domingo, 29 de septiembre de 2019

ETÉREA

Las horas transcurren perfumadas por la primavera, por ese universo floreciente, por esa bruma mágica de los amaneceres resplandecientes y los ocasos encantados. El trinar de los pájaros se hace presente en cada árbol en el que la sombra fresca habita las veredas. Etérea se desliza la jornada, con pinceladas tenues y soleadas por el encanto de un setiembre que da paso a un resplandeciente octubre.

Renacen las esperanzas entre cada brote que trae lo mejor de sí, colmado de la alegría de la vida. Los colores se esparcen y derrochan tonalidades entre las flores que alegremente irradian toda su energía. Etérea la brisa corre entre el mar calmo perfumado por el yodo de la paz que irradia el día.

Los sabores silvestres inundan los paladares de quienes están abiertos a dejarse llevar por esta primavera. El viento se pasea por las calles y los jardines, rapta a quien camina por sus aceras y los transforma en flor, al tiempo que Venus despeina los cabellos a los que se sumergen en la nueva estación. Etérea se pasea con su vestido blanco mientras cautiva con su belleza.

La diosa romana del amor, belleza y fertilidad ronda entre las flores y los brotes que llegan a perfumar las mañanas. Mientras Mercurio el mensajero de los dioses aletea para que se pose entre las almas el espíritu primaveral. Etérea, frágil y bella renace con cada amanecer la primavera.

Es una fiesta, en la que todo resurge, comienza un nuevo ciclo, se renueva la esperanza y la alegría, se cargan de energía los corazones abatidos, y los colores invitan a perderse en el arcoíris más bello. Etérea, multicolor se esfuma en cada paisaje.

Un espíritu lleno de tonalidades y aromas, de perfumes que se pierden entre las flores, en el que los sentidos se abren a la vida, los deseos renacen luego de la quietud y pasividad del invierno. El sol sonríe a la vida, las nubes se esfuman, los ojos centellean mientras la primavera se pasea a través de la brisa. Etérea, con sutileza se ubica cómodamente cada día.

Las horas dormidas despiertan, mientras el perfume de las lavandas y las rosas se cuela en el tibio viento. Etérea se pasea la primavera, mientras todos quedan cautivos de su frágil belleza.

Andrea Calvete



sábado, 28 de septiembre de 2019

ALGUNOS NO A TENER EN CUENTA


“No digas todo lo que sabes, no hagas todo lo que puedes, no creas todo lo que oyes, no gastes todo lo que tienes. Porque el que dice todo lo que sabe, el que hace todo lo que puede, el que cree todo lo que oye, el que gasta todo lo que tiene. Muchas veces: dice lo que no conviene, hace lo que no debe, juzga lo que no ve, gasta lo que no puede”.

Los proverbios llenos de sabiduría y enseñanza se trasladan de generación en generación, nos llaman la atención cuando resuenan en nuestras cabezas, y allí nos detenemos a pensar su verdadero significado. Algunas veces pasamos ante ellos sin advertir su esencia, lo que en el fondo han querido transmitir.

Hoy voy a hacer referencia a un antiguo proverbio árabe que nos conduce a reflexionar sobre no decir, hacer, creer o gastar todo lo que sabemos, podemos, oímos o tenemos. De alguna manera nos conduce a ser precavidos, a preguntarnos dónde estamos parados, quiénes son las personas que nos rodean, quienes nos escuchan, que desean de nosotros, y a su vez a cuestionarnos si todo lo vemos y oímos es tal cual o no.

Desde los inicios de los tiempos siempre hubo gente en busca de conseguir su lugar, sin importar a su alrededor, gente desleal, injusta, ventajera, pero las hubo bien intencionadas, solidarias, atentas y fraternas, y por qué no de las que no se interesan por nada ni nadie, indiferentes y esquivas, por eso es importante saber en dónde nos movemos, conocer a nuestros semejantes, no prejuzgar e intentar a abrirnos sin preconceptos o ideas que nos influyan a la hora de relacionarnos. Atentos al mundo que nos rodea, también conscientes de nuestras virtudes y defectos, entonces podemos llevar a cabo nuestro accionar.

Respecto al decir algunas veces hablamos más de la cuenta, decimos lo que no debemos, explicamos lo que no teníamos que explicar, las palabras son como las balas una vez que se disparan no se borran, no tienen marcha atrás.

Las cosas que hacemos aquí la gran mayoría son proyectos que nos ponemos por delante, otras tareas que debemos cumplir, pero sin embargo algunas veces no medimos las consecuencias de lo que vamos a llevar a cabo, simplemente porque fue una acción impulsiva, poco meditada o pensada.

En referencia a lo que creemos, nuestras creencias son quizás las que tengamos más claras, pero en referencia a lo que creen los demás, aquí entramos en un terreno movedizo, no conocemos al otro como para estar seguro de lo que cree o piensa, y aún de conocerlo es una persona diferente a nosotros por lo que debemos ser cautelosos.

Con respecto a gastar todo lo que tenemos aquí el proverbio puede estar referido a lo ponemos sobre la mesa cuando apostamos a un proyecto, a una iniciativa, y si bien es importante comprometerse y brindarse en totalidad con esfuerzo y compromiso, también ser precavidos a la hora de poner en juego un proyecto, tratar de ver las posibilidades, y comprender de alguna manera en que terreno nos movemos y dónde estamos parados.

De este modo, este proverbio nos recuerda : “No digas todo lo que sabes, no hagas todo lo que puedes, no creas todo lo que oyes, no gastes todo lo que tienes. Porque el que dice todo lo que sabe, el que hace todo lo que puede, el que cree todo lo que oye, el que gasta todo lo que tiene. Muchas veces: dice lo que no conviene, hace lo que no debe, juzga lo que no ve, gasta lo que no puede”.

Este viejo proverbio entonces nos lleva a mirar a nuestro alrededor, a cuidar nuestras palabras,  a ser cautelosos, mesurados, cuando hablamos y actuamos, y también muy cuidadosos cuando juzgamos a alguien, porque no estamos en sus zapatos. También nos lleva a tomar consciencia de nuestros gastos, de nuestros compromisos, de si seremos capaces de asumirlos.

Andrea Calvete

sábado, 21 de septiembre de 2019

QUIEN DANZA CON EL CORAZÓN DEJA QUE SUS PIES LO SIGAN

Algunas personas son muy intuitivas, se dejan llevar por sus emociones, por esas corazonadas que laten dentro, o por esas intuiciones que los guían. Sin embargo, otras cansadas de equivocarse, decepcionadas de los fracasos, emprenden un camino en el que poco lugar queda para dejar fluir los sentimientos, es como si anestesiaran dispuestas a continuar sin demasiados sobresaltos.

Si bien la estabilidad emocional es muy importante para poder emprender cualquier situación en la vida, también es cierto que si no se pone un poquito de sal y pimienta a los días, difícilmente fluya algo demasiado sentido.

¿Quién no se ha dejado seducir por su intuición?, ¿quién no la dejado pasar en un momento de oscuridad?, ¿quién no le ha permitido sentarse a su lado para hacerle compañía?, ¿quién no se ha tomado un café con ella? La intuición suele ser la lucidez que el corazón conoce y la mente ignora.

Llega ser una sabia compañera, que por momentos nos engaña trayendo a ese presente algunos temas extraviados y guardados en ese baúl de los recuerdos o quizás en ese cofre en el que escondemos asuntos “olvidados”. Pero la gran mayoría de las veces, si nos sinceramos con ella sabemos que puede ser generosa y honesta a la hora de hacernos ver ciertas realidades que quizás nuestro ojo miope no quiera ver. Desde luego, la razón se interpondrá entre ella y nosotros todo lo que sea posible , nos refutará fuertemente y nos dirá: “ Esto es injustificable, no dejes que tus deseos y necesidades te convenzan” Y uno se parará desconcertado, se tomará unos minutos, y analizará su pasado, razonará y revisará patrones lógicos y secuencias vividas e intentará ordenar los pensamientos.

Y de la mano de un poder cuasi mágico, nos seducirá la intuición, despertando esa voz interior, en forma desinteresada y sincera, espontanea y sonriente, para tomar contacto con esa realidad que nos circunda, pretendiendo hacernos aprehender la naturaleza simple.

Sin embargo, la intuición no bastará para el juicio, requerirá de conceptos que son producidos por el entendimiento. La intuición podrá ser comprendida dentro de un plano sensible o inteligible, espiritual o ideal. La inteligible podrá provenir de la sensibilidad y la espiritual se dirigirá al ideal. También se podrá encaminar por diferentes senderos, y así podremos hablar de una intuición ideal dirigida a las esencias, de una intuición emocional dirigida a los valores, de una intuición volitiva encaminada a la aprehensión de las existencias.

Y aunque intentemos buscar sus contras frente a lo racional, surge en forma natural y se para allí y nos dice: “Intuyo que esto no es bueno para vos”, y uno escucha esa voz interior y se deja guiar porque sabe que tantas veces no nos ha fallado, y otras tantas la hemos desoído cayendo en un terrible error.

Escuchar la voz de la intuición es permitirse reflexionar, hacer esa pausa que nos conecta con ese yo interior algunas veces olvidado, excluido de nuestro diario vivir por muchas razones, quizás la más difícil el mirarse a uno mismo.

Esas pizcas de intuición son las que tantas veces nos salvan de cometer los mismos errores, o desviar el rumbo y entorpecer el camino. También es cierto que por momentos nos engaña porque enmascara deseos y anhelos escondidos, pero suele ser bastante sincera, espontánea y desinteresada a pesar de estos posibles errores que pueda cometer en afán de ayudarnos.

Es posible que si nos disponemos a danzar con nuestro corazón, nuestros pies nos sigan entusiasmados, guiados por esa calidez y luminosidad que surge de cada latido espontaneo y sincero, en el que cada vibración será el motor esencial para poder poner en marcha nuestros deseos y anhelos.

Andrea Calvete

PASAR DESAPERCIBIDO

Tantas veces en silencio se visten los aromas del día, penetran suavemente y se presentan sin que nos demos cuenta. El tibio perfume primaveral deja sentir notas que renacen llenas de esplendor.

Sin embargo, por más que mil y uno motivos se paran para que veamos que ha cambiado la estación, aún pasan desapercibidos. Quizás porque no nos hemos detenido a disfrutar del día, no nos hemos hecho ese espacio para que penetren los aromas, colores, sabores, texturas y sonidos en los que un cambio notorio se ha hecho presente.

¿Por qué nos resistimos al cambio?, posiblemente aún no estemos preparados, tengamos temas pendientes que abordar, o simplemente nos damos ese espacio para ser y estar en otra sintonía diferente a la que estamos habituados. Algunas veces aunque nos incomoda el tiempo presente, no hacemos nada por cambiarlo por temor a lo desconocido, por miedo a lo que vendrá, o simplemente como dice un viejo proverbio: “más vale malo conocido que bueno por conocer”. He aquí un gran obstáculo cuando tratamos de avanzar, porque todo puede a llegar a pasar desapercibido simplemente por no querer abrirnos a continuar, y mantenernos paralizados en un tiempo detenido, pero que a su vez continúa sin pedirnos permiso.

Lo que pasa desapercibo, puede tener múltiples explicaciones, por no querer realzar demasiado lo que está sucediendo, por no querer llamar la atención, porque discretamente hace su labor para en alguna circunstancia hacerse visible, cuando sea el momento justo y perfecto para que lo incorporemos, para que digamos sí al cambio.

Tantas veces, nos llegan mensajes que pasan desapercibidos, llamados que son ignorados, voces que no son escuchadas, latidos que no son correspondidos, abrazos que son desaprovechados, y aunque nos llamen la atención seguimos anestesiados en nuestro mundo, ajenos a ellos, porque aún no hemos abierto esa puerta para darles cabida, hay algo que nos impide abrirla y tenemos que descubrir cuál es el motivo.

Lo que pasa desapercibido camina con humildad por la vereda a la espera de ser recibido, con paciencia, con la grandeza de la gratitud a flor de piel, con el deseo lleno de esperanza, con las pupilas cargadas de brillo y esplendor, a la espera de ser percibido, de ser un motivo por el que cuestionarse, por el que poner un pienso.

Dicen que todo llega a su debido tiempo, y como seres llenos de virtudes y defectos, de posibilidades vamos transitando etapas, situaciones que corresponden a ese momento vital que nos toca enfrentar, en el que cuestionamientos, problemas, anhelos, sueños, se hacen presente, hasta que llega ese día en el que nos paramos y logramos ver lo que ha pasado desapercibo, y se hace verbo en el camino, se materializa a través de una decisión que se vuelve acción.

Hoy en silencio se visten los aromas del día, penetran suavemente y se presentan sin que nos demos cuenta. El tibio perfume primaveral deja sentir notas que renacen llenas de esplendor. Sin embargo, somos conscientes de este bello despertar en el que las posibilidades se vislumbran a la espera de materializarse.

Andrea Calvete

domingo, 15 de septiembre de 2019

A LA SOMBRA DE UNA NUBE

Algunas ocasiones una nube se interpone entre ese universo de oportunidades y da sombra a esos quizás que intentan vislumbrarse tímidamente. Pero el sol parece haber quedado oculto, mientras los pendientes cabalgan en un tiempo esquivo y cuestionador.

Nos cuestionamos si hoy es el día más adecuado para decidir algo, mientras esa nube puesta sobre nuestra cotidianidad se desliza desprejuiciada, la miramos de reojo, pero no se da por aludida, continúa con su marcha y nos desafía.

A pesar de la nube continuamos con la mirada esperanzada en que algún momento se despejará, y podremos dar cabida a lo que deseamos y anhelamos. Si bien las dudas, los problemas e inquietudes podrán permanecer, cuando el cielo se despeja las perspectivas parecen ser otras. Evidentemente, todo es cuestión de perspectiva y también de actitud.

Por el aire, las nubes se deslizan misteriosas, por las noches en la que los desvelos se aproximan, o en los atardeceres donde los sueños se esfuman en el horizonte. Se esparcen en el corazón cuando late con arritmia, y el pulso intenta escapar de ese ritmo disonante que lo asfixia.

Con su halo de enigma las nubes juegan a esconderse, se burlan entre sí, largan carcajadas, mientras quedamos absortos en su juego perfecto y misterioso, como simples prisioneros de sus caprichos, o deseos, a la espera que una prevalezca sobre la otra.

A la sombra de esa nube que ha decido taparnos el sol nos movemos, buscamos posibles mientras un universo de imposibles nos desafían, pero convencidos de que sí podemos, observamos esperanzados el cielo que se va lentamente despejando.

Andrea Calvete

sábado, 7 de septiembre de 2019

UNA ESQUINA COMO TANTAS

Una esquina empapada de recuerdos, perfumada con los aromas de primaveras que florecieron en los días de juventud, donde los colores corrían desenfrenados llenos de ilusión y entusiasmo. Testigo del tiempo se ha bañado de los hilos de los años, que con esmerada paciencia han tallado su impronta.

Una esquina que se deja llevar por las risas de quienes transitan decididos a todo, por más que bajo sus ropas guarden llantos escurridizos o envuelvan los temores debajo de sus abrigos. Dicen que la risa es contagiosa, se propaga así llena de entusiasmo, e irradia la energía contra lo que casi nadie puede, es tan poderosa que con su halo mágico llega a desdibujar el momento más difícil.

Una esquina en la que la humedad ha caldo profundo, en las que la lluvia ha caído suave y constante, en las que los ruidos de las calles se ha incorporado como parte de su ser. Pero no todos los días han sido iguales, sin embargo son recordados con alegría porque ellos son parte de lo que hoy es, mientras continúa abierta a los cambios y a las ilusiones.

Una esquina en la que se han besado cientos de parejas, a la luz de un farol, o de una noche de estrellas, o bajo un cálido amanecer en el que la esperanza baña el día de júbilo. Han dejado allí plasmado su amor, mientras ella los ha cobijado como testigo silencioso y hermético.

Una esquina en la que los niños vuelven de las escuelas con sus moñas rebosantes de energía, testigo de la dicha de esa etapa que se pasa volando y que viene cargada de fuerza vital y esperanza, en la que las risas y las travesuras son parte de esa multitud de posibilidades.

Una esquina que ha escuchado infinidad de conversaciones, de vecinos, amigos, parejas, de gente que va y viene, y que llevan consigo sus problemas, sus cuestionamientos, sus dudas, sus anhelos, y depositan en cada conversación lo que les inquieta y preocupa. Así ha visto pasar multitudes, y cada uno ha dejado un poco de sí y se ha llevado un poco de ella.

Una esquina como tantas, se para tranquila para dar cabida un cruce, una parada, un llanto, una risa, un deseo, un fin o un comienzo, en la que transcurre la vida y se impregna de cada ser que por allí pasa y le regala un trocito de sí.

Andrea Calvete

domingo, 1 de septiembre de 2019

EL ARTE DE APRENDER

Aprender es una arte que requiere de una vida, en el que lentamente vamos ampliando el caudal, limando asperezas, puliendo imperfecciones, para así tallar ese ser en el que nos vamos transformando producto de los años y las experiencias.

Como todo arte, requiere de precisión, esfuerzo y de paciencia, de esmero y sacrificio, de pasión y compromiso, porque nada se logra de la noche a la mañana, es un largo camino que vamos recorriendo y ampliando el horizonte.

Tropezamos tantas veces con la misma piedra, incurrimos en reiterados errores, equivocamos el camino, pero indudablemente de cada suceso vivido vamos aprendiendo, vamos creando conciencia y adquiriendo conocimiento, vamos tallando ese ser imperfecto para transformarlo gradualmente.

La fuente inagotable del conocimiento es la que nos lleva a mantenernos vivos, productivos, enérgicos, interesados por algo que en definitiva hasta ahora no sabíamos. Sin darnos cuenta de cada suceso en la vida vamos aprendiendo, aún de los más insignificantes por decirlo de alguna manera.

Algunos encuentros con personas inesperadas, nos llevan a charlas que quizás lejos de nosotros estaba realizarlas o entenderlas, pero son parte de ese proceso de aprendizaje, en el que una persona se abre a contarnos algo que le pasó y nos involucra en una historia, en la que sin darnos cuenta comenzamos a ser partícipes, no sólo escuchándola, sino también involucrándonos con lo que le pasa y si es preciso también damos un consejo o una opinión.

En esta cadena de relaciones personales que se van dando en el camino de la vida, vamos conociendo personas, adquiriendo conceptos, involucrándonos con otras realidades, de modo que también vamos cambiando la perspectiva y visión de la vida. Indudablemente, si retrocedemos unos años en el camino quizás hayamos cambiado la manera de encarar la vida, pero lo cierto que más allá de los cambios, continuamos en la búsqueda incesable del conocimiento.

Estar abiertos al conocimiento, al aprendizaje requiere de estar dispuestos a dejarnos empapar por nuevos vientos, por aromas que quizás hasta ahora habían estado lejos de nuestra existencia, es dejarnos sorprender por un nuevo día, o por un cielo lleno de oportunidades a la espera de ser descubiertas.

El aprendizaje implica ilusión puesta al servicio de la creatividad y la motivación, en donde la inteligencia siempre activa camina por los senderos en los que la razón y el entendimiento se hacen presentes. A todos estos aderezos debemos agregar la fe en lo que hagamos o aprendamos, y la esperanza en que habrá un después iluminados por el brillo de la paciencia y la tolerancia.Así caminaremos por el sendero del conocimiento a la luz de los nuevos conceptos que serán parte imprescindible de nuestro día a día.

Aprender es una arte que requiere de una vida, en el que lentamente vamos ampliando el caudal, limando asperezas, puliendo imperfecciones, para así tallar ese ser en el que nos vamos transformando producto de los años y las experiencias.

Indudablemente, aprenderemos hasta el último instante de nuestras vidas, quizás en la última inspiración nos llevemos mucho y dejemos en el aire con nuestro último suspiro mucho más de lo que pensamos o anhelamos.

Andrea Calvete