometa se desplegara terminaban ellos sosteniendo el barrilete. Pero lo cierto, es que luego de varios intentos finalmente lográbamos remontarla. ¡Ah qué sensación placentera tener el hilo en nuestras manos, mientras suavemente la veíamos elevarse sin obstáculos, hasta donde el carrete llegara!

La memoria tiene ese fantástico don de traer de esas estantería recuerdos que parecían haber quedado perdidos pero allí están, y regresan con los aromas, tonalidades, sabores, texturas y sonidos vividos, es posible entonces revivir esas tardes en las playas remontando cometas, o en un parque donde los árboles nos hicieran un espacio.

¡Cómo no recordar la ilusión de mi padre que nos llevaba a mi hermano y a mí para abrir la temporada de cometas. Mamá nos miraba pero no intervenía en la consecución del remonte, simplemente nos acompañaba atenta y divertida. Recuerdo que año a año todo comenzaba con la compra de las cometas, escoger cuidadosamente la que nos gustara y a su vez la que tuviera un formato propicio para volar alto, porque de eso se trataba de verla flamear muy pero muy alto. Los ojos verdes de mi padre brillaban luminosos cuando al fin lográbamos sostener nuestros hilos y mantener por un buen rato las cometas elevadas, cosa que duraba unos minutos porque al ratito caían y volvíamos a empezar la ceremonia.

Y no faltaba la ocasión en que por remontarla en los jardines de nuestro barrio, la cometa quedaba atrapada entre algún árbol, o en los cable de la luz. Ay qué dolor cuando esto sucedía, era como enfrentar un inmenso duelo, terrible, desgarrador. “Se los dije”, decía mi padre intentando consolarnos y también recordándonos el error cometido, pero ya era tarde nuestras cometas habían quedado atrapadas, y lo más triste que la veríamos allí rotas seguramente testigos de toda nuestra primavera.

¿Quién no ha remontado una cometa alguna vez?

Y siempre es una buena oportunidad para hacerlo. Remontar una cometa es permitirse volar, dejar que fluyan nuestras ilusiones, nuestra creatividad puesta al servicio del viento que nos acaricia suavemente en la primavera. Así se deslizan diáfanas las cometas en busca de elevarse y permanecer flotando en ese maravilloso cielo de posibilidades. El sol brilla entre los colores de sus telas, mientras ellas llenas de encanto vuelan libres, soñadoras en busca de iluminar las pupilas y sacar el brillo de las miradas que descreídas vagaban ausentes.

¿Quién no se ha dejado cautivar por el encanto de una cometa?

Quizás en algún momento caminando en primavera al elevar nuestra mirada al cielo nos hemos topado con ellas, y hemos quedados absortos mirándolas deslizarse con gracia y fluidez. Suele ocurrir que no todos los lugares son propicios para remontar cometas, tienen que ser lugares despejados como la playa, el campo, o parques donde la presencia de los árboles se disipe, por este motivo solemos ver varias cometas flameando cerca, porque son lugares apropiados para remontarlas. Ah qué maravilla dejarse llevar por esa fiesta de cometas que se elevan coloridas, sin otra pretensión que volar libres llevadas por ese viento tibio primaveral, perfumado por esa nueva estación que llega vigorosa a despertar la esperanza.

Andrea Calvete



martes, 8 de octubre de 2019

EL DÍA SABE A PRIMAVERA

El día sabe a primavera, fluye la brisa desbordada de perfume, renace jubilosa la naturaleza. Los rincones se visten de colores y brillan, mientras la vida sonríe de una manera diferente. Hay algo en el aire que encanta y lleva a gozar cada minuto con plenitud.

Me paro y miro con admiración el virtuoso día, respiro profundo, dejo que cada rayo de sol invada mi cuerpo, me acaricie. El cielo despejado y diáfano abre la puerta a los sentidos, invita a volar, a dejar ser a las ilusiones, a que los deseos se coloreen, y que los sueños pasan a la vereda de los posibles.

El día sabe a primavera, fragancias silvestres se entrelazan mientras las pasiones se despiertan luego de un largo invierno. Suave y melodiosos trinan los pájaros al amanecer, en armonía con ese universo floreciente que se esparce tibio y húmedo.

El mar hoy trasparente se funde con el cielo, deja pasar los rayos de sol, mientras las miradas fluyen hiponotizadas por los turquesas que se generan en esta frondosa armonía. Cada ola que rompe en la orilla trae consigo un mensaje para que cada uno pueda descifrar con el vaivén del agua.

En paz las gaviotas serpentean muy a ras de la orilla, encantadas por el bello día vuelan y despliegan su magia y encanto, mientras la esperanza yodada se abre camino con la tibia brisa primaveral.

El día sabe a primavera, fluye la brisa desbordada de perfume, renace jubilosa la naturaleza. Los rincones se visten de colores y brillan, mientras la vida sonríe de una manera diferente. Hay algo en el aire que encanta y lleva a gozar cada minuto con plenitud.

Andrea Calvete