martes, 7 de febrero de 2017

LABERINTO DE PASIONES

Corren y transitan por nuestra sangre, emergen en cada poro de nuestra piel, brillan en nuestras pupilas, arden en nuestros labios, son música para nuestros oídos y un motor que pone en marcha esa adrenalina que nos empuja a avanzar, así transcurren las pasiones por nuestras vidas.

Algunas veces se disfrazan y se enmascaran detrás de algunos sentimientos que nos confunden y enloquecen, otras nos tocan con delicado esmero hasta que nos sorprenden como un torbellino enfurecido. Desatan risas y llantos, alegrías y tristezas, silencios y ruidos, respuestas y preguntas, contrastes fuertes que nos llevan a sentir con profundidad y convicción.

Cuando la pasión se instala un brillo nos acompaña y un halo indescriptible nos acuna para dar cabida a su existencia. No sabe de timidez, no se sonroja ante las dudas o impedimentos, su fortaleza la hace avanzar a pesar de cualquier vicisitud. Es una guerrera poderosa, suele utilizar diferentes artificios para lograr su cometido.

Algunas veces enceguecidos por algunas de nuestras pasiones nos perdemos en oscuros laberintos, a los que si tomamos consciencia no tenemos la menor idea de cómo hemos llegado hasta allí. Sin embargo, también son capaces de mover montañas, de lograr milagros, porque saben iluminar el camino para lograr eso que tanto deseamos o amamos.

Brillan nuestros pensamientos cuando la pasión los ilumina, rejuvenece nuestro cuerpo y reverdece nuestra alma. Sin embargo cuando la vista se obnubila por su presencia, es muy factible que traicionemos nuestras convicciones perdidos por su mágico encanto.

Huelen a rosa y jazmín, dulces embriagan a quien desee pasar por ellas, refrescan con su sabor mentolado, mientras acarician con manos de terciopelo para así conquistar su propósito. Pocos son los que las detienen, no les hace frente cualquiera.

Algunas pasiones suelen esclavizarnos, nos atan a de pies y de manos a su antojo, y lentamente nos destruyen en la medida que le damos cabida. Otras llegan para ser motor de nuestra existencia, estas son las que deben perfumar nuestros días.

Andrea Calvete