viernes, 3 de marzo de 2017

HIPNOSIS

Los círculos que se dibujaban tímidamente atrajeron su mirada, hipnotizada  se dejó llevar hasta entrar en una profundidad poco conocida, pero confortable. Cegada por los turquesas sus pupilas se dilataron hasta que un calor inmenso la abrazó en un intento por seducirla, por sacarla de ese lugar frío e inhóspito en el que solía habitar. Embriagada por el aroma de un sándalo dejó que fluyera todo lo que hacía tanto tiempo estaba reprimido.

Cautiva de los aromas, colores, se maravilló también por el sonido del agua que caía apacible, un sabor mentolado se instaló en su boca, recordó aquellos besos que le habían mantenido perdida. Pero ahora desde el recuerdo todo se reproducía con exactitud, sin embargo, la hipnosis la llevaba a no comprender demasiado cuál era la dimensión a la que accedía. ¿Era real lo que sentía, pero dónde estaba, quién le producía esa sensación de placidez, de saciedad? ¿Los círculos, el agua, los aromas, los azules esmerilados, o el trinar suave de las aves que sobrevolaban?... No podía dar respuesta, sin embargo era muy bello lo que sentía, podría decir que indescriptible.

Flotaba en un estado de inmensa liviandad, su cuerpo era sostenido por suaves sedas, ¿cómo había llegado allí, dónde estaba? No le importaba, era muy grato lo que vivía , habían resucitado sus sentidos, su corazón frío y endurecido por el tiempo volvía a palpitar. ¡Qué más daba, cómo o cuándo o por qué!, había decido disfrutar al máximo de cada instante, como si fuera el último minuto.

Un bello atardecer le acarició delicadamente, la humedad de la noche que se aproximaba rozó sus hombros, la luna se espejó en el agua, hechizada por su blancura se permitió volar hacia esa nueva dimensión  descubierta por el efecto hipnótico de la naturaleza.

Andrea Calvete