sábado, 18 de mayo de 2013

LA ALEGRÍA VA POR BARRIOS

La alegría es un bien sumamente importante en nuestro diario vivir, sin embargo es casi un hecho que va por barrios. Los avatares que nos sorprenden en forma continua intentan apagarla hasta que prácticamente se desvanece.


Es patrimonio de todos y cada uno de nosotros, aunque permitimos que al menor contratiempo desaparezca y se instalen sentimientos que distan de nuestro bienestar de esa energía vital imprescindible para sentirnos vivos y útiles.

Quizás en este mismo momento alguien esté riendo feliz porque algo maravilloso le sucedió, y otra persona esté llorando o lamentándose por algo que realmente le desgarra el alma.

Pero, la alegría va por barrios. Existen momentos en que todo parece dicha al mirar al cielo sus colores nos maravillan, los olores del aire penetran en forma profunda, y los sonidos de la naturaleza apaciguan nuestros oídos, es como si la vida nos sonriera, aunque en el fondo se trata de nuestra actitud hacia lo que nos rodea.

Esa actitud con la que enfrentamos cada día es la que nos posibilita que el día se haga maravilloso o quizás interminable. Evidentemente, aún cuando estamos viviendo un problema serio si nuestra actitud es positiva e intentamos ver soluciones, caminos, entonces nuestro rostro posiblemente se ilumine y denote que no nos hemos dado por vencidos.

Y en ese día a día nos tropezaremos con situaciones y personas que definitivamente influirán en nosotros, pero dependerá exclusivamente de cada uno la forma que permitamos en que nos acompañen. Quizás si nos rodeamos de personas positivas, que nos carguen de energía nos armonizaremos, al mismo tiempo que dejaremos pasar lo que nos opaca el día.

El hecho de brillar, es una tarea exclusivamente individual en la que tenemos el libre albedrío. Y está en cada uno permitir que una sonrisa se esboce a diario, acompañada de una mirada cálida, simpática y amable.

Y les pregunto, ¿de qué nos sirve andar peleados con la vida, con las situaciones, con la gente? Ya sé, me dirán que existen días en que todo parece conspirar en nuestra contra, pero todo pasa: lo bueno y lo malo. Por lo tanto, es importante no dejar escapar los buenos momentos, debemos atesorarlos en nuestro corazón para que nos llenen de energía día a día.

Sinceramente, creo que todos tenemos en nuestro haber excelentes momentos, sólo que nos agarramos de ellos con añoranza, congoja, y eso es lo malo. Permitamos que esos instantes de felicidad nos iluminen y nos carguen de energía vital.

Los motivos para estar alegres: innumerables. Es que el hecho de tan sólo contar con nuestros sentidos, percibir lo que nos rodea y estar vivos, son argumentos de peso que sin embargo parecen no contar a la hora de abrir las puertas de la alegría.

Posiblemente, estemos ciegos, sordos, distraídos, sumergidos en nuestro pequeño mundo que se reduce a tan poco que perdemos la real dimensión de las cosas, el verdadero valor de la alegría.

En la medida que pasan los años dimensionamos las cosas de diferente manera, y lo que antes era un verdadero problema ahora resulta ser algo casi intrascendente, porque el tiempo es un aliado para dar valor a lo que realmente lo tiene.

Asimismo, el reloj de arena no se detiene y en esa vorágine llamada vida nos damos el lujo de dejar pasar los días sin esbozar una sonrisa o una carcajada, o quizás sin hacernos tiempo de disfrutar de la compañía de un ser querido.

Reír es salud, es un deber que necesitamos poner en práctica para ir en contra de la corriente, pero a la vez sentirnos mejor con nosotros y con los demás. A su vez, darnos un espacio con las personas que queremos de verdad, para compartir con ellas esos momentos que marcan la diferencia en nuestros días.

En la medida que tomamos distancia y nos alejamos de lo que nos amarga, deprime o lastima, veremos las verdaderas causas de los problemas, las razones por las que impedimos que la alegría se siente al lado nuestro, nos tome de la mano y entre en nuestro corazón gélido cargado de sentimientos que lo único que hacen es lastimarnos.

Para que la alegría nos invada, nos visite, deberemos poner de nuestra parte: empeño, esmero, entusiasmo; porque de lo contrario los sentimientos que nos amargan los días pronto se instalarán sin pedir permiso, para quedarse como inquilinos eternos en nuestros días.

La alegría es contagiosa, si llegamos a un lugar cargados de ella, es posible que en décimas de segundos se propague en ese ambiente como por obra de magia.

Experimentar alegría está relacionada con una una actitud de vida, de estar abiertos a gozar, a cultivar. No se trata de ser conformistas o resignarnos, por el contrario asumir el dolor o la pérdida, aceptarlo, para luego superarlo y dejar entonces fluir lo mejor de nosotros mismos. Pero existe un gran obstáculo que no nos permite gozar y disfrutar, así el apego controla nuestras vidas y nos convierte en marionetas de lo pasajero para que comience la danza del deseo y el dolor, en esa permanente dependencia que nos genera infelicidad.Otra forma de conectarse con la alegría está en el agradecimiento, en donde damos cabida a la flexibilidad, de sentido del humor y de adaptación, y a la gratitud.

Pero no podemos dejar para mañana lo que podemos hacer hoy, esperando a que las cosas cambien, a que los buenos momentos sucedan, porque el tiempo no se detiene, y la alegría sí, ella puede quedar encerrada bajo llave y con candado porque nosotros lo hemos decido.

Como canta Joan Manuel Serrat “hoy puede ser un gran día, plantéatelo así, aprovecharlo a que no pase de largo depende de ti”. El hecho de querer ser partícipes de la alegría de vivir, de existir, es algo exclusivo de cada uno y el dejar pasar las oportunidades es una decisión meramente personal.

Y lo bueno, lo positivo, lo maravilloso, sucederá en la medida que abramos nuestro corazón a la alegría y al amor, a esos valores que nos permiten estar en paz con nosotros mismos y con los demás, al mismo tiempo que nos cargan de energía vital.

Asimismo, en esta búsqueda de alegría, es importante despojarnos de los sentimientos de odio, rencor, angustia, hostilidad, envidia… todos ellos nos oscurecen el alma, nos quitan energía, y la alegría de ser y estar.

Empujemos la alegría, mantengámosla a nuestro lado, convirtámosla en una amiga entrañable, así quizás todo sea mejor y más fácil. Porque una amiga así, será una gran alidada para cada ocasión que tengamos que afrontar, por eso sostengámosla fuerte, fuerte para que no se escape.


Andrea Calvete