jueves, 2 de febrero de 2017

VIVE Y DEJA VIVIR

En una sociedad diversa y plural posiblemente no nos pongamos de acuerdo respecto a la desnudez y la forma de practicarla, quizás lo importante sea buscar una convivencia armónica donde todos podamos expresarnos libremente y ejercer nuestros derechos.

Hace unos días unas jóvenes decidieron hacer topless en una playa de Necochea y se armó un gran revuelo, despliegue policial, un video que circuló por las redes, opiniones diversas y el caso que terminó en manos de un juez. La cuestión va más allá de estar de acuerdo o no con el topless es ubicarnos a hablar los temas aggiornados a la realidad y al mundo en el que vivimos.

Y no todo está relacionado con la escasez de ropas o ir provocativas, también cuando vamos vestidas “normalmente” no falta algún desubicado que se da vuelta te mira la cola, te vuelve a mirar desafiante a los ojos, te dice un disparate y sigue caminando como si nada. ¿Por qué tenemos que aguantar este tipo de situación? ¿Por qué la hemos generado? ¿Por qué el hombre tiene derecho a hacer cualquier cosa? ¿Por qué tenemos que soportar que nos manden a lavar los platos?... En realidad es un tema profundo que tiene que ver con un legado machista en el que debemos aceptar sumisas a que se nos falte el respeto y se nos diga cualquier epíteto.

El topless en Europa es totalmente aceptado, y la gente camina por las playas respetuosamente como si aquí vieran a una mujer en colaless. Porque si nos vamos a poner a cuestionar qué parte del cuerpo mostrar, también entonces deberíamos preguntarnos ¿por qué se permite usar colaless? El tema de provocar no pasa por la desnudez, pasa a mi modo de ver por la actitud que se muestra, que no tiene nada que ver con el sexo o el desnudo, está relacionada con un propósito de la persona de buscar la atención por parte de alguien

Aún vivimos en una sociedad bastante hipócrita donde surgen leyes que apuntan a la igualdad de derechos entre las personas, sin embargo continuamos señalando con el dedo y estigmatizando como si viviéramos un siglo atrás. El doble discurso sigue vigente lamentablemente y se disfraza de hipocresía con las lenguas afiladas preparadas a hablar y ver obscenidades donde no las hay. Sobre la mesa continúan estando las diferencias por color de piel o el sexo con el que nazcamos. La violencia camina en diferentes ámbitos y las víctimas de abusos y muertes por las mismas espeluznan.

Vive y deja vivir es una premisa bastante olvidada. Sin embargo, el juez de la causa de las jóvenes que hicieron topless en la playa de Necochea ha cerrado el caso por encontrar que los hechos carecían de relevancia contravencional, para el magistrado una mujer que muestre sus pechos no es un acto lesivo. Si queremos seguir avanzando en una sociedad más justa e igualitaria pongamos los temas sobre la mesa a través del respeto y el diálogo, coherentes a nuestros días y de acuerdo a nuestras convicciones, en pro de lograr correctas relaciones de alteridad.

Andrea Calvete