lunes, 10 de enero de 2011

VACACIONES: SE ESPERAN CON ANSIAS Y SE LAS RECUERDA CON MELANCOLÍA

Por Andrea Calvete

Las vacaciones, ansiadas durante todo el año, nos permiten tomarnos esa pausa tan necesaria. ¿Dónde ir? ¿Qué hacer? dependerá de cada uno. Mas generalmente, cuando uno tiene unos días libres intenta programar un viaje.

Los aprontes previos son toda una odisea, dejar cuentas pagas, mascotas con comida o compañía, el hogar lejos de los guantes de lo ajeno. Entonces procuraremos que alguien nos pueda dar una miradita, o que las alarmas o las luces programadas colaboren para que todo funcione con normalidad.

Tomadas todas las previsiones del caso, armar bolsos, ¡ah qué lío!, ropa por si hace calor, frío, llueve… y así cuando queremos ver llevamos el armario entero. Aunque luego de mucho viajar vamos aprendiendo a cargar cada vez con menos cosas.

Según los especialistas en salud mental, los viajes o vacaciones son indicados para disminuir el estrés, pero en casos donde las personas viven una situación de depresión o estrés extremo, el hecho de pensar en hacer una valija o dejar su hogar puede llegar a ocasionar mucho más perjuicio que beneficio.

Hecha esta digresión y volviendo al viaje, si implican unas cuantas horas con hijos, y aquí seré extensiva, no importa las edades, el camino se hará tres veces más largo. Si son pequeños pañales, mamaderas, llantos, ya más creciditos preguntarán setecientas veces ¿cuánto falta por llegar?, y si son adolescentes pelearán por el lugar, el sol, la música, o si vuela una mosca, así que pronto nuestra cabeza pedirá a gritos un analgésico.

Una vez llegados al lugar tan añorado, nos instalaremos y aquí se presentará un inconveniente al cual nadie puede escapar, el buen o mal tiempo. No se si les ha pasado pero cuando uno se toma una semana o diez días los tres cuartas partes de ellos, o el tiempo está horroroso, aunque también es un tema superado: vamos a la playa haga tres grados bajo cero, nos bañamos, caminamos y hacemos todo como si el tiempo estuviera radiante.

Pero siendo más positivos y dejando de lado el sarcasmo, ¡qué lindo es tomar contacto con la naturaleza!, nuestras playas agrestes, y ese océano que ruge verde y muy frío cargado de sal, enfurecido. El ruido de las olas, el trinar de los pájaros, el olor de la playa, de los eucaliptos y los pinos, parece que hubiéramos llegado al paraíso.

Son días en los que intentamos cargarnos de energía, distendernos, ver las cosas con otra perspectiva, lejos del mundanal ruido. Es poder dormir, comer, pasear, leer… sin un reloj que nos persiga, libres sin preocupaciones de tiempo.

Es dejar la mochila de problemas fuera de nuestros hombros para caminar sin peso, livianos, en contacto con nosotros mismos, y con nuestros seres queridos que por diversas razones cada vez es más escaso el tiempo que compartimos.

Tiempo de ocio tan necesario para la mente como para el cuerpo, en el que nos podemos detener a disfrutar un atardecer con calma, hasta que el sol se pone el horizonte como una bola incandescente, esos minutos mágicos y fabulosos que, generalmente, cuando no tenemos vacaciones nos es imposible apreciar.

Es el momento para poner los tildes en su lugar, así de regreso prestaremos atención a lo que realmente importa, dejando de lado lo superfluo que sólo nos complica y entorpece el día. Pero al poder realizar un trabajo introspectivo, los acentos se podrán ubicar en su verdadero lugar.

Con el cansancio y estrés, las situaciones se salen de su cauce, dimensionamos y calibramos las cosas con demasiada rigurosidad, y terminamos haciendo un problema mucho más complejo y enredado de lo que realmente es, por eso es el tiempo para dar a todo su justo valor.

Las tan merecidas vacaciones son para disfrutar, distenderse, de modo de retomar nuestras actividades cargados de energía y entusiasmo para llevar adelante un año que nos espera cargado de situaciones por resolver y enfrentar.

Aunque existe un proverbio muy cierto que dice que “el amor se parece a las vacaciones, las esperas con ansias, las vives con contradicciones y las recuerdas con melancolía”, por eso a todos los que estén de vacaciones a disfrutarlas y a quienes estén por llegar, ya queda menos.