sábado, 14 de diciembre de 2019

EL DOLOR Y SUS ADAYACENCIAS

Guernica- Piccaso
Bicho caprichoso con ojos dorados, se desliza artero, repta entre los umbrales de las sensaciones, jadea a su rimo, desafía a todos los estados anímicos. Pulsea el humor de las personas a la que enfrenta. Hábil contrincante amanece entre las grietas los pensamientos, las articulaciones y los huesos.

Así se instala lentamente hasta que se hace compañero de ruta. Dicen que más vale estar solo que mal acompañado, pero es un personaje detestable al que nadie llama o busca, y si lo hace fue por mera fatalidad. Como todo en la vida uno se va acostumbrando a convivir con él, lo mira de reojo y ya sabe sus maléficas intenciones. Tiene la habilidad de cambiar el semblante de las personas, de transformar esa aureola de armonía en una suerte de inquietud molesta hasta que finalmente es posible continuar a pesar de su indeseable presencia.

Existen infinidad y variedad de dolores, físicos, emocionales, sentimentales, mentales, pero más allá de su manera de hacerse presente, tienen la particularidad de convertirse en una verdadera molestia, por momentos invalidantes y por otro deselantadores. Analgesiar el dolor es parte de poder proseguir el rumbo o al menos buscarle la vuelta para convivir con él. Evidentemente, lo mejor es lograr que el dolor desaparezca, pero embarcarse en esta ardua tarea requerirá de estar dispuestos a enfrentarlo, a asumirlo y sobretodo a no resignarnos ante él, a darle batalla para poder salir adelante.

Las adayacencias de dolor se vinculan con todos esos espacios en los que una impronta dolorosa se apodera e imprime vetas de incertidumbre, de agonía y de sufrimiento, en donde es difícil avizorar salidas. Sin lugar a duda son adyacencias oscuras poco agradables, por momentos tenebrosas, sin embargo cuando un rayo de luz o esperanza se cuela por entre estos barrotes asfixiantes entonces el sufrimiento comienza a evanecerse y la recuperación sobrevuela con ánimos renovadores.

A lo largo de la historia obras maestras han surgido motivadas por el dolor en todas las artes, conmoviendo a quienes las admiran o disfrutan a través de los siglos. El sufrimiento, el desencanto, el desamor, han calado en los corazones de los artistas inspirando fabulosas creaciones, perpetuadas en distintas obras: literarias, teatrales, cinematográficas, musicales, pictóricas y plásticas.

Ese proverbio que dice que “de cuerdos y locos todos tenemos un poco” no ha sido excepción en todos estos maestros que nos han deleitado con su trabajo. Esa mixtura de sentimientos apasionados, desencontrados y desenfrenados han surgido luego de dolorosos acontecimientos en sus vidas o las de quienes les rodean.

Es paradójico que el sufrimiento y el dolor generen algo hermoso. Pero algunas personas a través de su talento y altísima sensibilidad, logran ese efecto placebo a través de la realización de su obra, en la que muchas veces consiguen rescatar lo más bello de la vida, aún en las situaciones más difíciles, porque en el fondo son personas que aman y honran la vida.

El artista con su mirada sutil y perspicaz es capaz de apreciar la realidad que le rodea con una exquisita agudeza. Es así, que ante unos ojos que piden clemencia, piedad, justicia, o equidad, o ante una sociedad sumergida en el horror consiguen a través de su creatividad mitigar ese dolor mediante de la ejecución de su obra.

Por tal motivo, el apoyo al acervo cultural de una nación es tan importante, porque el arte en todas sus manifestaciones es un legado histórico en el que numerosos hombres y mujeres han dejado plasmada su obra como forma de ayudar a interpretar y superar el mundo en el que vivimos. Es así que sus obras forman parte de la existencia e identidad de la humanidad.

Quizás todos los seres humanos tengamos ese don incorporado, y podamos del dolor sacar algo positivo, o algún tipo de aprendizaje que nos permita crecer y no hundirnos todavía más, porque aún en los momentos duros, la vida nos puede dar una segunda oportunidad. Por eso, ilusión y esperanza son dos ingredientes fundamentales para que los acontecimientos grises y oscuros se transformen en coloridos y brillantes.

De este modo, la mayoría de los artistas manifiestan el dolor persistente en ellos a través de símbolos, expresiones, colores, notas musicales, todos los cuales poseen su propia connotación psicológica, haciendo así catarsis y dando a conocer su mirada aguda, profunda y perspicaz.

Guernica, el famoso cuadro de Pablo Picasso, pintado en 1937, cuyo título alude al bombardeo de la población vasca de Guernica, durante la Guerra Civil Española, es una de las obras más importantes del siglo XX, es un símbolo de los terribles sufrimientos que la guerra inflige a los seres humanos, y he aquí un ejemplo muy claro de cómo el dolor y el arte pueden caminar de la mano.

Y como esta obra de Picasso podríamos enumerar infinidad que siguen el mismo patrón de conducta y reflejan momentos muy duros pero vistos a través de la vista exquisita del artista que logra captar lo sustancial de cada momento hilando muy fino, por eso el poder de percepción en estos casos es muy agudo.

El arte es un instrumento muy poderoso para canalizar una experiencia de dolor, muchas veces más efectivo que las palabras mismas o las imágenes. Detrás del dolor se enmascaran experiencias múltiples que en definitiva suelen aparecer en la obra, moldeadas y representadas de tal forma que nos transportan al preciso momento que el autor quiso señalar.

Y luego de estas reflexiones, cabe agregar que quienes nos deleitamos con sus obras, muchas veces nos sentimos identificados de alguna manera porque lo que nos transmiten son situaciones que también nos han tocado muy de cerca.

De regreso al dolor y sus adyacencias difícilmente escapamos al dolor en la vida, en alguna instancia nos enfrentaremos a este bicho caprichoso con ojos dorados , pulsearemos con este hábil contrincante y lo enfrentaremos día a día de acuerdo a las herramientas que tengamos en nuestro camino para poder entonces mirarlo a los ojos con la serenidad de quien sabe que puede continuar manejando los hilos de su vida.

Andrea Calvete