martes, 15 de noviembre de 2016

SÍNDROME DE EXCUSINI

Las excusas suelen ser enormes escudos tras los que nos amparamos ante la disyuntiva de tener que decir sí o no a una determinada propuesta. Aparecen generalmente ante la duda al tener que definirnos por una respuesta apropiada. En tanto, el camino de la excusa nos valida a sentirnos mejor con nosotros mismos, con esa decisión que en definitiva no pudimos tomar.Según la tradición un tal “Excusini” aparece en estos momentos decisorios, y alienta a este síndrome para que las excusas circulen con frecuencia y total desenfado.

No está mal excusarse cuando lo hacemos para disculparnos, y del mismo modo cuando intentamos eludir una situación estamos en nuestro derecho a hacerlo, lo cuestionable es si en estas excusas entran a jugar las mentiras, aquí se complican los argumentos, porque detrás de una mentira nada bueno se puede edificar o sustentar. No falta quien cree que las mentiras piadosas son válidas, sin embargo por más que en el fondo tienen por fin no lastimar a alguien su base continúa siendo la mentira que nos aleja de poder construir algo con solidez. Por eso vale pena recordar “que las mentiras tienen patas cortas”.

Las dudas son inherentes a los seres humanos, son signos de inteligencia, de reflexión y de pensamiento crítico. Mas es imprescindible dudar a tiempo, cuando una situación aún puede ser reversible, para poder dar una respuesta. Dudamos pues vivimos en un mundo donde abundan las mentiras, los engaños, las actitudes desleales, la corrupción, la ambición desmedida… y ante tanta adversidad la duda surge como posible respuesta. Pero cuidado, no dudemos hasta de nuestra propia sombra.

También solemos excusarnos porque ante determinados hechos o situaciones no nos encontramos preparados, nos sentimos inseguros, entonces es más sencillo poner un motivo a decir no. Nos encontramos nuevamente de regreso al sí y no que tantas veces evitamos. Se pusieron a pensar ¿por qué dos palabras monosílabas resultan de tanto peso en nuestro accionar?

El sí y el no resultan de peso en nuestro accionar porque están relacionados con la dualidad misma de la vida, con esos opuestos que terminan de alguna manera volviéndose complementarios. El enfrentar un sí o un no requiere estar dispuestos afrontar con valentía las decisiones, con responsabilidad y compromiso, y como consecuencia sostenerlo con argumentos sólidos.

Quizás muchas veces hayamos sido víctimas de este síndrome en el que las excusas nos anteceden y justifican, por miedo, por temor, por falta de tiempo, por indecisión… no importa el motivo que quieran, puede o no ser justificado, lo importante es excusarnos menos y comprometernos más.

Andrea Calvete