jueves, 24 de diciembre de 2015

¿Qué encierra la Navidad?

Navidad proviene del latín “nativitas” que significa nacimiento. Es una de las fiestas más importantes del Cristianismo, que conmemora el nacimiento de Jesucristo en Belén. Esta fiesta se celebra el 25 de diciembre por la Iglesia Católica, la Iglesia Anglicana, algunas otras Iglesias protestantes y la Iglesia Ortodoxa Rumana.

Su mediatización, Papá Noel, los renos, el árbol, las luces y el pesebre, son parte de los elementos más significativos desde los primeros días de diciembre al 6 de enero. Cada cual a su manera, la vive y la celebra, en paz y armonía.

Los angloparlantes la llaman Christmas, cuyo significado es ‘misa de Cristo’. En algunas lenguas germánicas, como el alemán, la fiesta se denomina Weihnachten, que significa ‘noche de bendición’. Las fiestas de la Navidad tienen como fin celebrar la natividad es decir, el nacimiento de Jesús de Nazaret.

La Navidad es la fiesta cristiana más popularizada, pese a que la Iglesia considera que es más importante la Pascua.

En esta festividad, el árbol es un gran protagonista, que junto con el pesebre conforman parte de la celebración. Tiene sus orígenes en la antigua creencia germana de que un árbol gigantesco sostenía al mundo y que en sus ramas estaban sostenidas las estrellas, la luna y el sol. He aquí la explicación de poner luces a los árboles.

La Navidad se celebra en el Solsticio de Invierno en el hemisferio norte y el Inicio del Verano en el Sur. El solsticio, es el momento en que el sol se encuentra más alejado del ecuador.

Este solsticio comienza a las 12 am del día 22 de diciembre y finaliza el día 24 a la medianoche, durante este tiempo, el sol pareciera detener su movimiento, de allí la palabra solsticio -sol estático-, para luego, el día 25 volver a levantarse, renacer. Durante el solsticio, el eje terrestre está dirigido o apuntando hacia el centro de nuestra galaxia, la Vía Láctea. Este centro galáctico es el lugar de máxima concentración de estrellas y de energía.

De este modo, vemos que la Navidad también tiene un significado solar, y es el momento en que el planeta Tierra se ve beneficiado por una energía cósmica positiva, la cual no sólo recibe el planeta, sino todos sus seres vivos.

Por su parte, el árbol en sí tiene varios significados religiosos pues ha sido utilizado como símbolo de la unión del cielo y la tierra, ya que sus raíces se hunden en la tierra y sus ramas se levantan hasta el cielo; por tal motivo en las religiones orientales, el árbol es un signo de encuentro del hombre con la divinidad.

Los primeros documentos que nos hablan de la costumbre de colocar en Navidad árboles de abeto o de pino en las casas son del siglo XVII y menciona a la región de Alsacia, tierra que comprende Alemania y Francia.

En la Biblia, el árbol aparece como un símbolo de la vida. Las luces representan la luz de Cristo en la vida y la estrella que en algunas ocasiones se coloca en la punta, simboliza a la estrella de Belén que anuncia la redención a la humanidad.

Pero más allá de las creencias religiosas, se suele hablar de un espíritu navideño, que implica nacimiento, apertura, en definitiva celebrar la vida, brindar por nuestros afectos, porque tenemos una familia, amigos, seres queridos, salud, un trabajo… y tantas cosas que en esta época del año solemos recordar al hacer esa pausa durante el 24 y 25 de diciembre donde levantamos nuestras copas y brindamos.

Es una época en la que la sensibilidad aflora, porque si bien para muchos tiene el carácter religioso del nacimiento de Cristo, para otros es un día de la familia, día de amigos, asociado al conocimiento interno, espiritual emocional, de allí que la nostalgia, la alegría, el perdón y la fraternidad afloren. Y la nostalgia, que es el sentimiento de añorar aquello que ya no volverá, se hace presente, y es así que es un momento propicio para recordar aquellos seres que hoy no nos acompañan físicamente, pero espiritualmente nos nutren y acompañan día a día.

Sin embargo, también he visto gente descreída y sin ánimo de celebrar, porque argumentan que existen guerras, miseria, hambre y desolación. Pero si bien es cierto que estas cosas ocurren, el celebrar la vida, el amor, la felicidad de tener una familia, amigos, salud, trabajo y tantas cosas que nos suceden a diario, no creo que perjudique más la situación actual, me parece que es parte de agradecer lo que somos y tenemos. Celebrar la vida, es importante porque “un milagro de amor”, que solemos olvidar en el correr del diario vivir.

Actualmente, la influencia mediática comercial ha incorporado figuras como la de Papá Noel, sus renos y el trineo, entonces la celebración se ha convertido en una mixtura en la que proliferan regalos, copiosas comidas y un excesivo consumo. Es una época en las que los comercios se preparan para un gran despliegue, que les redundará en grandes beneficios.

Y aquí comienza otra disyuntiva importante que cuestiona ¿cómo es posible festejar, gastar, cuando tantos carecen de todo? Es verdad, no nos debemos olvidar de ellos, ahora ni nunca. Sin embargo, es un momento indicado para recordar que mucha gente necesita de nuestra solidaridad, cariño y afecto

Más allá de las creencias religiosas y la mediatización infernal que se despliega alrededor de esta fiesta, la Navidad congrega a familiares y amigos, con un espíritu conciliador, en paz y armonía, que no se debe perder de vista, y que es importante rescatar.

Es tiempo de renacer, de buscar lo mejor de cada uno y ponerlo sobre la mesa, de modo de compartir todo lo que tenemos para dar y recibir. Salud y muy feliz Navidad para todos.

Andrea Calvete

lunes, 21 de diciembre de 2015

SOLSTICIO DE VERANO

La noche más corta se aproxima, el sol llega a su máximo apogeo. Es tiempo de renacimiento, de fulgor y alegría, todo reverdece y crece, del mismo modo la esperanza se asoma con cada rayo que llega a nosotros.

Con su energía y luz el sol nos alumbra e ilumina, se aproximan tiempos de cambios, de renovar los ánimos y las energías, de abrir las ventanas, perdonar, olvidar, para poder avanzar y crecer.

Existen algunos obstáculos, pero la mayoría de las veces uno de los más grandes somos nosotros mismos que nos aferramos a recuerdos, miedos, decepciones, sin dejar que habite en nosotros lo mejor de cada uno, para dar vida a lo que anhelamos y queremos.

Dejemos que el sol brille e ilumine con fervor nuestro ser para alumbrar la parte oscura del camino, para ser luz.

Las luces y las sombras son parte de nuestra existencia, pero hoy el sol llega para iluminar más que nunca, para que cuando miremos al cielo nuestros deseos más profundos lleguen a su destino, y nuestro camino se ilumine cargado de fe y esperanza.

Brillemos a través de la sonrisa, del abrazo, del cariño sincero y de la mano que se ofrece fraterna para solidarizarse y acompañarnos en el camino. El sol está en su esplendor, aprovechemos entonces de su cercanía para inundarnos de lo mejor que hay en nosotros.

Andrea Calvete

lunes, 14 de diciembre de 2015

DOCE CAMPANAS

Diciembre mes 12, cierre de un año, tiempo de balances, de cuestionamientos, y despedidas. A toda prisa ha pasado este año, lleno de apuros e inquietudes, no ha detenido su paso. Doce campanas que suenan, alimentan las horas que pasan.

En estos doce segundos, quizás ya hayan visualizado su año. Me detengo y observo el mío, no ha sido nada fácil, pero las cosas no son siempre como queremos, algunas veces nos topamos con la dureza del frío y la oscuridad de la noche.

Sin embargo, al invierno le sigue la primavera, y a la noche más oscura un claro amanecer. De eso se trata el camino, de encontrar la luz.

Doce un número que tiene que ver con el tiempo, con los signos zodiacales, con el círculo de la vida que transitamos acompañados por el Universo que nos rodea.

Cada día que pasa podemos observar la huella marcada. Algunas días sentimos que hemos caminado kilómetros, otros sin embargo, nos hallamos atascados en un inmenso laberinto imposible de recorrer.

De claros y oscuros se compone el camino, también de matices, que son muy importantes a la hora de balancearnos y alinearnos al camino.

El aroma de los jazmines acompaña el cielo estrellado del verano, que se asoma radiante, lleno de calor y alegría. Por eso más allá de lo recorrido, es una hermosa época para observar el mar y el cielo, para recorrer con calidez la vida que espera.

Andrea Calvete

sábado, 12 de diciembre de 2015

SIGNIFICA TANTO...

¡Que te hayas marchado, significa tanto! Te recuerdo, te presentas por instantes, tus palabras se oyen nítidas, sobrevuelan tu risa y llanto, tu ser más profundo.

Que te hayas marchado, aún duele mucho. Sé que llegará un día que te recordaré con alegría, sin tristeza, ni lágrimas. Son días de duelo, de masticar el tiempo, de hacer que las lágrimas se conviertan en frescas gotas de rocío que acarician el amanecer.

Es tiempo de crecer, de avanzar, de continuar. De llorar y aprender, de reír y de soñar. De acompasar lo que ha sucedido, de no detenerse y aceptar que así es la vida.

Las heridas las cura con suavidad el tiempo, a la vez que se encarga de transformar las ausencias en compañías para el corazón.

¡Que te hayas marchado significa tanto! Estás presente a pesar de ese espacio que nos separa por momentos, y nos une por otros más que nunca.

Andrea Calvete

viernes, 11 de diciembre de 2015

LA GRATITUD FAVORECE EL PALPITAR

El palpitar suele cambiar según nuestro estado de ánimo, lo cierto que si bien es constante tiene ritmos diferentes y marcados, que hablan de lo que nos pasa en forma permanente.

Y no es broma que la angustia y el dolor a las que nos enfrentamos luego de grandes pérdidas repercuten en nosotros. Algunas personas se apagan, y su corazón deja de funcionar lentamente y mueren de tristeza.

No todos los seres humanos somos iguales, algunos ante las adversidades se paran con fortaleza y deciden hacer frente a como de lugar, otros sin embargo, se debilitan y empalidecen porque se sienten vencidos, agobiados, cansados.

Quien más o quien menos hemos pasado por situaciones en las que hemos salido fortalecidos y otras en las que nuestros cuerpos quedan tan débiles que la primera bacteria o virus que anda por el aire nos ataca con fuerza.

Pero no sólo palpitan nuestros corazones, también lo hace la naturaleza en el sonido del viento, de la lluvia, en el crecimiento de las plantas, en el nacimiento de cada pequeño ser vivo que habita nuestro Planeta.

La vida es palpitar constante, es ritmo continuo, devenir permanente, todo fluye. Quizás el grave error es pensar que algo va a permanecer estático, así para siempre. Desde que nacemos o mejor dicho desde que somos gestados nuestro organismo comienza una serie maravillosa de transformaciones.

De eso se trata la vida de continuos cambios, posiblemente no todos sean de nuestro agrado, pero si damos la mano a los que nos ayudan a superarnos a dar un paso adelante, posiblemente surja la palabra gracias, porque la gratitud es algo que favorece el palpitar, y nos ayuda a vivir en plenitud.

Andrea Calvete

martes, 8 de diciembre de 2015

TEJIDO DE SUEÑOS

Cada noche, un nuevo tejido entrelaza sedas, colores, imágenes, luces que aparecen y futuras sendas, todo está al alcance para que los sueños lleguen hasta donde quieran.

Suelen trasladarnos a lugares perdidos, pasados, futuros, algunas veces inimaginables, con su toque mágico, disparatado e inigualable a la hora de crear. Nos llevan hasta rincones en los que posiblemente despiertos no nos atrevamos a incursionar.

Ellos se conectan de manera “caprichosa”, aunque si los analizamos bien nada está allí sin motivo, ni causa, alguna conexión lejana y remota hace que se tejan de determinada manera. Hay veces inconexos e inconclusos, otras nítidos y frescos como el aroma de la mañana, suelen dejar su huella en nuestros días.

Algunas noches son importantes vías de escapes, ríos que nos conducen a océanos, o pájaros que vuelan alto y lejos, sin rumbo apacibles. Pero no siempre suelen ser tranquilos, por momentos nos inquietan, a tal punto que cuando no podemos soportar más lo que estamos soñando nos despertamos bañados en traspiración.

Trabajan con lo que reprimimos, lo que no dejamos que sea, lo que pensamos que es mejor olvidar o callar, lo que no dijimos y está allí latente, con lo que no nos atrevimos, lo que no pudo ser o no quisimos que fuera.

Una vez sucedidos, solemos recordarlos, algunos nítidos, otros confusos, pero según hayan transcurrido al día siguiente nos queda su sabor, sus imágines, sus aromas y sonidos grabados, como si un cuadro hubiese sido pintado en la noche.

Los sueños nos trasladan a épocas vividas, a lugares especiales, que quizás aquí y ahora sean imposibles de transitar, porque ese tiempo ya pasó, y lejos quedaron sus integrantes así como ese lugar físico que le da vida.

Suelen esconder lo imposible, lo que anhelamos, lo que deseamos con fervor, o simplemente lo que no nos gusta, pero tenemos que aceptar. Sin embargo, ellos no saben de sermones o impedimentos, ellos llegan a donde les place, con libertad y astucia.

Es tan maravilloso sentir que un sueño nos puede trasladar a un lugar que nos hizo sentir plenos, llenos de energía, acompañados tal vez de alguien muy especial. En cierto medida lo que ocurre, es que esos momentos están en nosotros mismos y los guardamos como luces que nos iluminan cuando más las necesitamos.

También soñamos despiertos, así tomamos una idea y empezamos a trabajarla a tal punto que pronto nos abstraemos del lugar en donde estamos, y nos dirigimos mágicamente a donde posiblemente se desarrolle o tenga lugar esa idea.

Quien sueña, despierto o dormido, pone a volar su imaginación, su creatividad, en un intento por no dejarse agobiar por la rutina que suele ser gris y despiadada.

Los sueños se conjugan con la realidad, y ella se alimenta de los sueños para que la ficción también tenga cabida. Soñar, despertar y volver a soñar es parte de lo que somos, de nuestra esencia misma. Día a día tejemos nuestros sueños para que la realidad se entremezcle con ellos y fluya esa energía que nos conecta con la ilusión, la esperanza y la fe de poder alcanzar lo que anhelemos.

 Andrea Calvete