miércoles, 17 de junio de 2015

EN FUGA

Fugarse a una dimensión única y apasionante, no es muy costoso ni sofisticado, algunas veces forma parte de trascender la realidad que asfixia o simplemente cansa porque es pura rutina.

El abstraerse a un espacio, requiere de involucramiento, entrega, creatividad, del convencimiento de querer navegar en las profundidades más intensas y desconocidas, para encontrar eso que no sé ve, tan intangible e infinito que la mente se perturba con el hecho tan sólo de no poder dimensionarlo.

En fuga se paran los deseos, los anhelos más profundos, en los que el tiempo y espacio pierden su identidad, porque es un momento en el que se traspasan minutos, sutilezas, hasta lo más minucioso queda desvanecido con ese goce que proporciona esa dimensión en la que nada duele, todo es dicha y placer.

Una dimensión en la que parecen contenerse los latidos y la respiración, en el que se abandona el cuerpo cansado y el alma dolorida y se los deja volar libremente, sin miedos, sin impedimentos, el viento sopla a favor, la luz brilla intensamente.

Quizás esa dimensión sea única y diferente para cada uno de nosotros, y seguramente la alcancemos de modos muy distintos, pero lo importante es llegar a ella en algún momento de la vida, para entonces abrir esa puerta que nos permita disfrutarla.

Andrea Calvete