domingo, 16 de junio de 2013

LA ESCUELA ROOSEVELT


La Escuela Roosevelt es la Asociación Nacional para el Niño Lisiado, una asociación civil sin fines de lucro, dedicada a la atención integral a niños y jóvenes, entre dos y dieciocho años, con discapacidad motriz y trastornos asociados.

Una escuela pionera en América del Sur creada en 1943 que brinda su servicio en forma gratuita. Es sustentada por aportes del Estado, empresas y socios colaboradores, así como por gente que se acerca a trabajar en forma voluntaria.

Ubicada en el Prado, en un predio de 8.000 metros cuadrados, dispone de la infraestructura necesaria y un equipo de 45 funcionarios técnicos y auxiliares de servicio para la atención de los niños, todo con mucho sacrificio, compromiso y amor.

El cuerpo técnico está integrado por maestros especializados, médicos fisiatras, psicólogos, asistentes sociales, fisioterapeutas, psicomotricistas, fonoaudiólogos, terapistas ocupacionales, nutricionistas y auxiliares de enfermería, entre otros. Todos estos docentes, profesionales, técnicos y voluntarios, trabajan en conjunto con padres y familiares tanto en lo terapéutico como educacional.

Al conocer la Escuela, se percibe el cariño y la devoción que pone todo el equipo de trabajo, que intenta ver la discapacidad no como un problema, sino como una barrera a superar.

En sus diferentes grados o niveles cada docente debe trabajar en forma particular con cada niño o joven, a pesar de que son clases numerosas, ya que todos los casos requieren de una atención especializada y diferente. De allí es admirable ver a cada especialista poniendo lo mejor de sí en esa labor de superación, que muchas veces es muy lenta y paulatina, pero finalmente se sienten gratificados al ver la mejoría luego de tanto trabajo y esmero.

Es hermoso y admirable verlos trabajar con las XO del Plan Ceibal, como disfrutan jugando y aprendiendo en la clase de computación, en la cual desarrollan distintos tipos de actividades lúdicas, guardan sus fotos con gran cariño y las animan, al mismo tiempo que aprenden a utilizar la computadora, una herramienta fundamental en este siglo XXI.

Y en la Escuela Roosevelt, según nos cuenta su Directora, la docente Beatriz Fastoso, los niños “no quieren tener vacaciones”; parece una gran paradoja, pero para estos chiquilines este lugar les abre un mundo de posibilidades: de integración, de recreación, de aprendizaje, de amor, de potencialidades a desarrollar, de fortalezas por descubrir y, sobre todo, de entusiasmo por superarse día a día, sin darse por vencidos.

Helen Keller, un ejemplo de vida, nos pregunta: “¿Por qué contentarnos con vivir a rastras cuando sentimos el anhelo de volar?”. Sordociega, fue una de las primeras mujeres que logró llegar a la Universidad y recibirse, mostrando que los grandes impedimentos o discapacidades están en cada uno de nosotros, con perseverancia y esfuerzo es posible llegar muy lejos, sólo es necesario cambiar la mentalidad.

Y gracias a la Escuela Roosevelt, muchos chiquilines tuvieron y tienen la posibilidad de insertarse en la sociedad, de llegar a valerse por sí mismos, de integrarse a un mundo de posibilidades que antes ni se les hubiera pasado por la cabeza.

La gran mayoría de los niños y jóvenes provienen de familias muy humildes, que no tienen forma de hacerlos llegar hasta la Escuela, entonces un grupo de camionetas especializadas los van a buscar por las mañanas a sus hogares, y en la tarde los regresan a sus casas. Y es así que pasan el día en la Escuela, por la mañana realizan tareas curriculares, al mediodía almuerzan, y por la tarde se dedican a diferentes talleres. Toda esta labor les permite mejorar sus rutinas día a día.

Miriam, una de sus maestras, nos cuenta: “Mis niños van a salir escribiendo y leyendo”. Y doy fe que no se da por vencida hasta que lo logra. Todo el equipo docente denota un gran empeño, amor y alegría puestos al servicio de estos chiquilines.

La escuela es luminosa, alegre, llena de vida, de una energía vital impresionante, que sólo es posible percibir si uno va personalmente, y ve la carita de cada uno de estos niños y jóvenes, que tienen tanto por dar y recibir.

En su patio principal hay un gran mural que dice: “Todo tiene su tiempo, porque, no es de los ligeros la carrera, ni de los valientes la batalla, sino que el tiempo y la suerte les llegan a todos”, como muestra de que todos los niños aquí tienen posibilidades de superarse.

Es un trabajo digno de difundir para que más niños puedan acceder a este centro tan necesario y útil para ellos y para nuestra sociedad.

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