sábado, 26 de mayo de 2018

EL PESO DE LAS PALABRAS

Cuantificar el gramaje de las palabras podría resultar engorroso, sin embargo si les preguntara: ¿Cuál ha sido la que más les ha dolido, o la que los ha hecho tocar el cielo?, seguramente rápidamente encontrarían una respuesta.

El peso de las palabras tiene correlación directa con el efecto que tienen en nosotros, algunas saben gustosas, armoniosas, otras escandalosas, descaradas se llevan por delante lo que se les interponga en el camino. Las sumisas se escudan pidiendo permiso a quien las profiere, y las combativas llevan una lanza para clavar su punta aguda a quien las recibe.

Las hay inofensivas, sin gracia, poco expresivas que arrastran un aire cansado y meditativo, a la espera de que el calor de un leño las avive, o la sal del mar las despierte.

Las cargadas de pasión se asoman desbordadas de rojo, encendidas por la llama de la vida, por el impulso creador dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias sus designios, no hay nada que las detenga, aún la razón más fría y calculadora no es suficiente para apaciguarlas.

¡Cómo pesan las cargadas de dolor, de angustia y de miedo!, se alojan en la sombra, donde la luz casi no llega y el frío intenso las paraliza a tiempo que su desgarradora presencia nos habita.

Las llenas de olvidos y de ausencia, se pasean indiferentes, con aire desinteresado, suelen esconderse en los anémicos y grises días, a la espera de pasar desapercibidas para entremezclarse en una nube mortecina que se desploma cuando llega la tormenta.

No han de faltar las maliciosas, llenas de odio y de rencor, plagadas de envidia se deslizan como reptiles venenosos al acecho de su presa, con el único fin de destruir a su adversario.

Con el albor florecen las cargadas de gratitud por el comienzo del nuevo día, agradecidas con la vida y con lo más simple que puede pasar ante nuestra mirada.

Con el primer viento se desvanecen las falsas, las que se escudan tras el engaño o la mentira, pues son de tan poco peso que a la larga cambian su cara al mejor postor.

Las bendecidas por el amor, llegan hacer de lo que tocan una maravilla, pues se escudan en el elemento más potente de los tiempos, el que vence barreras, fronteras, el que todo lo puede aún cuando nos quedamos sin fuerzas.

Algunas pesan más que otras, pero sin embargo todas en cierta forma son de vital importancia a la hora de comunicarnos y expresarnos, se valen de sonidos, de aromas, de colores, de texturas y sabores para expresarse siempre, no importa si en forma oral o escrita, lo que importa es que se hacen verbo a través de un canal en el que tienen vida para manifestarse.

Quizás haya muchas palabras que hemos preferido olvidar, borrar o hacer de cuenta que ya no existen, sin embargo, otras que las llevamos como luces en nuestro corazón, como motores de vida que nos impulsan para continuar y no bajar los brazos.

Y no es tarea fácil recibir cualquier tipo de palabra sin que nos afecten, sin que repercutan en nuestro accionar. Posiblemente muchas nos hayan marcado, lastimado, y señalado un camino equivocado. Otras podrán haber sido de gran estímulo en momentos que necesitábamos un aliciente, por eso todas en diferente grado han pesado en nuestros días.

En la medida que pasan los años comenzamos a hacer oídos sordos a ciertas palabras, porque comprendemos que de nada sirve gastar nuestro tiempo y energía en recibirlas o albergarlas en nuestro ser, por el contrario nos decidimos a llevar en nuestro equipaje las que congratulan el alma y la vida, las otras las dejamos pasar en el agua del olvido.

Andrea Calvete