LO QUE SOY
A dos días de cerrar un año —como quien apoya la mano en una puerta antes de empujarla— respiro. Me detengo. Pienso. No por nostalgia, sino por conciencia. Porque fui, soy y seré, y en ese camino no hay línea recta ni destino sellado. Lo que fui habita en mí como un sedimento, no manda, no ordena, no condena. Existe. Y eso basta.
Me niego a que el pasado me dicte el pulso. No quiero que mis pasos repitan huellas por inercia ni por miedo. Quiero ser lo que deseo, aun cuando desear implique riesgo, vértigo y preguntas incómodas. Construirme con alegría no es ingenuidad, es una elección firme y consciente. Elegir el entusiasmo, incluso después de haber conocido la caída, es una manera de afirmarme en lo que soy.
Las piedras del camino no fueron adorno ni castigo. Fueron escuela. Me hicieron más lenta, más atenta, más verdadera. No las arrastro como culpa: las uso como apoyo para seguir avanzando con la cabeza en alto, sin pedir permiso por lo que soy ni disculpas por lo que ya no quiero ser.
No permitiré que me definan los días oscuros, ni las decisiones erradas, ni las versiones incompletas de mí misma. Prefiero que todo eso me enseñe a mirar de nuevo, a afinar la vista, a reconocer senderos donde antes sólo veía muros. Porque equivocarse no es fracasar: es interrumpir la ceguera.
Nada es estático. Ni el dolor, ni la identidad, ni la vida que aguarda. Si creés que ya estás hecho, terminado, explicado, entonces te invito a preguntarte: ¿qué parte de vos sigue dormida por costumbre? ¿Qué historia repetís por temor a escribir otra? Lo que sos no es un veredicto: es una decisión que se renueva cada día. Y ahora, ¿qué vas a hacer con eso?
Andrea Calvete
