viernes, 19 de febrero de 2016

MOMENTO DE RELAX

La brisa rozó su cara, un leve sonido acaricio sus oídos, los colores del atardecer le abrazaron suavemente. Notas húmedas cargadas de aire de mar llegaron hasta José para abrir todos sus sentidos y sentarse a disfrutar.

Luego de un día de trabajo, estrés y cansancio, el simple hecho de poder reposar y observar un atardecer, puede convertirse en un acto de magia, en un momento único e impredecible.

Había sido una jornada larga, intensa, estaba agotado, lleno de preocupaciones. Sin embargo, los colores del cielo pudieron más que sus desvelos, lo trasladaron a atardeceres llenos de risas y alegría.

Si bien estaba a unas cuadras de la playa, el aire perfumado por el mar, cargado de sal y humedad, fue un ingrediente especial para distender su cuerpo y abrir su alma.

Los ocres, rosas y naranjas se unieron a pálidos celestes pastel, así la fiesta de colores se abrió para deleitar sus pupilas. Las nubes blancas y pequeñas se tiñeron de suaves tonalidades, a la vez que danzaron a ritmo lento y sugestivo.

A medida que fue cayendo la tarde hicieron su aparición los grillos y luciérnagas que iluminaron como lucecitas intermitentes los rinconcitos más oscuros.

Las fragancias de las flores impregnaron el aire de frescura y paz, así José en compañía de su mate logró desconectarse de todo lo que le preocupaba, para estar allí consigo mismo, disfrutando de su yo más profundo.

Algunas veces parece inalcanzable tener unos minutos de relax, sin embargo, es cuestión de distenderse y hallar el momento y el lugar, en el que la desconexión con los problemas sea inminente, para que la mente logre trascender lo superfluo y conectarse con lo profundo e interno.

Así el atardecer encontró a José lleno de paz y armonía, bajo un cielo cargado de estrellas que empezaban a apoderarse de toda su superficie para dar cabida a la noche que estaba por llegar.

Andrea Calvete