sábado, 29 de mayo de 2021

LOS SUFIJOS MÁS USADOS


Los sufijos carecen de sentido cuando hacemos caso omiso al consejo que estos especialistas puedan aportar o sugerir, cuando la empatía parece cruzar a la vereda en que todo se lo lleva el viento, y quedan sólo las estadísticas sonando en nuestras cabezas como sentencias, y las personas se convierten en números y datos fríos, en los que el dolor y el sufrimiento de millones de personas alrededor del mundo parece no tener sentido.

El sufijo “ologo” pone énfasis en determinadas profesiones, estudios o prácticas, es una variante del sufijo griego “logo” que indica que indica ser "estudioso o especialista en una materia o ciencia". Aquí en nuestro país los “todólogos” se han afianzado desde hace muchos años, mientras que los politólogos se han vuelto esenciales próximo a cualquier período electoral. Sin embargo, a partir de la declaración de la Pandemia Covid-19 quienes han tomado un real protagonismo han sido los virólogos.

Gracias a esta Pandemia hemos conocido numerosos y prestigiosos profesionales que vienen trabajando desde hace mucho tiempo para dar luz a la investigación y a las ciencias, al avance de la salud y la medicina, pero para la mayoría de nosotros eran totalmente desconocidos hasta ahora. Sus consejos han comenzado a escucharse en cuanto cepas, vacunación, aislamiento, blindaje, sin embargo, por momentos se les hace caso omiso a sus declaraciones y consejos.

Blindar abril o mayo, ha quedado atrás, el dilema de Shakespeare: “ser o no ser”, parece ser parte de esas preguntas cotidianas; ¿me vacuno o no?, ¿hago cuarentena o no?, ¿contagio o no?, ¿me quedo en casa o salgo?, ¿sigo como si nada? o ¿ya da todo lo mismo?, ¿llegamos a un punto sin retroceso, o todavía podemos hacer algo?

Quizás a quienes esta pandemia les hizo perder algún ser querido ya tengan mucho más claras las respuestas, o estén sumidos en un dolor tan profundo que pensar no sea una opción, porque ahora sólo hay lugar para el duelo, o tal vez tengan algo para decir que nos pueda ayudar a buscar una salida.

Es increíble como un en país tan pequeño y con un número tan limitado de habitantes la Pandemia se nos haya ido de las manos. Comenzamos siendo un buen ejemplo, y ahora somos uno de los peores ejemplos. Esto lleva a preguntarnos: ¿por qué llegamos hasta aquí?... y cada cual tendrá su explicación o al menos intentará comprender este gran nudo en el que nos encontramos todos metidos.

Más allá del sufijo, creo que deberíamos prestar más atención a lo que cada especialista desde su profesión puede aportar para salir de esta pandemia: virólogo, infectólogo, psicólogo, tricólogo, politólogo, sociólogo, antropólogo, … personal de la salud: médicos, enfermeros, laboratoristas, vacunadores… y todos los integrantes de la Humanidad, independientemente de su profesión o labor que puedan colaborar en una salida, son bienvenidos, pero trabajando en forma mancomunada, en que la prioridad es tejer una gran red de contención y ayuda, y no una lucha de intereses políticos y económicos.

¿Quiénes se benefician con esta Pandemia, quiénes ganan, y quiénes pierden? Y volvemos de regreso al dilema de ser o no ser, o al famoso binario, o la dualidad del blanco o negro. Ojalá los matices, y los grises aparezcan en las respuestas.

Los sufijos carecen de sentido cuando hacemos caso omiso al consejo que estos especialistas puedan aportar o sugerir, cuando la empatía parece cruzar a la vereda en que todo se lo lleva el viento, y sólo quedan estadísticas sonando en nuestras cabezas como sentencias, y las personas se convierten en números y datos fríos, en los que el dolor y el sufrimiento de millones de personas alrededor del mundo parece no tener sentido.

Andrea Calvete

lunes, 24 de mayo de 2021

DE REGRESO AL ÚLTIMO BASTIÓN


En una suerte de cuento de ciencia ficción la Humanidad entera se ha internado en un cuento al mejor estilo de Ray Bradbury, en el que tomar distancia, utilizar tapabocas, y alejarse lo más posible de todo individuo que camina se ha convertido en una realidad que desgasta y asfixia.

Un año atrás reflexionaba acerca de ese último bastión, en el que hemos tenido el privilegio de sentirnos protegidos, aislados y seguros, que con el correr de esta pandemia los expertos han decido denominar la cabaña, y por allí circula un mito en el que el Síndrome de la cabaña, se hace cada vez más frecuente, y habrá que ver si decidimos abandonarla en alguna circunstancia.

Desde el momento que ha fue declarada la Pandemia, en marzo de 2020 la vida del Planeta se vio convulsionada, hábitos, costumbres, rutinas fueron desterradas de un plumazo, el trabajo mermó, el hambre se instaló en muchos hogares, y la inmensa desolación por la pérdida de millones de seres humanos nos ha dejado un inmenso agujero en el corazón.

De alguna forma vuelvo a lo que compartía un año atrás, nuestras raíces se resquebrajan, el humo tapa la visión, mientras las llamas se esparcen, se avivan las pasiones, anestesiados y escépticos nos movemos por la calle de la desolación. Aquel bastión en el que residía la tranquilidad y la calma se aleja como un oasis en el medio del desierto. Sin embargo, cabe destacar que la Humanidad entera ha depositado la esperanza en las vacunas, cosa que aún no hemos visto su resultado, estamos ansiosos a la espera de sus efectos.

Nada está muy claro sobre lo que vendrá después, cada día que transcurre nos alejamos de ese bastión en el que nos criamos y crecimos confortables, sin preocupaciones disfrutando de la niñez y la algarabía de la vida. Ojalá los más pequeños transiten estos momentos de manera que no queden secuelas en ellos, porque la niñez es una etapa muy tierna y sagrada, sobre la que se eleva el ser que vamos construyendo lentamente. Ojalá no dejemos de sonarle la nariz al hijo del vecino, o de dar esa taza de azúcar o de harina que le faltó a doña María, o de barrer la vereda con entusiasmo… porque nuestros mejores hábitos parecen también haber quedado detenidos producto de este virus detractor.

El día después aún no está nada claro, ni cómo llegará, ni cómo lo lograremos, pero lo que más me preocupa es cómo saldremos parados emocionalmente después de todas estas restricciones y barreras y obstáculos para luchar contra el virus

Y finalizo con las palabras del escritor Eduardo Callaey “Y un día me di cuenta de que todo aquel mundo en el que había crecido estaba sitiado. Que todo lo bueno, lo bello y lo sagrado se estaba apagando en medio del desinterés, la desidia, o simplemente la ausencia de sentido. Con el tiempo descubrí que había otros como yo y decidí resistir con ellos desde el último bastión”, y desde allí desde ese último bastión es que hoy los invito a no darnos por vencidos y a seguir el camino.

Andrea Calvete

domingo, 23 de mayo de 2021

LA ALQUIMIA DEL DÍA


Las gotas salpican las horas y las envuelve en un devenir frío y apacible. El quieto decir de este húmedo mayo nos habla, acaricia nuestros recuerdos entra en lo más profundo de nuestro ser, esculpe una imagen que parecía olvidada. Es un día perfecto para transitar los estantes del aplomo, en donde reposa lo que con tanto esfuerzo hemos aprendido. Bañados por la alquimia del día nos sumergimos en lo mejor de nosotros.

Un nuevo día nos recibe con los brazos abiertos, con las pupilas expectantes, mientras lentamente despertamos sin demasiadas expectativas más que tomar el desayuno para arrancar la jornada. Sin embargo, venimos cargados de los problemas que nos han sucedido a lo largo de la semana, de la mala noche de ayer en la que apenas pegamos un ojo… y de un sinfín de situaciones que nos preocupan.

El día nos recibe ajeno a lo que estamos viviendo, del mismo modo nosotros no somos conscientes de todo lo que llegaremos a vivir en estas horas que nos quedan por delante. Pero la mayoría de las veces corremos esperanzados en que vendrán tiempos mejores, que alcanzaremos tal y cual meta, y nos olvidamos de disfrutar el aquí y ahora, que posiblemente sea lo mejor que nos está sucediendo, pero obnubilados por lo que vendrá no somos capaces de percibirlo.

Cada día tiene una especial alquimia, un encanto único y difícil de percibir, porque no importa si está nublado, llueve o está el sol radiante, siempre puede ser un maravilloso día para hacer algo, aunque su significado literal podría ir por otro camino, bastaría con sentarnos y disfrutar de esos minutos como jamás lo hemos hecho, respirar profundo y sentir que el aire que inhalamos nos inunda de paz y energía y que al exhalar dejamos todo aquello que nos preocupa que fluya porque a larga o la corta todo pasa. Lo que no pasa es lo que queda atesorado en el corazón en ese atanor del alma, allí queda bajo resguardo los afectos, el amor de aquellos seres que nos acompañan más allá del tiempo y el espacio, y que continúan siendo luz y guía en nuestro camino.

Las gotas salpican las horas y las envuelve en un devenir frío y apacible. El quieto decir de este húmedo mayo nos habla, acaricia nuestros recuerdos entra en lo más profundo de nuestro ser, esculpe una imagen que parecía olvidada. Es un día perfecto para transitar los estantes del aplomo, en donde reposa lo que con tanto esfuerzo hemos aprendido. Bañados por la alquimia del día nos sumergimos en lo mejor de nosotros.

Andrea Calvete  

miércoles, 19 de mayo de 2021

UN SER EXCEPCIONAL


En una suerte de carrera, en la que quedamos atrás sin poder hacer nada más que aceptar su partida, se nos adelantan en el tiempo. Un mutismo sin palabras, sonidos confusos, aromas incomprensibles se mezclan en ese poco sentido con el que se colorea todo. El adelantarse en el tiempo no es cuestión de cronómetro, no tiene relación directa con los años vividos, es una carta de la vida que llega cuando es el momento justo de la partida.

Hoy quiero dedicar esta vivencia a un ser excepcional que se nos adelantó en el tiempo. La excepcionalidad estuvo de la mano de su mirada atenta, solidaria y sincera. De su humildad perfumada por la gran sabiduría que lo acompañó. Fue así que brilló en cada cosa que hizo, no por sobresalir, no por destacar, sino porque en cada acto de su vida estuvo el compromiso y la buena fe, el gesto fraterno y la palabra justa.

Su vocación de servicio se vio reflejada en la Medicina, a la que entregó largos años de su vida. Como un gran Humanista supo leer y comprender a tantos sabios que iluminaron su camino, mientras transmitió la llama del conocimiento con total generosidad y entusiasmo. Asimismo, tuvo una gran coherencia entre pensamiento, palabra y acción, cosa casi impensable en estos días.

Fue como un maestro Zen, sin que nos diéramos cuenta nos regaló muchísimas herramientas para encontrar el camino, o al menos para enderezarlo. Es así que fue luz para todos los que lo conocimos , también esperanza, consuelo y esa mano amiga y sincera, ese abrazo que aprieta el corazón.

Se nos adelantó en el tiempo, pero seguirá en nuestros corazones iluminándonos y guiándonos con sus enseñanzas y su generosa sabiduría. Brilla en nosotros su fraternal compromiso y eterno entusiasmo.

Andrea Calvete