sábado, 30 de marzo de 2013

¿POR QUÉ NOS EQUIVOCAMOS?

¿Pensaron alguna vez cuántos errores llevamos cometidos? Posiblemente no nos alcanzaría la memoria, ya que la gran mayoría se producen en forma inconsciente y no intencional, con el agravante que su reconocimiento implica, además, asumir una falla.

Lo cierto, es que todos nos equivocamos, del primero al último de los hombres que habitamos este planeta. Sin embargo, el hecho de reconocer esos errores se hace bastante difícil por diferentes circunstancias, entre ellas el asimilar que las cosas no salieron como esperábamos.

Los errores tienen lugar por diversas causas: situaciones mal resueltas, personas que no resultan ser las que creíamos, expectativas desmedidas, valoraciones desmesuradas, tiempos acotados, caminos no propicios… opciones que no eran las apropiadas para el momento de vida que transitábamos. Es tan difícil tomar el camino correcto cuando se produce una encrucijada de sendas, uno se marea, y no ve con claridad ¿hacia dónde dirigirse?

Si partimos de la base que muchos errores los realizamos desde el plano inconsciente, quizás a un gran número aún no lo hayamos registrado. Recién cuando las cosas no salen como esperábamos, allí salta el fallo, o la equivocación. También es común tomar consciencia de ellos cuando alguna persona allegada nos lo hace notar.

Aunque algunos errores parten desde la educación inculcada, en la que es necesario realizar “todo a la perfección”, pero cabe preguntarse ¿es posible alcanzarla? Sin embargo, por más que nos esforcemos tratando de dar lo mejor posiblemente algo no salga cómo previmos.

Y como lo que hacemos tantas veces dista de lo que deseábamos en un principio, es importante conocerse a sí mismo, reconociendo virtudes y defectos, porque de esta manera será más sencillo enfrentar cualquier equivocación.

Al enfrentarnos al error, pasamos por diversos estados de ánimo: fastidio, angustia, rabia…, por no haber visto a tiempo algo que se hubiera podido evitar. Al reconocerlo, entonces surge la toma de consciencia, la meditación, la reflexión, que nos permite sentirnos mejor con nosotros mismos y con los demás.

Pero quien no tropieza con una piedra, es porque no camina, y lo mismo sucede si no intentamos desafíos, cambios, alternativas, y como bien señala Goethe “el único hombre que no se equivoca es el que nunca hace nada”.

Las posibilidades de equivocarnos siempre están presentes, porque las predicciones referidas a que todo salga como esperamos siempre tienen que cargar con un margen de error posible, más allá de poner lo mejor de sí. Siempre existen factores externos, que no dependen exclusivamente de nosotros que también tienen cabida y son parte de este juego de errar.

El poder de autocrítica es algo bastante complejo de lograr, porque requiere un importante conocimiento de uno mismo, de autocontrol, introspección y de autoestima. Esta enumeración de requerimientos es fundamental para poder enfrentarnos con nosotros mismos, con nuestros errores, que quizás sean dolorosos y crueles, pero mejor es aceptarlos que evitarlos.

Evitarlos implica autoengaño, el desconocimiento de lo que hemos hecho, o pretendimos hacer. Y aunque lo pasado forma parte del tiempo pretérito, es parte de lo que somos y de ¿cómo nos sentimos?

Los errores tienen una suerte de paralelismo con los edulcorantes: algunos se repiten muchas veces hasta que se logran digerir. Y el retrogusto es algo que no sabe bien, y que trae aparejado malestar con uno mismo, en una suerte de malos días o días grises.

No necesariamente, debe estar nublado, para que nuestro estado anímico acompañe a ese cielo encapotado, basta con cargar unos cuantos errores de peso para que nuestro día se haga interminable. Ya sé que me dirán que existen algunas personas a las que nada les afecta y no tienen el menor cargo de consciencia, pero ese es otro problema referido al egocentrismo, al egoísmo, a la falta de consideración por los demás.

Partamos de la base que sí somos capaces de sentir frustración, dolor, angustia porque nos hemos equivocado, desde allí comienza el camino del aprendizaje en cualquier orden de la vida. Los errores también han sido aliados de grandes hallazgos en la historia de la humanidad.

El reconocimiento del error implica humildad, es decir ser capaces de ver nuestras limitaciones, dejando de lado el orgullo y la vanidad, que lo único que hacen es alejarnos del camino del aprendizaje, del conocimiento y del crecimiento personal.

Según Ramón y Cajal “lo peor no es cometer un error, sino tratar de justificarlo, en vez de aprovecharlo como aviso providencial de nuestra ligereza o ignorancia”.

Y parece paradójico que en pleno siglo XXI, cuando el mundo ha avanzado en tantos aspectos, no podamos decir que hemos terminado con la discriminación de cualquier tipo, porque, lamentablemente, ese es uno de los errores más frecuentes y dolorosos que se pueden ver a diario en diferentes ámbitos, aunque el discurso apunte a decir diametralmente lo opuesto.

Son demasiados los errores que nos restan por reconocer y aceptar, como sociedad y también como individuos. El hecho de analizar esa gran lista de equivocaciones, es un paso significante en el camino, en el cual el análisis, la crítica, la reflexión y la búsqueda son palabras claves a seguir.

Los autorretratos, aún para los artistas más eximios, han resultado complejos, porque el descubrimiento, ese mirar hacia adentro, implica transitar por vericuetos inesperados, pasadizos olvidados, rincones húmedos, objetos envueltos en telas de araña, es decir, buscar en los rincones más profundos que lindan con imágenes borrosas y olvidadas, pero que merece la pena rescatar de ese baúl de errores para no volverlos a cometer.

El impacto al aparecer el error es algo inevitable, aunque cuando la imagen personal o social no se pierde, porque los valores y el camino a seguir son claros, entonces las equivocaciones se enfrentan con valentía, con la convicción de aceptar que nos seguiremos equivocando, pero al reconocer gradualmente los tropiezos, daremos un primer gran paso para apostar una sociedad más justa y honesta.

Gandhi nos invita a ser cuidadosos con lo que pensamos y hacemos para equivocarnos lo menos posibles y dice: “cuida tus pensamientos, porque se trasformaran en actos, cuida tus actos, porque se trasformaran en hábitos, cuida tus hábitos, porque determinaran tu carácter, cuida tu carácter, porque determinara tu destino, y tu destino es tu vida”.

¿Y quienes somos para juzgar a los demás si no empezamos por nosotros mismos, por nuestra propia morada?, ¿de qué sirve opinar y dar sugerencias, sino sabemos enfrentar y solucionar lo que nos sucede a cada uno de nosotros seres individuales y factibles de errores? Si deseamos dejar abierta la puerta de la verdad, no echemos el cerrojo a los errores, dejémoslos pasar para enfrentarlos y aprender de ellos.

miércoles, 20 de marzo de 2013

ENTREVISTA A TOMÁS DE MATTOS

Tomás de Mattos nace el 14 de octubre de 1947, en Montevideo, pero su vida transcurre en Tacuarembó. Es escritor y abogado, autor de numerosos cuentos y novelas, que han sido distinguidos tanto a nivel nacional, como internacional.



Vea el video de la entrevista:

domingo, 10 de marzo de 2013

¿CUÁL ES EL PRECIO QUE ESTAMOS DISPUESTOS A PAGAR?

Día a día, cada decisión de vida conlleva tomar distintos rumbos, algunos acertados, otros no, pero lo cierto es que nos vemos enfrentados a actuar de determinada forma, lo que traerá aparejado distintos precios a pagar.

Lamentablemente, nada es gratis en esta vida, todo tiene un precio en mayor o menor escala. Sin ir más lejos, nuestro planeta Tierra paga diariamente una alta cuota de dolor y sufrimiento, cuando ve que las grandes industrias continúan contaminando el medio ambiente, o cuando la carrera armamentista no detiene su marcha, o cuando millones de injusticias se cometen en nombre de diversas causas.

El precio de cada uno de nuestros actos es responsabilidad individual, aunque en esta cadena de relaciones entren a interactuar otras personas. Algunas veces no nos quedan demasiadas alternativas y, entre la espada y la pared, elegimos lo que menos nos duele o perjudica sin ver las verdaderas consecuencias.

Tantas personas tras sus ideales pagaron con su vida, un precio muy alto, pero que en determinadas circunstancias fue un antes y un después para muchos de sus semejantes. Aunque sin llegar a estos extremos, comprometemos nuestra salud, nuestros afectos, nuestros minutos cuando detrás de “vivir mejor” hipotecamos lo que más queremos en una suerte de paradoja.

Cuando nos formulemos la pregunta ¿cuál es el precio que estamos dispuestos a pagar?, pondremos en juego nuestra integridad, nuestros valores más entrañables, nuestras alegrías y tristezas, nuestros sueños, nuestra propia historia de vida. Y habrá quienes estén dispuestos a defender sus creencias y sus valores hasta final de sus días con ahínco, sin embargo, no tardarán en aparecer aquellos cansados de cabalgar, a quienes ya no les importa demasiado el rumbo a seguir.

Y al referirme a los precios no me refiero únicamente a los materiales, sino a los afectivos, ya que cada acto o decisión desencadenará un sentimiento, el que albergaremos en forma prácticamente inconsciente, y determinará también parte de nuestro estado anímico.

El ánimo es un atuendo que nos acompaña las veinticuatro horas del día, y por más que intentemos mostrarnos radiantes, cuando no lo estamos, nuestro cuerpo por algún mecanismo de escape nos hace su reclamo.

Es así que muchas veces al levantarnos decimos: “hoy no tengo un buen día”, pero no sabemos bien por qué. Y esa respuesta quizás esté mucho más a mano de lo que pensamos, quizás esté allí producto de esa sucesión de actos que forman nuestro diario vivir, al que no solemos dar demasiada importancia, pero sin embargo desencadena estados anímicos que pesan.

Si bien algunos días las alternativas resulten magras y amargas, estará en cada uno vislumbrar una salida, un rumbo diferente. Seguramente, quienes tengan personas a su cargo, se desesperarán pensando en su porvenir, en que les dejarán como legado.

Y en el camino de nuestra Humanidad este tema ha sido el desvelo de muchas mujeres y hombres, que intentaron desde sus lugares hacer un aporte para que cada día fuera un comienzo nuevo, para que los amaneceres tuvieran los colores y aromas esperanzadores del presente y del futuro.

Sin embargo, algunas veces se mezclan los sentimientos y suelen equivocarse los caminos, entonces las certezas se convierten en incertidumbres, las alegrías en penas y las sonrisas en llantos. Mas la vida se compone de opuestos que a su vez son complementarios, y al día le sucede la noche, al bien el mal, a la lluvia el sol… y así sucesivamente.

Tras equivocarnos muchas veces, también aparecerán los aciertos, las decisiones que signifiquen un cambio significativo, esas que nos hacen sentir felices por haberlas tomado. Y nada ocurre por casualidad, aunque a muchas personas discrepen conmigo, siento que todo tiene un porqué, una causa, que quizás no la alcancemos a ver en una primera instancia, pero a lo largo del camino la descubriremos.

Y algunos precios que pagamos con nuestra salud, con nuestras horas de desvelo, de mala sangre, son parte de ese aprendizaje que significa vivir, descubrir y caminar. Por eso, en esa sucesión de horas, de días y años, iremos descubriendo ¿qué precios pagamos?, ¿cuáles estamos dispuestos a pagar? y ¿cuáles no?

Y para contestar estas preguntas, deberemos analizar ¿cómo estamos parados en la vida?, ¿de qué vereda, si en la de en frente, o en la que nos toca transitar?, he aquí una prueba contundente para saber ¿qué rumbo tomaremos?

El transitar por la vereda que nos toca transitar, significa compromiso, valentía ecuanimidad y mucha paciencia. Y recalco ser pacientes, porque en los tiempos que vivimos parece una palabra en desuso, basta mirar el tránsito, las calles y las relaciones humanas, para ver que es un vocablo casi en vías de extinción, donde prima el individualismo, el egocentrismo y mucha violencia.

Sin embargo, a pesar de los esfuerzos y buena disposición, solemos caer en nuestra propia telaraña y quedamos atrapados a compromisos innecesarios, a cuentas, cuentos, e historias en las que pensándolo detenidamente no deberíamos estar involucrados. Pero la ambición suele cegar al hombre, es una mala compañera que nos hace tropezar en cuanto nos descuidamos.

Pero no sólo la ambición aparece día a día, también la avaricia, la arrogancia, la mentira, la crueldad, el egoísmo… una larga lista de personajes nada gratos, pero que se las ingenian para ocupar algún espacio en nuestros días. Y dependerá de la fortaleza interior el hacerles frente, por eso no podemos titubear ni un minuto, porque al menor descuido están al acecho.

En contrapartida, si logramos ser firmes en lo que pensamos, sentimos y hacemos, no perdiendo esa correlación tan importante entre lo que se piensa, dice y hace, entonces podremos responder a la pregunta ¿cuál es el precio que estamos dispuestos a pagar?

jueves, 7 de marzo de 2013

HOMENAJE A LAS MUJERES

Las mujeres al igual que los hombres tenemos nuestras virtudes y defectos. Generalmente, somos tildadas de varias formas… pero independientemente de ello, somos capaces de hacer varias cosas a la vez, con mucho empeño y esmero, sin desistir en el intento.

Somos sensibles, pues la naturaleza así nos ha hecho. Y el poder ser madres nos otorga ese don maravilloso que es el de procrear un ser dentro nuestro, dar a luz y generar un vínculo que sólo se puede describir a través de la maternidad.

Y la maternidad es algo que va más allá del mero lazo sanguíneo, ya que una mujer es capaz, a través de todos sus sentidos, de brindarse con absoluta devoción y ternura a ese pequeño que busca su mirada protectora, independientemente de ser o no su madre biológica.

Dada nuestra sensibilidad aguda, somos capaces de analizar las situaciones detalladamente y ver todas las aristas posibles.

En un mundo donde la insensibilidad prospera, es muy importante reconocer esta cualidad tan necesaria e imprescindible para nuestra Humanidad.

Asimismo, el tesón y la constancia que nos caracterizan, son los que posibilitan no aflojar la marcha aún cuando se avecinan las tormentas y los vientos soplan fuerte.

Y aunque somos producto de una sociedad machista, no dejamos de percibir que afortunadamente vamos cambiando en forma gradual esta mentalidad arcaica pero arraigada a nuestra cultura.

Brindo por la igualdad de oportunidades, por la equidad, porque cada una alcance sus sueños, anhelos, porque no se den por vencidas y no dejen de luchar. La vida en sí es un desafío que debemos vencer cada día.

Es mi deseo que todas las mujeres del mundo, se realicen, se sientan autosuficientes, queridas, respetadas, porque somos necesarias e importantes en cada situación de nuestro día a día. A todas lo mejor, y no olviden reír un ratito cada día.

domingo, 3 de marzo de 2013

SÍNDROME DE INMUNIDAD ADQUIRIDA

La inmunidad es un término médico que implica la posesión de suficientes defensas biológicas para evitar la infección o cualquier tipo de enfermedad. De igual modo los seres humanos se inmunizan frente a todo los que les genera dolor, causa malestar, o significa una molestia en su camino.

Es así que si nos detenemos a observar unos breves minutos a nuestro alrededor percibiremos cientos de personas caminando aturdidas en sus pequeñas burbujas, resguardándose en ellas de cualquier inconveniente posible, en donde la anestesia que produce su propio cuerpo los deja en un estado en el que nada les inmuta.

Y como anillo al dedo, la canción “Burbujas” de La Vela Puerca dice: “Sólo te preocupa lo que quieras ver, tu mundo se reduce a lo que vos jugás, y no ves que a este mundo jodido ya le sale pus, y vos estás fregado fuera y dentro de él, ¿o acaso ya no ves sobre qué están tus pies?”

Esta balada es una crítica a la sociedad actual, materialista, individualista, donde lamentablemente no estamos exentos ninguno de esta realidad, simplemente es cuestión de ver hasta dónde estamos dispuestos a llegar en esta artificialidad cruel, miserable y egoísta.

El hombre corre tras de su felicidad, sin importar lo que le rodea. Pero “la culpa no la tiene el chancho sino quien le rasca el lomo”, pues vivimos en una sociedad que premia el individualismo, la competitividad, el egoísmo, son parámetros sinónimo de éxito, fama, pero la “fama es puro cuento”, me gustaría escuchar cuando los “exitosos” hablan consigo mismos en voz alta, probablemente un sabor amargo se apodere de ellos.

También cabría cuestionarnos ¿por dónde pasa el éxito o el trascender? Simplemente trascienden aquellas personas que desde su proceder logran nuestro respeto y admiración. Y creo que todos podemos ser importantes para las personas que nos rodean, está en cada uno de nosotros alcanzarlo.

Si bien la propia sociedad del siglo XXI nos invita a caer en este síndrome casi sin darnos cuenta, es necesario no deslindar responsabilidades, porque cada uno tenemos en alguna medida responsabilidad por lo que hacemos, y aunque pensemos que nuestro aporte es como “encontrar una aguja en un pajar”, es necesario buscarla hasta encontrarla.

Asimismo, dentro de este síndrome están los que nada los salpica, son impermeables a cualquier tipo de líquido, pues con su traje de neoprén se resguardan impidiendo que nada llegue a su cuerpo. Pero cabe preguntarse si ¿es posible inmunizar el alma? No lo creo, pues en las noches posiblemente las pesadillas los acompañen, la tristeza o el dolor en el día les otorgue oscuridad y por más que intenten mostrar una sonrisa blanca y brillante, la mirada no sabe de posturas, y seguramente si observamos detenidamente a sus ojos veremos una profunda veta de amargura, que agria sus días.

También ampara a aquellos que dicen estar hartos de recordar, que sólo importa el tiempo presente, y si bien es cierto, no comparto el borrar todo lo que vivimos, todo aquello que repercutió en nuestras vidas, porque es parte de nuestra historia, de esas vivencias que se suman y son capaces de describirnos aquí y ahora.

Sin embargo, esa posición de negación, de poco sentido de autocrítica, enmascara temor, deseo de borrar todo lo que nos lastima o molesta. Es necesario mirar el pasado, aprender de él, en los aciertos y en los errores, para podernos entonces comprometer con el presente.

Y en este camino de mirar hacia atrás, hasta llegar a nuestros días, no debemos de olvidar que si permitimos teñir nuestros sentimientos, de resentimiento, rencor y odio, probablemente nuestro rostro por más que nos encerremos en esa burbuja transparente, denotará malestar, notas que nos llenan de mal humor y pésimo ánimo.

Sin embargo, el ánimo se puede cultivar de buena manera, al romper esa burbuja e involucrarnos desde el interés, con convicción de hacer lo que creemos justo y necesario. De este modo, podremos valorar lo que les sucede a otros semejantes que antes, por ese hermetismo en el que nos encontrábamos, no distinguíamos.

Y a propósito de esa inmunidad adquirida producto de no querer sufrir, deprimirnos o angustiarnos, está en nosotros llevar una vida positiva, saludable sin tener que vivir encapsulados en nuestras burbujas, que posiblemente sean llevadas por el viento cuando sople fuerte, sin un rumbo preestablecido.

El síndrome la inmunidad adquirida, permite a muchos individuos caminar sin que nada les afecte o repercuta, nada les importa más allá de su propia persona, centro del universo. Inmunes al sufrimiento, al dolor, al hambre, a las guerras, a la miseria, a la inequidad, a la falta de respeto, a la humillación, a los desastres ecológicos, a las necesidades de quienes los rodean, a respetar los derechos de los demás… pero a la larga, esa falta de compromiso con todo excepto su persona, repercutirá en su contra.

Seguramente, si intentamos dar lo mejor de nosotros mismos para compartir con quienes nos rodean, recibamos como contrapartida amor, afecto, solidaridad y respeto. El verbo “dar” trae aparejado recibir, quien da recibe entonces. Y a lo largo de la vida habrán podido comprobar que lo que va, vuelve.

Para salir de esa burbuja, hay que estar convencidos que desde ese lugar “cómodo”, lo único que podremos es aplacar algún problema, pero de ningún modo lograremos superarlo, para eso será imprescindible romperla para que la vida nos sorprenda y nos inunde cada día.

Finalmente, la Inmunidad adquirida se combate a través de una palabra cada vez menos frecuente, que es el amor. Cuando este vocablo nos acompaña, los días suelen cambiar, solemos ser más fraternos, humildes y solidarios. Quizás se hora de apostar a un cambio desde lo individual, porque si bien el agua de los océanos es de 1.332 millones de kilómetros cúbicos, cada gota es importante para exista como tal.

Andrea Calvete