sábado, 19 de mayo de 2018

UNA MITAD POR DESCUBRIR

La dualidad nos habita, nos interpela, mientras caminamos entre la vereda de las luces y las sombras, entre los desencantos y fascinaciones, entre risas y llantos, entre lo conocido y desconocido. Permanentemente, buscamos esa otra mitad que se contrapone y en definitiva termina convirtiéndose en ese complemento perfecto para que todo funcione en armonía.

La teoría del caos es una teoría matemática que induce al pensamiento filosófico, se refiere a la incapacidad de predecir eventos, aceptando conceptos de azar, incertidumbre, aleatoriedad e indeterminación, de allí que esta teoría tenga tanta repercusión en el diario vivir, pues la vida misma es un inmenso misterio a develar.

Tanto, por develar por descubrir, diariamente nos paramos entre lo que nos sucede y lo que vendrá, quedándonos en esa línea media en la que optamos hacia dónde dirigirnos entre un sinfín de variables que nos ponen a prueba y algunas veces nos condicionan en las determinaciones, pero en definitiva somos los constructores de nuestro camino, con cada decisión, con cada acción, y también con cada pensamiento que de alguna manera nos conduce hacia determinados puntos. Sí los pensamientos son determinantes, porque se hacen carne en la medida que lentamente los vamos poniendo en práctica, y también nos condicionan en nuestros actuar y sentir. Por ejemplo si soy una persona altamente positiva eso incidirá en mí para ver lo que tengo por delante con ilusión y alegría, con el entusiasmo suficiente como para decir sí se puede.

Descubrir la otra mitad depende exclusivamente de nosotros, si estamos dispuestos a cruzar esa línea en la que parece haber un muro de contención difícil de traspasar. Sin embargo, es cuestión de enfrentarnos con esos temores que nos paralizan, con esas dudas que nos taladran la cabeza, con esos cuestionamientos que lo único que hacen es detenernos. Desde luego que traspasar un límite trae consigo pensar, analizar, mirar con perspectiva, con pensamiento crítico, es decir tomarse el tiempo necesario para consustanciar esa decisión que vamos a tomar, para así llevarla a cabo convencidos de que es la mejor opción, después si nos equivocamos es otra variable a analizar.

Generalmente, cuando las personas llegan a la mitad de su vida se produce un gran cuestionamiento existencial, y entonces se preguntan: “¿Cuánto he hecho, qué sentido tiene mi vida, cómo pienso vivir lo que me resta…?” Es un momento en el que se hace una pausa, y se analiza a modo de aprovechar lo que nos resta, cosa que deberíamos hacer habitualmente, pero generalmente cuando la vida te aproxima a la muerte, a ese punto ineludible las preguntas adquieren otra dimensión, y descubrimos un universo de posibilidades que hasta el momento habían estado vedado ante nuestros ojos ciegos o miopes.

Algunas veces nos atiborramos de cosas por no querer enfrentarnos a esas preguntas que quizás en el fondo ya sepamos la respuesta y en definitiva por eso no queremos responderlas. Sin embargo, dar largas a estas respuestas lo único que nos hace es quedar estancados en un pantano con arenas movedizas, en la que lentamente nos vamos sumergiendo día a día, en la que el aire escasea y los minutos nos agobian.

También esa mitad por descubrir, está relacionada con ver el medio vaso vacío, porque ya hemos llenado la mitad, el resto depende de nosotros, del esfuerzo que pongamos, de ilusión que depositemos, de la fuerza de voluntad , de la fe que tengamos, y del amor con que enfrentemos ese media copa que nos queda por beber, porque los tragos pueden ir cambiando su sabor y también su color, nuestra actitud es quien nos predispondrá a un sinfín de acontecimientos que se correlacionarán en una suerte de efecto dominó.

La naturaleza también está, al igual que el hombre, luchando por mantener ese equilibrio perfecto tan difícil de alcanzar. Paralelamente, las sociedades experimentan importantes períodos de transformación tras la búsqueda de ese equilibrio que en ocasiones raya con la utopía.

A lo largo de la vida entera intentamos buscar en forma permanente esa otra mitad dual y a su vez complementaria, que por momentos nos asusta porque al pararnos frente a ella nos cuestionamos y decimos: “ Yo no soy así, esta parte no habita en mí”, y ese es un gran error todo habita en nosotros, el bien y el mal, lo feo y lo lindo, lo maravilloso y lo horripilante, pero está en nosotros equilibrar esos opuestos para que lentamente surjan los complementarios y podamos vivir en armonía. Porque de nada sirve encontrar una mitad y dejar la otra a la deriva, somos parte de un todo el que debemos descubrir lentamente, y aceptarlo, para así dar un paso más en ese maravilloso universo lleno de misterio y encanto, que nos habita y también nos envuelve en su mágico enigma.

Desde luego esa mitad por descubrir es todo un desafío, que requiere estar dispuestos a aceptar, a enfrentarnos a la frustración, y también a ser capaces de llorar si es necesario, de gritar y exteriorizar todo eso que reprimimos, para así poder superar lo que nos tiene hechos un verdadero novillo enredado para que la madeja lentamente se vaya desanudando y entonces podamos continuar distendidos con ese tejido que aún tiene tanto por dibujar y trazar, está en nosotros qué colores, texturas y diseños aplicar, sin olvidar que el tiempo no se detiene y no nos espera.

Andrea Calvete