domingo, 1 de diciembre de 2019

PELDAÑOS DORMIDOS

Se desliza por los peldaños dormidos, el crujir de la madera acompaña su paso lento y escurridizo. En su buhardilla lo espera un mundo que parece haber dejado dormido pero está allí, como un insomne que ronda en un intento de lograr aclarar un problema.

Busca entre baúles olvidados unos recortes que necesita para un artículo que está escribiendo. Aparece sin querer una vieja foto de su madre y su padre que lo sostiene a upa de niño, no lo puede creer, es él con tres años, se estremece, se traslada en el tiempo siente los brazos de su madre que lo abrazan con especial ternura, y la mirada de su padre brilla con luz. ¡Cuánta felicidad atrapada en un pequeño trozo de papel, cuántos sentimientos! ¡Si pudiera recordar qué pasó ese día! ...

Se levantaron muy temprano era un día diáfano y diciembre llegaba perfumado de jazmines y lavandas. Se habían bañado por la noche y habían dejado preparados los bolsos porque los esperaba un fin de semana en la Pedrera. Era como irse al fin del mundo desde Montevideo, toda una odisea. Salieron al alba para llegar y aprovechar de esa escapada a un paraíso en medio de Rocha.

El ómnibus que los trasladó desde Montevideo los dejó a unas cuadras de la casa donde iban a parar, aún con los bolsos a cuestas y Pedro a upa llegaron hasta el acantilado majestuoso en la que se divisaba la playa de la Pedrera y Punta Rubia. Las olas se perdían en ese mal alborotado, blancas y perfectas rompían entre las rocas, frescas explotaban desplegando todo su vigor. Un cielo despejado abría el día, las gaviotas revoloteaban frente a los pescadores en busca de comida. Ya habían llegado los primeros bañistas a la playa, algunas sombrillas de colores aparecían dispersas para recibir los primeros soles. Si la fotografía había sido tomada allí en ese magnífico acantilado en el que sonreía la vida.

Se desliza por los peldaños dormidos, el crujir de la madera acompaña su paso lento y escurridizo. Pedro no logra recordar qué fue lo que pasó ese día, sólo le viene a la mente el cuento de sus padres que casi lo dejan huérfano en aquel baño en la Pedrera en el que estuvieron a punto de ahogarse, y que gracias a unos buenos bañistas y salvavidas lograron luego de varias horas salvar su vida. Lo demás no tiene demasiada noción cómo sucedieron los hechos, estaba él con ellos en la playa, estaba en la casa con los amigos de sus padres. Evidentemente, la foto le dice mucho más cosas pero él hoy no tiene tiempo de seguir indagando, lo espera una mañana agitada de trabajo y un diciembre lleno de expectativas. Cierra el baúl y se dispone a escribir, dejará para el fin de semana una nueva búsqueda en la que navegará por esos recuerdos que son parte de esas vivencias que lo han marcado.

Los peldaños dormidos crujen en nuestra existencia, nos hablan, nos habitan, se enredan entre nuestros recuerdos, se esparcen entre los colores pálidos de la memoria, y se visten de las sensaciones con las que estamos dispuestos a mirar la vida. Hoy le sonríe un diciembre que lo invita a vivir con plenitud lo que resta de este año, sus padres siempre permanecerán vivo en él y latirán al ritmo de la vida.

Andrea Calvete