martes, 12 de abril de 2016

TODO LLEGA EN SU DEBIDO MOMENTO

Lejos se encontraba de hallar la respuesta adecuada, cada paso le hacía notoria su lejanía con el conocimiento, infinito y lleno de vericuetos. Así de lo único que estaba segura era que conocía muy poco y que debía seguir profundizando.

Unos pasos más adelante Lucía respiró profundo, sintió que el aire oxigenaba sus pulmones, necesitaba aire fresco para renovar ese agotamiento que lo oprimía, que le dificultaba respirar.

Había andado una vida, leído, mirado, escuchado, sin embargo, en la medida que avanzaba se sentía más lejos de conocer, por eso antes de expresar alguna opinión lo pensaba tres veces por lo menos, porque era consciente que toda palabra disparada se echaba a andar sin retroceso.

Se había equivocado muchas veces, producto del camino andado, de las decisiones mal tomadas, de los miedos y dudas, del creer saber y a su vez estar lejos de conocer. Así el cúmulo de errores le habían enseñado a ser más prudente, menos arrogante y más humilde.

Parece mentira, pero lejos quedan la humildad y el conocimiento, cuando el ego se para soberbio y arrogante para mostrar sus dotes, entonces la vista se nubla y la cabeza no piensa, el corazón se desenfrena, y los instintos dominan irrefutables. Aunque a esta altura, Lucía sabía de encantos y desencantos, de blancos y negros, de amores y desamores.

Si bien se hacía más difuso el hecho de alcanzar el conocimiento, había una sensación que lo acompañaba y era el saber esperar, luego de mucho andado, sabía que nada ocurría por casualidad, a la larga o a la corta todo tenía un porqué, sólo era cuestión de descubrirlo.

Aunque algunos porqué no terminaban de cerrarle, por más que le había buscada respuesta, estas no llegaban, ni siquiera se asomaban. Lucía por momentos pensaba: “No llego a ver los porqué, seguramente porque estoy lejos de asimilarlos” y casi resignado decía: “Ya aparecerán”.

Una mañana su habitación se cubrió de una extraña luz que entraba por la ventana, había acabado de llover, los verdes esmeraldas se colaban por las rendijas con notas del sol que quiere aparecer por entre las nubes. Una extraña sensación hizo que se incorpora en su cama, no sabía si estaba soñando o viviendo algo nunca visto.

Ya más tranquila, sentada miró complacida la luz que entraba, se dejó llevar por la hermosura de sus colores, y escuchó un mensaje, no sabía de dónde provenía, lo que sí supo después era que muchos de esos porqué habían desaparecido.

Si bien muchas preguntas habían sido develadas, quedaban muchas por contestar, sólo que ahora caminaba confiada e ilusionada en que todo llegaba a su debido tiempo, sólo es cuestión de seguir andando con fe y esperanza.

Andrea Calvete