sábado, 12 de octubre de 2013

NUESTRAS CARTERAS Y NOSOTRAS

Nuestras carteras, todo un mundo por descubrir. Repletas de cosas, algunas útiles, otras no tanto, y la gran mayoría por si acaso las precisamos. Pero más allá del contenido son quienes nos acompañan a todas partes, cargadas para colaborar con nuestras tareas y lugares a donde dispongamos ir. Dicen mucho de nosotras, aunque no seamos conscientes de ello.

Generalmente, cuando algo se nos pierde, cosa muy común, solemos sacar todo lo que hay en ellas, y descubrimos un sinfín de cosas innecesarias, poco prácticas, pero que en el fondo nos acompañan brindando seguridad y confianza, como amuletos de la suerte.

La moda conspira en nuestra contra, porque al usarse grandes bolsones, aprovechamos a llenarlos hasta el tope. Recuerdo alguna época en que las carteras eran pequeñas, entonces teníamos que seleccionar con mucho cuidado lo que poníamos dentro.

Sin embargo, algunas por practicidad, problemas de columna, o temor a algún amigo de lo ajeno, han decidido resolver este dilema llevando una pequeña carterita llamada bandolera, cosa que me trae muy malos recuerdos ya que no hace mucho tiempo me fue arrebata una, desde entonces me inclino por la cartera de mayor tamaño.

Esas carteras femeninas van cargadas de cosas inverosímiles, por eso son motivo de crítica,  pero también suelen salvar a esos críticos mediante utensilios, como un simple pañuelo descartable, un alcohol en gel o una “curita” que hace milagros.

El hecho de llenar tanto nuestras carteras, trae aparejado mucho dolor para nuestra columna y hombros. El porqué de este hecho tan común y cotidiano esté quizás en que la mayoría somos madres o hijas, y de alguna manera en ese rol se nos ha inculcado que en nuestra cartera debemos llevar todo lo necesario para que nuestros hijos estén bien atendidos. ¡Lástima que cuando crecen ya hemos adquirido el hábito de cargarlas demasiado y entonces ya es una costumbre arraigada en nosotras!

¿Qué hay en las carteras de las mujeres? Todo lo que se imaginen y más. Basta con mirar cuando vaciamos una, es interminable todo lo que aparece. Pañuelos, billetera, celular, llaves, lentes, broches de pelo, gomitas de pelo, monedero, pinturas, agendas, desodorante, curitas, limas, cepillo de dientes, pasta dental, protector higiénico o similar, papel higiénico, peine, cremas, botellas de agua, perfume, espejos, boletos, facturas, boletas, sobres, lapiceras, block para anotaciones, chicles, caramelos, caravanas, pulseras, collares, monedas sueltas, pendrive… analgésicos, antialérgicos… y así podría continuar la enumeración, pero se cansarían de leer todo lo que entra en ese bolso que cargamos a diario.

Pero a esta lista de cosas materiales, también le agregaría un montón de sentimientos que no son tangibles, que no se pueden pesar o dimensionar numéricamente, pero que paradójicamente son de gran peso e importancia. Y me refiero a nuestros anhelos, inquietudes, sueños, desvelos, desafíos, desengaños, preocupaciones, amores y alegrías.

Quizás ese peso intangible, sea el que nos cargue de más peso a estas carteras, que todas colgamos a diario en forma lenta y paulatina.

Les propongo mirar detenidamente el tipo de bolso que utilizamos, quizás a partir de este detalle tan peculiar, podamos descubrir mucho de nosotras mismas, de nuestros deseos más íntimos, de nuestras frustraciones, de esa forma que tenemos de mostrarnos día a día.

Algunas eligen pequeñas carteras, por practicidad o comodidad, otras lucen carteras enormes en la que entre todo lo necesario y más, y por último están las que adopten carteras medianas, que combinen con el color de sus zapatos y su ropa, llevando un poco más de lo necesario. Por las noches, es común denominador a todas, llevar carteras más pequeñas, acordes a la ocasión.

Sin embargo, unas cuantas décadas atrás, las mujeres utilizaban carteras pequeñas, portadoras de un lápiz labial, un pequeño espejo y un peine. Con el trascurso del tiempo la mujer ha cambiado su ritmo de vida, su horario desde que sale de su casa al regreso es muy extenso. Por lo tanto, la cartera se ha convertido en un servidor de sus necesidades, que cada vez son mayores como el peso de este inmenso bolso que parece no tener fondo.

El peso de esta cartera al incrementarse, ha dado trabajo a muchísimos médicos especializados en diferentes patologías, no sólo físicas sino también psíquicas producto de este intenso diario vivir, en el que todas estamos insertas, carteras mediante.

Y continuando con ese análisis detallado y minucioso, habrá quienes se sientan a gusto con carteras de tela, otras de cuero, algunas tejidas, algunas sintéticas, otras multicolores, y no faltarán aquellas que se distingan por la sobriedad.

Todas de alguna manera dirán algo de nosotras, si somos tímidas, calladas, extrovertidas, sobrias, exuberantes,… nuestras carteras dicen mucho de nosotras, son un detalle de nuestra indumentaria y de todo lo que nos pasa, que hablan por sí mismas.

En nuestras carteras cargamos cosas necesarias, otras no tanto, y algunas totalmente inútiles. Se podría establecer fácilmente un paralelo con nuestras vidas, probablemente el orden y desorden de nuestras carteras tenga una íntima relación con lo que nos pasa interiormente, aunque es algo difícil de probar a simple vista, pero igual las invito a pensar.

Nuestros bolsos o carteras nos acompañan en todos los momentos, en los buenos, en los malos y en los regulares, son portadoras de innumerables secretos, han visto y escuchado más de lo que recordamos, o tenemos consciencia. Son grandes aliadas que nos siguen en silencio, como fieles testigos de todo lo que nos sucede.

Muy a menudo, cuando ya no encontramos lo que decididamente buscamos, solemos mirar detalladamente qué es lo que guardamos allí adentro, entonces nos pasamos largos ratos descubriendo papeles que ni la menor idea que estaban allí, la mayoría de las veces no recordamos por qué forman parte de esa cantidad de cosas inútiles.

Diminutos bolsillos, cierres y varias reparticiones, aparecen de golpe en nuestras carteras, dificultando la búsqueda, haciendo que nuestra calma pronto se pierda. Cuando no aparece lo que necesitamos, hace varios minutos buscamos sin éxito y volvemos a comenzar el examen, entonces decidimos vaciar la cartera sobre la mesa.

En la vida nos sucede algo similar, guardamos y almacenamos muchísima información, nos aturdimos de cosas, hasta que finalmente vemos que no podemos con todo, y entonces decidimos ver qué es prioritario. Con el contenido de esa cartera femenina sucede algo similar.

Algunas son muy queridas, porque fueron regaladas por alguien especial, o porque nos acompañaron en momentos únicos e irrepetibles, otras porque nos costó un real sacrificio adquirirlas, las razones pueden ser múltiples, pero lo cierto que cada una de ellas tiene una especial significación para cada una de nosotras.

En definitiva, si bien son parte de nuestro atuendo, son grandes compañeras de camino, de ruta, cargan nuestras pertenencias más íntimas, atesoran cosas que son de valor para nosotras. Por tal motivo, están relacionadas con lo más íntimo de cada una de nosotras.

Tal vez, mirar adentro de esa cartera nos lleve a un lugar mucho más profundo del que pensábamos, a ese yo interior tan cerrado, al que muchas veces no accedemos, por miedo o simplemente por no querer ver o asumir lo que realmente nos sucede o preocupa.

Estas portadoras de nuestras pertenencias, son parte también de ese devenir, de eso que debemos descubrir, analizar y aprender en este camino maravilloso que implica ser mujer, más allá de cualquier crítica.

El sociólogo francés Jean Claude Kauffmann sostiene que "el bolso ayuda a afrontar los eventos de la vida y se convierte en el protector de nuestras memorias más íntimas", podría entonces entenderse que la cartera representa al desdoblamiento del “yo” de cada mujer.

Como última reflexión, intentemos que el peso de nuestras carteras esté acorde a lo que podemos afrontar cada día, el sobrepeso es algo que no nos hace bien, sólo lastima nuestras espaldas y nuestro andar. Todas merecemos colgar una cartera conforme a nuestras necesidades y deseos, sólo es cuestión de mirar cuidadosamente y elegir la que esté acorde.