sábado, 27 de julio de 2019

DE CAUSAS PERDIDAS

En tono perentorio elevaban sus voces en busca de tener la razón. Reunidos el miedo, la cobardía, el egoísmo, la envidia, el odio, la venganza, y el orgullo, pretendían sacar el mejor partido de lo que quedaba de la humanidad, con el deseo de verla finalmente vencida. Los ojos amarillos de los presentes desplegaba esa vileza que los distinguía.

Un hornero que buscaba barro para su nido, se detuvo en la ventana de la habitación y observó el aire viciado, cargado de desprecio, despotismo, egoísmo, lleno de falta de comprensión, y carente de una gota de solidaridad. Aunque estaba agotado de volar, decidió retomar el rumbo si se quedaba un minuto más allí perdería la poca energía que le quedaba.

Continuó el vuelo, lleno de vida y esperanza, había un sentido en su camino, ese nido que hoy iba a construir no era para su familia, ya estaba entrado en años, era para él para habitar tranquilo, para disfrutar de ese transitar aquí y ahora, en ese tiempo en el que ya se encontraba más cerca del final, pero que estaba decido a vivirlo plenamente.

Las voces desde la sala principal subían el tono, ásperas, oscuras y maliciosas cortaban el poco aire que se podía respirar. Un olor putrefacto inundaba el ambiente, parecía que la planchada oprimía el pecho y el piso quemaba los pies.

-No tiene que pensar, que analizar nada, es importante que siga consumiendo cada vez más así cada uno de nosotros nos alimentaremos de su energía. A la humanidad ya le queda poco tiempo de estar de pie- dijo el odio lleno de razón.

El resto de las pasiones que habitaban el recinto, escucharon atentas.

El miedo con su inseguridad constante manifestó que no les quedaba tiempo, que era cuestión de apurarse.

La envidia llena de insatisfacción y deseo, dijo ver a la humanidad llena de oportunidades, así que lo mejor sería no tenerle piedad.

La venganza pensó que era el momento justo para caer sobre la humanidad ya que estaba debilitada.

El egoísmo dijo estar apurado, así que pretendía que esta reunión finalizara cuanto antes.

La cobardía con su halo temeroso se escabulló para quedar cerca de la puerta, quería retirarse porque ya no tenía demasiada fuerza como enfrentar lo que les quedaba por delante.

El orgullo con el pecho inflado intentó dar ánimos a todos convencido de que ellos eran infalibles y contra eso nadie iba a poder.

De pronto, se abrió una ventana el aire comenzó a perfumarse de las notas de la mañana cálida y primaveral, una sensación de paz y armonía entró y tomó asiento junto a ellos. Una presencia se impuso, incómodos comenzaron a mirar sus relojes.

Cuando la cobardía estaba a punto de abrir la puerta, la presencia se hizo visible.

-¿A dónde crees qué vas tan decida? -Preguntó con serenidad

Todos permanecieron cayados inmóviles.

-Todo es cuestión de prioridades, del sentido que la humanidad de a su camino, pero hay algo que tienen que tener por seguro, es que no se dará por vencida, porque mientras yo le pueda acompañar, ustedes no la verán caída- dijo el amor y se marchó junto al hornero que lo esperaba en el marco de la ventana.

Andrea Calvete



domingo, 21 de julio de 2019

SALA DE ESPERA

La inquietud se cuela entre el aire que se respira, las pupilas brillan desconfiadas porque no tienen claro el después. Las manos transpiran nerviosas a la espera de encontrarse del otro lado, y los pies se agitan para que algún ritmo los aquiete. La música funcional de fondo pretende relajar eses músculos contraídos, pero no logra más que vestir la sala de más solemnidad para generar una distancia aún mayor entre el que espera y el que lo recibirá.

Una pequeña ventana con un roller prolijamente puesto es el único punto de contacto con el exterior. Un reloj colocado en el centro de una de las paredes es testigo de los temores de quienes esperan, para quienes los minutos enlentecidos y rancios transcurren, mientras aguardan a que se los llame desde el consultorio.

Un perfumador emite unos chispazos aromáticos que se mezclan con el olor a humedad, naftalina y perfume de los presentes.

Los colores grises de las paredes y los cuadros sobrios hacen del ambiente un lugar austero, prolijo, pero con falta de vida y personalidad.

Las texturas lisas perfectamente terminadas, con líneas modernas llevan a la comodidad, pero también a resaltar la presencia de esa espera plana, monótona, en la que las posibilidades parecen alinearse en el mismo sentido.

Las salas de espera tienen el gusto amargo de la inminente desesperación, en la que estamos a punto de perder esa pizca de ecuanimidad que aún nos queda, mientras el reloj enlentecido por la agonía de lo que vendrá marca su ritmo inmutable.

Es que como cualquier antesala nos ubica en un lugar en el que no sabemos bien lo que sucederá, advertimos, imaginamos y esperamos. Mientras tanto, nuestra cabeza funciona dibujando imágenes, previendo situaciones, e intentando proyectar respuestas. El corazón se acelera, el pulso se agita, y el nerviosismo nos acompaña. Sin embargo, no falta quien con su paz inmutable se mantiene impávido sin mover ni un solo músculo de su cara. En realidad, entra la duda si están en paz o el susto es tan grande que han quedado petrificados.

Así son las salas de esperas, recintos colmados de expectativas, de incertidumbre, en el que poco y nada podemos hacer más que relajarnos y esperar que llegue nuestro turno para ser atendidos. Así que a tomar esa revista que quizás no sea la que leeríamos si estamos en casa, para que el tiempo se haga más llevadero.

-Adelante, número 17 puede pasar- dice la recepcionista, mientras una señora entrada en años toma su bastón se para y se dirige lentamente rumbo a la puerta en la que se develarán sus dudas, o quizás comience un periplo para el que no está preparada.

Todas las miradas se dirigen hacia la señora mayor, en el aire flota un “Usted puede, no se achique”.

La puerta se ha cerrado, el reloj sigue su marcha, en los segundos continúan depositándose todas las emociones de los allí presentes, mientras la música funcional continúa generando esa sensación artificial y tensa en un intento de acortar la espera.

Andrea Calvete

sábado, 20 de julio de 2019

CULTIVAR AMISTAD

Cualquier cultivo requiere de una siembra, en la que se prepara la tierra, se saca la maleza, se establece el terreno para que la cosecha sea productiva. Así también surge la amistad, fruto de una relación afectiva, en la que se generan paulatinamente vínculos especiales. En la medida que pasa el tiempo tienden a acrecentarse. Compromiso, entrega y confianza son pilares claves para que se cultive una amistad.

Día a día la iremos regando con paciencia, devoción, y comprensión. La nutriremos con esos momentos especiales en los que ese brazo fraterno nos sirve de apoyo, o esa mano sólida nos sostiene para que no nos caigamos.

La amistad suele ser como los buenos vinos con el tiempo adquiere cuerpo, es más sólida, entonces alcanza una mirada para poder descifrar lo más profundo e íntimo sin necesidad de emitir un sonido.

Las relaciones vinculares no tienen una explicación lógica generalmente se sostienen en una vieja frase que dice que "el corazón tiene razones que la razón desconoce"

La amistad trae consigo relaciones únicas, que nos nutren y alimentan día a día, que nos permiten vivir con intensidad y fortaleza. Por eso solemos defender la amistad, con pasión y ahínco guiados por lo que sentimos genuinamente.

Así cuando se construye una verdadera amistad, no existe lugar para las dudas, o inseguridades, simplemente para dar lo mejor de nosotros en esa relación vincular en la que los nexos persistirán más allá de la distancia y el tiempo.

Así la amistad trae aparejada vínculos, en los que se pueden pasar muchas cosas por alto, perdonar, escuchar y entender, pues prima un gran afecto, que está por encima de cosas pequeñas, de las sutilezas. Donde prevalece la valentía, y no existe lugar para la cobardía, ese vínculo es tan intenso que nos permite vencer obstáculos y barreras más allá de lo comúnmente pensado o esperado.

Andrea Calvete

NO HABRÁ UN DESPUÉS

No habrá un después, se deshilacharán las ilusiones como un vuelo inconcluso. Se vestirán de ocres las tardes en un desesperado intento porque algún naranja aparezca. Pero un punto final se ha clavado como una daga entre nosotros.

Los posibles han quedado desterrados, confinados con el sabor agrio de un adiós que se esfuma con el correr del tiempo hasta perderse en una nebulosa.

Los quizás también se han roto en mil pedazos, y los porqués sin sentido huyen despavoridos de las noches de insomnio. No queda lugar para más nada, tan solo algún recuerdo se cuela temeroso, o un sueño se presenta como prueba de hubo una vez.

Esa bifurcación se paró ante nosotros, nos miró fijo y nos puso entre la espada y la pared, no hubo tiempo de pensar, había que continuar, y así lo hicimos. No es hora de lamentarse, tampoco de querer ver que hubiera sido, porque no fue, y lo que fue es parte de lo que somos.

No habrá un después, se deshilacharán las ilusiones como un vuelo inconcluso. Ya no estrecharemos nuestras emociones, ni nos fusionaremos en ese instante en el que se detiene el tiempo.

El viento se cuela por la alameda, plateado algún recuerdo se recuesta cómodo, mientras el crujir de las hojas compone una majestuosa sinfonía. Acolchonadas las emociones fluyen porque de puntos finales sólo sabe el accionar, pero no la memoria.

Nos une un mismo tiempo, en el cada cual a su ritmo forjará su presente y su futuro, en el que ya no habrá cabida para un nosotros, porque ese punto final nos separa como una inmensa muralla indestructible.

No habrá un después, se deshilacharán las ilusiones como un vuelo inconcluso, se evanecerán las esperanzas y se desdibujarán las expectativas, pero quedarán intactos los recuerdos en ese rincón en donde habita un duende que los rescata.

Andrea Calvete






martes, 16 de julio de 2019

ECLIPSE DE LUNA

Hoy la luna ha decido ponerse en la zona ensombrecida por la tierra. Una energía inusual sobrevuela, mientras los escritores flotan entre palabras y estrellas, los artistas esculpen y pintan eclipsados por su encanto, los enamorados suspiran bajo su influjo y los ilusionados esperan que éste sea el momento de fortuna.

Todos inspirados por el eclipse de luna se dejan llevar hasta donde sus mentes son capaces de volar, y su creatividad aflora mientras el cielo se engalana por el bello acontecimiento lleno de mística. No falta quien embriagado por su magia deja volar sus más profundos deseos, con la esperanza encendida en que se harán realidad o al menos estarán más cercanos.

De magia se ha vestido el cielo, las mareas se han alterado, la naturaleza ha percibido diferentes cambios, mientras cada uno de nosotros sin darnos cuenta también hemos sido testigos de un infinito manto de posibilidades bajo el eclipse de luna.

Andrea Calvete

lunes, 15 de julio de 2019

CIELO ROSA


Un cielo rosa pálido recibe a la luna, la admira deslumbrado no quiere quitarle protagonismo.  Su enorme blancura lo deleita en medio de un atardecer húmedo y frío, en el que extasiado por su hechizo regala los más bellos colores del fin del día.

La luna inmensa advierte sus facciones, entrecierra sus ojos y acepta la invitación del cielo, que la toma de la mano y la saca a bailar. Una sinfonía de violines perfuma su presencia y acompaña este mágico encuentro.

Alguna estrella intenta asomarse a la escena, pero es tan perfecto el momento que se abstienen de interrumpirlos.

La naturaleza también conspira, no corre ni si quiera una brisa, no quieren despeinar a la luna, ni distraer al cielo que se ha tomado el trabajo de despedir una a una a las nubes.

El cielo rosa permite a la luna ser y brillar para realzar su belleza y encanto.

Los pájaros también desde los árboles los observan.

Se ha detenido el mundo en ese instante  en el que el día se despide lentamente para dar paso a la noche.

Andrea Calvete

domingo, 14 de julio de 2019

LOS ESTANTES DE UN POEMA

Todos los días nos sentamos junto a la pluma y el papel, para comenzar a negociar palabras, para intentar dejar aquellas que mejor nos representan en este aquí y ahora, impregnado de devenir y cambio

Como escritores de nuestro propio camino hacemos de nuestro andar una gran poesía, repleta de palabras, de intenciones, de anhelos, y también de destiempos, de propuestas, de frustraciones y aciertos.

En un andar estático nos paramos cuando pretendemos que las palabras obedezcan a nuestro sentir, ellas con la independencia que les otorga el libre albedrío se expresan sin más pretensión que fluir desde lo genuino y auténtico. Así surgen, y nos vemos ante ellas sin comprender cómo ajustarlas de modo que las que arriban punzantes nos dejen caídos en el suelo.

Sin embargo, hay días que nos enfrentamos a esa hoja en blanco, lánguida, inexpresiva, casi asfixiante, que nos busca de reojo hasta que finalmente sale la primera palabra, despojada de su chaleco de fuerza para poder ser. Es que hoy no queremos que salga a flote todo lo que tenemos para decir, no lo queremos oír, entonces nos ponemos dos corchos en los oídos y nos vendamos los ojos para continuar con ese día que parece no acabarse y se alarga con el afán de perpetuarse.

Este poema se engalana por nuestros recuerdos y vivencias, que aparecen como destellos de todo lo que ha pasado por nuestras vidas.

Experiencias inconexas miramos con asombro cuando intentan ser parte de la rima, sin demasiado sentido finalizan un renglón y dan significado a esas palabras que se van entrelazando confiadas en que pondrán punto final al terminar el día.

Los márgenes que dejemos hablan de nosotros mismos de cuan apegados al pasado y al futuro estamos, o si somos más habitantes del presente en el que los zapatos aprietan.

Este poema que nos disponemos a escribir día a día, nos lleva a interrogar, a escuchar y a callar, a oír y a desoír, a interpelar lo que tenemos por delante.

Un poema con notas silvestres, con aromas a mañanas, a tardes soleadas, a días lluviosos, a noches estrelladas, a insomnios azules, a gotas de aguas oceánicas. Con rimas de lágrimas derramadas, con pasiones desatadas, con añoranzas desteñidas, con los deseos a flor de piel, y secretos nunca dichos, entre las estaciones y los climas más diversos.

Así sin mayor pretensión que la de ser nosotros mismos nos empeñamos en escribir ese poema con la naturalidad y sencillez de quien transita por los estantes de una vida que día a día hay que ordenar en ese ser y estar alineados en el aquí y ahora.

Andrea Calvete





sábado, 13 de julio de 2019

VUELO VERDE

Luces eternas de gaviotas revolotean entre los árboles caídos, sobre tiempos olvidados por el caminar verde. Un viaje con destellos luminosos, precipitados por los anhelos desterrados en una hoguera casi apagada. Un viento imperceptible anima el fuego que se enciende con la intensión de esparcirse.

Las alas desplegadas al viento planean desde las altura, la bruma de la mañana fría y mágica las envuelven para conducirlas por tierras lejanas. Un halo de misterio las acompaña, un cierto desasosiego las despeina, mientras se extienden sin rumbo solamente guiadas por esas luces que las cortejan.

No se han propuesto una meta, ya lo han hecho innumerables veces y han quedado a medio camino. Hoy la propuesta es diferente no es subirse al próximo tren que pase, aunque dicen que hay trenes que pasan sólo una vez, pese a ello nos les importa están dispuestas a realizar su propio camino, a su tiempo, a su ritmo, paso a paso, de forma que esa meta se vaya construyendo día a día.

La pasión encendida en su vuelo las hace tomar nuevos bríos, elevarse entre azahares dulces embriagadas por los sonidos que llegan en una gama infinita, salpicadas por creatividad y desenfado.

Se ríen a carcajadas mientras empapan al aire de un magnetismo contagioso. El cielo es una fiesta, rojos, naranjas, amarillos, blancos, grises y azules se combinan como en una inmensa obra maestra, mientras las nubes mullidas y aterciopeladas dibujan imágenes antes nunca vistas.

La hoguera se ha encendido, danzan las llamas mientras el crujir de los leños alimenta el vuelo y lo espabila. Con los pulmones cargados de oxígeno las alas se abren como nunca lo han hecho.

El atardecer con su halo mágico recibe a la noche que se dispone a llenarse de estrellas para continuar iluminando el vuelo.

Andrea Calvete


martes, 9 de julio de 2019

PUNTO CERO

Hace muchos años, un misterioso individuo llegó para rescatar un punto que parecía insignificante y perdido en el Universo. Con mucho tesón lo guardó celosamente en una cajita de cristal y decidió regalarlo a un prodigioso Arquitecto, para que construyera con él un punto mágico en el que cualquier transeúnte al pasar por el lugar gozara de sus privilegios.

Llevaba muchos años trabajando en la pócima mágica. Uno de los ingredientes trascendentales fue un reloj en el que el tiempo se pudiera vivir al máximo. Luego agregó unas pizcas de amor condimentadas con entrega, esfuerzo y sacrificio. Unas gotas de sencillez hicieron que la mixtura fuera tomando forma. Continuó perfeccionando la mezcla, pero al probarla sintió que aún faltaba un ingrediente fundamental, pensó: “¡la naturalidad!”. Así continuó perfeccionándola con esmerada paciencia y armonía durante milenios, hasta que sintió que su trabajo había llegado a la plenitud. Era hora de realizar el pasaje de posta.

Con la humildad de los grandes, el anciano portaba el elixir en sus manos con la serenidad del deber cumplido, como quien lleva la cura de todos los males. Así continuó con la gratitud dibujada en su sonrisa.

Al entregar la pequeña caja perfectamente tallada al Arquitecto le dijo:

-El punto cero es para algunos un punto de partida; para otros el reinicio de la marcha; y para otros más la nada. Independientemente de quien se pare allí podrá rozar su energía residual y, de este modo, verán para creer, tocarán para sentir, escucharán para apreciar, saborearán para degustar, y olerán para perfumar- dijo el mágico hombre

-No veo nada de novedoso en ello- manifestó el Arquitecto con aire sorprendido y algo molesto.

-Es posible, pero el mundo está desestabilizado, no anda en sintonía, le ruego que escuche mi pedido, construya este edificio y coloque el punto cero- dijo el anciano en tono de súplica.

Cuando el Arquitecto se disponía a terminar la construcción del edificio, pasados ya varios años, decidió cumplir aquel pedido extraño, que no dejaba de resonar en su cabeza. Al hacerlo, ni bien quedó colocado el punto cero, un halo de luz mágico se coló entre las vigas de la planchada. Inmóvil trató de entender lo que le sucedía, sintió que se había despertado luego de muchos siglos, a una eternidad infinita.

Cuentan que quienes transitan por el pasaje de aquel edificio, al cruzar el punto cero reciben todos los beneficios que anunciara el hermético hombre tantos años atrás.

Andrea Calvete
 


domingo, 7 de julio de 2019

QUISO CREER

Obra: Alphonse Mucha
Quiso creer aquella historia, tenía pocos puntos de sustento, estaba agarrada con alfileres que pendían delicadamente de la ilusión que brillaba en el horizonte. Poco a poco las palabras perfumaron sus oídos, realzaron sus sabores, deleitaron cada uno de sus sentidos anestesiados por los desteñidos años.

Tantas veces, quisiéramos creer historias, cuentos, narraciones, y nos paramos en la duda, más cuando tienen que ver con acontecimientos en los que estamos involucrados. Hay maravillosos narradores, creadores de fábulas, trovadores que musicalizan instantes mágicos.

Quiso creer para endulzar sus pensamientos, para encontrar un destello de luz, un brillo en aquella mirada miope, en los que hilos blancos comenzaban a enredarse entre sus dedos. Se miró al espejo, su imagen no condecía con lo que escuchaba, sin embargo siguió decida a dejar fluir aquella poesía. Comenzó a cuestionarse: ¿Se preguntó por qué creer aquellas palabras?

Creer por momentos implica, no cuestionarse, es zambullirse en un océano profundo, en el que mantenerse a flote es toda una hazaña. Es confiar en uno mismo, es sentir que los intentos pueden abrirse camino entre las montañas.

Quiso creer que aún existían motivos para sentirse viva. Entonces con reparo continuó con sus sentidos abiertos a lo que pasaba por delante de sus días, ávida por descubrir y encontrar respuestas a lo que hasta ahora habían sido puertas cerradas.

Más lejos o más cerca, tocamos esa puerta que nos conduce hacia nuestro yo más profundo. Por momentos cercana y en ocasiones tan lejana que al mirarla nos sentimos perplejos y confundidos. Pero al abrirla nos disponemos a creer, a decir sí es posible.

Quiso creer, "él era un fabricante de mentiras, tenía las historias de cartón, su vida era una fábula de lata, sus ojos eran luces de neón”. Entre esas fábulas encontró el brillo que había quedado perdido para así continuar decodificando el mensaje.

Andrea Calvete

sábado, 6 de julio de 2019

NI TANTO, NI TAN POCO

Fue tomando notas de cada detalle, así con el correr del tiempo un montón de papeles se hicieron testigos de lo sucedido. Sin embargo, cabía cuestionarse la fidelidad de aquellas palabras, impregnadas de emociones y sentimientos, donde poco lugar quedaba para la objetividad.

Hacía muchos años que se había distanciado con la objetividad, había razones para alejarse.
La objetividad le hacía entrar en razón, pararse en esa línea ecuánime y de porte casi profesional. Si bien había sido por momentos buena compañera, llegó un  punto en el que sintió que se alejaba de sus emociones, de su verdadero ser, era como hacerse trampa al solitario o simplemente querer ser lo que no era. Esa dicotomía de alguna forma le fue alejando de ella, así cada vez se encontraron más espaciadamente hasta que dejaron de verse.

Como suele pasar muchas veces en la vida nos distanciamos de alguien por ciertos motivos, pero en el fondo no porque haya sucedido algo de peso como para romper la relación. De este modo, se va enfriando ese vínculo hasta que finalmente se hace tan endeble que queda desvanecido en el tiempo. Esto era sencillamente lo que había ocurrido.

Sin embargo, esa cuota de objetividad alejada por momentos le hacía perder la razón, y deambular por zonas donde se dejaba enceguecer por sus impulsos y anhelos más profundos, sin detenerse unos instantes a pensar, a observar y tomar perspectiva. Quizás era eso lo que más añoraba de ella.

Recordó un viejo refrán que decía su abuelo: “Ni tanto, ni tan poco”

Tragó saliva como para asimilar aquel recuerdo que le había hecho pensar y rever la posibilidad de volver a tomar el camino por la difícil línea de la equidad. Bien abrigado se encaminó a buscar a la objetividad para tomar un café con ella.

Andrea Calvete

RECUERDO OLVIDADO

Desde un tiempo lejano ha llegado a este invierno un recuerdo olvidado, empapado de frío y tardes grises. Lo ha traído una canción, con rapidez ha traspasado fronteras, ha recorrido muchas millas, mientras los cristales empañados por la añoranza buscan encontrarte.

Dicen que añorar es agujerear el corazón, pero más que perforarlo es revivir con intensidad momentos que están dormidos a la espera de ser rescatados.

Este recuerdo mojado de lluvia, se ha enredado con los pensamientos, ha escalado fronteras lejanas, y se ha instalado cómodo en un sillón frente a la estufa de leña. El crujir del fuego acaricia su piel y abre sus poros para que fluya suavemente entre la danza de las llamas que se aviva cuando te acercas.

Así sin fundamentos ni escusas, se ha presentado, dispuesto a seducir con su aroma nostálgico, mientras se escucha suave la música que entibia tu presencia.

Todo parece tan confuso, tan extraño, pero no importa, una sensación inexplicable se apodera de la habitación cuando el recuerdo se materializa, se encarna a viva voz.

Es que los recuerdos no tienen punto final, y así resurgen inesperadamente cuando algo sin querer los toca, o despierta a través de un murmullo escurridizo.

El cierzo helado ha agrietado su piel, lo ha dejado entumecido, lentamente un chocolate caliente lo hace renacer, con bríos fortalecidos se acomoda mientras silba bajito.

El hastío del día lo ha traído hasta aquí, con ropas prestadas se ha perfumado de lavandas este recuerdo que intenta colarse esquivo, y lo ha logrado. Sentado junto a mí me toma de la mano y me hace compañía, mientras mis pupilas llenas de emoción lo reciben y lo dejan ser.

Andrea Calvete