domingo, 19 de febrero de 2012

LOS ABUSOS DEL PODER ATAN DE PIES Y MANOS


Los abusos del poder dejan atados de pies y manos a muchos individuos que, por necesidad, no abandonan sus trabajos más su vida se hace una tortura. Y de la mano de los abusos de cualquier índole, suelen aparecer los acosos de todo tipo. Detrás de ellos se solapa una violencia silenciosa e invisible, que día a día va haciendo mella en la psiquis del acosado.

Todo tipo de acoso promulgado por quien posee el poder, es una forma de discriminación que genera una lesión a nivel laboral de los derechos fundamentales del trabajador: como el derecho a la no discriminación, intimidad, dignidad, seguridad, libertad sexual, y trabajar en una ambiente libre de violencia.

En nuestro país existen normas que defienden de estos tipos de acoso, como la Ley 16.045 de Actividad Laboral, que prohíbe toda discriminación y promueve el principio de igualdad de trato y oportunidades de ambos sexos en cualquier sector, y la Ley 18.561 de Acoso Sexual, para prevenir y proteger a quienes son víctimas de este delito.

No es sencillo demostrar que una persona es hostigada en su labor diaria, pues pequeños actos como cambiarle la tarea e imponerle otra inferior, o dejarla en un escritorio inutilizado, son unos de los miles de ejemplos que presionan psicológicamente al afectado.

De esta forma, se presentan infinidad de situaciones de acoso, que permiten favoritismos entre quien posee el poder y aquellos que lo circundan, quedando sometidos a desprecios y humillaciones, todos los que no sigan las reglas establecidas por “el supuesto jerarca”.

Este tema es demasiado complejo y antiguo, es hora de tomar modelos internacionales, donde a través de evaluaciones anónimas, todos los individuos tengan la posibilidad de juzgar a quienes están en los distintos niveles. De esta forma, quienes poseen el poder no harán uso y abuso del mismo.

El acoso se puede solapar de múltiples formas, pero cualquiera de ellas tiene por fin perseguir, molestar e importunar al acosado, en forma reiterativa, recurrente, de modo de crear presión e inestabilidad en la víctima.

El acosador generalmente suele ser una persona narcisista, un ser que se considera especial, único, que suele adoptar ideas ilimitadas sobre el éxito y el poder. Asimismo, tiene necesidad excesiva de ser admirado, es un ser explotador en sus relaciones interpersonales. Suele ser astuto, manipulador, arrogante y envidioso.

La  envida aparece en el acosador, producto de esa necesidad incontrolable de sentir prestigio social, de ostentar el poder, y tras la búsqueda irrefrenable de conseguir su cometido, actúa en forma cruel y despiadada. En definitiva el perfil del acosador, es el de alguien que cree que los fines justifican los medios, sin ningún tipo de escrúpulos, y además  sin entender que existen límites en la vida, que su libertad termina donde comienza la de un semejante. Estos conceptos no los tiene claros, y en caso de tenerlos, su adoración personal linda en lo patológico y, entonces, la luz verde se enciende para hostigar en forma constante a sus víctimas.

Las personalidades narcisistas suelen ser socialmente disfuncionales en la medida que su trastorno le obliga a usar su poder para controlar a otras personas por las que se siente amenazada.

Si en algún momento somos víctimas de cualquier acoso, en primer lugar, no debemos   dejarnos ganar por el miedo o permitir ser intimidados por esta persona, que pretende desequilibrarnos con sus “tejes y manejes”, a través de una manipulación asfixiante y devastadora, donde el acosado va perdiendo fuerza, adquiere miedo y poco a poco va siendo afectado psicológicamente. Lo que se debe hacer en forma inmediata es reunir las pruebas que inculpen al acosador y presentarlas en la comisaría más próxima, a la vez que se puede denunciar judicialmente.

La denuncia, cuanto más rápido se haga, es una forma de detener a esa persona que intenta dominarnos y no nos deja en paz hasta lograr lo que su cumpla su “voluntad”. Y lo pongo entre comillas porque su voluntad implica pasarnos por encima, doblegarnos de modo de ejercer el poder en forma irracional e inadecuada, hasta lograr su cometido: tenernos a su merced.

Por suerte, en la actualidad cada vez son más las personas  que ante casos de esta índole piden ayuda algún familiar o amigo, para luego terminar haciendo la denuncia correspondiente, o solicitando ayuda profesional.

Igualmente, me consta que en muchos casos la denuncia no es tan sencilla, porque a la hora de presentar las pruebas las víctimas tan sólo cuentan con testigos, que por miedo se retraen y deciden no declarar. El acosador suele ser muy hábil, teje sus redes de forma que todos los que rodean al acosado de alguna manera se ven comprometidos con el acosador, motivo por el cual es muy difícil desenmascararlo.

Asimismo, también se que los procesos legales son muy largos, muchas veces suelen llevar años antes de que un Juez dictamine, lo cual hace que algunas personas antes de emprender este largo y doloroso camino prefieran otra solución. Pero también, reconozco que muchas veces, como les decía al principio por distintas circunstancias nos vemos atados de pies y manos ante situaciones de este tipo.

Y si bien todas las formas de acoso son situaciones violentas, injustas e inmerecidas, tienen en común que todas vienen acompañadas por el acoso psicológico o “mobbing”. En 1980, el psicólogo Heinz Leynman lo definió como “una comunicación hostil y desprovista de ética que es administrada en forma sistemática en uno o en unos pocos individuos” donde “el individuo es arrojado a una situación  de soledad e indefensión prolongada, a bases de acciones de hostigamiento frecuentes y persistentes”.

Y el acoso psicológico está allí a la vuelta de la esquina, en un trabajo, en la pareja, en el lugar de estudio, en un club, en un negocio, y te toma desprevenido, porque nunca se te ocurrió pasar a formar parte de un juego hostil y enfermizo del cual cierta persona decide hacerte rehén. Y la palabra rehén es la más acertada porque en su habilidad el acosador intenta dominar y hacerte sentir culpable, así no lo denuncias ante los demás.


Creo que es un tema muy complejo, que atañe a muchas personas, que por distintos motivos padecen estas situaciones, y se ven muy lastimadas y perjudicadas. A todos los que se encuentren en esta situación, les digo busquen ayuda profesional, legal y médica porque es un problema que requiere ser tratado cuanto antes, tarde o temprano el acosador no tiene forma de esconderse.

Finalmente, es hora de denunciar a todas las personas que realizan cualquier tipo de acoso, no nos podemos callar, esa omisión puede perjudicar no sólo al propio involucrado sino a muchas nuevas víctimas. Mi deseo es que cada vez más perdamos el temor y enfrentemos el acoso, al mismo tiempo que el sistema legal y político facilite el proceso de defensa del acosado.