domingo, 20 de marzo de 2016

LA PUERTA QUE NUNCA SE CIERRA

Más lejos o más cerca, tocamos esa puerta que nos conduce hacia nuestro yo más profundo. Por momentos cercana y en ocasiones tan lejana que al mirar nos sentimos perplejos y confundidos.

¡Qué extraña contradicción conocernos y desconocernos al mismo tiempo! Una verdadera paradoja tras la que caminamos para desnudarnos y sincerarnos con nosotros mismos.

Es más sencillo ver lo que nos gratifica, lo que no duele, lo que no pesa, que aquello que realmente significa una molestia o una arista que pulir, pues ellas suelen ser doloras y punzantes, lastiman laboriosamente con sus puntas para llegar a esos rinconcitos que quisiéramos dejar olvidados.

Pero no es fácil olvidar o reprimir lo que está a nivel inconsciente, a la larga o a la corta se manifiesta de algún modo, en un sueño, en un pensamiento, o en un simple recuerdo.

Para ver realmente quienes somos debemos ser valientes y fuertes para enfrentarnos con lo que nos disgusta de nosotros mismos, Y no hay que hacerse trampa al solitario, hay mucho que quisiéramos cambiar pero no podemos por diferentes motivos.

El primer paso es aceptar lo que no nos gusta, es parte de allanar el camino, luego un minucioso análisis de las posibilidades de cambiar, crecer o tomar otro rumbo. Aunque no todo es tan sencillo, además del blanco y el negro, existen múltiples matices.

Aunque la mayoría de las soluciones están en nuestras manos, hay un pequeño porcentaje que escapa a nuestras decisiones, pues un personaje llamado destino suele aparecer sin demasiadas explicaciones, simplemente se presenta y allí lo enfrentamos, de la mejor manera que podemos.

Lo que nos depara el destino escapa a todo cálculo o pensamiento, sin embargo quien en su mochila cargue optimismo, buen humor y alegría, lo enfrentará de mejor manera.

Quizás en ese bolso, que es el equipaje que vamos adquiriendo en el camino, debamos hacer lugar para los gratos recuerdos, esos que nos iluminan el día, que nos sacaron una sonrisa, o nos hicieron vibrar muy fuerte, o emocionar como pocas veces, Estos elementos son energía vital para nuestros días, y con esto no digo quedarnos en el pasado, sino tomar de él lo mejor y guardarlo en el corazón.

Generalmente, lo que ha quedado depositado en atanor del alma suele ser llama viva para que nuestro motor funcione y no se paralice. Palpitan  en nosotros nuestros seres queridos, los que están y los que se fueron, los que han dejado huella, los que han logrado despertar lo mejor de nosotros mismos.

Lejos o cerca de esa puerta que nos conduce a ese yo interior caminamos, algunos descalzos, indefensos, otros dolidos o traicionados, otros alegres y ansiosos, otros preparados y atentos. Sin embargo, cada cual a su modo, todos transitamos esa senda del conocimiento interno y del mundo que nos rodea, a no detenernos y a respirar profundo que el camino continúa.

Andrea Calvete