sábado, 4 de agosto de 2018

PUNTOS SUSPENSIVOS

Caminan de a tres en forma consecutiva, crean expresividad, suspenso, intriga, sin necesidad de dar explicaciones. Son la antesala de lo que sucederá, de le que pudo haber sido, y de lo que fue. Sin embargo, su significado omitido da lugar a que tengan cabida la creatividad y la imaginación, dos condimentos esenciales a la hora de expresarse.

¡Cuánto contenido en tres insignificantes puntos!, que parecen quebrarse cuando un viento fuerte aparece, o una frase contundente pretende aplastarlos. Del mismo modo, ciertas afirmaciones insisten en censurar su existencia, pero están allí y tímidamente aparecen para dar cabida a un universo de posibilidades.

Flotan en una nebulosa a la espera de un posible contenido, que lentamente se dibuja a través de la inspiración de quien los lee. Interpretarlos requiere de estar muy atentos al contexto en el que se expresan, y de una disposición a permitirse volar entre sus posibles contenidos.

Tantas veces pretendemos ser explícitos, pero por algún motivo no podemos llegar a expresar con la palabra justa lo que pretendemos decir, o con la precisa intencionalidad, o el real significado, ya que los seres humanos tenemos esa complejidad que nos permite ser y no ser, creer y no creer, decir y no decir… parte de nuestra dicotomía de ser.

Lo cierto es que estos puntos se utilizan por escrito, pero bien pueden tener su aparición imaginaria en un diálogo en el que el silencio los encarna o habita. Existen ocasiones en las que el callar implica una respuesta y entonces aparecen en forma omitida.

Los puntos suspensivos pretenden sugerir, si bien pueden ser bastante explícitos, queda un halo de misterio por descubrir, una nube llena de preguntas, una atmósfera cargada de intrigas y su interpretación irá por cuenta de quien los lea.

En nuestra propia vida quedan varios puntos suspensivos, historias inconclusas, amistadas postergadas, situaciones reprimidas, olvidos, ausencias, esperas, llegadas, partidas, misterios y tantos cuestionamientos que escapan a cualquier tipo de respuestas.

Si bien todo parece tener una explicación, no siempre se la hallamos, y allí aparecen para sostenernos como baluartes a la hora de hacernos enfrentar a ese signo de pregunta imposible de cerrar. De este modo, apuntan a bajar la tensión y a disipar dudas.

Luego de mucho andar, comprendemos que no todo tiene una explicación lógica, predecible, o esperable, hay situaciones que nos sobrepasan, y debemos tener paciencia y calma para lograr aclarar nuestra mente, y equilibrar nuestras emociones.

Día a día pretendemos equilibrar los platillos de nuestra balanza no es tarea sencilla, entonces también surgen los puntos suspensivos para hacer contrapeso de ese platillo que termina por desnivelar el peso.

Del mismo modo, hacen su aparición cuando al mirar hacia el horizonte lo vemos cada vez más lejano y en una suerte de salvataje se instalan para que esa brecha se haga más corta.

También se visten de esperanza para colorear las expectativas cuando el aliciente se apaga, los sueños se escapan, y las ideas desorientadas tropiezan inestables.

Andan de la mano de la fe, porque al encender la esperanza, se despierta tímidamente la fe, que dicen que mueve montañas, y así nos agarramos a ellos para creer que aún quedan posibles dentro de los imposibles.

No en vano, existen en la lengua española, pero creo que más allá de su significado en el mundo de la escritura, cobran un especial contenido a piacere de cada lector o escritor que los utilice, porque en cada uno de ellos podrá volar un universo infinito de posibilidades, estará entonces el desafío de hallar la dimensión adecuada, para que se conviertan en hilos conductores de nuestras palabras.

Andrea Calvete