martes, 7 de febrero de 2012

“DONDE HAY EDUCACIÓN NO HAY DISTINCIÓN DE CLASES”

La educación es el legado más importante que le podemos dejar a las generaciones futuras, la herramienta fundamental para enfrentar los desafíos venideros, en un mundo donde el conocimiento avanza en forma vertiginosa, y los sistemas educativos van quedando rezagados tras la vorágine de los cambios que se suscitan a diario en todos los órdenes.

Educar implica guiar, conducir, formar e instruir. Es un proceso transversal mediante el cual se transmiten conocimientos, valores, costumbres y formas de actuar. Y lo de la transversalidad vale la pena destacarlo porque muchas veces pareciera ser un sistema que funciona en sentido vertical u horizontal solamente.

Por otra parte, no sólo abarca los conocimientos, normas de conductas y valores actuales, sino también los de generaciones anteriores que forman parte del acervo de un país. En este proceso de sociabilización el individuo no sólo comparte ideas, sino también logra enriquecerse y fortalecerse para enfrentar con dignidad su vida.

Asimismo, es un proceso lento y paulatino, que se va instalando en el individuo desde pequeño y lo acompaña hasta que se desarrolla como persona adulta. Generalmente, cuando más pequeñas son las personas absorben más rápidamente los conocimientos, pues sus cabezas descargadas de preocupaciones están libres, abiertas y ávidas de información.

Hoy por hoy, el mercado laboral nos enfrenta a una inmensa competencia, ya que la gente está muy preparada, y los niveles de exigencias son cada vez mayores, por eso debemos formar jóvenes capaces de enfrentar este nuevo mundo cargado de conocimiento y avances tecnológicos.

En tanto, es imprescindible comprender que el concepto educativo ha cambiado en el correr de los últimos años, este siglo XXI nos exige estudiar de por vida, sino no es posible seguir en el rodeo.

Actualmente existen razones económicas y culturales que invitan a continuar con una profunda reforma educativa. La economía mundial oscilante y cambiante lleva a no tener claro qué será de nosotros en un futuro inminente, del mismo modo la cultura, dado el proceso de globalización, nos lleva a pensar seriamente en la identidad cultural que por momentos se  ve amenazada.

La educación al igual que otras tantas disciplinas debe enfrentar algunos desafíos propios del siglo XXI:

- Seres humanos divididos en grupos que compiten y se enfrentan en la gran mayoría para defender sus intereses,  luchan y pelean, dejando de lado el respeto hacia los demás y el diálogo.

- La ciencia y la tecnología avanzan en forma vertiginosa, y de su mano clonaciones, masacres y armas letales ponen en peligro la existencia de la humanidad.

- Las dictaduras que han provocado, y continúan haciéndolo, crímenes, injusticias, privaciones de libertad y autonomía en las personas, en las naciones y en el mundo entero.

- La institución familiar se ve fuertemente amenazada, cada vez son más las familias que se desintegran por diferentes causas, lo que repercute no sólo en los educandos sino también en los educadores.

- La sociedad que intenta formar hombres competitivos, apegados a modelos estándares, a patrones culturales y sociales que, en última instancia, generan individuos egocéntricos e individualistas, donde los valores humanos día a día se van esfumando.

Por lo tanto, el desafío de la educación es inmenso, es apelar a esos valores humanos que se van perdiendo, a comprender por qué vivimos en una sociedad dónde cada día las familias se desintegran y la violencia aumenta en forma atroz. Un sistema que no debe dejar de ver que vivimos en un mundo globalizado, donde la identidad cultural se ve amenazada a la vez que hay que pensar en medidas que se acompasen globalmente.

Una educación que deberá cultivar el cooperativismo, la creatividad, y el pensamiento crítico, para formar individuos capaces de sobrevivir a este mundo carente de tantas cosas, cargado de dogmatismos.

Por su parte, las soluciones al problema educativo implican un complejo proceso pedagógico, donde el sistema político se siente a dialogar dejando de lado sus intereses partidarios, y poniéndose la camiseta del país. Es inminente entender que el proceso de cambio educativo ha comenzado en forma positiva en Uruguay,  pero se requiere de mucho más esfuerzo y trabajo interdisciplinario para estar a la altura de la hipermodernidad mediante.

Afortunadamente  nuestra educación desde los tiempos de José Pedro Varela ya fue vanguardista, siendo laica, gratuita y obligatoria. Y según Varela "la educación, como la luz del sol, puede y debe llegar a todos". Pero para llegar a todos significa no sólo acordarnos de los más necesitados, sino también aggiornarnos a tiempos presentes, con cabezas creativas, con pensamientos críticos y divergentes, capaces de apostar a la multiplicidad de respuestas, cosa que habitualmente no se lleva a cabo porque nos movemos por modelos estándares.

Es importante destacar el Plan Ceibal instaurado en Uruguay a partir del año 2007, que permitió disminuir la brecha digital, promovió la igualdad de acceso a la información y a herramientas de comunicación para toda la población. Esta propuesta no tiene precedentes en el mundo, por su alcance nacional y porque todos los niños de las escuelas públicas reciben una computadora portátil con conexión inalámbrica a Internet. Esta es una muestra del comienzo de un cambio educacional de cara al nuevo siglo.

Pero como este proceso recién ha comenzado y debe continuar el diálogo, no sólo por los que vendrán, sino por los que están, por los que han desertado por diferentes motivos, por los trabajadores que deben instruirse para que su labor pueda ser más eficiente y mejor remunerada. Y aquí los empresarios deben hacer un pequeño esfuerzo, pero primordial  para colaborar con este cambio, que redundará en bien de todos.

Y respecto al problema de la deserción estudiantil,  analizar muy detenidamente por qué se da, y allanar el camino para que todos los que han dejado sus estudios se animen a volver, o al menos se sientan motivados e incentivados, porque el sistema burocrático es cruel para quien desea retomar sus estudios, y más si han pasado los años y el individuo se ha insertado en el mercado laboral.

Por otra parte, los argumentos que podemos esgrimir a nuestros hijos para que estudien ya no son los que argumentábamos tiempo atrás, ahora tener un título no es garantía de tener sustento seguro.

Y no podemos dejar de tener en cuenta que los jóvenes y niños se ven sobre-estimulados por la información proveniente de  los medios de comunicación electrónicos, debemos comprender que nos enfrentamos a nuevas formas de adquirir la información,  por este y otros motivos también es común oír hablar de déficit atencional.

Evidentemente la frase de Confucio que dice que “donde hay educación no hay distinción de clases” es proverbial, pero parece ser una utopía inalcanzable. ¿Será que para algunos es necesario que esta brecha se agrande?, quisiera creer que no,  quisiera pensar que somos un país que queremos un verdadero cambio, pero para ello es inminente un proceso de autocrítica para poder vislumbrar cuáles son nuestras carencias. Y si bien las hay, creo que en lugar de tantas críticas sería mejor poner cada uno lo mejor de sí, no para sobresalir o sopesar intereses, sino a favor de unificar y promover un cambio donde las inquietudes  pedagógicas y didácticas sean puestas en primer lugar, abocados al diálogo y a favorecer a aquellas personas que por motivos económicos se alejan cada vez más del sistema educativo.

Y como todos los que debaten sobre el sistema educativo son personas preparadas en la materia, es importante que no olviden las palabras de Helen Keller que expresa que “el resultado más elevado de la educación es la tolerancia”, porque el cambio de la reforma educativa debe estar basada sobre este sustantivo tan escaso y poco vigente. Sólo  a través de ella es posible escuchar  todas las ideas, desafíos y cambios posibles, con espíritu conciliador y creativo.

Y concomitantemente con las nuevas propuestas, la infraestructura, los avances tecnológicos  y el mejoramiento de la gestión son puntos a conversar seriamente. Para ello un equipo interdisciplinario es fundamental a la hora de establecer los recursos necesarios, así como el lineamiento a seguir, de modo de equipararnos con este siglo XXI  que nos lleva corriendo a buen ritmo, y para ello hay que entrenarse y prepararse a este desafío.

La educación es primordial para poder gobernarnos a nosotros mismos, tomar nuestras decisiones sin sentirnos manipulados hacia determinado rumbo, porque ella  es un derecho básico que tenemos todas las personas.

Igualmente, los reclamos salariales de maestros y profesores son parte de este debate, porque si bien han logrado avanzar, aún no están bien remunerados.

Y son tantos los puntos para poner sobre la mesa, a pesar de haber comenzado el camino del cambio, es imprescindible no detenerse, porque aún queda mucho por hacer, cambiar y proponer, y vuelvo a repetir no para obtener réditos y simpatías, sino como modo de tomar conciencia de que es un tema esencial  e inminente aquí y en cualquier parte del mundo.

Por todo esto, es necesario seguir bregando por una sociedad donde la educación sea prioritaria en todos los niveles, pues será el mejor legado que le podremos dejar a los jóvenes y al el país, para moverse con libertad y autonomía.