domingo, 22 de enero de 2017

LA PERSONALIDAD EL CRISTAL DE LA ROCA

¿Quién ha resistido una bella mirada? ¿Quién no ha apreciado a alguien por su belleza física? ¿Quién no se quedado perdido en una sonrisa, o se ha embriagado en un aroma , o en la sensualidad de unos ojos que lo atrapan? Desde luego que la belleza puede percibirse a través de todos los sentidos, sin embargo quien en definitiva teje a su antojo una atracción mágica es la personalidad que nos distingue y nos hace únicos como personas.

La personalidad es un velo que nos cubre que se puede ir descubriendo en la medida que quienes se acercan a nosotros deciden levantarlo para llegar a ver lo más profundo y auténtico de nosotros mismos, para tomar contacto con nuestra esencia misma. Probablemente les haya pasado que al conocer a una persona sientan guiados por su aspecto físico que es muy hermosa, pero luego al comenzar a tratarla esa belleza comienza lentamente a opacarse, y por el contrario una persona que no les agrada físicamente al conocerla descubren lentamente a un ser que irradia algo muy especial. Hay un viejo proverbio que dice “la suerte de la fea la bonita la desea” y está relacionado con esa personalidad que nos viste y nos permite brillar ante los ojos de ciertas personas.

Si bien existen patrones de belleza como en todos los órdenes de la vida, lo que genera cada persona que conocemos es único y diferente para cada uno de nosotros. Así sucede que algunas personas nos parecen encantadoras, y otras nos resultan poco agradables. Por lo tanto hay personalidades atractivas y atrapantes con la generamos empatía en forma inmediata y otras que nos generan rechazo por falta de compatibilidad.

La personalidad son pinceladas que esbozan la forma de ser una persona y pueden llegar a reflejar esa profundidad poco tangible y escurridiza, por eso requiere de paciencia para descubrirla y poder conocer realmente a una persona. En ella se albergan rasgos positivos y negativos de la persona. Existen entonces ciertos rasgos que nos caracterizan y distinguen, de allí que nuestra inteligencia tenga tanto que ver con esos rasgos que nos definen.

Dentro de los aspectos o rasgos negativos que sean propios de cada uno podemos trabajar para mejorarlos y superarlos, sin embargo, en algunas ocasiones  no somos conscientes de los rasgos negativos, o al menos nos cuesta mucho reconocerlos, y allí tenemos un problema. Es mucho más sencillo ver los aspectos positivos que los negativos, el admitir lo negativo requiere fortaleza, y también de humildad para poder corregir lo que realmente nos perjudica y continuar por el sendero que nos genere plenitud y paz en la vida.

Algunas personas más intuitivas que otras en los primeros encuentros con sus semejantes logran ver ese ser profundo que tiene que ver con esos aspectos que colorean y esculpen nuestra personalidad, y posiblemente al mirarnos a los ojos son capaces de llegar a conocer ese verdadero ser que nos habita. Por eso, no es de extrañarnos que tengamos más o menos empatía con ciertas personas que con otras.

La personalidad como el cristal de la roca, nos define tal cual somos con nuestras luces y sombras, con nuestras aristas por pulir, cubiertos por el brillo único y especial que nos distingue como seres humanos y nos posibilita transmitir los rasgos de ese ser que nos sustenta y acompaña en el camino de la vida.

Andrea Calvete