miércoles, 27 de junio de 2018

LA PUERTA QUE NUNCA SE CIERRA- II

Más lejos o más cerca, tocamos esa puerta que nos conduce hacia nuestro yo más profundo. Por momentos cercana y en ocasiones tan lejana que al mirar nos sentimos perplejos y confundidos.

¡Qué extraña contradicción conocernos y desconocernos al mismo tiempo! Una verdadera paradoja tras la que caminamos para desnudarnos y sincerarnos con nosotros mismos.

Es más sencillo ver lo que nos gratifica, lo que no duele, lo que no pesa, que aquello que realmente significa una molestia o una arista que pulir, pues ellas suelen ser doloras y punzantes, lastiman laboriosamente con sus puntas para llegar a esos rinconcitos que quisiéramos dejar olvidados.

Pero no es fácil olvidar o reprimir lo que está a nivel inconsciente, a la larga o a la corta se manifiesta de algún modo, en un sueño, en un pensamiento, o en un simple recuerdo.

Para ver realmente quienes somos debemos ser valientes y fuertes para enfrentarnos con lo que nos disgusta de nosotros mismos, Y no hay que hacerse trampa al solitario, hay mucho que quisiéramos cambiar pero no podemos por diferentes motivos.

El primer paso es aceptar lo que no nos gusta, es parte de allanar el camino, luego un minucioso análisis de las posibilidades de cambiar, crecer o tomar otro rumbo. Aunque no todo es tan sencillo, además del blanco y el negro, existen múltiples matices.

Aunque la mayoría de las soluciones están en nuestras manos, hay un pequeño porcentaje que escapa a nuestras decisiones, pues un personaje llamado destino suele aparecer sin demasiadas explicaciones, simplemente se presenta y allí lo enfrentamos, de la mejor manera que podemos.

Lo que nos depara el destino escapa a todo cálculo o pensamiento, sin embargo quien en su mochila cargue optimismo, buen humor y alegría, lo enfrentará de mejor manera.

Quizás en ese bolso, que es el equipaje que vamos adquiriendo en el camino, debamos hacer lugar para los gratos recuerdos, esos que nos iluminan el día, que nos sacaron una sonrisa, o nos hicieron vibrar muy fuerte, o emocionar como pocas veces, Estos elementos son energía vital para nuestros días, y con esto no digo quedarnos en el pasado, sino tomar de él lo mejor y guardarlo en el corazón.

Generalmente, lo que ha quedado depositado en atanor del alma suele ser llama viva para que nuestro motor funcione y no se paralice. Palpitan en nosotros nuestros seres queridos, los que están y los que se fueron, los que han dejado huella, los que han logrado despertar lo mejor de nosotros mismos.

Lejos o cerca de esa puerta que nos conduce a ese yo interior caminamos, algunos descalzos, indefensos, otros dolidos o traicionados, otros alegres y ansiosos, otros preparados y atentos. Sin embargo, es una puerta que nunca se cierra, que permanece entornada a la espera de que la abordemos cuando queramos y del modo que mejor nos parezca.

Cada cual a su modo, todos transitamos esa senda del conocimiento interno y del mundo que nos rodea, a no detenernos y a respirar profundo que el camino continúa.

¿Por qué no se cierra esta puerta, qué tiene de excepcional? Posiblemente, permanezca abierta más allá de esta dimensión y ahora, porque lo que pertenece a lo más profundo de cada ser, eso habita en el aire y sobrevuela el espacio y el tiempo, tomando una forma diferente para trascender y elevarse hacia lo que desconocemos.

Esta puerta nos recibe en forma constante, sin embargo muchas veces la cerramos por no querer ver lo que nos lastima, haciéndonos en definitiva un daño mayor.

Muchas personas a lo largo de la vida, pasan a su lado y fingen no verla, hacen de cuenta como si estuviera cerrada, pues el temor que les genera ver ese yo profundo les paraliza, les agobia a tal punto que viven tras una máscara personificando a un personaje que no les pertenece.

La puerta del yo interior nunca se cierra, está en cada uno de nosotros animarnos a entrar por ella y con paciencia intentar develar todo lo que aún desconocemos y tenemos por delante.

Andrea Calvete

martes, 26 de junio de 2018

FÚTBOL: PASIÓN Y SENTIMIENTOS

Los sentidos y el valor social que transmiten el fútbol son muy amplios. Es una actividad lúdica, deportiva, social, festiva, que enciende pasiones, y permite trasmitir al pueblo todos sus sentimientos.

El fútbol se nutre de la identidad de un país, de su palpitar, de sus costumbres, de su cultura, de su idiosincrasia, y cobija a todos por igual bajo la misma bandera abogando a la unión y al compromiso de demostrar que el país es la conjunción de todos estos elementos que nos enorgullecen.

Es así, que es un deporte que logra borrar barreras sociales, discordias y disputas, pues se trascienden las identidades en busca de lo colectivo, del esfuerzo comunitario por lograr la victoria. Detrás de él se vislumbra: disciplina, sacrificio, horas de entrenamiento, de compañerismo, de trabajo en conjunto, de solidaridad y de esfuerzo mancomunado.

El canto de la hinchada es un género discursivo cuyo peso social se aprecia cuando los jugadores salen a la cancha. En tanto género discursivo el canto tiene la particularidad de ser una modalidad de discurso colectivo, de expresión espontánea e inmediata que deja de manifiesto el sentir popular, en el que la pasión, orgullo, alegría, emoción, son algunos de los tantos sentimientos que se hacen presentes.

A través de la adhesión al canto los individuos se incorporan en forma simbólica a esquemas que los definen. Asimismo, al ganar la selección de un país, las personas no sólo se suman en alegría, emoción y participación, sino también aúnan sentimientos en pro del triunfo del equipo que representa a su país, su patria.Aquí se dejan de lado colores partidarios, pensamientos religiosos, ideologías, y nos unimos bajo la misma bandera, en nuestro caso la uruguaya, que flamea con orgullo y pasión.

Evidentemente, lo lúdico está relacionado también al entretenimiento, con la distracción, con el fervor de compenetrarse con un espectáculo y dejar de lado por un tiempo las preocupaciones, para así distenderse y disfrutar solos o acompañados de la habilidad deportiva puesta al servicio de millones de espectadores alrededor del mundo.

A su vez, su esencia lúdica hace que el fútbol venga acompañado de estrategias diseñadas para que el equipo juegue en armonía, abiertos al aprendizaje, a la recreación, al entretenimiento, competitividad, eficiencia y al rendimiento. También la creatividad, la inteligencia y el temple se disponen al servicio del juego, para lograr así los mejores resultados.

Desde luego, que pensar en la globalidad que trae aparejado este mundial, nos pone la piel de gallina, sentir que se paralizan ciudades enteras, que se detienen por un rato las maquinarias a la espera de un resultado, parece imposible, pero se hace realidad cuando detrás de un objetivo la Humanidad se pone de acuerdo. Sería muy gratificante que este ejemplo fuera expansivo para tantas situaciones que se deben revertir y mejorar en pro de un mundo mejor. Ojalá se contagie el espíritu sano ,festivo y de unión del fútbol en otros ámbitos.

Desde aquí somos: “Mezcla de agua dulce, mezcla de agua y sal, aldea dentro de esta ,aldea universal. Mezcla de inmigrante, tano y español, milonga, candombe, murga y rocanrol. Nunca favoritos, siempre desde atrás, milagro que nos abraza en el minuto final. Soy, celeste soy, soy, celeste. Soy, celeste soy, soy, celeste. Somos de la sangre de Maracaná, y somos la locura que picó el penal. Con el viento en contra, metiendo pedal, repecho y bajada desde el litoral. Descolgando el cielo tres millones van, color que ilumina sueños, orgullo de identidad. Soy, celeste soy, soy, celeste. Soy, celeste soy, soy, celeste .Descolgando el cielo tres millones van, color que ilumina sueños, orgullo de identidad”- Canción “Descolgando el cielo”- Pituffo Lombardo.

Andrea Calvete

sábado, 23 de junio de 2018

EMBRIAGARSE DE VIDA

Empaparse de sensaciones, vestirse de deseos, volar con los sentidos, esconderse en un sueño o inundarse de los perfumes de los días, es parte de embriagarse con lo que nos hace sentir vivos. De nada sirve agotarnos de un sinfín de cosas que en el fondo no nos provocan la mínima vibración y nos atan a la monotonía.

Tantas veces solemos habitar los minutos anestesiados de problemas y de preocupaciones, pero seguimos de largo como quien hace un trabajo forzado deseando que ese día
interminable se acabe.

Si bien es cierto que el aplomo llega cuando uno logra atravesar las turbulencias, el sentirnos parte del ojo de una tormenta es también estar vivos. Quien más o quien menos ha enfrentado problemas de toda índole, “ha bailado con la más fea”, se ha sentado en el sillón más duro, o ha caminado por la calle del desengaño y el sufrimiento.

Guiados por la razón y la inteligencia, acompañados también por la sensibilidad, nos internamos a resolver lo que nos aqueja, lo que no siempre es tangible. Muchas veces, nos hacemos trampa al solitario, nos escondemos debajo de una dura caparazón en la que nos resguardamos, pero a su vez nos alejamos de encontrar una salida.

El sol siempre está presente, aún en los días nublados, alcanza con mirar al cielo para al tomar contacto con su luz para cargarnos de energía. Enfrentados ante circunstancias difíciles un excelente ejercicio es levantar el rostro hacia el cielo, respirar profundo e intentar perdernos entre las nubes y el sol, para así vibrar en una sinfonía única e indescriptible

Corremos tras respuestas, intentamos develar enigmas, queremos soluciones inmediatas, y finales felices. Sin embargo, algunas interrogantes flotan escurridizas y nos sentimos lejos de tener todo bajo nuestro control. De pronto, la vida nos da un buen cachetazo y vemos que no somos dueños de mucho, y que lo que nos da algunas veces también nos lo quita. Si bien el sentido de propiedad parece generarnos cierta seguridad, es a su vez un arma de doble filo que nos hace tener un apego que en cierta medida nos amarra a situaciones intrascendentales.

Con el correr del tiempo quedan perfumes impregnados en la piel, sensaciones inexplicables, caricias imborrables, palabras enriquecedoras, risas contagiosas y miradas que han quedado clavadas en el alma. Todo este cúmulo de experiencias habitan en nosotros, en nuestro ser más profundo, latiendo en nuestro corazón que vibra gracias a todo lo que hemos andado y lo seguiremos haciendo a través de las experiencias vividas, que son parte de lo que hemos cincelado para llegar a ser lo que somos.

En algún punto del camino entendemos que ya no es necesario discutir por nimiedades, y que vale la pena continuar al lado de quien suma a nuestro camino. Vibrar en buena sintonía o energía depende exclusivamente de nosotros, de la vereda que decidamos transitar. 

Embriagarnos con la vida es permitirnos vivirla con intensidad, con plenitud, abiertos a los cambios y a los desafíos, disfrutando de las cosas más simples y a su vez más intensas. Es estar dispuestos a beberla, respirarla, nadar en ella, permitir que nos colme y nos desborde.

La embriaguez es un exceso, linda con lo que nos sobrepasa, pero sino la vivimos con intensidad imperiosa la dejaremos escapar de nuestras manos. Sin entender que lo que hacemos con ella es lo que vivimos aquí y ahora, y que cada minuto que desperdiciemos no tiene marcha atrás, porque el tiempo es infalible, continúa y no espera. Dejemos de ser esclavos del tiempo para poder trascender nuestros niveles de conciencia. Los invito, entonces, a embriagarse de vida. 

Andrea Calvete



jueves, 21 de junio de 2018

¿QUÉ TAN LIBRE SOMOS?

Día tras día corremos en esa búsqueda por sentirnos libres, un sentimiento que podría tener significados diferentes para cada uno de nosotros. Sin embargo, el hecho de buscar esa libertad nos une a todos bajo el mismo cielo, lo que podría ser el punto de partida y de unión en este camino.

Ser libres está correlacionado con hacer lo que queramos, lo que sintamos que nos satisface y suma a nuestros días. Pero, no siempre es posible hacer lo que queremos, la mayoría de la veces debemos conformarnos con hacer lo que podemos, y aquí se genera un gran conflicto entre lo que desearíamos y realmente hacemos. Esto tiene que ver con la actitud que tengamos frente a lo que anhelamos y deseamos, si nos ponemos por delante metas utópicas probablemente nunca alcancemos un nivel mínimo de satisfacción.

También el sentirnos libres respecto a lo que hacemos con nuestra vida, tiene que ver con ser agradecidos. La gratitud es un herramienta muy valiosa que nos para frente a cada acontecimiento en forma positiva, abiertos a recibir y también a dar, porque lo que va también viene.

Quien se para con actitud de gratitud ante un nuevo día, podrá ver los diferentes colores, matices , aromas y sensaciones que se topan con él cada día. De esta forma si somos capaces de ver el universo de posibilidades, más sencillo será hacer lo que anhelamos y deseamos, decidir qué queremos para nuestros días.

Ser libres tiene correlación directa con pararnos decididos frente a la palabra libertad, la que apenas se mantiene en pie, porque para sostenerla es importante ser tolerantes y respetuosos con nuestros semejantes, lo que trae a su vez aparejado la aceptación.

Aceptar a los demás como son es un paso primordial para lograr correctas relaciones de alteridad. También es necesario aceptarnos a nosotros mismos como somos y sí algo no nos agrada trabajar por cambiarlo. La aceptación también tiene que ver con saber conformarnos con eso que podemos hacer, pero no desde la resignación, sino con alegría y entusiasmo de poder continuar tras las metas que nos propongamos.

Es común decir o pensar te acepto tal cual sos, pero si nos detenemos a pensar suele ser una verdadera falacia, porque en el fondo cuando conocemos a alguien lo vemos del modo que deseamos o nos gustaría que fuera y, con el transcurso del tiempo, esa imagen inicial suele diferir con la que descubrimos.

Al principio las relaciones suelen funcionar de maravillas, todas son virtudes, alabanzas, que al tiempo se desvanecen al enfrentar nuestros deseos con la realidad. Y cuanto más difieren se incrementa el descontento que sentimos con esa persona que estamos conociendo.

¿Por qué no aceptamos a los demás tal cual son? En realidad cabría preguntarnos antes ¿por qué no nos aceptamos a nosotros mismos? Preguntas que se acoplan a una palabra que todos ansiamos o anhelamos: libertad ¿Hasta qué punto somos libres?, ¿por qué nuestros derechos se ven constantemente vulnerados?, ¿es qué acaso no logramos ponernos en el lugar del otro, trascender las relaciones de alteridad?

Generalmente, tendemos a colonizar al otro, en el afán de que se apruebe lo que pensamos, sostenemos o creemos, sin ver que el hombre del hombre necesita, que nos complementamos aún en las disidencias. Al respecto, José Saramago dice: “He aprendido a no convencer a nadie. El trabajo de convencer es una falta de respeto, es un intento de colonización”.

Es primordial analizar ¿por qué no nos aceptamos a nosotros mismos?, ¿por qué realmente conocemos muy poco de nuestro yo interno?, de esa búsqueda personal y esencial, porque tras correr, avanzar, aprender y crecer, olvidamos profundizar en esos lugares desconocidos o poco frecuentados por nosotros mismos. De allí ,que la búsqueda interior está íntimamente relacionada con ese ser espiritual que nos sustenta y del que poco sabemos, porque en él se mezclan emociones, sentimientos, recuerdos, valores que nos dibujan y nos permiten trascender en el tiempo.

Es frecuente que sin darnos cuenta nos encontremos moldeando a las personas que tenemos al lado, a nuestra imagen y semejanza, olvidando que cada persona en un ser único e irrepetible, con sus gustos, deseos, anhelos, virtudes y defectos. Quizás un buen punto de partida es decir que todos somos portadores de un alma que nos iguala como seres que habitamos un planeta y una galaxia, pero nos diferenciamos desde cada particularidad que nos caracteriza y distingue.

Tomar lo mejor de cada uno nos posibilita pararnos con ilusión, con esperanza de cara al futuro, basándonos en lo positivo que nos hace brillar, para dejar atrás lo malo, lo negativo, superando obstáculos, dificultades, codo a codo todos unidos, no enfrentados. El enfrentarse es parte de la vida, del lograr sobrevivir, pero hagámoslo con consciencia, con responsabilidad, en una búsqueda por respetar la libertad de la persona que tengo a mi lado, sin pensar que de este modo es vetada la mía, por el contrario si todos podemos ejercer nuestros derechos la convivencia es más cordial.

Una de las claves para que haya tolerancia y libertad entre las personas, es que nos dejemos despertar o sorprender por el amor, porque cuando ésta palabra entra en nuestras vidas desde sus diferentes acepciones logra transformarnos en mejor personas, con un corazón abierto a sentir y a dar todo lo que sea necesario, sin fronteras, sin límites, salvo las que estemos dispuestos a poner.

Finalmente, sería maravilloso que te aceptara tal cual sos, y vos a mí, desde esa perspectiva cambiaría muchísimo todo, sería un gran paso para ponerme en tu lugar, en el del vecino, amigo o compañero, sin juzgar o señalar, simplemente aceptando que para que seamos iguales y se respeten nuestros derechos, debemos aceptar a todas las personas más allá de que difieran con lo que pensamos o sentimos.

Andrea Calvete

martes, 19 de junio de 2018

TRASCENDER EL UNIVERSO TANGIBLE

La geometría es el principio rector de nuestra realidad, ya sea desde la perspectiva científica o desde la perspectiva mística. Einstein pudo comprobar que en este continuo espacio temporal quedan plasmados todos los sucesos del Universo, donde rueda el tiempo en forma cíclica y espiral.

El círculo en el budismo zen representa la perfección, el vacío de la mente y la calma. Está íntimamente ligado a la iluminación, y estrechamente relacionado con el minimalismo japonés. También a través de diferentes culturas representa la trasformación cósmica donde el caos se convierte en orden.

El número áureo Phi o proporción divina está presente en todos los objetos geométricos regulares en los que haya simetría pentagonal. Los cuadrados y rectángulos áureos se suceden hasta el infinito, sobre los rectángulos se traza la espiral modelo de los seres vivos. La proporción aurea es un número que tiene que ver con la armonía y la perfección, utilizado a lo largo de la historia de la Humanidad en diversas obras arquitectónicas.

Dentro de los enigmas que unen a la geometría con la alquimia, se encuentra la cuadratura del círculo, uno de los mayores misterios por resolver, está en todos los cánones de la proporción humana, así como la famosa espiral de Fibonacci la cual aparece en configuraciones biológicas, como por ejemplo en las ramas de los árboles, en la disposición de las hojas en el tallo, en las flores de alcauciles y girasoles, como también en la caparazón del algunos moluscos.

Esa proporción áurea está en nosotros, sólo que no es sencillo descubrirla, palparla, posiblemente se encarne en la figura abstracta y poco tangible del amor, tan perfecto e indescriptible, en ese instante el que los minutos pierden el sentido y sobreviene la calma para llegar entonces al centro del círculo.

Alcanzar el número áureo podría ser tan mágico como evanecerse en una lágrima, en una risa o un suspiro, y así volar hasta ese lugar que siempre ansiamos pero aún no hemos alcanzado, para así trascender el universo tangible, imaginable y sumergirnos en otro casi desconocido pero repleto de posibilidades para poder perfeccionarnos y elevarnos como espíritus libres.

Andrea Calvete



viernes, 15 de junio de 2018

AMAPOLAS Y SUSPIROS

En los campos de Argentuil se fundieron amapolas con suspiros. En una simbiosis mágica se elevaron tras una danza misteriosa, que surgió a través de cada inhalación y exhalación emitida.

Las emociones se escudaron en los suspiros, los tomaron como auténticos salvavidas. Con una leve entrada y salida de aire fueron capaces de expresar el universo sensitivo, permitiendo así al caminante continuar armonioso su ruta.

El amor tocó muy fuertes a las puertas, el agobio se solapó en el pecho más cercano, la tristeza abrazó a todo el que pasó meditando, y la desesperación se fundió en las pupilas cabizbajas, así todos fueron en busca de un suspiro, quien al recibirlos permitió que fluyera una paz casi indescriptible.

Con cada suspiro emitido surgió el alivio, y todos los presentes se pudieron trasladar por el “Campo de Amapolas cerca de Argentuil”. Así se perdieron en tenues colores pasteles desbordados por la fragilidad y fortaleza de estas flores rojas que vibraron a través de la brisa con su neutro aroma.

Los suspiros eternos quedaron flotando en el aire, cargados de esas sensaciones placenteras casi inexplicables, de allí que se elevaron y mantuvieron en esa aureola difícil de percibir.

Otros con aire cansino y de triste agonía, se esparcieron a la espera de perderse con el primer viento que los rozara, pero una vez emitidos quitaron un verdadero peso de encima.

Los que soñaban despiertos suspiraron fervorosos, para elevar ese anhelo o estado de ensoñación que los habitaba para conducirse por el camino de la creatividad y la utopía.

Los que añoraban el pasado se perdieron en un suspiro cargado de melancolía, que se mezcló con la bruma húmeda y los resabios de lo que fue y ya no es.

Cargados de pasión llegaron los que oprimen el pecho cuando el aire escasea porque el corazón desborda y late fuerte sin control, encendido por un cálido amanecer.

En los que habitaba la locura, desbordaron de colores y aromas, de texturas y sensaciones, puestas al servicio de ese descontrol que quiso tomar forma y no supo cómo, porque aseguraban que “el amor era ciego y la locura lo acompañaba”.

Con delicada sutileza surgieron los suspiros de la esperanza, inundados de entusiasmo y alegría, como propulsores en el campos de la vida.

Los del aprendizaje, se añejaron con el tiempo como un buen vino tinto, y volaron cuando la madurez los tomó gentilmente de la mano.

Cada suspiro llegó hasta su amapola, la sedujo y la encantó, ella simplemente bajó los párpados y le dio cabida con dulzura, mientras una brisa sutil los hamacó por los campos de Argentuil.

Andrea Calvete

domingo, 10 de junio de 2018

PROPIETARIOS DESAPERCIBIDOS

Con un halo misterioso llegan a nuestros pensamientos e un intento por recrear lo quedó capturado en ese entramado de vibraciones, sensaciones y emociones que componen nuestros recuerdos, que suelen teñirse de diferentes tonalidades hasta llegar a hacernos compañía.

Al lado nuestro nos conducen a través de diferentes estados anímicos, en relación directa y proporcional al recuerdo seleccionado, por eso no siempre son la mejores aliados, por el contrario en ocasiones se convierten en auténticos detractores.

En una suerte de rompecabezas, llegan aderezados “a piacere” nuestro, es así que le sumamos emociones, le restamos sentimientos, le agregamos lo que no hemos perdonado y aún lastima, o lo que añoramos y nos acongoja. Algunos al alcance de la mano, y otros tan hábilmente guardados que resultan borrosos, es como si se cayeran por las escaleras e intentáramos atraparlos pero finalmente se van.

¿Cuánto hay de verdadero en lo que recordamos, cuánto hay de cierto? Y una vez que queda capturada una imagen como cierta o válida, la repetimos como un recuerdo auténtico, pero ¿hasta qué punto es tan así, hasta qué punto no le hemos agregado o quitado sustancia?

Tomar distancia de lo ocurrido si bien nos puede ayudar a procesar la información, no es un mecanismo totalmente seguro porque el elemento represivo siempre hace presión. Un ejemplo claro, son algunas situaciones que deseamos olvidar, por momentos las dejamos totalmente reprimidas y parecen desaparecer, pero a la larga surgen nuevamente en un sueño o en un pensamiento disfrazadas.

El disfraz es parte de lo que hace a los recuerdos confusos, porque lo reprimido suele esconderse tras máscaras o atuendos que a simple vista nos resultan incomprensibles, descabellados, surrealistas, pero ¡qué más da!, ellos se manifiestan como quieren y pueden.

Los recuerdos nos llevan por la estantería de la añoranza, de la melancolía, de lo que fue y no puede ser, pero lo importante es que algo maravilloso nos ha ocurrido y es parte de nuestra energía vital, de ese motor que nos motiva e ilumina.

Anaqueles de besos olvidados esconden los recuerdos, de caricias suaves, de sonidos sublimes, de silencios que preferimos callar, de aromas imposibles de recrear y de misterios en el fondo del mar. Como verdaderos propietarios de nuestro estado anímico suelen comandar nuestro día y le dan una impronta personal en la que dibujan lo que desean.

Andrea Calvete




sábado, 9 de junio de 2018

¿BAILÁS?

Eclipses de sol y de luna cubren los cielos de nuestros vuelos, de esos recorridos únicos e irrepetibles, llenos de ausencias y presencias, de llegadas y partidas, de colores brillantes y pálidos, de placer y de disgusto, o de meros momentos de permanencia gris y austera.

En ese movimiento pendular que nos lleva a oscilar entre el pasado y el presente, bailamos en este aquí y ahora, nos abrazamos a esos instantes mágicos que delicadamente se escapan de nuestras manos.

Tras ese andar, se suceden los finales y los comienzos. En las retinas quedan grabados sucesos que han impactado en nosotros, que se repiten en los sueños, en los pensamientos, o en las nubes que de pronto corren ligeras y despreocupadas, quitándole ese carácter acartonado que los habita.

Por momentos, la razón se nubla y afloran los sentimientos que nos llevan por el camino de sus necesidades imperiosas, y se produce un gran desencuentro cuando intentan ponerse de acuerdo, porque sordos e indiferentes cada uno sigue su propósito.

Sin embargo, por más que intentemos detener el tiempo, fluye armonioso sin importar si nos hemos detenido a lamentar algo, o esperar que lo que sea, con rostro apacible nos palmea el hombro y dice: “ No te detengas, es preciso que me acompañes, no te sientes a esperar que la vida pase, vivíla”

Entonces, lo mirás descreído y comprendés que tiene razón, pero seguís sentado a la espera de que una señal te muestre el rumbo. Al abrir la ventana, el aire sincero te acaricia, brillan los ojos descreídos de que un milagro aún es posible, de los latidos espontáneos aún tienen cabida a pesar de la artificialidad que te rodea y abruma en esta cotidianeidad consumista, cerradora de puertas y de sueños.

Con sencillez y naturalidad te sorprende un nuevo día, majestuoso vibra en cada albor, y te despeina con la brisa del cielo que te despierta lleno de energía.

La vida es una fiesta que te invita a celebrarla todos los días, aunque haya días que te niegues a participar en ella, no se rinde y espera que te pares de esa silla que te detiene y te pongas de pie para bailar a su lado, desde luego bailarás a tu ritmo y a tu tiempo, dejando fluir lo que hay en ti.

Andrea Calvete 




domingo, 3 de junio de 2018

LOS NUDOS DE MATILDA

Los hilos se fueron entrelazando poco a poco, el tejido tomó forma, y el tramado dejó ver las huellas, los errores, los nudos más tirantes, los más flojos, así como las imperfecciones más pequeñas, todo surgió sin excepción.

La tersa seda tocó la piel, acarició a las palabras que quedaron atrapadas en el tejido, testigo de leños crujientes, fuegos chirriantes, de fuertes latidos y suspiros. 

El tejido, apretado y flojo, denotaba una cierta paradoja, ampliada por los vientos que habían soplado desde diferentes puntos cardinales, por momentos llenos de pasión, en otros cargados de indiferencia y hastío.

También quedaron impregnados con total libertad todos los pensamientos que surgieron mientras artesanalmente se entrecruzaban los hilos. El pensamiento un rincón donde las alas de libertad nunca se cortan.

Caprichosamente, los diferentes hilos comenzaron a enredarse, a anudarse, fue como una bola de nieve, el nudo se hizo más y más grande… ¿cómo desenredarlo?

En términos cotidianos lo más sencillo cortar lo anudado y empezar de vuelta, pero Matilda no sabía de laberintos no resueltos, de soluciones imposibles, le llevaría mucho tiempo, pero continuaría destejiendo el enredo hasta que los hilos quedaran prontos para entrelazarse nuevamente.

Con mucha paciencia, tesón, día a día tomo asiento en el sillón de hamaca y a través del suave balanceo se calmó para poder desanudar tramo a tramo el tejido enredado. Las horas en silencio, en un profundo compromiso transcurrieron.

Así las brazas de la estufa de leña fueron testigos oculares del esfuerzo de Matilda, que venció uno a uno los obstáculos, se enfrentó a los miedos, a los cuestionamientos, a las voces que ferozmente estropeaban su trabajo.

En una ardua labor artesanal, el tejido se fue reconstruyendo, impregnado de colores sutilmente combinados, de texturas confortables, de matices poco conocidos pero existentes, perfumados por la tibieza del amor que la habitaba.

En el paraíso de sus pensamientos Matilda deshizo los nudos, la posibilidad de vuelo de las ideas le permitió llegar hasta donde nunca había llegado fiel a sus convicciones más profundas y certeras que la habían acompañado a lo largo de su recorrido.

Andrea Calvete

sábado, 2 de junio de 2018

TOCATA Y FUGA


¿Cuántas cosas nos resultan superfluas, cuánto de lo qué incorporamos a nuestro diario vivir realmente lo necesitamos…cuánto peso innecesario en nuestras espaldas?... interrogantes que nos hacemos en determinado punto del camino en el que nuestro yo interno dice: ¡basta!

Por momentos, nos topamos con esos puntos inflexivos en los que necesitamos detenernos, y sentimos la necesidad de vivir con lo imprescindible, que a esta altura del camino se ha convertido en una extensa lista a la que sin darnos cuenta día a día agregamos más y más cosas, producto de la sociedad en la que vivimos, o de querer ahogar nuestras profundas necesidades en lo que realmente dista de la verdadera solución.

Así andamos tras metas inalcanzables, destinos equivocados, caminos lejanos, embarullados por un sinfín de posibilidades que van aumentando en la medida que le damos cabida y decimos: “Sí lo necesito, sí a todo lo que se nos acerca”. Cuando queremos acordar estamos superados en responsabilidades, en si que realmente no son dichos desde lo genuino, en compromisos que realmente no son de nuestro agrado, en una cotidianeidad que poco tiene que ver con lo que realmente deseamos de nuestros días.

¿Qué paradoja que lo que hemos construido diste de lo que realmente queremos, se aleje de nuestros deseos y necesidades?, para tomar asiento al lado de lo que nos oprime o asfixia, para quedarnos situados en un lugar incómodo y poco confortable. Así nos ubicamos en parajes no elegidos por motus propio, o mejor dicho conscientemente, hemos llegado hasta aquí producto de nuestras decisiones desacertadas o equivocadas y nos hallamos en un inmenso laberinto del que no sabemos ¿cómo salir?

Y de nada sirve escudarnos en excusas para continuar situados en este lugar que nos incomoda y que no nos hace felices. Posiblemente, a esta altura esta situación de vida se haya convertido en lugar de “confort” el que si bien nos disgusta al mismo tiempo resulta parte de lo conocido y esperado, mientras que salir de esta situación implica cambiar el rumbo y lanzarnos por un nuevo camino, con todas las responsabilidades y desafío que eso conlleva.

El decir sí a nuevos caminos y horizontes, es abrirnos a las posibilidades, a la vida, al devenir, al cambio permanente, porque el quedarnos estancados en determinados lugares en definitiva lo único que nos trae aparejado es mal estar e incomodidad. Está en cada uno analizar si es hora de un verdadero cambio, para trascender esa vereda gris de la rutina que nos asfixia.

En una suerte de tocata y fuga, la melodía comienza a surgir sonora, melodiosa, y las notas se tornan más potentes, hasta que decidimos fugarnos de esa situación en la que nos plantamos y decimos: “ Hasta aquí he llegado”, sí sin más miramientos, dudas, ni contemplaciones, para continuar por un nuevo camino, pero también abiertos a nuevas miradas y perspectivas.

Andrea Calvete