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¿CUÁNTO PERDEMOS POR MIEDO A PERDER?

Vivir es acompasar todo lo que nos sucede, lo bueno, lo malo, lo que está en el medio, pero a un ritmo que no nos sobrepase. Cuando la ola nos pasa por encima podemos quedar abajo y no salir a flote, y esto está muy relacionado con los miedos. ¿Cuánto perdemos por el miedo a perder?

Por miedo a perder, permanecemos inmovilizados, sin embargo, la vida no se detiene, los acontecimientos continúan y allí estamos como meros espectadores de una película, aunque cuando queremos acordar sentimos que agua nos llega al cuello y no hacemos pie.

Cuando nos convertimos en rehenes de los miedos, quedamos sin libertad de acción, atrapados en una inmensa tela araña, perdidos en un laberinto. Sin embargo, un poco de ansiedad puede ayudar a mantenernos alertas y concentrados.

¿Cómo se generan los miedos? Algunos de ellos se relacionan con lo que se nos inculca de pequeños, dónde la información recibida marca una huella importante. Otras veces, las experiencias personales vividas nos condicionan y ante una situación similar surge el miedo. También aparecen casos de miedos irracionales, es decir se presentan los efectos del miedo sin que exista un peligro real.

En nuestros días, la individualidad, sentimientos, pensamientos, conciencia moral, libertad y responsabilidad individual; son difíciles de sostener como ideales humanos, entonces el individuo es invadido por la soledad y el aislamiento, en tanto la libertad se convierte en un sentimiento lejano. Es así como los miedos surgen de la mano de la desestabilidad que rodea a nuestro mundo actual, en el que ocurren cosas que no tienen ni pie ni cabeza, donde nada es sencillo, donde la competitividad es cada vez mayor, donde el tiempo corre en forma vertiginosa, y no nos permite detenernos a respirar hondo.

Existe un proverbio que dice “nunca tengas miedo del día que no has visto”, porque mientras imaginamos o suponemos corremos un alto riesgo a equivocarnos. Así vivimos esperando y previendo lo que sucederá mañana, y desperdiciamos el presente con su infinidad de posibilidades.

Y por el camino del miedo, se pierde la esperanza, la razón, el equilibrio, se pierde la paz necesaria para proceder con cordura, con tranquilidad. Es un mal conductor que nos guiará al desánimo, al pesimismo, a un lugar oscuro e incómodo.

Existen dos formas de enfrentar el miedo: una no aceptarlo y descartarlo sin demasiados miramientos, cosa que no es sencilla porque para eso hay que vencerlo; o la segunda opción aceptarlo, que implica reconocer cierta vulnerabilidad, y enfrentarlo de la mejor manera, convivir con él de modo que podamos llevar a cabo nuestro diario vivir sin problemas. Por eso, sentémonos con nosotros mismos, desnudemos nuestros miedos, analicemos su origen, así será más fácil vislumbrar soluciones.

Cada vez son más los desafíos que conlleva vivir en este mundo, entonces es importante pararse ante las distintas situaciones con herramientas válidas, que nos permitan un pensamiento crítico para lograr avanzar, sin que el miedo nos paralice. Quien logra conquistar sus miedos, los transforma en pequeños puntos de superación y crecimiento personal y toma conciencia de cuánto pierde por miedo a perder.

Andrea Calvete

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