domingo, 15 de septiembre de 2013

HOJAS EN BLANCO

Al comenzar cada día empezamos así, con una hoja en blanco por llenar. El contenido dependerá de varios factores externos, pero me animaría a decir que un gran porcentaje guarda un nexo de dependencia con uno mismo, con esas ganas y entusiasmo que ponemos en cada amanecer.

A esas hojas se irán incorporando recuerdos, vivencias, que aparecerán como destellos de todo lo que ha pasado por nuestras vidas. También afloraran los desvelos, los anhelos y las preocupaciones. Porque todo lo que vivimos y lo que vendrá inexorablemente se ha de juntar en el único punto en el que transcurre la vida, que es el presente, pero que sin embargo no lo disfrutamos porque nos aferramos a lo sucedido o al futuro.

Experiencias inconexas, aparecerán dibujando esta hoja, a las que miraremos con asombro, porque no sabemos de dónde provienen, pero sin embargo, están allí ilustrando ese papel que dará lugar a nuestro día. Nuestro inconsciente acumula millones de experiencias que pronto se revelan y no les vemos demasiado sentido.

Los márgenes que dejemos hablarán de nosotros mismos, si nos apegamos al margen izquierdo es que no nos despegamos con facilidad del pasado, mientras que si nos recostamos sobre el derecho significará que siempre vivimos mirando el futuro. Y aunque parezca una gran paradoja, el tiempo más difícil es el presente, porque ocupados en el pasado y en el futuro no le dejamos transcurrir.

Como seres humanos cargados de virtudes y defectos, tantas veces dejamos que la balanza se incline para las sombras, impidiendo brillar a esos momentos que nos llenaron de luz y paz, que nos hicieron sentir bien con quienes nos rodean y con nosotros mismos. Por momentos, si miramos a la distancia, pareciéramos masoquistas nutriéndonos de nuestro propio dolor, pero es un tema relacionado en cómo asumir las situaciones, desde si es posible salir adelante, o quedar estancados en el problema.

Estas hojas a las que hago alusión son parte de la ruta de la vida, de ese camino que transitamos a tumbos, a ciegas, sin tener el control de lo que queremos y hacemos, porque no dejamos surgir al cuestionamiento, a la pausa para analizar ¿cómo continúa este libro que escribimos día a día? Y este análisis quizás no sea realizado en forma fehaciente, no por desconocimiento, sino por temor a enfrentar determinadas situaciones difíciles de asumir, de comprender, aceptar y tolerar.

De este modo, al escribir estas hojas adquirimos sabiduría. Según Lavater, para ser sabio “hay que aprender a interrogar razonablemente, a escuchar con atención, a responder serenamente y a callar” cuando no tengamos nada para decir. Para interrogar razonablemente, debemos permitir que la paciencia tome asiento a nuestro lado, dar paso al silencio de modo de serenarnos y ver las cosas desde una perspectiva clara. Escuchar con atención es brindarnos cien por ciento a quien tenemos delante de nosotros. Responder serenamente es no dejarnos llevar por el ofuscamiento, el enojo o la ira. Por último callar a debido tiempo es algo que nos cuesta muchísimo y requiere de un gran autocontrol.

Si bien el color blanco tiene un significado especial e intenta aclarar emociones y pensamientos, está relacionado con la búsqueda, con la paz interior. Sin embargo, es importante teñir nuestra hoja de todos colores que están en nosotros y que surgirán asombrosamente de la mano de nuestro estado anímico, en el que una lucha constante dará lugar una paleta inmensa, donde los trazos y la textura serán parte fundamental de esta obra.

Habrá hojas más completas, otras más inconclusas, algunas de mayor agrado otras no tanto. Algunas perfumadas con notas silvestres como el sándalo, lavanda, tomillo, laurel… y romero, porque los aromas, como las notas musicales nos llevan a momentos especiales, que el corazón guarda y atesora con profunda riqueza. Así tendrá lugar esa permanente búsqueda que el ser humano hace día a día, al comenzar una nueva jornada, en forma casi automática e inconsciente.

Si nos detenemos un momento veremos que hemos llenado muchas hojas en blanco, y que aún nos quedan muchas más por escribir, por plasmar con lo mejor de nosotros mismos. En la medida que tomamos consciencia de lo vivido es posible reparar en aquello que nos molesta, lastima, o no está como quisiéramos. Afortunadamente, cada día tenemos la posibilidad de revertir un gran número de acontecimientos y situaciones que forman parte de lo que somos y anhelamos.

Según Isaac Newton “lo que sabemos es una gota de agua; lo que ignoramos es el océano”. En tal sentido, esas hojas de ruta forman parte de esa pequeña gota sobre la cual tenemos conocimiento en la medida que miramos, analizamos y reflexionamos sobre lo que hemos vivido y experimentado. Cada situación y persona por nuestro camino dejan huella en nosotros, una marca sobre la que tenemos mucho por aprender.

Respecto a lo que conocemos, Einstein dice que “cada día sabemos más y entendemos menos”, porque en la medida que dejamos entrar a la humildad en nuestra vida, comprendemos que nos resta muchísimo por aprender, entender y avanzar. El ser capaces de reconocer nuestras limitaciones, defectos, nos permite mirar con nuevos ojos lo que nos rodea, con una cabeza abierta a los cambios en un intento por superar un mundo plagado de egoísmo, donde prima el yo como palabra más corriente.

Y el comenzar a llenar esa hoja día a día implica un gran desafío, porque cada día es un comienzo nuevo, en el que enfrentamos con valentía cada acto que sucede, por más que nos disguste o aflija. No todo es color de rosa, tampoco es blanco o negro, los matices están continuamente aflorando, en esa puja en la que toda la paleta de colores se presenta. Estar fuertes y capacitados dependerá de esa búsqueda personal y permanente que cada ser humano hace para superarse y crecer cada día.

Sin embargo, debemos batallar continuamente frente a una sociedad que nos da soluciones mágicas y efectivas para todos los problemas, posibilidades infinitas de comunicación, aparatos cada vez más sofisticados para todas la necesidades, olvidando que la necesidad básica está en nuestro interior, en el ser más profundo que debe ser nutrido constantemente, para lograr equilibrar la escritura de nuestras hojas en blanco.