domingo, 30 de marzo de 2014

¿DÓNDE, CUÁNDO Y CÓMO ENCONTRAMOS LA PLENITUD?

Una pregunta sencilla pero que a la vez encierra múltiples respuestas que serán el punto de partida de un camino, de una intersección, de un punto de inflexión, o quizás de esos pasos que damos día a día por avanzar.

La plenitud viene de la mano de gozar con totalidad e integridad, de nada sirve si tímidamente decidimos aprovechar a medias un día de sol, de lluvia, de trabajo, de amistad o de familia.

Cuando intentamos disfrutar cada momento al máximo, posiblemente aparezca la plenitud a esbozar una sonrisa en nuestro rostro. En gran parte su aparición depende de la búsqueda personal que cada uno hace o se propone en el afán de sentirse mejor con los demás y con uno mismo.

Seguramente si la buscamos con fervor, deseo y anhelo la alcancemos, sencillamente será cuestión de establecer prioridades, metas y valores que serán el punto de partida para encausarla.

De nada servirá nuestro deseo o anhelo, si no realizamos pequeños esfuerzos por conseguirla. Cosas simples, sencillas que hagan de nuestro tiempo un día más agradable y fructífero. Por ejemplo, debemos aprender a decir sí y no cuando es necesario, a establecer prioridades, que muchas veces en el afán de avanzar perdemos de vista.

Y es así que nos quedan llamados pendientes, reuniones con familiares y amigos, porque el tiempo vuela y no nos hacemos de ese ratito para verlos, escucharlos o simplemente decirles que los queremos.

Cuando permitimos que el reloj se detenga, gozamos de lo que estamos haciendo, disfrutamos de la compañía de quien está a nuestro lado, o simplemente nos encontramos con ese yo interno, comenzamos a vislumbrar esa sensación de plenitud.

Y nos acercamos a la plenitud cuando la entrega es total. En cualquier orden de la vida cuando se da desde el corazón, con compromiso, esfuerzo y tesón, desde lo mejor de sí, surge entonces una sensación muy grata que se relaciona con el deber cumplido.

Ese deber que diferirá en cada uno de nosotros, porque no hay recetas mágicas, pero sí hay respuestas personales, únicas, que nos definen, nos caracterizan en esa búsqueda incansable que cada ser humano realiza desde el comienzo de su vida.

En la mirada cargada de amor, en la sonrisa del agradecimiento, en los ojos cargados de lágrimas, en la luz centelleante, surge la gratitud que es parte de ese sentirse plenos, satisfechos en paz y armonía.

No es sencillo lograr períodos de equilibrio, en los que todo parece un bálsamo, pero en la medida que caminamos desde el cambio de valoración de las cosas que hacemos día a día, es más sencillo aproximarse a encontrar eso que todos buscamos y anhelamos, que es la plenitud.

Algunas personas andan por la vida, golpeando puertas, esperando que alguna se abra para sentirse satisfechas y complacidas, sin entender que la verdadera puerta la abrimos nosotros mismos al trascender lo que en realidad no es la esencia de una mirada o un problema, sino una visión o perspectiva en la que debemos trascender el ego.

El yo es el sostén del ego, el que nos permite vislumbrar desde un plano netamente individual lo que sucede, para poder establecer relaciones de alteridad, de compromiso con los demás es importante poder trascender ese plano en el que tantas veces nos quedamos parados en forma confortable, saciando a nuestro hedonismo que busca satisfacer todas sus necesidades sin importar demasiado el modo de lograrlo.

Y el cómo lograr satisfacer ese ego no deja de ser menor, porque tiene que ver luego en cómo nos sentimos y enfrentamos las situaciones que nos toca vivir cada día, está sencillamente relacionado con la sensación de plenitud.

Quizás cuando el vino sepa a vino, la rosa huela rosa, el tomillo y el romero se mezclen con los aromas silvestres, las sensaciones y los sentidos se unan para aproximarnos a gozar de cada instante, entonces habremos dado un gran paso hacia la plenitud.

Muy alejados estamos si creemos que alcanzando éxito, fama o dinero lograremos sentirnos plenos, porque es una riqueza espiritual que se alcanza desde el yo más íntimo con mucho esfuerzo, aprendizaje y crecimiento, en una búsqueda incansable por saber más y a su vez comprobar lo pequeños que somos en este mágico universo, en el que cada gota de humildad será un gran aliado para lograr sentir que la plenitud corre por nuestras venas.

Gandhi nos invita a vivir como si fuéramos a morir mañana y aprender como si fuéramos a vivir siempre, dos puntos claves para entregar lo mejor de sí en la apertura al conocimiento, desde el entusiasmo permanente, con la energía y vitalidad puestas al servicio del compromiso, entrega y crecimiento.

Y existe un proverbio japonés que dice que “sólo en la actividad desearás vivir cien años”. Mientras nos sintamos útiles, capaces de crear, de soñar, de colaborar con quien tenemos a nuestro lado tendrá un sentido nuestra vida, nuestro camino.

Para sentirnos plenos necesitamos tan sólo dar sentido a lo que realmente lo tiene, dejar de lado lo superfluo, lo que nos carga las espaldas y nos lastima, para dar importancia a lo que realmente vale, trascendiendo aquello que nos limita y quita energía de nuestro tiempo vital.

Entonces para aproximarnos a ella es necesario lograr un equilibrio emocional, tantas veces perdido, escondido, de modo de controlar lo que pensamos y sentimos. Además intentar establecer relaciones de vida sanas, es decir que favorezcan el lado positivo que existe en cada uno de nosotros. Organizarnos, establecer metas y prioridades de modo de controlar mejor nuestro tiempo. Y finalmente compartir lo que nos gratifica con quien realmente amamos porque esa es una de las satisfacciones más ricas que nos iluminan el alma.

¿Cuándo, dónde y cómo llega la plenitud?

Llega en el momento menos esperado, posiblemente cuando aprendemos a superar esas barreras que nos obstaculizan diariamente el camino. El lugar más indicado siento que es el corazón o el alma de cada ser, es decir ese rinconcito en el que a la tibieza es posible acariciarla y sentirla. El modo de llegar dependerá exclusivamente de cada uno, de lo que busquemos o anhelemos para sentirnos plenos, satisfechos, activos, llenos de vitalidad y energía.

PLENITUD (acróstico)

Por la paz se llega
La humildad la acaricia
El trabajo la estimula
No puedo la debilita
Intentar es lo que la alimenta
Tener gratitud la beneficia
Usar todos los sentidos la estimula
Dar es parte de conseguirla