viernes, 31 de enero de 2020

MIRADA MIOPE

Mucho tiempo después te comprendo, se levanta ese velo oculto, se abren las ventanas, y se hace la luz. Llegan a mí con claridad cada una de tus palabras, entonces me estremezco.

¿Por qué fui tan ciega?, ¿qué era lo que no me permitía ver?, ¿diferencia generacional?, ¿no admitir que estabas mal?... En realidad hasta último momento, no tuvimos un diagnóstico claro. A esto debemos sumar nuestras ganas porque estuvieras bien, radiante como siempre.

Pero, el tiempo es un gran maestro, decanta con exactitud todo lo sucedido, te toma de la mano y te hace entender cada detalle, sólo es cuestión de abrir el corazón para que esto suceda.

Es evidente que en este diálogo en el que tiempo y espacio nos interpelan, se entrelazan subjetividades, todos los sentimientos profundos que transitan dentro de uno.

Me vienen a la mente diálogos entre nosotros, que se esclarecen tan sólo con sonar en mi cabeza. Un enorme sentimiento de gratitud se apodera de mi, en el que te abrazo y te bendigo por lo vivido. Sé que me acompañarás eternamente.

Ah sí, ¡el tiempo es un gran aliado, nos ayuda a ver lo que hasta ahora nuestra mirada miope no veía! Y una vez más, “todo depende del cristal con que se mira”.

Andrea Calvete

jueves, 30 de enero de 2020

EL FANTASMA DEL PALACIO SALVO

A lo largo de la vida todos hemos oído infinidad de leyendas e historias inspiradas en fantasmas, en almas de difuntos que se manifiestan en el lugar donde frecuentaban en vida. Pero hoy me compete una historia que no es tan lejana en el tiempo y que tiene lugar en el edificio en el que trabajo, el Palacio Salvo

No es de extrañar que en estos cuentos se abran puertas, ventanas, se muevan objetos, tintineen las luces, se oigan voces, crujan objetos… pero, lo cierto es que nada de esto suele afectarnos hasta que experimentamos algún acontecimiento en carne propia. Algo de superstición, de magia, de misterio y de encanto se entremezclan en estas leyendas, que llegan a deleitar y sorprender a muchas personas.

Cuentan que por el Palacio Salvo deambula un fantasma, que recorre las instalaciones y esporádicamente hace sus apariciones. Desde luego, los escépticos no me prestarán atención, pero habrá de los otros, a quienes se les despierte alguna interrogante. Bueno de eso se trata, de trasladarlos en la historia y, también, de llegar hasta algunos acontecimientos que hemos vivido con algunos compañeros de CX 30 Radio Nacional, ubicada en el entrepiso de este edificio emblemático.

Creer en fantasmas parece cosa de niños, pero en realidad cuando algunas circunstancias acontecen nos hace preguntarnos ¿por qué? Pero, antes de ingresar a los hechos actuales paso a narrarles los orígenes del mito del Fantasma del Palacio Salvo.

El Palacio Salvo comenzó a construirse en el año 1923 y finalizó en el año 1928. Sus creadores fueron el arquitecto Mario Palanti y el ingeniero Lorenzo Gori Salvo. Pero sus propietarios y quienes idearon la obra fueron los hermanos Salvo. El edificio se construyó en principio como hotel.

De regreso a sus propietarios, Ángel Salvo, murió antes de que el Palacio estuviera terminado, y cinco años después de su inauguración también murió José, otro de los hermanos.

José Salvo era un prestigioso empresario. Una de sus hijas estaba casada con Ricardo Bonapelch. La noche del 29 de abril, José Salvo fue atropellado por un auto y murió a consecuencia del accidente.Las investigaciones sacaron a luz que el conductor que atropelló a Salvo había sido contratado por su yerno, Bonapelch, para apoderarse de su fortuna.

De allí en más, algunos vecinos aseguran haber visto a un hombre, presumiblemente el espectro de José Salvo, al que apodan “Don Pedro”. Se tejen historias, relatos en los que su espectro aparece al auxilio de personas para prevenir que sean robadas o que sufran accidentes. Todas las narraciones coinciden en su descripción física: es alto, elegante y siempre lleva un paraguas consigo. Parece ser un alma bondadosa que intenta proteger a quienes se les aparece.

Por otra parte, vecinos y personal del Palacio Salvo aseveran que es frecuente que el ascensor suba al séptimo piso, baje y al abrirse sus puertas, no aparezca nadie. El 29 es un día del mes en el que se ha presentado en diferentes ocasiones, fecha que coincide con el fallecimiento de José Salvo. Todos estos hechos se le atribuyen a “Don Pedro”.

Creer o no, es sólo cuestión de apertura… Sin embargo, no me quiero extender en historias en las que no he sido partícipe, y a las que no le he dado demasiada importancia hasta que algo sucedió en el entrepiso del Palacio Salvo.

Días atrás se produjo un corte de luz zonal que dejó al Palacio Salvo sin electricidad. Mientras esperábamos que se arreglara la falla eléctrica, charlábamos junto a un grupo de compañeros de Radio Nacional. En determinado momento sonó el timbre de la radio y, de inmediato, uno de los compañeros se dirigió extrañado a la puerta abierta y constató que no había nadie. Creer o no, esta situación la pudimos ver todos. Inmediatamente recordamos que, meses atrás,en otra oportunidad el timbre también había sonado y no había nadie.

Pero la historia no termina aquí. Un día festivo en que la radio permanecía cerrada, un compañero de sonido aprovechaba la tranquilidad del feriado para grabar un audio en el estudio. Su sorpresa fue enorme cuando al escucharlo notó que se había filtrado una extraña voz que quedó registrada. Pronuncia tres sílabas de una palabra o frase indescifrable y calla; ¿el espectro?

A todo esto, debemos sumarle golpes a la puerta y nuevamente sin respuesta de que haya alguien presente, así como parpadeos de la luz cuando se habla del Fantasma del Salvo.

Estos hechos que les acabo de narrar podrían deberse a temas energéticos, a fallas en los sistemas, o creer o no en que aún habita este espíritu intentando comunicar algo, ¿qué nos intenta decir?, aún no lo hemos descifrado, pero al menos hemos vivenciado una energía especial.

Andrea Calvete




sábado, 25 de enero de 2020

BOICOT

Boicotear posibilidades, encuentros, proyectos es algo que hacemos comúnmente acechados por nuestros miedos, frustraciones y dudas. De esta forma, nos frenamos y nos resguardamos a la espera de que una solución mágica llegue a nuestros días, cuando hemos sido los principales frenos en nuestro camino.

Así surgen las excusas enmascarando explicaciones que en el fondo lindan con la falta de decisión, miedos e incertidumbre, he aquí cuando se convierten en verdaderos boicots en nuestras vidas. Las excusas suelen ser enormes escudos tras los que nos amparamos ante la disyuntiva de tener que decir sí o no a una determinada propuesta. Aparecen generalmente ante la duda al tener que definirnos por una respuesta apropiada. En tanto, el camino de la excusa nos valida a sentirnos mejor con nosotros mismos, con esa decisión que en definitiva no pudimos tomar. Dice un antiguo proverbio: “Quien quiere hacer algo encuentra un medio; quien no quiere hacer nada encuentra una excusa”. No está mal excusarse cuando lo hacemos para disculparnos, y del mismo modo cuando intentamos eludir una situación estamos en nuestro derecho a hacerlo, lo cuestionable es si en estas excusas entran a jugar las mentiras, aquí se complican los argumentos, porque detrás de una mentira nada bueno se puede edificar o sustentar. No falta quien cree que las mentiras piadosas son válidas, sin embargo por más que en el fondo tienen por fin no lastimar a alguien su base continúa siendo la mentira que nos aleja de poder construir algo con solidez. Por eso vale pena recordar “que las mentiras tienen patas cortas”.

Las dudas son inherentes a los seres humanos, son signos de inteligencia, de reflexión y de pensamiento crítico. Mas es imprescindible dudar a tiempo, cuando una situación aún puede ser reversible, para poder dar una respuesta. Dudamos pues vivimos en un mundo donde abundan las mentiras, los engaños, las actitudes desleales, la corrupción, la ambición desmedida… y ante tanta adversidad la duda surge como posible respuesta. Pero cuidado, no dudemos hasta de nuestra propia sombra.

De este modo, entre excusas, miedos, dudas, boicoteamos nuestros sueños, esa posibilidad de ser felices aquí y ahora, cuando nos imponemos un sinfín de tareas dejando atrás lo que realmente suele ser parte esencial en nuestras vidas, esos afectos impostergables que no se pueden descuidar.

Nos boicoteamos cuando nos damos por vencidos, cuando el desanimo nos gana, cuando la envidia nos corroe, cuando el egoísmo nos acompaña y la desazón nos impera. Del mismo modo cuando el enojo se impone, cerramos las puertas a la paciencia, al silencio y a la reflexión de modo que comenzamos a boicotear algo fundamental en el trayecto de la vida como es la armonía.

De este modo, sin darnos cuenta boicoteamos nuestras posibilidades, cuando después de mucho andar deberíamos ponernos al servicio de vivir con plenitud sin desperdiciar un solo instante de nuestra existencia. Sin embargo, cabe analizar por qué nos lleva un año aprender hablar y una vida aprender a callarnos, quizás aquí encontremos la respuesta a este boicot del que somos responsables pero muchas veces no sabemos cómo alejarnos de él.

Andrea Calvete

viernes, 24 de enero de 2020

EL VUELO DE LOS SUEÑOS

Hacedores de posibles, de gotas de ilusión, de pizcas de esperanzas, de anhelos florecientes, así son los sueños capaces de bordar imágenes, de entrelazar sedas, sonidos, aromas, sabores, colores, texturas, para hacernos vibrar en las sintonías más inesperadas. Quien sueña despierto abre las alas a la creatividad y a la magia.

Los sueños nos trasladan a lugares perdidos, pasados, futuros, algunas veces inimaginables, con su toque mágico, disparatado e inigualable a la hora de crear. Nos llevan hasta rincones en los que posiblemente despiertos no nos atrevamos a incursionar.

Ellos se conectan de manera “caprichosa”, aunque si los analizamos bien nada está allí sin motivo, ni causa, alguna conexión lejana y remota hace que se tejan de determinada manera. Hay veces inconexos e inconclusos, otras nítidos y frescos como el aroma de la mañana, suelen dejar su huella en nuestros días.

Algunas noches son importantes vías de escapes, ríos que nos conducen a océanos, o pájaros que vuelan alto y lejos, sin rumbo apacibles. Pero no siempre suelen ser tranquilos, por momentos nos inquietan, a tal punto que cuando no podemos soportar más lo que estamos soñando nos despertamos bañados en traspiración.

Trabajan con lo que reprimimos, lo que no dejamos que sea, lo que pensamos que es mejor olvidar o callar, lo que no dijimos y está allí latente, con lo que no nos atrevimos, lo que no pudo ser o no quisimos que fuera.

Una vez sucedidos, solemos recordarlos, algunos nítidos, otros confusos, pero según hayan transcurrido al día siguiente nos queda su sabor, sus imágines, sus aromas y sonidos grabados, como si un cuadro hubiese sido pintado en la noche.

Los sueños nos trasladan a épocas vividas, a lugares especiales, que quizás aquí y ahora sean imposibles de transitar, porque ese tiempo ya pasó, y lejos quedaron sus integrantes así como ese lugar físico que le da vida.

Suelen esconder lo imposible, lo que anhelamos, lo que deseamos con fervor, o simplemente lo que no nos gusta, pero tenemos que aceptar. Sin embargo, ellos no saben de sermones o impedimentos, ellos llegan a donde les place, con libertad y astucia.

Es tan maravilloso sentir que un sueño nos puede trasladar a un lugar que nos hizo sentir plenos, llenos de energía, acompañados tal vez de alguien muy especial. En cierto medida lo que ocurre, es que esos momentos están en nosotros mismos y los guardamos como luces que nos iluminan cuando más las necesitamos.

También soñamos despiertos, así tomamos una idea y empezamos a trabajarla a tal punto que pronto nos abstraemos del lugar en donde estamos, y nos dirigimos mágicamente a donde se desarrolle o tenga lugar esa idea. Cuando soñamos despiertos la creatividad se viste con sus mejores galas.

Quien sueña, despierto o dormido, pone a volar su imaginación, su creatividad, en un intento por no dejarse agobiar por la rutina que suele ser gris y despiadada.

Los sueños se conjugan con la realidad, y ella se alimenta de los sueños para que la ficción también tenga cabida. Soñar, despertar y volver a soñar es parte de lo que somos, de nuestra esencia misma. Día a día tejemos nuestros sueños para que la realidad se entremezcle con ellos y fluya esa energía que nos conecta con la ilusión, la esperanza y la fe de poder alcanzar lo que anhelemos.

Andrea Calvete

domingo, 12 de enero de 2020

CONQUISTAR NUESTROS MIEDOS

Sentir miedo es natural, está relacionado con esa ansiedad en la que el corazón late con mayor velocidad, el cuerpo transpira y el estómago pulsa. A los miedos hay que conquistarlos, para transformarse en un punto de superación y crecimiento personal.

Las personas experimentamos ansiedades y miedos de vez en cuando, algunas veces inmovilizados ante determinadas situaciones, rehenes del miedo, sin libertad de acción, quedamos atrapados en una inmensa tela araña, como perdidos en un intrincado laberinto. Sin embargo, un poco de ansiedad puede ayudar a las personas a mantenernos alertas y concentradas.

Algunos seres arrastran carencias en su formación social, lo que incide en el trato público, generando timidez, miedo, falta de confianza, en este caso la falta de ciertas habilidades pronto se pueden adquirir consultando a un profesional especializado en la salud mental.

El miedo es un modo de vivir el peligro que afrontamos los seres humanos, y tiene una vertiente física y otra psicológica. La vertiente física: el cuerpo se prepara para una acción defensiva eficaz y rápida. Así varía el tono muscular, aumenta el ritmo cardíaco y respiratorio, el PH ácido del estómago. El miedo genera la situación opuesta al relax, en el que las funciones del organismo se desarrollan en su mínima expresión. La vertiente psicológica: es el cerebro quien decide cuando determinada percepción o idea es realmente peligrosa. Aquí repercutirán las experiencias vividas.

¿Cómo se generan los miedos? Algunos de ellos se relacionan con lo que se nos inculca de pequeños, dónde la información recibida marca una huella importante. Otras veces las experiencias personales vividas, nos condicionan y ante una situación similar surge el miedo.

También aparecen casos de miedos irracionales, es decir se presentan los efectos del miedo sin que exista un peligro real, estas situaciones fóbicas también tienen un tratamiento psicológico. Cabría aclarar que la fobia es un trastorno de salud emocional que se caracteriza por un miedo intenso y desproporcionado ante objetos o situaciones concretas.

En nuestros días, la individualidad, sentimientos, pensamientos, conciencia moral, libertad y responsabilidad individual; son difíciles de sostener como ideales humanos, entonces el individuo es invadido por la soledad y el aislamiento, en tanto la libertad se convierte en un sentimiento lejano.

Entonces, los miedos surgen de la mano de la desestabilidad que rodea a nuestro mundo actual, donde ocurren cosas que no tienen ni pie ni cabeza, donde nada es sencillo, donde la competitividad es cada vez mayor, donde el tiempo corre en forma vertiginosa, y no nos permite detenernos a respirar hondo.

“El amor ahuyenta el miedo y, recíprocamente el miedo ahuyenta al amor. Y no sólo al amor el miedo expulsa; también a la inteligencia, la bondad, todo pensamiento de belleza y verdad, y sólo queda la desesperación muda; y al final, el miedo llega a expulsar del hombre la humanidad misma”, así lo expresa Aldous Huxley

Y el miedo no conduce a nada bueno, no nos permite ver las situaciones con nitidez, distorsiona las imágenes. Ya se me dirán que es inevitable sentirlo, lo sé, pero también depende de la voluntad de cada uno el hecho de superarlo, hacerle frente, y si no se puede vencer por uno mismo pedir ayuda profesional.

Existe un proverbio inglés que dice “nunca tengas miedo del día que no has visto”, porque mientras imaginamos o suponemos corremos un alto riesgo a equivocarnos. Así vivimos esperando y previendo lo que sucederá mañana, y desperdiciamos el presente con su infinidad de posibilidades.

Y por el camino del miedo, se pierde la esperanza, la razón, el equilibrio, se pierde la paz necesaria para proceder con cordura, con tranquilidad. Es un mal conductor que nos guiará al desánimo, al pesimismo, a un lugar oscuro e incómodo.

Aunque cabe reconocer, que el temor es algo natural y positivo, pues nos protege a los animales y al ser humano de amenazas, como mecanismo de defensa. Mas cuando se convierte en un sentimiento que nos inmoviliza o estanca entonces ya pasa a ser un problema serio, y no importa si tenemos motivos o son infundados.

Existen dos formas de enfrentar el miedo: una no aceptarlo y descartarlo sin demasiados miramientos, cosa que no es sencilla porque para eso hay que vencerlo; o la segunda opción aceptarlo, que implica reconocer cierta vulnerabilidad, y enfrentarlo de la mejor manera, convivir con él de modo que podamos llevar a cabo nuestro diario vivir sin problemas. Por eso, sentémonos con nosotros mismos, desnudemos nuestros miedos, analicemos su origen, así será más fácil vislumbrar soluciones. 

El miedo se puede manifestar a través de la agresividad o a través de la sumisión. Vivimos en un mundo donde algunas personas se solapan en sus miedos, sus miserias, hacen cosas horripilantes, sin importar las consecuencias de sus atroces actos. En tanto, las situaciones cotidianas son de tal complejidad, que los más pequeños movimientos resultan desafíos inmensos, implican hacer frente a miedos de todo tipo en forma constante, pero éste es el tiempo que nos ha tocado vivir.

Igualmente, los optimistas, cargados de energía y valentía, se hallarán más fortalecidos a la hora de enfrentar los miedos, pues su entusiasmo y vitalidad serán poderosos instrumentos para no detenerse.

Quien enfrenta sus miedos, dudas, ansiedades, ese sentimiento de ir solos contra la marea, de forma de evitar los caminos de la evasión. Cada vez son más los desafíos que conlleva vivir en este mundo, entonces es importante pararse ante las distintas situaciones con herramientas válidas, que nos permitan un pensamiento crítico para lograr avanzar, sin que el miedo nos paralice. Quien logra conquistar sus miedos, los transforma en pequeños puntos de superación y crecimiento personal.

Andrea Calvete

sábado, 11 de enero de 2020

EL PESO DE CIERTOS VOCABLOS

Siempre, nunca, todo y nada, vocablos que con el correr de la vida toman otra dimensión. Quizás cuando somos más jóvenes ellos se aproximan a afirmaciones casi irrevocables, pero con el correr de los años se alejan de la poca flexibilidad y del peso que intentan imprimir.

Palabras que por su acentuación son graves, pero la gravedad traspasa la ortografía, para instalarse como afirmaciones casi irrevocables. En ocasiones, caminamos convencidos de que lo que decimos es de tal peso que es inamovible, de una contundencia inmensa, aunque en otras vemos que esas palabras con un viento fuerte se vuelven endebles y flexibles.

Si pretendemos caminar por la senda de la libertad, es necesario poder discernir, flexibilizarnos, pensar, dialogar y reflexionar. Al realizar estos ejercicios, simples pero un poco en desuso, es más sencillo evitar sentencias como las que implican siempre y nunca, todo y nada, vocablos que parecen abrir o cerrar puertas con bastante rigidez.

Entender que nada es para siempre, la finitud en su más amplia acepción; para así desapegarnos de situaciones que lo único que hacen es perjudicarnos, quitarnos libertad. Apegarse se vincula con una relación de certidumbre para sentirnos protegidos, pero la vida en sí es incierta y debemos, entonces, aceptar la incertidumbre.

Comprender que la palabra “nunca” tiene demasiado peso y solemnidad, “y por muy turbia que esté el agua puede apretarnos la sed”. Con esto no quiero decir apartarnos de nuestras convicciones, de los valores que nos sustentan, pero me parece que como seres humanos factibles de errores, nos equivocamos, erramos caminos y de ese modo también aprendemos.

Todo y nada demasiados abarcativos y excluyentes, por lo que se uso algunas veces no suele ser el más apropiado.

Por otra parte, las bifurcaciones que se abren a lo largo del camino son muchas, y no es sencillo caminar constantemente por la línea recta. Asimismo, la monotonía del “siempre” viene de la mano del desgaste de todos los días, de esa rutina que hace que los colores vayan perdiendo brillo. Por lo tanto, salirse de esos parámetros para trascenderla, es parte de volar, de animarse a descubrir nuevos caminos y de mirar con nuevos ojos. La petulancia del nunca, me lastima los oídos, me hace poco creíble las cosas, y me da la sensación de una restricción que asfixia y oprime, en vez de dar alas y posibilidades.

Nunca, siempre y todo, nada, palabras que cumplen con el principio hermético de la polaridad tratado en el Kybalion: “Los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado. Los extremos se tocan”; de allí la cercanía de estas palabras que parecen diametralmente opuestas.

Sin embargo, más allá de lo dicho, "siempre y nunca", “todo y nada” se utilizan con frecuencia, sin ser demasiado conscientes de su peso, del grado de sentencia que ellas anuncian, olvidando que los vocablos una vez que se disparan no se borran.

Por otra parte, guiados por los más profundas pasiones somos capaces de pronunciarlas casi enceguecidos, sin distinguir esa pasión que nos desborda, alejados y casi enemistados de esa voz interna que intenta sentarse cargada de sensatez, aunque la sensatez generalmente no va de la mano de los sentimientos.

Las palabras pueden ser portadoras de las sensaciones más gratas, más bellas, pero también pueden ser armas letales y ocasionar graves heridas, por eso debemos ser muy cuidadosos al emitirlas.

Difícilmente podamos asegurar o negar algo con tanta claridad, y si lo hacemos prestemos atención a nuestras palabras antes de emitirlas, dejémoslas resonar unos instantes, y quizás no las emitamos porque a “seguro se lo llevaron preso”.

Finalmente, formamos parte de certezas y de incertidumbres, de opuestos y complementarios, de claros y oscuros, porque así es la vida misma, un continuo devenir cargado de misterio puesto delante de nuestros ojos en una invitación para develar y descubrir cada día.

¿Será posible nunca decir siempre, ni siempre decir nunca?, o ¿o decir todo y nada? El peso de ciertos vocablos nos llevan a ser sumamente cuidadosos a la hora de utilizarlos, más la vida con el correr de los años nos conduce a darles un valor diferente y más aproximado.

Andrea Calvete

viernes, 10 de enero de 2020

ALMA MATER

Lo miré mustio, agonizante, despidiéndose de lo que quedaba de su hidalguía. Era tiempo de partir, más yo no lo admitía. Él me miraba cansado, mientras absorbía las gotas de agua que le permitían mantenerse en pie. Así se brindaba, indudablemente era un alma mater.

En pie era un decir, el bello romero añejo se arrastraba por el suelo en busca de sol. Originariamente había sido plantado junto a un jazmín del cabo, con el tiempo ambos fueron creciendo y alejándose de la pared lindera en busca del astro rey. Mientras que el jazmín logró equilibrarse con el tiempo, el romero fue quedando mustio. Sin embargo, del romero nació un hijo que creció llenó de fuerza y vigor, seguramente por haber sido plantado en un lugar ideal y además por ser descender de un grande.

El viejo romero alma mater lleva consigo tantos recuerdos, años de felicidad, de silencios, de sonidos, de alegrías y tristezas, años de vida en familia. También en su sombra la ausencia y presencia de los seres que han partido y que compartieron con él tantas vivencias.

Alma mater de la familia, el viejo romero se despide feliz porque ha perfumado y embellecido nuestras vidas. Se marcha orgulloso de ver a su hijo crecer, hermoso y floreciente. Continuará en nuestros recuerdos y como parte de nuestra existencia.

Andrea Calvete

miércoles, 8 de enero de 2020

CREARSE A UNO MISMO

Interrogar, dudar, recorrer, transitar, experimentar, es parte de esa búsqueda que hacemos en forma constante para encontrarnos a nosotros mismos, para entender qué es lo que queremos, anhelamos o simplemente pretendemos. Pero lo cierto, es que en este trayecto más allá de ese encuentro con nosotros mismos tan importante, es momento de crearnos a nosotros mismos de forma de sacar lo mejor que tenemos y que aún no hemos descubierto.

Cada vez que nos encontramos hallamos muchísimas aristas por limar, situaciones por cambiar, para ir avanzando en esa creación del ser que intentamos ser. No siempre logramos estar de acuerdo a lo que esperamos o deseamos, entonces es momento para aceptar nuestras limitaciones y ver realmente de lo que somos capaces. En realidad somos capaces de todo lo que nos propongamos, pero también es importante ser realista, para no proponernos metas utópicas. En realidad, las metas algunas veces son las que nos llevan a decepcionarnos, a deprimirnos porque no las logramos, cuando en realidad más que importarnos la meta deberíamos focalizarnos en qué es lo que hacemos día a día, para ser felices con esté aquí y ahora, con este presente que muchas veces no disfrutamos por ese futuro que aún no llega y ese pasado que se nos escapa de las manos.

Cuando decidimos crearnos a nosotros mismos ponemos sobre la mesa nuestras ilusiones, nuestros deseos reprimidos, los sueños que día a día han sido postergados, para dejar ser a ese ser que lleva años esperando a que le demos una oportunidad, una chance de vivir con plenitud. Aunque esto parece el abc de saber vivir no es tan sencillo de poner en práctica. Los seres humanos llegamos a ser muy complejos a la hora de actuar, de pensar y de sentir, más aún cuando nuestras emociones andan encontradas y nuestros deseos parecen haber quedado desvanecidos por las desilusiones. Quizás hoy es buen día para darnos esa chance de crear ese ser que tantas veces soñamos ser, y no importa la edad o la etapa de la vida en la que nos encontremos, sino las ganas de cambiar y de ser alguien diferente, alguien que se levante y sonría ante el nuevo día, alguien que se abra a las posibilidades y también a gozar de las cosas más sencillas pero que son alcanzables.

Gozar de lo que está a nuestro alrededor requiere prestar atención con las oportunidades que nos da la naturaleza, en un amanecer, atardecer o simplemente en un día de lluvia. Disfrutar de lo que nos rodea, de los afectos, de los seres queridos parece algo muy sencillo, pero cuando estamos con la cabeza en otro lado no logramos hacerlo, por eso cuando tengamos la oportunidad de estar junto a quienes realmente nos importan es importante brindarnos cien por ciento al encuentro.

El surgimiento de las posibilidades está estrechamente relacionado con la energía que pongamos, con el entusiasmo y dinamismo con que nos abramos al nuevo día y a los acontecimientos. De esta forma daremos apertura a los cambios y también a poder disfrutar de todo lo que nos rodea y hasta ahora había pasado desapercibido.

Quizás hoy sea un excelente día para mirarnos al espejo, y decidir qué imagen es la que realmente deseamos reflejar, pero no de acuerdo a lo que los demás esperan de nosotros sino fieles a lo que deseamos ser. Y no importa si los demás están o no de acuerdo, porque posiblemente ya nos hemos postergado demasiado, y este es el momento para crearnos de acuerdo a lo que venimos trabajando para cambiar y ser, sólo que hasta ahora no habíamos reparado en que ese cambio era posible, y que es este el momento para crear a ese ser que llevamos tanto tiempo dejando atrás, es momento de abrirle la puerta y permitirle pasar para crearnos a uno mismo de la mejor manera, para rozar a ese ser que ha permanecido dormido y es hora de despertar.

Crearse a uno mismo es cuestión de ganas, de creer que hay un posible, de poner a rodar la ilusión y la creatividad, el entusiasmo y la fuerza necesaria para entonces dar lugar a ese ser que está a la espera de habitar en nuestros días.

Andrea Calvete

sábado, 4 de enero de 2020

CUANDO HABLAMOS DE TOXICIDAD

Nos intoxicamos con lo que bebemos, comemos, con un sinfín de hábitos nocivos que sin darnos cuenta vamos incorporando a nuestro diario vivir. Sin embargo, uno de los peores tóxicos suelen ser los pensamientos cuando se tiñen con los que nos daña o perjudica.

Si bien los pensamientos nos abren el universo de las posibilidades, cuando nos enferman o angustian, nos llevan a ver lo que no es, así nos cuestionamos hasta lo más mínimo, hasta que nos desequilibramos emocionalmente.

Los pensamientos tóxicos suelen estar cargados de envidia, rencor, resentimiento, cólera, enojo, mal humor, angustia, miedos, frustraciones, desengaños, fracasos, desilusiones … sentimientos que en definitiva terminan auto destruyéndonos, nos encierran en lo peor de nosotros mismos.

Y los pensamientos cargados de toxicidad son contagiosos, se expanden y propagan sin control, por eso cuanto más lejos nos mantengamos de ellos mucho mejor.

Posiblemente no seamos conscientes de que lentamente nuestros pensamientos, así como nuestro cuerpo se va intoxicando, por todo aquello vamos incorporando y nos va quitando energía, vitalidad, alegría de vivir y entusiasmo, dejándonos atrapados en una situación en la que nos asfixia y quita estabilidad.

Pero a nuestros pensamientos se suman las personas que nos rodean, por eso es importante evitar a los “seres contaminantes” que lentamente nos quitan la energía y el humor. Un “ser contaminante” no sabe qué hacer con su tiempo y se dedica a interferir en el de los demás, se mete en la vida ajena, opina, da consejos sin ser consultado y, mucho peor, incide en nuestras vidas haciéndonos creer que nuestras decisiones por algún motivo no son las mejores.

Generalmente, quien contamina lo hace desde la envidia que lo invade, porque no soporta ver en los demás lo que él no puede alcanzar o lograr. La envidia es un sentimiento que en algún momento nos visita, pero es una muy mala compañía, porque avanza sigilosa, corroe el alma, genera infelicidad e insatisfacción, por lo tanto, es un sentimiento maligno del que es importante alejarse.

Algunas personas por competitividad, suelen ser tóxicas, por querer ocupar ese lugar en el que estamos, entonces se valen de mil artimañas para dejarnos mal parados y llegar a nuestra silla.

También resultan contaminantes las personas que son negativas, mala onda, que no ven perspectiva ni salida a nada, para quienes todo es un bajón y, en definitiva, transmiten un panorama oscuro para nuestros planteos. Pero con esto no quiero decir que no hay que ser realista, al contrario, se debe conocer muy bien la realidad que nos rodea para poder cambiar lo que no nos gusta.

Otra de las características sobresalientes de este tipo de personas, es que suelen sembrar la intriga y la cizaña sin demasiados miramientos, sueltan pequeñas dosis imperceptibles para que poco a poco absorbamos el veneno que destilan sin darnos cuenta.

La proximidad con el ser contaminante favorece la escasez de oxigeno y una sensación de disgusto e incomodidad que se incorporan como parte de la estadía. Así sin saberlo, nos sentimos mal, nuestro malhumor se incrementa y es como una bola de nieve que aumenta y aumenta.

¿Qué hacer cuando nos topamos con un “ser contaminante”? Lo más lógico sería romper con esa relación. Pero, no siempre es posible, a veces son personas que trabajan con nosotros, que están en ámbitos en que no podemos cortar el nexo. Sin embargo, siempre podemos marcar límites, y tomar cierta distancia, o simplemente poner los puntos sobre la mesa.

El hecho de enfrentar el problema, pararnos con valentía ante lo que nos ocurre, denota que sabemos lo que queremos con nuestra vida, que no permitimos la contaminación, ni la manipulación, porque somos los verdaderos hacedores de nuestro camino.

De regreso con todas las posibles formas de intoxicación a la que nos podemos vernos expuestos, debemos analizar no sólo lo que comemos y consumimos, sino también lo que pensamos y decimos, de quiénes nos rodeamos, para poder entonces analizar si realmente estamos llevando una vida en la que somos los pilotos de nuestro propio barco para vivir de manera saludable y armoniosa. 

Andrea Calvete

jueves, 2 de enero de 2020

PACIENCIA: ÁRBOL DE RAÍZ AMARGA PERO DE FRUTOS MUY DULCES

La paciencia dice un viejo proverbio que es un árbol de raíz amarga pero de frutos muy dulces. Quizás su amargura radique en poderla llevar a la práctica justamente en momentos que se hace muy complejo hallarla y casi imposible preservarla.

Por lo general, cuando un problema nos supera, una enfermedad nos aqueja, lo primero que se nos recomienda es tener paciencia, de modo de no perder la razón, la calma, y la armonía en nuestros días. Precisamente, cuando estamos mal por cualquier motivo nos desestabilizamos, y es como un gran círculo vicioso del cual se hace muy difícil de salir, porque parecería que todos los problemas se van encadenando.

Para poder desarrollar la paciencia, primero debemos asumir lo que nos sucede, comprenderlo, para después buscar la manera paciente de continuar lo mejor posible. Pero para llegar a este punto debemos analizar dónde estamos parados, y por qué hemos arribado hasta aquí, qué es lo que ha sucedido, para entonces tener en claro qué dirección tomar. En esta instancia necesitamos hacer un alto.

La palabra paciencia proviene del latín pati, que significa sufrir. De hecho el participio patiens se introdujo al castellano como paciente (en los hospitales) o "el que sufre". Tomás de Aquino considera que "la paciencia es una virtud que se relaciona con la virtud de la fortaleza e impide al hombre distanciarse de la recta razón iluminada por la fe y sucumbir a las dificultades y tristezas"

Pero más allá de encontrar la paciencia, es muy fácil perderla sobre todo cuando las dificultades se interponen en nuestro camino y nos juegan una mala pasada. El no perder la paciencia requiere ejercitarla y ser conscientes que ante cualquier desequilibrio debemos poner mucho de nuestra parte para continuar con armonía. ¿Como continuar el camino?, es algo muy personal, pero seguramente la persona que ponga fe en algo, quizás en él mismo, el camino se le va hacer mucho más sencillo.

La tolerancia va de la mano de la paciencia. He aquí dos vocablos que parecen ser primos hermanos, porque para ser tolerante se debe ser paciente, de modo de poder comprender a la persona que tenemos al lado aunque su proceder no entre en nuestra cabeza.

Cuando perdemos la paciencia parece que un termostato rápido y caliente saltara ante la menor contrariedad, entonces allí queda perdida en un rincón, hasta que alguien decide rescatarla, para mejorar el humor y el día.

Por tal motivo, “la paciencia en un momento de enojo evitará cien días de dolor”, porque si callamos cuando hierve nuestra sangre, si escuchamos cuando estallan nuestros oídos, si respiramos cuando parece que el aire no llega a nuestros pulmones, entonces hemos logrado hacer pasar a la paciencia, para que tome asiento a nuestro lado y nos acompañe antes de cometer un acto que pagaremos con creces.

Asimismo, la ansiedad en la que vivimos atrapados, producto del consumismo atroz que nos acecha, conlleva a que seamos personas impacientes, insatisfechos, inseguros, y de este modo a mal puerto vamos por agua. En un ambiente hostil, donde no hay lugar para la calma, el relax, la reflexión, tampoco habrá lugar para la tolerancia.

Y como les decía, “la paciencia es un árbol de raíz amarga pero de frutos muy dulces”, y esa raíz es amarga porque hay que saber escuchar, observar, callar, comprender, hasta poder ponernos en el lugar del otro, de ese modo surgirán los frutos dulces, la recompensa, y tendrá lugar la tolerancia.

Y la tolerancia se imparte en el trato entre los componentes de la familia, los amigos, los compañeros del trabajo, los vecinos…, los empleados de los negocios, porque desde el respeto con el que tratemos a los demás también seremos tratados. Al ser respetuosos con las personas que nos rodean, damos paso a esta virtud tan escasa casi en vías de extinción, llamada tolerancia.

Tantas veces se nos hace muy difícil ponernos en el lugar del otro, ver que las perspectivas cambian, los significados, los ángulos, las miradas… y es que todo depende del cristal de donde se mira, y todos somos diferentes, y aunque ante la ley somos iguales como seres humanos, desde lo individual nos diferenciamos y de allí el respeto por las ideas, pensamientos, filosofías, religiones y opciones de vida. ¿Qué nos da el poder de juzgar o no tolerar determinadas cosas, somos más que los demás? Somos seres con derechos y obligaciones, y dentro de ellas debemos respetar a nuestros semejantes, para del mismo modo ser respetados.

Para lograr convivir en armonía, la tolerancia es primordial, para que proliferen todos los colores, todas las ideas, todos los pensamientos, pero siempre respetando a quienes no coinciden con nosotros, porque cuando disentimos con educación, intercambiando opiniones con altura, con argumentos coherentes, podemos desde esta instancia dar comienzo a nuevas oportunidades de diálogo y de entendimiento.

José Saramago llegó a la conclusión que es mejor no convencer a nadie, ya que “el trabajo de convencer”, para él, “es una falta de respeto, es un intento de colonización del otro”. Y quizás he aquí una de las claves por las cuales no somos tolerantes, porque en nuestro afán por defender nuestros ideales, ideas, sueños, anhelos, intentamos convencer a todos los que nos rodean, olvidando que ellos también tienen los suyos, que son tan válidos como los nuestros.

Y tolerar no significa ser indiferente, sumiso o indulgente, significa abrirse a otras ideas, al diálogo, al intercambio de conceptos, pero siempre defendiendo con argumentos lo que creemos y pensamos. Según Kofi Annan “la tolerancia es la virtud que hace la paz posible”.

Para los budistas la tolerancia es el primer paso para lograr la ecuanimidad, y tolerar es el punto de partida para comenzar a dominarse y controlarse a uno mismo.

Otro problema por el cual la tolerancia tiende a cero es que no sabemos escuchar. Escuchar es un arte, pues no todas las personas se brindan con sus cinco sentidos ante una conversación. Requiere de un proceso de concentración en el que absorber, procesar y pensar, serán tres verbos relevantes.

Pero como vivimos cargados de preocupaciones, no logramos concentrarnos plenamente en el diálogo. Por eso es necesario, focalizarnos en la conversación, con tolerancia y paciencia para poder abrirnos a la comunicación fluida. He aquí una de las grandes fallas a la hora de transmitir algo.

Escucha quien puede, quien quiere, quien lo cree necesario, quien está dispuesto a compartir algo de su tiempo, quien aún le importa este mundo, quien siente que su corazón aún late y quien desea ser útil.

Quizás los años son los mejores aliados a la hora de entender que la paciencia junto con la tolerancia son síntomas de madurez y de crecimiento personal. Algunos nos cuesta más llegar a esta conclusión y a otros menos, todo es cuestión de las cartas que nos hayan tocado en suerte, pero a la larga todos tropezaremos con alguna piedra que nos hará ver que la impaciencia y la intolerancia no conducen a buen camino.

Por eso, si respetamos lo que las demás personas piensan y sienten, significa que hemos aprendido a escuchar, a comprender, a aceptar la existencia de la diversidad, en definitiva implica reconocer nuestros errores y admitir que no somos perfectos. De este modo, daremos el primer paso para cultivar la tolerancia. Y el concepto de Sartre es muy importante a la hora de ser tolerantes, cuando dice “Nadie es como otro. Ni mejor, ni peor, es otro”.

Y al ser intolerantes damos paso a la represión, destrucción, profanación, prejuicio, expulsión, exclusión, estereotipos, intimidación, hostigamiento, discriminación, ostracismo y segregación, es decir, contribuimos con la destrucción del ser humano, por lo tanto debemos decir si a la tolerancia.

Si decimos sí a la paciencia, podremos cultivar ese árbol de raíz amarga pero de frutos muy dulces, que en definitiva serán los que nos proporcionarán oportunidades para ser más tolerantes, fraternos y solidarios, en pos de construir mejores relaciones de alteridad.

Andrea Calvete