miércoles, 2 de agosto de 2017

¿CUÁNTOS ESPEJOS ESTAMOS DISPUESTOS A ROMPER?

Es común que admiremos a ciertas personas, que tomemos su accionar como ejemplo, porque alguna manera al mirarlas nos sentimos reflejadas en esa imagen. Esta sensación es la que conocemos como empatía y tiene que ver con nuestras neuronas espejo. Así nuestras emociones se ven estimuladas y surge la motivación algunas veces difícil de encontrar, pero que una vez vislumbrada comprendemos qué rumbo tomar.

Se preguntarán por qué al escuchar hablar a una persona que ni si quiera conocen se sienten tan a gusto e identificados, sencillamente porque han podido establecer una relación de empatía, en la que es posible traspasar barreras y sentarse cómodamente al lado de ese individuo para escucharlo e intercambiar ideas. Es alguien con quien nos sentimos genuinos y tenemos la sensación de conocerlo de toda una vida. Estos nexos de identificación nos enriquecen porque nos ayudan a encontrar lo más profundo de nuestro ser, nuestras verdaderas motivaciones algunas veces escondidas y ocultas, porque no nos atrevemos a dejar aflorar lo que realmente somos. De nada sirve cuando nos tropezamos con alguien con el que no tenemos empatía querer derribar esos muros casi impenetrables, porque sólo cuando estamos dispuestos a que el accionar de esa persona no nos afecte ni desestabilice entonces allí esa barrera disminuye lenta y gradualmente, y comienza a establecerse el diálogo y a fluir la buena energía.

De regreso al encuentro con lo que nos motiva que tiene que ver con conocer la imagen que nos devuelve el espejo, como les decía al principio el accionar de otras personas es un gran estímulo para poder descubrir qué es lo que realmente ansiamos o queremos ser. Sencillamente en cada uno de nosotros está la respuesta, suena paradójico cuando esa imagen que queremos hallar se vuelve lejana o confusa, pero es cuestión de sentarse con uno mismo y dejarnos fluir. Es posible fluir cuando comprendemos que el agua estancada se pudre, sólo cuando fluye se renueva. De eso se trata de renovarnos día a día, de no estancarnos, de avanzar abiertos y sin prejuicios. Según Goethe “el comportamiento es un espejo en el que cada uno muestra su imagen”, aunque algunas veces ellos no condicen con lo que pensamos o sentimos, porque el ser humano no siempre obra de acuerdo a lo esperado, o establecido, en él se dan una serie de situaciones internas y externas que lo llevan a actuar de formas inusitadas, complejas de entender, pero que a la larga tienen una explicación.

Si nos detenemos a mirar a nuestro alrededor, la mayoría de las personas viven desconformes, las que están solteras quieren casarse, las que están casadas quieren divorciarse, los que tienen una pareja estable ya se han aburrido, los que no la tienen están deseándola tener… el que tiene poco quisiera tener más, y el que tiene mucho se siente sobrepasado y se da cuenta que era más feliz antes cuando tenía menos, y entonces vivimos en un mundo donde la vereda del vecino para ser más fresca, confortable y segura. Ahora bien, si lo de lo demás parece ser mejor, es un mal punto de partida. Lo que los demás tengan no me quita ni me agrega nada a mi vida, es importante saber ¿qué es lo que yo quiero, anhelo o ansío? Si tengo claro estos parámetros más sencillo será a la hora de mirarnos al espejo, porque no sólo voy a ver la imagen que desearía ver con claridad, sino la que se refleja y dista de ella.

En esta búsqueda personal, no debemos olvidar que somos seres que nos encontramos permanentemente condicionados a juzgar. Y nuestro juez interior es el causante de que aceptemos o rechacemos quienes somos. En tal sentido, es preciso adoptar un diálogo crítico, que nos permita confrontar lo que somos con lo que queremos o anhelamos ser. Quizás alcancemos a ver el reflejo de varios espejos y entonces nos estremezcamos al comprender que ya hemos roto varios espejos porque como dice Borges “somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos”. Y aunque la autenticidad suele ser una virtud que escasea no está perdida, sólo es apelar a nuestros sentidos más íntegros, e intentar rescatarla de alguna parte con valentía, porque todos somos seres únicos y diferentes.

Andrea Calvete