sábado, 7 de septiembre de 2019

UNA ESQUINA COMO TANTAS

Una esquina empapada de recuerdos, perfumada con los aromas de primaveras que florecieron en los días de juventud, donde los colores corrían desenfrenados llenos de ilusión y entusiasmo. Testigo del tiempo se ha bañado de los hilos de los años, que con esmerada paciencia han tallado su impronta.

Una esquina que se deja llevar por las risas de quienes transitan decididos a todo, por más que bajo sus ropas guarden llantos escurridizos o envuelvan los temores debajo de sus abrigos. Dicen que la risa es contagiosa, se propaga así llena de entusiasmo, e irradia la energía contra lo que casi nadie puede, es tan poderosa que con su halo mágico llega a desdibujar el momento más difícil.

Una esquina en la que la humedad ha caldo profundo, en las que la lluvia ha caído suave y constante, en las que los ruidos de las calles se ha incorporado como parte de su ser. Pero no todos los días han sido iguales, sin embargo son recordados con alegría porque ellos son parte de lo que hoy es, mientras continúa abierta a los cambios y a las ilusiones.

Una esquina en la que se han besado cientos de parejas, a la luz de un farol, o de una noche de estrellas, o bajo un cálido amanecer en el que la esperanza baña el día de júbilo. Han dejado allí plasmado su amor, mientras ella los ha cobijado como testigo silencioso y hermético.

Una esquina en la que los niños vuelven de las escuelas con sus moñas rebosantes de energía, testigo de la dicha de esa etapa que se pasa volando y que viene cargada de fuerza vital y esperanza, en la que las risas y las travesuras son parte de esa multitud de posibilidades.

Una esquina que ha escuchado infinidad de conversaciones, de vecinos, amigos, parejas, de gente que va y viene, y que llevan consigo sus problemas, sus cuestionamientos, sus dudas, sus anhelos, y depositan en cada conversación lo que les inquieta y preocupa. Así ha visto pasar multitudes, y cada uno ha dejado un poco de sí y se ha llevado un poco de ella.

Una esquina como tantas, se para tranquila para dar cabida un cruce, una parada, un llanto, una risa, un deseo, un fin o un comienzo, en la que transcurre la vida y se impregna de cada ser que por allí pasa y le regala un trocito de sí.

Andrea Calvete