miércoles, 27 de mayo de 2015

DÍAS AGOBIANTES

El contacto con las horas interminables en un sanatorio da para cuestionarse una inmensa lista, que con el vertiginoso correr de los días no somos capaces de advertir. Cuando tomamos contacto con el sufrimiento con esa pequeña línea delgada entre la vida y la muerte, la existencia se solemniza y pretende sacudirnos a ver si todavía nos sorprendemos.

Y vaya todo lo que está escondido para dar respuesta a ese sacudón intempestivo que nos da la vida. Un ciclo inagotable de conocimiento y de aprendizaje.

Con el correr de los días el agotamiento se unifica con el dolor y difícilmente identifiquemos lo que nos pasa. El cuerpo duele, los ojos pesan y el pecho se transforma en una inmensa placa de hormigón que nos quita el aire. A esto debemos agregar comidas omitidas y un sinfín de cosas que se acumulan en la lista del debe.

Sin embargo, en esa lista las prioridades pronto cambia su lugar, llegan a primer lugar los afectos. Esto no quiere decir que las responsabilidades se desvanezcan, sino que tomen un real significado. En esos afectos los hijos y el compañero de ruta brillan como luceros, y los amigos son imprescindibles para renovar las pocas fuerzas que nos quedan.

Un merecido reconocimiento se hace visible al observar el trabajo de un gran número de personas que dedican su jornada en el servicio al prójimo. Es admirable como en esa dura tarea frente la adversidad y el dolor regalan una sonrisa aún cuando la labor es verdaderamente ingrata.

También surge la solidaridad, la mano fraterna de gente que apenas conocemos. Estas reflexiones dan paso a detenernos y ver que aún en los peores momentos existe la luz de la esperanza, el brillo de la posibilidad.

Llegan ráfagas de veranos calurosos, días radiantes donde el sol quema y acaricia la piel, se mezclan primaveras inundadas con perfumes delicados, y un otoño con destellantes ocres. Sin embargo, el invierno se para solemne y de mal humor cortando con una ráfaga helada todo vestigio de alegría.

Los recuerdos se entrelazan con la realidad y todo se vuelve absurdamente confuso, el corazón late a su ritmo, mientras el silencio aparece cargado de esperas y alimenta a la paciencia, que desespera y huye aturdida.

Los tiempos se acotan, las medidas pierden su dimensión, todo se aquieta, mientras el vertiginoso desasosiego deslumbra los abatidos ojos cargados de cansancio y espera.

Se mezclan voces y sonidos que vienen de otro cuarto, el murmullo constante hace que todo se vuelva más difuso, la nitidez pierde su claridad y se torna escurridiza entre los pasillos grises del dolor.

Al volver a la calle los ruidos se enciman unos sobre otros, la gente camina apurada y el aire fresco acaricia la cara en un intento por regresarte a la rutina que en estos últimos días se ha hecho confusa y agobiante.

La rueda gira y gira, todo llega, no sé si a su debido momento, pero cuando arriba no vale la pena poner resistencia, por el contrario aflojarse y nadar a favor de la marea. Las preguntas se aceleran, se atolondran, corren detrás de respuestas, algunas apenas son contestadas y otras esperan rescatar la dignidad humana que se ve socavada por el sufrimiento.

Una brisa se interpone entre el sopor de la calefacción para recordar que el aire purifica y potencia la vida. También se perciben notas musicales que se mezclan para dejar fluir ese palpitar dolorido que espera que la vida le sonría como un gran analgésico.

Los minutos agobiantes se cuelgan al dolor de la rutina, a la que numerosas personas suman su conocimiento y dedicación para alivianar esa estadía que significa el pasaje por un hospital, donde las personas llegan en busca de cura y alivio.

Andrea Calvete

lunes, 18 de mayo de 2015

¿SOMOS LO QUE PENSAMOS?

Sin darnos cuenta, constantemente nuestro pensamiento se manifiesta en palabras, en modos de actuar. Esas acciones nos describen, y algunas veces somos víctimas de ellas sin darnos cuenta.

¿Por qué se preguntarán somos víctimas sin darnos cuenta? Porque los mayores enemigos somos nosotros mismos poniendo en nuestra boca o en la mente pensamientos negativos que perjudican nuestro estado anímico y por ende nuestro cuerpo, negándonos la posibilidad de cambiar o buscar alternativas para dejar de sufrir.

No debemos olvidar que las palabras son acciones, y desde luego que lo son, cada una provoca un efecto inmediato y poderoso, por eso también está en cada uno el valor que le adjudiquemos a cada una de ellas.

Las palabras tienen un inmenso poder de acción: corren, saltan, vuelan, abrazan, acarician, castigan, veneran, azotan, besan… son la materia prima de la vida, el sabor de cada momento, la energía que nos guía. Algunas desde el silencio más profundo emanan desde el alma para abrazar aquellos seres con quienes nos comunicamos de una manera diferente y especial.

El lóbulo prefrontal de nuestro cerebro es el que ejecuta las acciones, el que planifica los comportamientos cognitivos y las expresiones de nuestro comportamiento. Ahora les pregunto: ¿Cuántas veces al día nos negamos a poner en práctica acciones, decimos no puedo tal cosa, no soy capaz de tal otra, no tengo ánimo de nada, no alcanzaré la meta, esto o aquello es imposible de realizar?

En realidad nuestro estado anímico nos lleva a realizar estas afirmaciones, pero lo que nos damos cuenta que lo que el pensamiento determina el cerebro de alguna manera lo manifiesta, y así finalmente no podemos concretar estas acciones. A su vez esto, trae aparejado mal estar y disconformidad en nuestro organismo, por lo que generalmente termina enfermo.

La ciencia que estudia cómo se conectan el pensamiento, las palabras, la mente y la fisiología de las personas es la Psiconeuroinmunología. De allí la importancia de nuestros pensamientos y palabras, que son disparadores energéticos de nuestro organismo.

Se ha demostrado a través de diversos estudios, que el pensamiento negativo repercute en nuestro sistema inmunológico, baja nuestras defensas. En la actualidad las personas vivimos agobiados por el trabajo, por jornadas muy extensas, por muchísimas responsabilidades que cumplir, lo que nos lleva a dos situaciones que se denominan estrés y distrés.

Estar estresado se asocia normalmente a trastornos como ansiedad, insomnio, irritabilidad, cansancio, depresión. Sin embargo cabe distinguir entre el estrés positivo, denominado "eustrés”, y el negativo, denominado "distrés". El estrés positivo abarca todos aquellos estímulos que como resultado nos mantienen "vivos", que si bien nos pueden causar alegrías o tristezas, sin embargo repercuten en una buena salud.

Sin embargo, el distrés, se puede describir como una sensación de agobio permanente, lo que produce cambios hormonales y cerebrales, repercusiones en nuestro sistema de salud, que se ve perjudicado porque nuestras defensas bajan, y entonces el primer virus o bacteria que anda en aire entra en nuestro cuerpo.

Y como las palabras son acciones debemos cuidarlas a la hora de expresarlas o pensarlas, porque sin querer se van convirtiendo en decretos que quedan grabados en nuestro cerebros, a tal punto de que llegamos algunas veces a convencernos que no somos capaces de terminados fines, por esa constante negación que predeterminamos en el uso de las palabras o en los pensamientos mismos.

Por ello, es de vital importancia ser muy cuidadosos a la hora de pensar y hablar, porque a través de esos pensamientos y palabras nuestro proceder se manifiesta, por lo tanto si somos positivos, optimistas las jornadas, la vida misma es muy diferente que para la persona que todo lo ve imposible y se da por vencida antes de intentarlo.

Y para responder ¿somos lo que pensamos?, deténganse un momento a recordar cuando vemos el día maravilloso, o sentimos que la vida nos sonríe, nuestro humor y nuestro ánimo están estupendos, el cuerpo parece desbordar de dinamismo. Por el contrario, cuando estamos mal todo parece venirse abajo. Por lo tanto, pensemos de modo que lo que queremos, anhelamos o deseamos pueda concretarse, la buena energía en nuestro organismo la promovemos nosotros mismos a través de nuestros pensamientos y palabras.

Quien logra afrontar un día, con humor, con una sonrisa, posiblemente ilumine sus pensamientos, provoque las mejores palabras, y despliegue una energía magnética y contagiosa, buena para él y para quienes le rodean.

Andrea Calvete



miércoles, 13 de mayo de 2015

PERFUME DE MUJER

El viento desgasta su madera, la sal carcome su hierro, bajo un sol que no deja de brillar y abrigar. Sin embargo, Rómulo no lo percibe, está embriagado en su propia tristeza, pero hay un perfume que le persigue a donde quiera que va.

Recostado en sus recuerdos camina, olvida por un instante la caparazón en la que se esconde. Quien lo mira ve en él un tipo que desborda simpatía, lleno de alegría, sólo quien lo conoce profundamente logra descubrir una mirada llena de dolor.

Algunas personas caminan rápido y sólo perciben lo que aflora a la superficie, sin ahondar demasiado en esos pequeños detalles que son los que realmente hablan del estado anímico de los seres humanos.

Pero, Rómulo ahoga su dolor en el alcohol, en la pluma que da vida a su poesía, en las noches de pasión que transcurren una tras otra, en las que olvida las caras de las mujeres que lo acompañan.

Sin embargo, hay un nombre que no logra olvidar, Sol, la causa sus desvelos y desventuras, no se la puede quitar del corazón, ni del cuerpo, lo persigue en sus sueños, en su vigilia, está obsesionado por ella.

El perfume de aquella mujer ha quedado impregnado en su piel, su mirada clavada en alma, la suavidad de sus curvas son imposibles de olvidar como el vibrar de su corazón ardiente. A este fervoroso fluir pasional agrega la danza de sus cuerpos como una imagen infalible, a la que se suma el susurro de palabras suaves y sugestivas, que tampoco puede dejar de escuchar. Y es así que ella sigue viva en él.

Rómulo, vuelve a esconderse en su caparazón y deja aflorar al tipo jovial, lleno de alegría y encanto, para ocultar en su mirada cansina el dolor de haber perdido a la mujer que más ha querido en su vida.

Andrea Calvete

martes, 12 de mayo de 2015

DECÁLOGO DIARIO

1- Descartar el no puedo del listado para tener un buen día.

2- Arrancar con una sonrisa o un gracias al mirar el cielo.

3- Desterrar los recuerdos que lastiman o irritan, ya no están.

4- Hacer algo que me haga sentir útil.

5- No perder la libertad de pensamiento, volar lo más alto posible.

6- Ejercitar las ideas, ellas necesitan estar en continuo movimiento.

7- Ofrecer la mano a quien la precise y escucharlo.

8- Abrir el alma a la vida, con el cuerpo sólo no se llega ninguna parte.

9-  Utilizar todos los condimentos, colores y aromas necesarios para que cada día sea el mejor.

10- Reescribir todos los días este decálogo, vivir es cambiar, descubrir y aprender en forma permanente.

Andrea Calvete


UN PUENTE LARGO E INESTABLE

En un lugar lejano ha quedado escondido su encanto y su brillo, los grises días han conspirado en su contra como un terremoto que todo lo lleva y arrasa.

Los recuerdos han surgido como llaves en rescate de aquello que algún momento fue bello, placentero. Sin respiro, la enfermedad invade su cabeza, obnubila sus pensamientos, todo se vuelve sombrío y tristemente confuso.

¿Cómo rescatar desde el dolor más profundo una sonrisa? ¿Cómo evitar sentir una tonelada en el pecho cuando el dolor es fuerte y punzante? ¿Cómo no darse por vencido ante la adversidad y el desaliento de que todo empeora? ¿Cómo hacer para que el cuerpo responda cuando la cabeza no le da el mandato? ¿Cómo recuperar un cuerpo cansado de andar?

La mayoría de estas preguntas son laberintos para ella, porque no tiene conciencia suficiente para responderlas. Así una mirada perdida la rescata en un profundo vacío.

Sin embargo, en sus pupilas se ve que tuvo una vida muy hermosa rodeada de amor, ahora transita un puente que es largo e inestable, al que se aferra con miedo, quizás en algún trecho del pasaje los temores desaparezcan y la luz brille.

Los puentes nexos de comunicación, de acceso, de pasaje de un lugar a otro, a un sitio jamás esperado o soñado, inimaginable, en el que los sentidos puedan ser ampliamente superados y sorprendidos.

Posiblemente, logre llegar al otro lado del puente envuelta por el amor que todos sus seres queridos le brindan y transmiten, segura que no está sola en este camino y que además hay alguien que la espera al final para abrazarla y recibirla.

Andrea Calvete

viernes, 8 de mayo de 2015

CREPÚSCULO

Crepúsculo naciente, camina a ciegas,

piernas doloridas se arrastran añejas.

Ocres melancólicos pintan su tibieza,

mientras su mirada brilla muy discreta.


Preguntas que anhelan la justa respuesta,

a tiempo que esquivas huyen las propuestas.

Todo se oscurece, la noche ya llega,

a ritmo sereno la prisa se aquieta.


Quizás sea momento de hallar una vela

que alumbre en la noche su oscura respuesta,

y llegue a sus ojos la luz más certera.


Andrea Calvete



lunes, 4 de mayo de 2015

RINCÓN DE LUNA

Tirita en un rincón, el frío lo adormece, así acurrucado en sus recuerdos camina descalzo liviano despojado de toda carga. Vuela hasta la cornisa de un tejado, desde donde se divisa toda la ciudad que despierta suave entre la neblina matinal.

Este rincón ha sido testigo de sus más hondas tristezas, de sus más profundos desengaños, así como también de sus alegrías e inmensas pasiones, todos los sentimientos le han acompañado, es un hombre que ha vivido intensamente, no se ha privado de nada.

Un pájaro se sienta a su lado, queda quieto y lo mira. León no comprende ¿por qué ha llegado hasta aquí este diminuto animal, quizás busque un poco de paz en las alturas?

Cuanto más alto más cerca se está del cielo, de esas nubes que desde abajo se divisan espesas y llenas de formas. También se eleva el estado de conciencia y se aquieta el yo interior, en busca de respuestas.

No obstante, a León no le resulta el lugar más adecuado. Entonces, se traslada hasta el pico de una montaña, rodeado de nieve y nubes. El silencio es tan penetrante que los oídos parecen paralizarse, la sensación de paz indescriptible. Permanece allí, varias horas. Intenta vencer sensaciones y sentidos, en una apuesta por ser él.

Al llegar la noche y despuntar la luna se encuentra consigo mismo, comienza a llorar sin parar, es como si brotaran cataras de su interior para limpiar todo aquello que lo había mantenido detenido, lleno de miedo y de frío.

El mismo rincón que lo vio tiritar, gozar, temblar y llorar, lo ve despertar con esperanza, iluminado por la luna que llega a través de la ventana, con el ánimo cargado en sus pupilas y un atisbo en su mirada que presume que mucho queda por andar.

Andrea Calvete

domingo, 3 de mayo de 2015

LAS PALABRAS SON ACCIONES

No todas las palabras llegan de la misma manera, algunas penetran hondo, otras deambulan sin encontrar dónde instalarse, en tanto, otras nos afectan a tal punto que cambian nuestro humor y nuestro día, pero lo cierto es que todas tienen su accionar.

Hay dicho que dice: “A palabras necias oídos sordos”, pero difícilmente logremos llevarlo a la práctica, todo lo que nos ocurre de alguna manera repercute en nosotros. Sin embargo, hay personas que con los años y el tiempo atesoran sólo aquello que les permite crecer, en juego casi de descarte con lo que les lastima o perjudica.

Me decía los otros días una persona muy amiga y querida que “las palabras son acciones”, y desde luego que lo son, cada una provoca un efecto inmediato y poderoso, por eso también está en cada uno el valor que le adjudiquemos a cada una de ellas.

Las palabras tienen un inmenso poder de acción: corren, saltan, vuelan, abrazan, acarician, castigan, veneran, azotan, besan… son la materia prima de la vida, el sabor de cada momento, la energía que nos guía. Algunas desde el silencio más profundo emanan desde el alma para abrazar aquellos seres con quienes nos comunicamos de una manera diferente y especial.

Dicen que las palabras se las lleva el viento, pero pensándolo bien sólo se van aquellas que realmente no tienen ninguna necesidad de estar allí, porque no agregan nada. Sin embargo, las que nos enriquecen, las que nos llenan de sabiduría esas perdurarán como inmensos cirios alumbrando nuestro camino.

A través de la palabra se llega al lugar más íntimo y profundo de las personas, al alma, un sitio al que pocas personas logran alcanzar, dado su profundidad e intensidad. Por eso, ¡qué maravilloso cuando una persona sea cual sea su profesión o tarea, logra sumergirse en ese rincón tan preciado y misterioso!

Aplaudo y venero a quien con la palabra hace del verbo acción, a quien tiene el don de cincelar y esculpir a ese yo interno, tantas veces dormido o escondido, simplemente cuando con lo que transmite nos transforma de alguna manera.

Andrea Calvete