sábado, 31 de agosto de 2019

EL CAMINO DE LA VERDAD

El espíritu de la verdad camina por entre las calles empedradas, mientras un carruaje se pasea bajo una noche estrellada en el Sena, las campanas de un reloj a lo lejos son el marco ideal para que las preguntas se establezcan y vaguen entre los hombres que habitan sus calles perfumadas por preguntas en busca de respuestas.

La cúpula celeste de las emociones visten los más fervientes deseos, descalzos caminan quienes han decidido despojarse de preconceptos para unirse con humildad y entereza al trayecto. No es fácil dejar atrás el ego que nos habita, las pasiones que nos corroen, o los misterios que no alcanzamos a develar, sin embargo, allí estamos en un intento por continuar la búsqueda.

¿Un propósito de vida, un objetivo inalcanzable, un imposible disfrazado que nos guía, un simulador de situaciones, o quizás una búsqueda intensa, profunda y desmedida? Todas preguntas que nos interpelan en el camino de la verdad, a la que luego de estos y otros cuestionamientos damos cabida al espíritu de la verdad, un espíritu que vuela libre, diáfano, que extiende sus alas hacia diferentes destinos.

Un coro de voces sacras se escabullen entre el aire húmedo de una noche que se para frente a un día soleado que acaba, mientras preguntas permanentes asaltan a los transeúntes que llevan la prisa de este siglo XXI vertiginoso, imparable, cómo reconocer el progreso real de una persona, su espíritu, su materia, cómo enfrentar a la fe y a la razón , lo claro y a lo oscuro, las fuerzas del bien y del mal, cómo enfrentar el conocimiento con el alma abierta.

Porque abrirnos al conocimiento no es poca cosa, es desaprender lo aprendido, instituido, para cuestionarnos, para abrirnos con la inteligencia, con el pensamiento, cuestionadores, reflexivos, pero a su vez tolerantes y comprensivos. Es decir pararnos con espíritu crítico. Quizás en todas estas preguntas aparezca el llanto silencioso de los inocentes, a quien nadie logra aplacar su dolor.

Quizás cuando nos paramos frente al espíritu de la verdad nos sintamos como quien toca la punta de un iceberg, en el que comienzan a desencadenarse un sinfín de porqués, de preguntas que no alcanzan a arrojar luz, pero que sin embargo están allí para continuar profundizando en ellas.

Un tema que ha dado lugar a distintas corrientes filosóficas, que ha desafiado al tiempo y al espacio, y que continúa hoy siendo un disparador de debate, diálogo y búsqueda.

La relatividad y esencia de la verdad, se han expresado través de diferentes simbologías, que dejan de manifiesto la permanente búsqueda del hombre por conocerse a sí mismo y al Universo que lo rodea.

Tantas verdades como individuos existen en la Galaxia, tan discutibles y respetables todas ellas. Aunque tras el correr vertiginoso de la tecnología y la globalización, se han desdibujado valores, entre ellos el respeto y la tolerancia entre las personas.

La vida es permanente búsqueda, cuestionamiento, enfrentamiento a diferentes realidades, algunas veces contrapuestas, difíciles de aceptar o comprender.

El navegar por la búsqueda interior es un pendiente de este siglo XXI que ha puesto sus cartas en el avance tecnológico, en la búsqueda de soluciones instantáneas para todo, olvidando que el hombre es un ser espiritual que en la medida que adormece está parte de su ser, se le hace mucho más complejo encontrar esas respuestas existenciales tras las que ha corrido a lo largo de los tiempos.

De la mano de la verdad, se filtra solapada la mentira, envuelta de engaño, distorsión y omisión de información. Sin embargo, la mentira suele ser desenmascarada con el tiempo, y sale a luz lo que es y no lo que ella hubiera querido que fuera.

Cruzar la delgada línea entre la verdad y la mentira es cuestión de segundos, y requiere tan sólo de contar la parte que nos interesa en omisión de la sustancial de la información que se maneja, o manipular lo que deseamos transmitir para lograr un determinado cometido.

En mundo que manipula a sus integrantes con mucha facilidad es necesario saber ¿dónde estamos parados, qué buscamos, qué queremos, qué anhelamos, qué sentimos?, para poder ser libre pensadores, para poder tomar nuestras propias decisiones y aproximarnos a esa verdad, tras la que posible corramos una vida entera.

Fuerzas contrarias nos enfrentan cada día, nos hacen trampas, nos ponen obstáculos, y cuando caminamos hacia esa verdad tras la que corremos a lo largo de la vida, permanentemente nos enfrentamos a hogueras en las que nuestras convicciones y deseos se exponen para ser quemados por los inquisidores que no quieren que salga a la luz ese espíritu de la verdad. Este espíritu va más allá de épocas, religiones, creencias, ideas, pensamientos o siglos de vida, que viene desde la noche de los tiempos para que con esfuerzo y viva ilusión corramos detrás del él hasta el fin de nuestros días.

Andrea Calvete

sábado, 17 de agosto de 2019

EL OJO DEL CIELO

Un enorme ojo desde el cielo observa todo lo que sucede, testigo de noches de desvelos, de culpas, de silencios, de esperas interminables, de suspiros sostenidos, mientras los deseos se reprimen para no ser descubiertos. Pero el ojo que todo lo ve llega más allá de que nos ocultemos detrás de ese disfraz hecho a medida

Serpentear por el camino de la ilusión se hace arduo cuando lo cotidiano agobia, o asfixia la gris rutina. Sin embargo, un inmenso espacio nos circunda, mientras un cielo de oportunidades se esfuma entre el sinfín de cosas que nos suceden.

Nubes blancas y espesas se pasean mientras continuamos con la mirada absorta en nuestras preocupaciones. Al cielo se le escapa de vez en cuando alguna lágrima, cuando agotado de buscar soluciones los obstáculos se deslizan sin el menor miramiento.

Brilla el sol, radiante se eleva como una guía en el camino, pero hoy vamos demasiado ensimismados, somos incapaces de percibir nuestra propia sombra, continuamos sin tregua, con la respiración entrecortada hacemos una pausa, pero nos falta el aire, a pesar de todo continuamos como si nada pasara.

Las estrellas iluminan las noches, en las que los deseos palpitan a la espera que un brillo se encienda. Las preguntas se aglomeran en busca de respuestas, y la falta de amor se hace presente cuando la luna no se asoma.

Las mentiras se alistan en la vereda del odio y la avaricia, caminan en busca del próximo engaño a la vuelta del camino.

Los hechizos hechos una rosca se entremezclan de la mano de la magia y el encanto del atardecer, para que los suspiros se esparzan por la vía láctea, hasta llegar a ese lugar justo y perfecto en el que pueden estrechar los dedos las ilusiones.

Pero el ojo que todo lo ve llega más allá de que nos ocultemos detrás de ese disfraz hecho a medida

Un cielo estrellado ilumina el camino, pero enceguecidos no alcanzamos a distinguir la bella escena. Tomamos un atajo, nos detenemos y observamos con calma ese universo maravilloso que está para ser descubierto y trascendido, nos toma de la mano y nos invita a peinar a la ilusión para palpitar en una sintonía nueva y diferente, en la que los posibles asoman en el abismo de los días. Mientras un enorme ojo nos observa más allá de que nos ocultemos detrás de ese disfraz hecho a medida

Andrea Calvete

PALABRAS COMO BALAS

Las palabras como balas se alojan en lugares de difícil acceso, se instalan dolorosas, molestas, se retuercen entre nuestro cuerpo, mientras pretendes con un plumazo borrar de todo ese dolor como si nada hubiese sucedido.

No me engañan tus halagos desmedidos, tus ponderaciones, que pretenden borrar con el codo lo que manifestaste en pleno uso de tu razón. Dicen que las palabras se la lleva el viento, pero algunas tienen ese don de quedar más grabadas que otras, de esconderse en esos rincones de difícil acceso, y allí están recordando por momentos ese desafortunado instante en el que decidiste dispararlas.

Ese disparo ha hecho perder mi confianza, ese lazo que parecía indestructible ha quedado cortado, resquebrajado por la desilusión, por el descubrimiento de un ser muy diferente al que creía que eras, pero que sin embargo estaba allí realzando a tu verdadero yo.

Tomo un bisturí e intento extirparla, con mucho pulso y precisión, con la valentía entre mis manos me pongo en marcha, dispuesta a que se produzca el sano proceso de cicatrización, en el que la herida lentamente cierra.

Es así que cuando intentamos revertir algún acto y cambiar la actitud hacia una persona, es importante no olvidar que algunas palabras suelen tener el efecto de las balas una vez que se dicen no tienen marcha atrás, porque fueron disparadas con una intensidad y una fuerza irreversible. También cuando esas palabras lastiman, dañan o perjudican no son tan fáciles de solucionar con una simple sonrisa y un cambio de actitud.

Algunas veces no llegamos a dimensionar el daño que pudimos ocasionar a alguien a través de nuestros dichos, o palabras, que quizás no hayan tenido ese destino, pero sin embargo han llegado a su receptor y lo han molestado, dañado o incomodado. Es así que cuando nos damos cuenta de ello, intentamos revertir lo sucedido, pero no siempre es posible.

¿Por qué no es posible?

Como todo en la vida, los porqué son inherentes a cada situación y persona, no hay recetas, ni fórmulas mágicas, pero hay un gran porcentaje de ocasiones similares, que nos llevan a ver que ciertas situaciones son como copas de cristal una vez que se rompen no hay forma de arreglarlas. De aquí que los esfuerzos algunas veces por recomponer una relación son inoperantes, porque se han roto algunas fibras imposibles de recuperar.

No me engañan tus halagos desmedidos, tus ponderaciones, que pretenden borrar con el codo lo que manifestaste en pleno uso de tu razón. Dicen que las palabras se la lleva el viento, pero algunas tienen ese don de quedar más grabadas que otras, de esconderse en esos rincones de difícil acceso, y allí están recordando por instantes ese desafortunado momento en el que decidiste dispararlas.

Las palabras como balas se alojan en lugares de difícil acceso, se instalan dolorosas, molestas, se retuercen entre nuestro cuerpo, mientras pretendes con un plumazo borrar de todo ese dolor como si nada hubiese sucedido.

Tomo un bisturí e intento extirparla, con mucho pulso y precisión, con la valentía entre mis manos me pongo en marcha, dispuesta a que se produzca el sano proceso de cicatrización, en el que la herida lentamente cierra.

Andrea Calvete





CUANDO DE QUIZÁS SE TRATA

Quizás sea este el momento de mencionar lo no dicho, de escuchar, de tomar esa pausa tan necesaria. El cielo alucina colores mientras despierta preguntas, y nos interpela desde sus grises oscuros, nos busca entre los relámpagos que se encienden escondidos entre las nubes.

Quizás tengamos miedo, un freno nos detenga. El aire corre libre y nos mira mientras se marcha en busca de nuevos horizontes. Las hojas de los árboles se mueven suaves, se dejan acariciar por el vaivén del viento bajo un cielo encapotado de ilusiones.

Quizás sea el momento de mirarnos a los ojos, de dejar que el brillo de nuestras miradas se exprese y diga lo que hasta ahora ha callado. Dicen que el silencio puede más que mil palabras, pero es tiempo de que se haga verbo, de que se materialice bajo las gotas mansas que caen en este día lluvioso, en el que el agua todo lo purifica.

Quizás nos encontremos atornillados a una silla, a la espera de un llamado, de un encuentro fortuito, o de una señal que no llega, porque simplemente tenemos los ojos vendados, los oídos sordos, y las manos maniatadas por uno de nuestros peores enemigos, y del que poco sabemos. Sin embargo, cuando miramos al espejo vemos reflejada una imagen que nos sorprende, un escalofrío nos paraliza, somos nosotros mismos los carceleros de nuestras acciones.

Quizás hoy nos paramos frente a una oportunidad única y no nos damos cuenta que se nos escapa entre los dedos, entre esos minutos majestuosos que se esparcen entre las orillas de los días. Los hilos plateados empiezan a brillar en nuestras cabezas como signos de su paso armonioso y constante, decido y efímero.

Quizás este sea el instante preciso, para tomarnos ese café pendiente, para regalarnos ese horizonte que ha quedado postergado en esa estantería casi inalcanzable. El coraje se ha puesto en marcha, ha tomado un tapado de esperanza y un gorro de ilusión. Con la fe encendida en las pupilas, parece que el camino nos abre paso.

Quizás no nos dijimos tantas cosas, otras dichas a destiempo, o innecesarias. Pero no hace falta reprocharnos más nada, es preciso dejar que el corazón hable que se manifieste a través de su palpitar noble para que vibre en sintonía con el universo. Allí nos encontraremos, en alguna galaxia olvidada, entre estrellas jubilosas y dejaremos que ese cielo majestuoso nos invite a perdernos en su magia.

Quizás sea éste el momento, y no otro, por eso aprovechémoslo ahora, este es nuestro tiempo, nuestra oportunidad para trascender ese abismo en el que algunas veces nos perdemos y nos asfixia consumando nuestras energías. Es ahora el instante justo y perfecto para dar ese paso que nos permitirá continuar firmes y decididos en este trayecto en el que estamos de paso.

Mil y un quizás acompañan nuestros días, sin embargo en todos ellos hay una pizca de posibles, de si puedo, de acciones por materializarse, porque es éste el momento de de decir sí a lo que queremos.

Andrea Calvete

sábado, 10 de agosto de 2019

DEJAR ATRÁS

Hoy ese día en el que he decido dejar atrás lo que realmente no es parte de este presente, y que sin embargo cargo en una mochila excedida de equipaje. ¿Por qué?... No lo sé, pero sí estoy segura que algunos elementos ya no son necesarios en este camino.

Pararse decididos al despego no es tarea sencilla, aunque muy importante para avanzar en este tránsito en el que por momentos nos estancamos y quedamos varados a la espera de que una luz verde nos habilite a continuar la marcha.

Esa mochila que pesa demasiado, se llena de cuestionamientos, de reproches, de frustraciones, de olvidos, de ausencias, de desamores, de desencuentros, de fallas, de falencias, sin embargo aún de este peso innecesario estoy agradecida porque ha servido para fortalecer mis hombros, para enderezar mi postura y mi marcha.

Hoy ese día en el que he decido dejar atrás lo que realmente no es parte de este presente. Me he dado cuenta que he vivido equivocada, juzgando erróneamente, etiquetando innecesariamente, ocupándome de lo que no debía, y preocupándome por adelantado. ¡Qué equivocada que he vivido!

Quizás los años sean los mejores maestros para hacernos ver que es tiempo de cambiar el rumbo, de renacer como el ave fénix entre las llamas, para dejar nacer ese ser dormido, olvidado, oculto, para poder vibrar en una sintonía diferente, en la que sea posible acercarse a esa plenitud tan difícil de alcanzar.

Hoy es ese día en el que he decido dejar atrás lo que me ha lastimado, me ha hecho peor persona, lo que ha restado o me ha hecho desviar el camino. No voy a culpar a nadie de mis errores o desatinos, me responsabilizaré por cada uno de ellos, pero también me perdonaré las equivocaciones porque de ellas he aprendido, he crecido.

Todos los días nos tropezamos con situaciones complicadas que nos hacen dudar, cuestionar nuestros actos, sin embargo la mayoría de las veces tomamos conciencia de ellas cuando algún cambio se ha producido, no antes. Pero los cambios, son parte del devenir, son parte de eso que somos y que tantas veces nos cuesta asumir.

Hoy ese día en el que he decido dejar atrás lo que realmente no es parte de este presente, y que sin embargo cargo en una mochila excedida de equipaje. ¿Por qué?... No lo sé, pero sí estoy segura que algunos elementos ya no son necesarios en este camino.

Andrea Calvete

POR RÍOS Y MARES DE LA VIDA

Por los ríos y mares de la vida navegamos en el trayecto de nuestra existencia, que encierra tantos enigmas, que nos desafía día a día, en una propuesta constante e infinita en la que fluimos entre el vaivén yodado de posibilidades a descubrir y a conocer.

Perfumados por recuerdos invadidos por desafíos, sorprendidos por encuentros nos dirigimos en un mar llenos de dudas, de inquietudes y desafíos por remar entre los ríos y mares de los días.

Ríos rojos, mares turquesas, ensenadas calmas, aguas turbulentas, son parte de ese devenir en el que el agua fluye, mientras navegamos bajo cielos cubiertos de nubes o despajados horizontes inciertos. Así nos zambullimos en olas que nos conducen a diferentes orillas.

Las lágrimas se mezclan entre las aguas cristalinas, perfumes que se alejan bajo los influjos de la luna, horas de esperas, de dudas se deslizan mientras una sensación de tristeza acompaña el vaivén de ese mar que se oscurece entre los recuerdos que marcan la ausencia.

La sonrisa se dibuja en los trayectos en los que los rayos de luz traspasan el mar hasta llegar casi al fondo cristalino, están allí la calidez de aquellos días en los que la vida nos sonríe y nos llena de dicha.

Navegamos entre aguas turbulentas, y nos atascamos cuando una roca encalla nuestro barco, atrapados por la desesperación de no hundirnos manoteamos desesperados para continuar a flote. Y lo logramos, y el sol vuelve a brillar, las aguas se aquietan, y la paz parece restablecerse en nuestros días.

Y volamos como pájaros traspasamos noches, días, a través de lugares inciertos, situaciones imprevistas. De pronto, el desasosiego nos invade cuando ya no sabemos por donde continuar el rumbo, porque sentimos que una tormenta nos ha dejado en medio de la nada, como en un desierto de posibilidades. Con lo poco que nos queda de sentido común nos disponemos a seguir, nos dejamos llevar por ese viento con notas de esperanza que nos lleva a retomar el rumbo.

Las alas en el mar de las posibilidades siempre deben estar abiertas, dispuestas a volar entre las vicisitudes, a flamear esbeltas y abiertas para que el vuelo sea certero y apacible. Pero no siempre lo es, por momentos parecen estar averiadas a punto de romperse en mil pedazos. Aunque, la magia con su encanto y hechizo hace un milagro y reconstruye esas plumas hasta que sin darnos cuenta estamos parados allí para emprender un nuevo vuelo.

Los ojos de la ilusión son parte esencial en estas aguas en la que por momentos todo parece perdido, sin embargo siempre aparece una mano al rescate que posibilita dar paso a la esperanza.

Por los ríos y mares de la vida navegamos en el trayecto de nuestra existencia, que encierra tantos enigmas, que nos desafía día a día, en una propuesta constante e infinita en la que fluimos entre el vaivén yodado de posibilidades a descubrir y a conocer.

Andrea Calvete

sábado, 3 de agosto de 2019

El SOL DE AGOSTO BRILLA DIFERENTE

El sol de agosto brilla diferente, es más luminoso y trae consigo destellos de una próxima primavera. Los aromas de un amanecer se mezclan con el aire fresco y radiante, con la suavidad de un veranillo que amaina el frío del invierno que lentamente se retira.

Las palabras a la espera de que tomes una decisión, te rodean silenciosamente, mientras caminas dubitativo. Por entre los hombros miras un pasado al que cuestionas y le planteas dudas, mientras te paras en un presente al que no disfrutas plenamente por querer acercarte rápidamente a ese inminente futuro en el que aún ves posibilidades. Estás allí parándote entre algodones intentando amortiguar esa próxima caída que quisieras evitar.

El sol de agosto brilla diferente, es más luminoso y trae consigo destellos de una próxima primavera, aromas a flores cercanas que parecen dejar pasar una pizca de esperanza. Miras por la ventana y el día te palmea la espalda te invita a decir: “Sí estoy a tiempo de cambiar el chip, de dar vuelta la página, de decidirme a hacer lo que quiero, este es mi momento”.

Pero, ¿por qué algo tan sencillo como hacer lo que creemos es justo y necesario se convierte en una tarea ardua y poco alcanzable?

Quizás existan múltiples respuestas ante esa pregunta que nos interpela tan frecuentemente, aunque el temor y la duda suelen ser los que nos cortan las alas. A ellos se suman, los cuestionamientos, los reproches, que nos acompañan y se manifiestan de diferente manera.

Es cuestión de decisión y entereza, pararse frente a todo lo que nos deja avanzar para sacarlo del medio de un plumazo, sin miramientos, sin lugar a lo que pudo ser, a cuestionamientos, a frustraciones, o fracasos, porque lo que no ha sido, no lo es. Ahora está a nuestro alcance lo que puede ser en base a lo queramos que sea, a lo que estemos dispuestos a hacer realidad.

Sin embargo, una de las tareas más difíciles de realizar es ser jueces de nuestro propio camino, al que tantas veces nos paramos con benevolencia, y otras tantas sin piedad no nos perdonamos lo más mínimo. Seguramente lo que nos incomode o lastime, lo que nos impida sentirnos bien, lo ocultemos en el lugar menos visible. Contrariamente permitamos surgir lo bueno, lo que nos da energía vital. Sin embargo, en este análisis cabe cuestionarse ¿por qué las miserias humanas son lo que primero negamos u ocultamos?, ¿es que no podemos o queremos aceptar nuestras debilidades, nuestros errores, nuestros lados oscuros? El justo equilibrio tan difícil de lograr es el que nos permite ver con sana visión y pararnos en lugar indicado para que nuestro andar sea justo y perfecto.

El sol de agosto brilla diferente, es más luminoso y trae consigo destellos de una próxima primavera. Los aromas de un amanecer se mezclan con el aire fresco y radiante, con la suavidad de un veranillo que amaina el frío del invierno que lentamente se retira.

Andrea Calvete



EN TU OSCURO MUNDO

En tu oscuro mundo caminas, amarrado a las miserias, al delirio impenetrable, al agónico sol que ya no alumbra, sin destino anestesiado buscas el olvido.

El miedo te acompaña, sella tus labios con secretos polvorientos, en los que un abanico sin matices se despliega en días y noches sin sombras, quemados por el púrpura de la angustia que se despliega en tus pupilas sin brillo.

Tu nombre casi borrado entre los que te conocen, te lastima y se escabulle, se ríe de ti. Mariposas negras sobrevuelan tus pensamientos, una lluvia ácida riega tu tierra, mientras la amargura aflora entre los tallos mustios de tus expectativas.

En tu mundo oscuro, las vibraciones se apagan mientras el olvido se ahoga en el dolor de tu ciego llanto. Te embriagas con tus fétidos recuerdos que se esparcen entre las paredes que oprimen tu existencia.

Prófugo de tus días te escabulles entre la agonía de ser. Un espejo resquebrajado en mil pedazos te devuelve una figura distorsionada en la que ya no te sientes representado. Allí estas parado frente a alguien que desconoces pero que te habita.

En tu oscuro mundo, reptan tus manos entumecidas, mientras tu corazón late con una fuerte daga clavada en el que respirar lastima.

Andrea Calvete