sábado, 25 de agosto de 2018

¿CÓMO CONECTAR GANAS DEBER Y VOLUNTAD?

Un atisbo de sol aparece por entre las nubes, el viento sopla fuerte pretende arreglar el día. Del mismo modo nuestros problemas se ponen en pie hasta encontrar esa hendija a través de la cual puedan vislumbrar un rayo de luz. Se interpelan las ganas, el deber y la voluntad.

No todos los problemas llegan a ser tan oscuros como parecen, sin embargo la coloración o la entidad viene dada más bien por la actitud con la se los enfrente. Seguramente, quien se para decido a no rendirse será quien tenga en su paleta todos los colores para plasmar infinitas posibilidades. Sin embargo, los que titubeen o se amedrenten dispondrán de escasos colores oscuros para continuar, difícilmente de esta forma logren salir de esta apatía.

Desde luego que no se cae en una situación de apatía sin motivos, seguramente los hay y muchos, pero proporcionalmente al número de problemas deberíamos encontrar soluciones, o posibilidades para no ahogarnos en esa complejidad de situaciones que por momentos nos asfixian. Algunas veces es cuestión de dar ese primer paso que logre sacarnos del estancamiento de esa situación de inercia.

La motivación es algo muy importante para poder traspasar ese estado de inmovilidad, de pocas ganas, de darse casi por vencido. Es cuestión de detenerse y pensar, porque siempre hay algo que nos motiva, que nos despierta, que nos anima, sólo es cuestión de poner un poco de voluntad y de ganas.

Sin embargo, hoy por hoy buscar el placer es un ítem muy importante en nuestra cultura, parecería que es uno de los puntos que dan partida al cambio de conducta. Pero, no siempre las ganas vencen a la fuerza de voluntad, algunas veces no tenemos ganas de hacer las cosas, de allí el convencimiento de que lo que debemos hacer para salir adelante sea tan importante, para ser conscientes del esfuerzo que requieren.

El deber nos lleva a hacer cosas que de pronto no queremos, pero en el fondo nos permite salir de esa inercia en la que quedaríamos si nos dejáramos llevar solo por lo que tenemos ganas. Esta lucha entre la voluntad y las ganas es permanente, y está en cada uno lograr un equilibrio adecuado.

También están quienes tienen muchas ganas, y la fuerza de voluntad no les llega entonces corren tras esa zanahoria que nunca alcanzan, y dejan un montón de proyectos truncos, porque el deber nunca prima en sus días.

Tomar una decisión lleva siempre una lucha interior, en las que las ganas el deber y la voluntad se enfrentan. No siempre tenemos ganas de hacer las cosas, sin embargo las hacemos porque estamos convencidos que a pesar del esfuerzo y sacrificio redundarán para nuestro bien. Por eso, es muy importante conectar esos cables entre ganas, deber y voluntad de forma de que fluya una energía armónica para vivir en plenitud nuestros días.

Andrea Calvete