lunes, 26 de noviembre de 2012

EL VALOR DE LAS COSAS

¿Damos el justo valor a lo que día a día nos ocurre? ¿Valoramos realmente todo lo que es sustancial en nuestro diario vivir, no sólo salud, trabajo, amor, sino también a aquellas personas que intentan ser de gran compañía, pero sin embargo no somos capaces de apreciarlas?

Ocupados por preocupaciones, desvelos, anhelos, parecemos olvidar que el tiempo real es aquí y ahora. Que si bien el pasado forma parte de nuestros días, y el futuro de nuestros deseos y expectativas, lo cierto es que el momento que vivimos minuto a minuto es el presente.

E intenté reflexionar un instante, y depronto me encontré valorando aquello que ya no tenía por algún motivo, y entonces pensé ¿es necesario perder algo para valorarlo? Pero lamentablemente, la gran mayoría de las veces nos encontramos diciendo sí a esta pregunta.

Cuando perdemos un ser querido, un objeto, un trabajo…, y cualquier ejemplo de algo que hayamos perdido será válido, entonces tomamos distancia, perspectiva, y valoramos lo que hasta hace muy poco no habíamos apreciado. Y aquí, en la valoración, entrarán a jugar un papel muy importante los recuerdos, las vivencias y nuestras emociones, que en definitiva dejarán aflorar su vulnerabilidad.

Y ser vulnerables no significa cobardía, ni cansancio, sino permitirnos que aparezcan aquellas sensaciones, emociones que estaban escondidas en lo más profundo, esperando que alguien las rescatara o las dejara expresarse.

En nuestro diario vivir reprimimos sentimientos, sensaciones, producto de no perder tiempo, del miedo a sentir, a fracasar, a competir, a ser nosotros mismos.

Y respecto al valor de las cosas, existe un proverbio árabe que dice: “Cuatro cosas hay que nunca vuelven más: una bala disparada, una palabra hablada, un tiempo pasado y una ocasión desaprovechada”.

En tanto, García Márquez nos invita a dar valor a las cosas no por lo que valen sino por lo que significan. Y éste es parte del razonamiento que hacía al principio, cuando descubrimos lo que significa algo o alguien, allí lo valoramos de una manera diferente, que nos permite trascender pequeñeces, y llegar a descubrir ¿qué es lo que tiene un verdadero valor?

Y los niños son grandes sabios, de ellos podemos aprender tantas cosas. Y según Paulo Coelho, ”un niño siempre puede enseñar tres cosas a un adulto: a ponerse contento sin motivo, a estar siempre ocupado con algo y a saber exigir con todas sus fuerzas aquello que desea”. Porque los niños tienen esa capacidad a través de su pureza de llegar muy profundo, cosa que los adultos olvidamos por correr y correr detrás de metas sin importancia, tras dejarnos amargar por situaciones que no merecen la pena.

En realidad, ¿qué y quien merece la pena?, es una pregunta bastante sencilla y directa, pero compleja a la hora de contestar. Porque cuando lo intrascendente se convierte en trascendente, cuando lo sin sentido adquiere un sentido, cuando lo insignificante resulta significativo, entonces posiblemente el rumbo a seguir se complique.

Y las desilusiones, los desengaños, los tropiezos, son culpables de muchas de nuestras actitudes de vida, de ese caparazón que suele vestirnos luego de sufrir mucho. Pero, por el contrario, fortalecerse no implica esconderse tras un disfraz que al mirar al espejo ni siquiera refleje nuestra propia imagen.

Algunas personas, tras enfrentar muchas dificultades deciden anestesiarse, y seguir adelante, en un mundo donde prefieren no involucrarse demasiado, porque consideran que ya no vale la pena y han sufrido demasiado. Aunque no dejan de tener razón en tener temor, igualmente nada justifica bajar los brazos o darse por vencido.

La vida es hermosa, a pesar de todas las ingratitudes y malos momentos que hayamos tenido que enfrentar. Y cuando amanece descubrimos un día dónde el sol lentamente aparece y los sonidos se amplifican, esperando ser disfrutado al máximo.

Y cada día es un comienzo nuevo, un despertar, un descubrir, en el que nuestros seres queridos jugarán un rol preponderante. En donde, una palabra de afecto, un apretón de manos, un acto de solidaridad, una mirada cómplice, un abrazo, serán algunos de los tantos valores que no debemos olvidarnos de apreciar.

Sencillamente, el valor que le demos a las cosas, es muy subjetivo, y proporcional a nuestro estado anímico, a nuestro carácter, al mismo tiempo a lo que estemos dispuestos a aceptar. Y depende de cada uno el valorar al máximo lo que nos llena de energía, de vida, de alegría, de ganas de aprender, descubrir, explorar, de sentirnos útiles y vivos.

Y el aceptar errores, hechos, situaciones, personas, es en gran parte el punto fundamental, antes de cuestionarnos ¿cuál es para nosotros el verdadero valor de algo? El buscar en nuestro interior, en un trabajo introspectivo, reflexivo, es parte fundamental a la hora de responder esta pregunta.

Aunque el tiempo, si bien es un gran aliado, aplaca pérdidas, nos hace entrar en razón, cambiar la perspectiva, pero también nos muestra que es efímero, y que nos pasamos gran parte de nuestra vida añorando lo que ya pasó, y luchando por lo que pasará, olvidando vivir con intensidad cada día.

Sin embargo, no quiero que se me malinterprete, que se crea que es necesario olvidar el pasado, y borrar todo futuro posible. Por el contrario, el pasado forma parte de lo que somos, y el futuro de nuestros anhelos. Y el presente el tiempo que coexiste entre ambos, en el que podemos cambiar lo que nos molesta, lo que nos saca el oxígeno, lo que nos deja sin fuerzas.

Es aquí y ahora la oportunidad de cambiar, de tomar las riendas de lo que realmente queremos. El compromiso individual, personal, es el primer gran paso para que las cosas se den en colectivo, porque cada granito de arena suma. Y como seres integrantes, de una sociedad, de un país, de un mundo, de un planeta, de una galaxia, tenemos una gran responsabilidad para todos los seres puedan vivir dignamente, en paz y armonía.

Y aunque suena algo utópico, a la vez que trillado, es imprescindible salir de ese lugar en el que decimos no a todo, a las posibilidades, a los sueños, a los cambios, al desafío, a un mundo mejor, porque la gran mayoría independientemente, de nuestra religión, situación económica, ideología política,o preferencias de cualquier índole, anhelamos lo mejor para nuestra Humanidad.

Finalmente, si comenzamos por buscar en nosotros mismos, podremos luego ver hacia fuera, para descubrir ¿qué es lo que realmente valoramos y perseguimos? En función de esta búsqueda los días se puedan hacer muy cortos o interminables, depende de cada uno.

lunes, 19 de noviembre de 2012

BENEFICIOS Y PRECAUCIONES A LA HORA DE EXPONERNOS AL SOL

Día a día somos testigos del aumento de la temperatura y cambios climáticos, producto del calentamiento global y la disminución de la capa de ozono, tras la terrible contaminación ambiental a la que es sometido nuestro Planeta Tierra.

Esto nos ha llevado a tomar conciencia de que es necesario cuidarnos del sol, exponiéndonos en horarios permitidos, y con protector solar, aunque muchas veces olvidamos que las zonas donde hay lunares son a las que más debemos prestar atención.

Al llegar la primavera, y aproximarnos al verano, se incrementa nuestra exposición al sol. Nuestro país, un lugar donde las playas son totalmente disfrutables, donde sol, el yodo, el aire y el agua, se mezclan haciéndonos compañía.Y es una costumbre muy arraigada de los uruguayos ir a la playa cuando llegan los primeros calorcitos.

Y ante los cambios ambientales a los que nos vemos expuestos, no debemos olvidar que nuestra piel convive con pequeñas manchas denominadas lunares, algunos congénitos y otros adquiridos a lo largo de la vida, los cuales deben controlarse en forma periódica.

Es preciso recordar que el Sol es uno de los factores que más influye en la aparición del melanoma en la piel, y que por tanto las personas con muchos lunares o con factores de riesgo deben reducir su exposición al sol y al hacerlo tomar una serie de precauciones, entre ellas, usar protección solar corporal.

Y aunque tomar sol puede ser riesgoso para la salud, existe también una larga lista de beneficios que pueden ser aprovechados por todos los seres vivos de nuestro planeta. La Tierra tiene vida gracias a la energía solar.

En la gran mayoría de las civilizaciones antiguas el Sol ocupaba el sitial de la deidad más importante. Y así les rendían culto a los dioses cuyo poder era el del Sol, el responsable de la vida y la prosperidad de todos los individuos de la Tierra.

Por eso es muy importante la presencia del Dr. Ismael Terzano, Profesor Adjunto de Dermatología y Jefe del Centro Dermatológico de la Asociación Española, quien nos guiará con sus conocimientos acerca de los beneficios y perjuicios del Sol, y los cuidados de la piel.

domingo, 11 de noviembre de 2012

EL DEPORTE ES SALUD


En los últimos años las actividades deportivas han ganado adeptos, y es habitual cruzarnos con gente que corre y camina por diferentes lugares. Un hecho que ha significado un cambio en la salud física y mental de muchas personas.

La conjunción de la mente, el cuerpo y el alma, es la que da lugar al ser, por lo tanto, para lograr una armonía no debemos descuidarla. En la actualidad, este tríptico sufre cortocircuitos importantes ocasionados por las múltiples situaciones que conlleva el vivir bajo un permanente estrés.

Es así que el impacto de nuestros pensamientos y estados anímicos tienen una gran correlación con nuestro sistema físico. De este modo, el deporte es un importante nexo que permite armonizar al hombre en su totalidad.

Y quienes realizan actividad física en forma regular, previenen enfermedades, a la vez que desarrollan y rehabilitan su salud.

El hecho de practicar  un deporte también incide en el carácter de las personas, en la toma de decisiones, es decir en el diario vivir, optimizando sus días.

Y el deporte ampara a todas las razas, sexos, edades, condiciones sociales, religiones, creencias, costumbres, pensamientos ideológicos, políticos y filosóficos, cobijando a todos por igual.

Las relaciones vinculares que se desarrollan a partir del deporte, favorecen la integración cultural, social y deportiva, estimulando el respeto hacia cada uno de sus integrantes, donde la tolerancia y la libertad juegan un rol preponderante, y permiten trascender los obstáculos y barreras.

En el fondo todas las actividades deportivas, encierran y promueven los valores humanos por los que siempre el hombre lucha y se desespera. Y por ello también se puede tomar como una filosofía de vida, en la que el ejercicio se realiza en forma disciplinada y constante, en pos de sentirnos mejor.

Si bien todos los ejercicios aeróbicos permiten corregir y prevenir enfermedades como la obesidad, cardiopatías o colesterol, también es cierto que contribuyen a disminuir los trastornos como la ansiedad, estrés y depresiones.

Asimismo, el sedentarismo afecta a muchísimas personas, por lo tanto, quien decide realizar algún tipo de ejercicio en forma asidua y controlada, entonces comienza a batallar contra este flagelo tan arraigado.

Por otra parte, se ha comprobado que la actividad física revitaliza no sólo nuestro estado físico, sino también nuestro estado anímico. De este modo, quien realiza algún deporte, favorece el proceso de cognición, al mismo tiempo que el rendimiento académico.

A través de estudios realizados en la Universidad de Illions, se comprobó empíricamente, que a mayor actividad aeróbica, menor degeneración neuronal. Por lo tanto, se da una la relación directa entre el ejercicio y los procesos cognitivos.

Entre sus beneficios, la actividad física permite mejorar la salud física y mental. Desde el punto de vista psicológico, la participación en el deporte favorece la autoestima y la imagen positiva de uno mismo, disminuyendo así las conductas autodestructivas y antisociales.

Según el Instituto Nacional Americano de la salud mental el ejercicio disminuye la ansiedad, la depresión moderada, a la vez que mejora el bienestar emocional y aumenta la energía.

El estrés es un trastorno muy frecuente que padecen muchas personas, dado el ritmo de vida y de trabajo, por lo tanto, el poder realizar algún tipo de actividad física les permite mejorar su calidad de vida.

Y el correr o participar en maratones cada vez es más frecuente y habitual. Es muy común ver eventos de esta índole, donde además del ejercicio en sí, se ve un desafío a nivel psicosocial muy importante, en el que las personas promueven metas en intereses personales, a la vez que sociabilizan con otros individuos y conocen de cerca lo que significa competir más allá de los posibles resultados.

En las competencias se produce un proceso de enseñanza-aprendizaje en equipo, donde el cumplimiento y el respeto a las reglas son parte de la actividad, promoviendo la dinámica de grupo, la tolerancia y la integración social.

Además el deporte promueve individuos activos, dispuestos a enfrentar la vida con mayor optimismo, proclives a sociabilizar con menores dificultades.

Y para poder llevar adelante una vida positiva, cargados de energía dinamismo y alegría, nuestro cuerpo a través de diferentes hormonas y neurotransmisores -adrenalina, serotonina y endorfinas- es responsable de nuestras emociones, por lo tanto, es importante emprender actividades en las que segreguemos estas sustancias, y el ejercicio es una actividad que las despierta y libera.

A su vez, el realizar en forma organizada un deporte, es una forma de promover la perseverancia, la organización y la lucha por las metas, donde el respeto, y el sentido de la responsabilidad son pilares básicos.

En su obra, Ortega y Gasset defiende la idea de que la filosofía es “la ciencia de los deportistas”. Afirma que ambas son “un ejercicio placentero” y, además, que “todas las grandes obras humanas tienen una dimensión deportiva” ya que “del deporte conservan el limpio humor y el rigoroso cuidado”.

Finalmente, quien realiza actividad física en forma asidua, logra mejorar su calidad de vida, y permite que esa relación, cuerpo mente y alma pueda funcionar en forma más armónica. Por todas las razones antes mencionadas, el deporte es salud.

lunes, 5 de noviembre de 2012

ENTRE EXPLICACIONES

A la hora de dar explicaciones, el ser concisos, claros y breves, serán puntos primordiales si pretendemos ser comprendidos o al menos interpretados. Las explicaciones, se dan todos los días. Pero ¿a quién y por qué te lo has cuestionado alguna vez?

Existe un proverbio árabe que dice que “quien no comprende una mirada tampoco comprenderá una larga explicación”. De este modo, el comprender es un acto individual, que requiere de un esfuerzo personal por ponernos el lugar del otro, cosa bastante difícil, pero no imposible.

De hecho, este fin de semana, caminando por la hermosa Rambla de Montevideo, fui víctima de un arrebato en el que me robaron una minúscula carterita con el celular. Sin pensarlo, salí detrás del ladrón y crucé la Rambla enajenada. Unos metros pasada la primera esquina el sujeto se subió a una bicicleta y huyó.

Así me vi caminando rumbo a mi casa llorando producto de la fuerte indignación. Y de pronto, un señor en la vereda de su casa muy amablemente me preguntó que me pasaba, y cuando le expliqué lo sucedido él y su familia inmediatamente se solidarizaron conmigo.

No sé si fueron mis lágrimas, mi cara desencajada, mi temblor, mi sudor frío, pero este hombre, junto a su señora y su suegro, creyeron en mi relato, en mi explicación, a partir de la cual me posibilitaron llamar a mi casa, un vaso de agua, y finalmente me llevaron hasta mi hogar. Sinceramente, esas personas que parecen salidas del cielo.

Pero, con este pequeña anécdota personal no me quiero salir del tema, por el contrario quiero destacar cuan importantes son las explicaciones en cualquier tipo de situaciones, al mismo tiempo de cómo son recibidas por quien las escucha.

Asimismo, la explicación no es sólo el relato hablado, sino también la mirada, el tono de voz, los gestos en general, es un conjunto de expresiones dadas a través de nuestros cinco sentidos.

Y el Diccionario de la Real Academia define a la explicación como “la declaración o exposición de cualquier materia, doctrina o texto con palabras claras o ejemplos, para que se haga más perceptible. Manifestación o revelación de la causa o motivo de algo”.

Explicación proviene del latín “explicatio”: acción de desplegar o desenvolver. Es decir de mostrar lo que está oculto, que no es perceptible a primera vista, haciendo comprensible lo que en un primer momento no lo sería. La explicación forma parte del proceso cognoscitivo, a través del cual damos sentido a situaciones u hechos.

La explicación conlleva a “dar razón”, es a permitir descubrir el qué, por qué, para qué, y el cómo de las cosas y de los acontecimientos. Diariamente, en los trabajos, hogares, grupos de amigos, familiares, se ofrecen en forma automática sin identificar el por qué de ellas. La respuesta es sencilla, intentar aclarar determinada situación.

Quizás las explicaciones sean parte de buscar un significado o un porqué. El hombre siempre ha corrido detrás de todas las respuestas posibles, aunque a medida que avanza, ve que se aleja cada vez más de ese horizonte inalcanzable.

Pero ese sentido, de búsqueda, es también el que lleva a explicar, a dar a conocer, a abrirse hacia los demás, a participar en un proceso de sociabilización muy importante, el que tantas veces solemos olvidar en un mundo que nos sobrepasa y que nos deja espacio casi para pensar y reflexionar.

Lejos parecen quedar los utópicos, tras querer alcanzar su utopía. Pero qué paradoja excepcional el de querer alcanzarla, porque significa que aún quedan seres capaces de vibrar, de luchar por lo que creen justo y necesario, desde sus más profundos valores y principios, siendo las explicaciones fundamentales en cualquier momento de su discurso o exposición.

Mas no todos creen necesario dar explicaciones, las darán únicamente a personas que consideren superiores a ellos en algún orden. Este concepto resulta discutible, porque todos los seres humanos merecen una explicación de cualquier acto que repercuta en los demás, pues no se hayan aislados sino en un mundo donde todos están interconectados.

Para que funcionen bien las cosas, es imprescindible brindar este tipo declaración, como forma fundamental del respeto entre los individuos de una sociedad. ¿Qué sería del mundo si todos anduvieran sin rendir cuentas?

Aunque esta actitud de pasar por la vida como si los demás no existieran es adoptada por muchos individuos, que toman así una posición egoísta, egocéntrica, individualista, mas olvidan que no son el ombligo del mundo, y en ese andar vertiginoso se llevan todo por delante.

Más allá de estos comportamientos socialmente inadaptados, no es sencillo ser explícito, claro, conciso, a la hora de transmitir ciertas posturas. Por eso, cuanto más sencillo, mejor. En un mundo donde todo es cuestionado, donde prolifera la información, la superposición de imágenes, sonidos, el bullicio, la prisa, el estrés, el descontrol, entonces, la simpleza sigue guardando su encanto, e invita a ese remanso tan necesario.

Y es cierto que ante una explicación existen siempre dos partes quien la da y quien la recibe, y para que este proceso de comunicación sea efectivo es preciso ser claros y concisos, para que no haya lugar a interpretaciones incorrectas.

Y según el modo en que sean dadas las explicaciones, surgirán algunas más convincentes, fuertes y otras más débiles, de acuerdo a su justificación, y también a la persona que sea receptora de la misma, su predisposición a creer o a cuestionar lo que escucha.

Ya Leibniz, contemporáneo de Newton, hizo una diferenciación entre explicación y comprensión, señalando que ciertos conocimientos concernientes a la fe que podían ser explicados y no comprendidos, y es parte de lo que les comentaba depende de quien recibe la información el grado de apertura y receptividad.

Sin embargo, Mark Twain sostiene que “todo hombre es como la Luna: con una cara oscura que a nadie enseña”, y es que estamos formados por opuestos y a su vez complementarios que se dan en nuestro ser, aunque ello no justifica que cuando ese lado oscuro aparezca se justifique tirar la piedra y esconder la mano, por el contrario, requiere de valentía y fortaleza en reconocer que nos hemos equivocado.

Por otra parte, convivimos en un mundo globalizado donde toda la información se maneja en milésimas de segundos, así que es casi absurdo el rehuir a dar explicaciones de nuestros actos porque las distintas redes sociales de las que formamos partes en poco tiempo hablan por nosotros mismos.

Finalmente, las explicaciones son como el tronco de un árbol, el sostén de las normas de respeto, educación y dignidad, necesarias e imprescindibles en toda estructura social.