domingo, 29 de noviembre de 2020

MEMORIA Y RESPONSABILIDAD


Memoria y responsabilidad dos campanas que resuenan a lo largo de nuestra vida, nos acompañan y envuelven con su sonido en la medida que permitimos que armonicen nuestros días.

Es imposible dejar de recordar acontecimientos que estuvieron allí testigos de lo que fuimos y somos, por momentos se vinculan inconexos, confusos, y en otros tan nítidos que nos estremecemos. Esa memoria se ensambla con la construcción de este presente en el que nos movemos, en el que este año parece que nos ha sacudido duramente, nos ha hecho ver que por más que recordemos, si queremos seguir adelante sin tirar todo por la borda debemos poner ante todo la responsabilidad sobre la mesa.

La memoria nos sostiene en el tiempo, es el pilar de ese día a día sobre el que se erige nuestro ser y estar. Es la que nos acompaña mientras los recuerdos se suceden y nos nutren, riegan los pensamientos y airean la existencia. También es parte de nuestra cultura e idiosincrasia, de ese legado que han dejado las generaciones anteriores y de la que dejaremos nosotros.

La memoria tiene vinculación directa con la responsabilidad un término que parece anticuado, y por momentos en desuso, cuando vemos que a mucha gente poco le importa lo que pasa a su alrededor, continúa haciendo caso omiso como si la pandemia fuera algo inexistente, un cuento que vienen haciendo casi un año atrás sólo para enloquecernos. Mientras tantos, los números aumentan y los casos nos salpican de cerca, pero ellos siguen empecinados en que nada les va a pasar, y si les pasa no les importa…

La memoria repleta de estantes de recuerdos es la que nos conduce hasta este presente en el que transitamos a diario, es un importante vehículo que nos transporta en breves instantes a cualquier momento de nuestra vida. Al ser un vínculo tan importante en el tiempo también nos lleva a profundizar el presente, a ahondar en él, y a cuestionarnos sobre la realidad que vivimos, de que todos y cada uno de nosotros somos responsables.

La responsabilidad la incorporamos en los primeros años de vida, cuando nuestros padres nos enseñan esos primeros hábitos de comida, higiene personal, de educación, de convivencia, y los vamos ampliando cuando entramos al jardín de infantes y luego a la escuela. Es así como desde temprana edad los adquirimos. Ahora me pregunto: ¿Qué pasa cuando un adulto se olvida de todo, se olvida de su responsabilidad hacia su familia, en el trabajo, en los medios donde se mueve… es qué no tiene memoria, es que acaso no recuerda a sus abuelos, padres, o a esos seres que han sido referencia en su vida?

Ser responsable es pensar en los que estamos y en los que vendrán, en que Planeta estamos dejando, en qué vida les espera, es traer consigo conjugada la memoria, es mirar dónde estamos parados y proyectarnos unos años para adelante con una mano en el corazón. Y finalizo con una frase de José Saramago: “Sin memoria no existimos y sin responsabilidad quizá no merezcamos existir” 

Andrea Calvete









sábado, 21 de noviembre de 2020

PRIVILEGIADOS


Hoy los invito a descubrir si somos privilegiados. Desde luego que en esta propuesta la alternativa económica para muchos será una de las primeras que pondrán sobre la mesa. Sin embargo, si bien tener las necesidades básicas satisfechas es un derecho humano, partiremos desde esa base como premisa.

Somos llamados al privilegio de la vida desde el momento que un óvulo y espermatozoide deciden unirse, a partir de ese momento un vientre materno nos posibilita que continuemos en el camino, y todas nuestras células comienzan una carrera acelerada por seguir.

El sentirse privilegiados es algo que aprendemos desde pequeños con el ejemplo de nuestros padres, quienes nos enseñan a pensar y decidir. Así nos embarcamos en el camino de la libertad, una senda que nos posibilita ser dueños de nuestras acciones, decisiones, y también trae aparejada responsabilidad y compromiso. Sentimos entonces el privilegio de tomar nuestras decisiones, y aún en el desacierto nos alegramos porque aprendemos de nuestros propios errores y salimos fortalecidos.

El privilegio de un nuevo día no es nada menor, lástima que ocupados en lo que vendrá y en lo que ha sido, la mayoría de las veces no disfrutamos de este aquí y ahora, en el que tenemos la posibilidad de ser y estar, de transcurrir y fluir.

Somos privilegiados de percibir por medio de todos nuestros sentidos, de vibrar a través del pulso de la naturaleza que nos maravilla con cada manifestación cotidiana. Y uno no deja de asombrarse al mirar un cielo estrellado, o desbordante de nubes esponjas o uno diáfano en el que sol brilla con profundidad.

El privilegio de confiar aún cuando estamos entrados en años, creo que es algo para rescatar. Porque lamentablemente cuando transcurre la vida, las decepciones, desencantos, engaños, traiciones, y todo lo negativo que puede obstaculizar el tránsito suele cobrarnos factura. Sin embargo, quien está dispuesto a continuar en armonía intenta que estas piedras sean tan sólo diferentes obstáculos que sortear y continúa optimista en que un paso más adelante la confianza se vislumbre.

Pertenecer a un grupo es parte de la esencia misma del ser humano, y así diferentes agrupaciones son las que nos dan ese sentido de pertenencia a un país, a un departamento, a un grupo, a la familia, a los amigos, a los compañeros de tal o cual lugar, porque somos seres sociables, por lo que pertenecer nos hace sentir parte de, necesarios, aceptados, respetados y queridos. Por lo tanto, otro privilegio más que ponemos en nuestro haber.

Y aunque la pertenencia es algo que nos da bienestar y seguridad, el soltar lo innecesario, y andar con el menor equipaje posible a larga nos da oportunidad de sentir el desapego como un gran privilegio, en el que las ataduras se deshacen y las expectativas cambian, mientras lo deseos fluyen sin atarse a nada más que ser fiel asimismo.

Afortunadamente el devenir del tiempo nos ha enseñado que todo cambia, que nada es constante, ni permanente, es así que somos privilegiados porque tenemos día a día la posibilidad de cambiar, de crecer, aprender y avanzar.

Ser privilegiados es permitirnos desde el silencio ingresar a la dimensión que estemos dispuestos a transitar, para así en paz y armonía estar agradecidos por la infinidad de posibilidades al alcance de cada uno de nosotros. La gratitud es un sentimiento que nos llena de amor, bondad y alegría, nos permite preocuparnos menos y disfrutar más.

Andrea Calvete



sábado, 14 de noviembre de 2020

RESPLANDOR ÁUREO


Un resplandor áureo cubre a la noche, el aire perfumado de primavera invita a revivir, a encontrar motivos, y dejar flotar las esperanzas. Una inmensa paz baña de rocío a las plantas. Susurran las flores húmedas una melodía suave, iluminadas por una luna azul contagian su encanto.

Es noche de confesiones, las estrellas hablan con la luna, los pájaros dormidos celebran sus vuelos, los capullos trasmiten su energía a las flores que ya están por cerrar, el mar con su murmullo abriga a las olas somnolientas y así se establece un diálogo cordial en el que todo fluye y encuentra su espacio.

Una nube blanca y esponjosa brilla en el cielo mientras amortigua los deseos de este diálogo armónico y fructífero. Han hecho un pacto, con él buscarán que mañana el mismo resplandor áureo permanezca en el día e ilumine a todos los seres del planeta Tierra, si lo logran tendrán que trabajar nuevamente, para que la llama no se apague nunca.

Un resplandor áureo cubre a la noche, el aire perfumado de primavera invita a revivir, a encontrar motivos, y dejar flotar las esperanzas. Una inmensa paz baña de rocío a las plantas. Susurran las flores húmedas una melodía suave, iluminadas por una luna azul contagian su encanto. 

Andrea Calvete 

CON LA CABEZA EN ALTO


El 2020 nos ha dado un fuerte sacudón, nos ha hecho cuestionar, pensar, reflexionar, y sobre todo sacar a luz lo mejor y peor de cada uno. Cuando las dificultades se asoman todos reaccionamos de diferente manera, sin embargo, esta reacción será la que nos marcará el camino.

Decido a abandonar el barco y cansado de remar, el navegante ha bajado las velas, está a punto de reinventarse, pero aún no ha dado ese primer paso.  

Los pesimistas ya no encuentran motivos, o razones para continuar, porque la Apocalipsis ha llegado, mientras los optimistas dicen: “El mundo siempre ha tenido crisis y las hemos superado, no es hora de bajar los brazos”

Sentados tomando mate en el balcón están los que dejan para mañana lo que pueden hacer hoy, porque nunca tienen apuro, entonces esperan con calma a que las cosas se empeoren para tomar cartas en el asunto.

Con un dedo señalando persisten los que acusan y critican todo lo que se hace, mientras los otros dos dedos los señalan a ellos, pero muy ocupados en la crítica no lo advierten.

Los que se paralizan ante los desastres se sientan en el sillón más cómodo de la casa, y no atinan más que a ver el noticiero, entonces día a día las contracturas se hacen fuerte en sus espaldas.

Los trabajadores entienden que el salario ya no alcanza, temen que a la mínima de cambio  puedan ser despedidos, y no ven cómo llegar a fin de mes. Como malabaristas intentan que no falte nada a la hora de sentarse a la mesa, pero hay días en los que no quieren preocupar a la familia y dicen que se han puesto en una dieta diferente para llegar mejor al verano.

Los que han quedado sin empleo, desesperados miran el almanaque porque se acerca el día en el que finaliza el seguro de paro, y al buscar trabajo no encuentran nada. La desesperación nunca ha sido un buen hilo conductor, pero ella está presente y presiona a los que ya no les queda demasiada fuerza.

Los descreídos dicen que el Covid es una invención de los gobiernos, que detrás de todo hay una inmensa manipulación para hacernos hacer lo que desean, entonces caminan por la calle sin tapabocas en símbolo de rebeldía. Es así que el enojo pone en peligro a un gran número de personas.

Los que han enfermado sienten que su cuerpo ya no puede más, que sus fuerzas los han abandonado, aunque se han dado cuenta que siguen batallando día a día, porque la vida es muy bella a pesar de todo como para darse por vencidos.

Sin embargo, no faltará quien de todo lo dicho haya experimentado algo, y más allá de las piedras y obstáculos camina, con altibajos por su puesto, pero decido a no darse por vencido y a continuar porque a pesar de todo confía en él y en sus seres queridos, en sus semejantes, y embarcado con fuerza va a dar pelea a este 2020 porque de él se ha de bajar con la cabeza en alto.

Andrea Calvete

sábado, 7 de noviembre de 2020

EN BUENA COMPAÑÍA


Estar en buena compañía es una decisión propia, que redunda en el beneficio de permanecer con quien realmente creemos nos brindará un rato agradable. No siempre es posible optar, en ese correr diario se incorporan situaciones que no son las que elegimos, pero contrarrestamos dando cabida a lo que sí decidimos que sea parte de nuestro día.

Así un buen libro por ejemplo nos lleva a pasar horas que nos permiten viajar, descubrir y conocer, entender, sentir, soñar… Del mismo modo una película, una serie, nos conducen por el mismo camino. Sin embargo, también a esta buena compañía podemos incorporar tareas que son parte de actividades creativas, como puede ser la pintura, la escritura, la cocina, la decoración, la jardinería, el canto, la música, el baile, el deporte, y un sinfín de actividades que nos llevan a vibrar en nuestra mejor sintonía. Porque de eso se trata de sentirnos plenos y felices al menos por unos momentos, estos momentos son primordiales para armonizarnos y encontrar paz en el diario vivir, así como recreación y oxígeno.

Estar en buena compañía también puede ser encontrarnos con alguna persona que nos permita un dialogo inteligente, ameno, que nos haga reír, y disfrutar de ese encuentro. Asimismo, aquí entran esos afectos que son tan necesarios para sentirnos queridos y respetados, necesarios y útiles.

Cuando hablamos de buena compañía no podemos dejar de lado a las mascotas, tan fieles y compañeras, tan desinteresadas y atentas, para algunas personas su contacto más cercano y feliz con el mundo que las rodea.

Estar solos no significa no tener compañía, por el contrario, podemos elegir estar muy bien acompañados realizando una infinidad de tareas, en la que sólo es necesario elegir la adecuada de acuerdo con nuestros gustos, intereses y deseos, para estar así en grata compañía.
Andrea Calvete

 

AMANECE


Amanece en paz, el murmullo lento envuelve a la mañana que espera. En la copa de los árboles el sol se cuela con su belleza pura y brillante, mientras el trinar perfumado de los pájaros es la suave melodía que acuna al inicio del día.

¡Cuánta paz en la naturaleza, cuánto misterio escondido! Es como si el aire nos hablase e invitara a perdernos en un momento perfecto. Me pierdo, ¿por qué no?, en el disfrute tranquilo de este momento de paz, soy con él, me interno en las notas silvestres de la vida, en los aromas primaverales que seducen con su encanto irresistible.

Hago una pausa, me cebo un mate, lo saboreo, me acompaña con ese amargo suave. No me pide nada a cambio, solo que absorba su combinación perfecta y lo mantenga unos instantes en mi paladar para después integrarlo a mi ser con gratitud. En paz se agradece, se disfruta de lo más simple y hermoso que puede ser un amanecer.

Amanece en paz, el murmullo lento envuelve a la mañana que espera. En la copa de los árboles el sol se cuela con su belleza pura y brillante, mientras el trinar perfumado de los pájaros es la suave melodía que acuna un nuevo día, sonriente con las pupilas brillantes y el semblante sereno. La brisa augura una bella jornada.

Andrea Calvete

domingo, 1 de noviembre de 2020

SIMPLE


La simpleza no tiene aristas que lastimen, es redondeada y busca acurrucar en su redondez a quien necesite cobijo, mientras resbala lo innecesario para dejar lugar a lo esencial.

¿Cómo definir algo simple?, ¿cómo explicar lo que sencillez nos llena de satisfacción? Lo sofisticado sería un vocablo opuesto y sobrecargado que a lo simple no le hace falta.

Simple es el beso que se da desde lo más sentido, mientras se entrecierran los ojos colmados de amor. O el brillo de una mirada que se emociona cuando algo le conmueve. 

Lo simple no tiene vueltas, ni recovecos, parece ser traslúcido y genuino. Se puede palpar con suavidad, o percibir su perfume fresco y jovial. Sabe a hierbas y huele a mar. Tiene la delicadeza entre sus manos. 

Con el correr de los años lo simple suele ser lo que uno lleva adentro, no importa donde vaya o dónde esté, sencillamente acompaña a quien decide transitar en armonía su camino.

Las notas musicales tan simples y sencillas se combinan para hacer una sinfonía, sin embargo, cada una y por su parte llega a ser el sostén de los acordes de la vida.

Los amaneceres majestuosos se paran simples ante el nuevo día, entonces comienzan a trinar los pájaros y las horas se despiertan somnolientas, mientras las esperanzas se dibujan con el primer rayo de sol.

Simple el abrazo se despedida que llega muy hondo y lo guardamos como un gran trofeo en el corazón, al igual que todo lo que lo que nos han enseñado con humildad y amor para perfumar nuestra existencia.

La simpleza no tiene aristas que lastimen, es redondeada y busca acurrucar en su redondez a quien necesite cobijo, mientras resbala lo innecesario para dejar lugar a lo esencial. 

Andrea Calvete

LA CULPA BUSCA SIEMPRE UN CULPABLE


La culpa se cuela en los sueños, en las noches de insomnio, en las lunas brillantes, en las gotas de lluvia, en los relámpagos que iluminan el cielo en plena tormenta. En busca de un responsable camina tranquila porque sabe que encontrará a alguien a quien hostigar y culpabilizar.

En el muro lindero de la culpa crecen los reclamos, los cuestionamientos, las equivocaciones y los lamentos. Quien se acerca no tiene nada claro y vacila para poder encontrar un minuto de paz.

Con el mate en mano la culpa busca aliados, y agrega a la ronda a todo aquel que con buena voluntad intenta explicarse tantas cosas. Pero ella, tiene el don de señalar con el dedo y no deja espacio más que para el peso en los hombros y el profundo dolor en el corazón.

Busca víctimas y victimarios, enseña desde pequeños a buscar alguien a quien culpar, a quien echar en cara lo que en realidad es nuestra propia decisión.

Uno se pregunta tantas veces: “¿Por qué, cómo, cuándo, para qué, dónde?” y entonces ante la falta de respuesta inmediata surgen “esos culpables” que parecen ser los responsables de esas cuestiones que nos inquietan y acompañan.

Desde tiempos inmemoriales se ha buscado un culpable, alguien para guillotinar, para hacer pagar, porque es más fácil buscar “la paja en el ojo ajeno”. Por otra parte, es necesario satisfacer el deseo de venganza.

La culpa es del otro, pocas veces mía, y si bien hay culpables de muchas situaciones, pasada la mayoría de edad es hora de hacerse cargo de lo que nos corresponde a cada uno, dejemos de deslindar responsabilidades.

La venganza es un sentimiento rastrero, oscuro, que envilece al que la práctica, agria el corazón y todo sentimiento noble que pueda habitar en una persona, entonces de ¿qué vale al que la satisface?

La culpa es de:

La culpa es de esta sociedad de consumo que nos lleva a desquiciar, pero pregunto ¿quién se lo permite, quién compra todo lo que le venden, quién cree todo lo que anuncian las publicidades?, ¿quién está dispuesto a comprar el último modelo de celular o computadora?

La culpa es de ella que no atendió bien a su marido, por eso él le fue infiel… ¿No habrá algún capítulo que se nos ha omitido? Además ¿qué significa atender bien, de qué estamos hablando?

La culpa es de él que la descuidó y la dejó muy sola, ella precisaba alguien que la contuviera la quisiera, la amara… las culpas son compartidas, ¿nos preguntamos acaso por qué la dejó sola?

La culpa es de los padres… pero no toda la vida, llega un momento que como adultos debemos asumir errores y responsabilidades.

La culpa es de ella porque viste provocativa, porque se pinta mucho… basta, cada cual se viste y anda como quiere, no busquemos justificaciones a lo que no lo tiene.

La culpa es de ella o de él por ser homosexual… por favor inaceptable, no se pueden escuchar expresiones de este tipo, cada cual es libre de decidir su sexualidad.
La culpa de la violencia es de la sociedad en la que vivimos… pero pregunto:¿No vivimos en ella, no formamos parte de su costumbres, de su forma de comunicar, de enseñar, de formar una familia…? ¿De quién es la culpa? 

Es muy sencillo juzgar las situaciones desde afuera, y buscar culpables, chivos expiatorios, de esta manera encontramos una solución para cada culpa, para cada sentimiento que nos inmoviliza y destruye, que posiblemente tuvo sus orígenes en algún rincón olvidado.

La culpa es un sentimiento arraigado desde los comienzos de la humanidad, exacerbado por algunas religiones en determinados momentos de la historia, y otras veces por la propia persona que no deja de cuestionarse y quiere encontrar respuestas, la forma de hacerlo hallando culpables. Eso le da tranquilidad y sosiego.

Al tirar piedras a otros, lapidar a alguien aparece un sosiego momentáneo, así es de controversial el ser humano. Pero, cuando la culpa pica no alcanza con encontrar culpables, es necesario buscar bien hondo para ver ¿por qué se ha instaurado allí ese sentimiento?

La culpa se cuela en los sueños, en las noches de insomnio, en las lunas brillantes, en las gotas de lluvia, en los relámpagos que iluminan el cielo en plena tormenta. En busca de un responsable camina tranquila porque sabe que encontrará a alguien a quien hostigar y culpabilizar, y así continúa porque siempre encuentra un culpable. 

Andrea Calvete